Piezas del tejido de escribir notas 

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El primer encuentro en el cosmos 


Recibí tu corazón roto con tu mensaje: “You reserve a lover who takes away the lies and brings you hope, poetry and coffee.” Desde ese día te escribí poemas con la ilusión de que tus ojos fueran parte de este hogar. Formé, con cada poema, un grano de arena movido por el látigo del desierto, donde pudiera crecer un jardín, profundo como un nuevo aire con impurezas humanas sobre la ciudad que fue testigo de mi confesión en gotas de afecto, sediento de tu existencia. Es tan especial tomar café, escuchar a Johnny Cash con whisky, compartir la letalidad de la sorpresa enganchada a la resurrección del corazón. En esa foto que me regalaste, tu mirada es como las agujas enhebradas del cielo rojo del atardecer, las corrientes descendentes de la música que escuchas. Este jardín privado de poemas ahora es un libro virgen por el flanco sensual del unicornio, sobre el arroyo del tiempo que nos ha llevado al mar, allí donde las olas rompen en las rocas como si tuvieran sed de más de ti. ¿Qué sentirás al ver tu frase que me regalaste ese día, justo aquí, con todo una historia de promedio?  


Ya están lejos…


No solo durante los años de nuestra vida, sino durante muchos de los años de confidencial memoria que preceden en la propia poesía, todas las piezas de texto publicadas fueron tanto suyas como mías. Aunque los dones intelectuales no nacieron, se crearon en el carácter del lector lento, a la vez el más noble y el mejor equilibrio que he conocido en la vida. El suyo es uno de los grandes romances tanto del intelecto como de la vida interior. Pero, a pesar de toda su influencia en mi desarrollo, en sus detalles casi infinitos, atribuyo a esta relación el remedio para consagrarla en las letras.


Un pequeño rayo de luz irrumpió en mi penumbra cuando estaba leyendo; accidentalmente, mi memoria reveló el pasaje de su mirada en mis letras, y las letras suplicaron el lugar de todo lo que habíamos perdido para estar juntos. Nunca, en verdad, vacilé en la convicción de que la felicidad es la prueba de todas las reglas y el fin de la vida. Pero ahora pensaba que este fin solo podía alcanzarse si no se convertía en el fin directo de la escritura de poesía. Solo son felices —pensé— aquellos que tienen la mente fija en algún objeto de arte que no sea su propia felicidad; la felicidad, además, en el mejor de los casos, es la humanidad misma, incluso en algún arte o actividad en la que hacemos a otros felices. No se sigue como un fin en sí mismo.


Aspirando así a otra cosa, encontrar la felicidad es levantarse de las derrotas para ser feliz haciendo felices a otros. Cuando me preocupo por esto, de alguna manera su florecimiento me hace feliz, aunque también me hace vulnerable a la mala fe de muchos que desean toda la miseria del mundo en mi vida.


Los versos crean un rompecabezas sobre lo que pienso: la paradoja de la poesía y la distancia de la devoción al crear un espacio entre lo real y la ficción. En todo caso, no quería más que la propia vida dentro del arte como compañía cuando todos me abandonan. No necesitamos aprender la lección del mundo vacío para comprender la crisis que otros provocan en nuestra vida; está fuera de estas páginas. Prefiero la paradoja implícita de esta nuestra vida. Una vida en las letras no es importante, excepto por el impacto de virtud que tiene en otras vidas.




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Piezas del tejido de escribir notas 

 

1. Escribir con los pasos que nos quedan

2. Te escribo una confesión

3. Conspirar a favor de un mundo mejor

4. No es un mundo de dioses o espíritus mi hogar para escribir

5. Son dos senderos a punto de ser uno

6. De una hilera de libros buscando una pieza

7. Esta tarde la cosa complicada más bella que jamás había sentido

8. Bifurcación

9. Soy un explorador

10. Pasó el tiempo en la escritura de aquel manantial de letras

11. Todo el misterio al escribir

12. Tantos tropiezos

13. Dejo que el sol se despida este día

14. Somos sin descanso el gemido nocturno de nuestra escritura

15. Escribir como búsqueda de uno mismo

16. Estoy hablando de algo perdido

17. Tu ausencia 

18. A tientas entre libros de luz

19. La letra y la nada

20. Mensaje vacío 

21. Seca tierra baldía 

22. Confesión poética

23. Poesía y literatura

24. Por si no te vuelvo a ver

25. Soltando las letras en tu piel

26. Cuando mi vida se puso de pie

27. El covid-19 el verbo invertido

28. Estoy contigo 

29. La lista de pendientes antes de morir

30. Nuevas formas de mirar

31. 21 días para inmunizarse 

32. La alegría improbable 

33. El filósofo nos dejó justo con estos políticos egoístas

34. ¿Estás habitando la literatura?

35. Celebrar el libro 

36. Un letrero de madera que anuncia ya no eres niño 

37. Tocar las nubes en las cenizas de los que han muerto

38.  Tu malestar tiene sentido, tu respuesta no

39. Llorar hasta secarnos

40. Tú, que esperas cada día que te acompañe con letras

41. Libros en la mochila 

42. Al borde de la página

43. El tiempo 

44. Hola

45. Hijo, ¿nadie está libre de llegar a puntos de quiebre?

46.Gracias por dejarme entrar en tu intimidad con mis letras

47. Mundo mutilado de confianza

48. Difícil para mí 

49. Ella espera sus letras esta tarde 

50. Tu vida no se parece a la de los demás

51. Cuando un café

52. La luz se posa como páginas de asombro en mi mesa de trabajo

53.  Eres real

54. El retorno a tu hogar

55. Permite que las narrativas del yo se manifiesten 

56. Sus bocados están erizados 

57. Puedes acercarte, despacio

58. Al caer la tarde, tienes una vida

59.  Emoción incomparable, magia para tu ser

60. Todas las historias son tristes cuando llegan a su fin

61.  Hace años, hace segundos

62 ¿A dónde se fueron?

63.  Hasta el alba

64. Tantos mensajes mios…

65. Soñé abrazarte ese atardecer…

66. No temes al infinito de la literatura

67. —— “Tal vez nada más en la tierra importe, además del amor que recibes y el amor que das.” Así, esta frase se dibuja en la silueta de una taza de café

68. ¿Dónde está la universidad combativa de lo utópico? —dijo María Zambrano

69. Un libro infinito 

70. Repercusión del eco de leer

71. Junio del 2020

72. La luz de los libros 

73.  Filósofo, que no te prohíbas ayudarnos

74.  El tiempo

75.  Letras 

76. Te gusta estar ahogada, en música, café, literatura…

77.  Escritor

78. Ofrenda íntima y apasionada

79. Un hombre ahora solo es un número; ya no es el dolor humano de su desaparición en México

80. Invita a pasar a estas pequeñas letras por tu ventana

81. De este lado 

82. Desmenuzar tu universo en el Paseo de los Poetas

83. La literatura es más que la pasividad de la conferencia

84.  Escribir desde la ventana

85. Susurrando letras del silencio 

86. Simone Weil

87. La otra cara del amor es la verdad

88.  Resurrección, síntesis al escribir para ti

89.  Porque puedo morir, estoy mirando desde aquí

90. Déjame ayudarte

91. Hay fuego en medio de la frase que apenas nace 

92. La luna es joven

93.  Despedida

94. FELT time

95. Es la luz tras la herida

96. Navegar por la hora azul

97. Infiltra poemas

98.  Sabiduría que no me deja renunciar

99. Tropezamos a través de descubrir 

aprendizaje, la alegría, el progreso y la conexión

100. Hacer poesía

101.  La velocidad poética

102. Letras

103. La voz en las letras

104. Mi voz se suavizó 

105. El arbusto espinoso

106. El tiempo sensual

107. ¿Qué mejor puedo hacer que vaciar ante ti lo que mis labios callan en tu presencia?

108. Sentir que lo fui

109.  Bajo el fresno, amanecer

110. Cuando me preguntan

111. Doble es el ser humano

112.  Era una guerra

113. Papel afilado

114. Estas letras

115. La batalla en las letras

116. moldearon lo que soy hoy

117. Con la voz desnuda

118. Noche a 450ºF

119. Las aves no son cajas musicales

120. Sueño febril

121. Subidas de adrenalina

122. Páginas con café

123. Un arte vertical

124. ¿Por qué siempre parece leer mi mente señales, en las puertas que permanecen cerradas?

125. Poema libre

125.a.  Después de conocerte

126. Un acto de resistencia poética

126.a. Entre el deseo y la lucidez

127. Metáfora que muere sabiendo el camino

128. Todo este dolor

129. Letras de pulmones cansados del humo del rumor 

130. Un cariño discreto

131. Nuestra vida

132. Respiro

133. ¿Qué se construye con velas? Todo el día y toda la noche

134. Marx

135. Luz verdadera

136. Naufragar

137. Es tu propio misterio…

138. Es fácil caer

139. Sentido con el paso del tiempo

140. Tormenta

141. Dos

142. La poesía, cuando es verdadera, no promete eternidad: promete intensidad

143. Valerosa

144. Su propia vida

145. Falta de sentido

146. Líneas

147. El alma que escribe exige una luz más pura

148. Palabras

149. Noche de café

150. Quiebre definitivo

151. Alba

152. Ojos con una falsa sonrisa al mundo. Nadie se merece eso

153. Nuestro pequeño mundo

154. Lo que somos juntos

155. Sed de leerte

156. Porque se hizo pequeño, pero valiente, el corazón

157. Es extraño, ¿no?

158. Nos deja volar

159. La poesía no niega la pérdida, la acompaña

160. Habla de ti como quien se descubre

161. El problema más perturbador: la pérdida del deseo

162. Sin confianza no hay nada

163. Cicatrices con café

164. La palabra no es medio, sino mundo

165. Aquí, el poema no es adorno ni juego: es resistencia y ofrenda

166. Calma, tranquila

167. Café, poesía, esperanza y confianza… escribir para tus ojos

168. Adoptivo del silencio y el tiempo lento en la poesía

169. Tú, aún sin saberlo, ya me he quedado contigo…

170. Belleza inefable

171. Leer el poema

172. En ella nos liberamos

173. Viviré la eternidad contigo

174. Inviernos grises

175. Hogar de letras

176. No abandonemos la poesía

177. Escribir la metamorfosis de nuestro encuentro

178. La mujer que empuja el rojo atardecer

179. El hogar soñado al que vuelves escribiendo

180. Aroma de hierbas frescas

181. Ese viento puede morir

182. El escorpión del habla vacía y la ternura de la poesía que toca cuerpos heridos

183. Lo que perdí

184. Resistencia frente a la banalidad

185. La obstinación de vivir y pensar fuera del molde

186. Proteger la belleza de un instante

187. Cuerpo orgánico

188. Un lugar donde el tiempo se dilata y se transforma en compañía

189. La palabra no solo explica, sino que acompaña, consuela y abre la eternidad en lo cotidiano

190. Las raíces

191. Miedos en la Tierra baldía

192. La brevedad que nos lleva a todos, la luz salvaje 

193. Salvavidas

194. Fuego

195. Tu alma de azúcar

196. Mentes más jóvenes

197. Afinar el ritmo y las pausas

198. Petición de justicia

199. Los universitarios en la Tierra baldía humanista de T.S. Eliot

200. Un libro se lee

201. Página tras página

202. Mediana edad

203. Cafés de hojalata en el rincón del tiempo

204. Confesión con las letras extendidas

205. Estrellas azules

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1. Escribir con los pasos que nos quedan


Puede que no lleguemos a ver todo el fruto de las letras que sabemos que son posibles, pero construiremos puentes para aquellos que vendrán, porque hay un mundo que surge, más hermoso de lo que apenas podemos imaginar, y que nos necesita. Busco escribir, conversar sobre el asombro de estar vivo. ¿Cómo amar una pasión tan abierta como sea posible, a través de la profanación de estos tiempos, con nuestra poesía? Esta es la pregunta a la que sigo volviendo, una y otra vez. ¿Cómo moverse entre el aumento de la pena por todo lo que se está perdiendo para siempre y, sin embargo, evocar la celebración plena de la gran gracia de estar vivo? Tal vez una parte de esto es renunciar a la esperanza. Quizás donde termina la esperanza, comienzan los rituales y la magia de una nueva vida en las letras. Te escribo como quien, con su rodilla maltrecha por el frío, le pregunta qué harás con los pasos que te quedan. No sé por qué el nudo de las ideas en mi mente causa que te extrañe tanto. Desolados, enmudecidos enunciados que escribo, mientras escribo al despertar el alba; esta fría biblioteca recuerda a la lluvia del egoísmo de estos tiempos. Recuerdas a Venus en el cielo, que despedía el día frente a tu casa. Aquí estoy, soy el carpintero, si lo prefieres, el que ha querido imponer sueños para un mundo mejor. Lamento mucho el tiempo perdido. Tú eres especial, hasta cierto punto, un viento transparente. El tiempo consume, y tal vez me dice que usted me olvidó en un instante; sobre esa nada, te extrañaré, regresando a la era cuando se escribía para ilustrar al mundo. Tal vez, me hace doler el corazón estar sin lo que tú ves en mí como esperanza. Escribo en el mundo más íntimo de tu ser. Quisiera ahora más que nunca trascender las letras y lograr tu alegría. Lo difícil es aceptar que la vida no la podamos adoptar como a una niña perdida, a quien hacemos un viaje feliz, porque ella, más sola que un desierto, juega seriamente a los dados de la mecánica cuántica.


 

2. Te escribo una confesión


La literatura creada por la academia todavía se lee; aunque de manera precaria y llena de prejuicios, circulan por allí ciertos textos, cierta percepción de estar frente a un texto, ausente por completo en el mercado. Mientras que la academia registra que se trata de textos, el mercado concibe otros productos más rentables, aunque no para liberar la creatividad de la juventud.


Estoy al borde de caer en la no escritura académica; la propia universidad la censura, y la economía me recuerda que nadie me salvará para impulsar este sector editorial. El deseo loco del cambio. Es como si la crítica y la narrativa académica vinieran a decirnos: "Como sé que el cambio y la ruptura son, a esta altura del partido, solo una tradición entre otras, entonces no busco su efecto de novedad porque sé que no existe, y me conformo con lo que hay, con lo realmente existente en la frontera de la poética".


No busco inaugurar un nuevo paradigma, sino cuestionar la idea misma de paradigma, la idea misma de orden literario, cualquiera que sea ese orden. Es una literatura que escribe siempre pensando en el afuera, pero en un afuera que es creación artificial; ese afuera no es el público, la crítica, la circulación, la posteridad, la tesis, la sociología de la recepción, la contratapa o la palmadita en el hombro. Ese afuera ni siquiera es la tradición, la angustia de las influencias o otros libros. No. Ese afuera convencional está vedado para la literatura académica, porque la literatura está escrita por el escritor sin público, por aquel que escribe para nadie, en nombre de nadie, sin otra red que el deseo loco de la novedad estética. Esa literatura no se dirige al público: se dirige al lenguaje que libera el amor a la verdad y el progreso ético. No se trata de la oposición entre el texto de tramas y el argumento del lenguaje objetivo —que es como decir: la oposición mercado versus academia—.


No sé cuánto pueda resistir, pero te agradezco con todo mi ser por tu apoyo, con temor a fallarte. Aquí te dejo este testimonio y mi dolor de la tragedia de intentar ser escritor en una sociedad que no escribe para pensar, creer y sentir.



3. Conspirar a favor de un mundo mejor


El amor es una magia extraña, donde la muerte solo puede hacerlo más fuerte, mientras que el beso más suave apunta en la dirección de crear puentes. A menudo, queremos trabajar luchando contra corrientes tiránicas que vulgarizan a la juventud; nuestros corazones fluyen de una manera diferente. Los poemas marcarán más nuestra solidaridad gratuita que las espadas de nuestros enemigos. El intercambio de conversaciones entre tazas de café, tus zapatos en rojo, la forma más auténtica de conspirar a favor de un mundo mejor. Incluso situaciones ajenas, como mi precaria economía actual, pueden ser enseñanzas, pueden ser veneno para mi alma y quizá el motivo perfecto para romper mi corazón, sí, para que, al reintegrarse, te regale uno nuevo.


"Dime", dijo el futuro, "sobre nuestra vida". Nuestro jardín en la azotea está lleno de espinas y flores. La vida que vamos a tener, pero nunca puedo dejar de ver que el sueño amenaza con escapar por tantos flagelos de tristeza en estos días. Qué imposible puede ser algo: romper mi corazón, susurrar entre tus sábanas promesas a nosotros mismos, unas que existan en las otras orillas de lo imposible. Ciegamente, las lágrimas de esta noche te evocan desde mis cenizas, donde un poderoso poema, al modo de un incendio, y con ayuda de este mezcal, crea un refugio cálido para este crudo invierno.





4. No es un mundo de dioses o espíritus mi hogar para escribir


Y no era un mundo soñado por mí; incluso mis sueños pertenecían a otro mundo, encerrados en la realidad de la madera. Era un mundo compuesto por palabras y números, y solo de ellos tiene forma. No existen imágenes sin sonido. ¿Usted lo llamaría una tragedia? Yo digo. Quisiera decir que es solo un refugio frente al racionalismo instrumental de estos tiempos. Es extraño que la literatura sea mi gran objetivo. Este objetivo es mi placer, y no hay otro que comparta el camino del amor eterno. Son un placer para compartir con quien lo desee; soy culpable. Yo digo. Usted puede preguntarse cómo la palabra puede ser un propósito así. No importa cuánta libertad me limiten, mi capacidad creativa siempre encuentra una membrana fronteriza infranqueable para sentir y observar más allá del lenguaje. Hay días en los que solo hay tristeza, y las propias palabras, enredadas en números, se fugan por las manecillas de mi reloj. Imagina, a veces me siento triste por mí también. No caminan las preguntas; se tropiezan las respuestas, y el pensamiento, sí, ese en la frontera de la imaginación, se fuga a la mitad de cada frase en construcción. Abráceme; usted podría sentir las mismas cosas que yo. Le contaré que, en esta historia, usted es el poema prometido.



5. Son dos senderos a punto de ser uno


Aquel día, tomé su mano y mi corazón latía rápido como un colibrí sorprendido. Este sendero que caminamos, sobre un reloj que solo marca al cielo. Sus ojos me iluminaban en cada mirada. Con ríos de plata de luna, navegamos por la cantera rosa. Cada día, dedicamos un tiempo para pensarnos lo suficiente; llevábamos nada más que la luz de la luna, y las estrellas parpadeaban mientras observábamos con cuidado la manera en que nuestras vidas, dos senderos, estaban a punto de ser uno. Fue cariño a primera vista, incluso para el ciego en la cueva oscura. Unos versos y el mundo era nuestro; el mezcal, un arma cargada de fuego, necesario para escribir una nueva frontera del poema. Que tomaba la luz de la luna en sus labios; una tormenta que se avecinaba sin sentir sus pasos, se aventuraba en el viento como un misterio que recorría la espina dorsal de nuestras existencias. Ella caminaba a través de su vida con vigorosas alas, coqueteando con la vida, como si el universo, en letras más vivas, existiera solo para ella; todo lo hacía brillar. Fue en el rocío donde el color del cielo brillante captaba toda su feminidad. Allí, un conjunto magnífico de sorpresas detrás del velo de lo real; aunque tímida flor, podía mirar con los ojos cerrados lo que somos. Esa noche luché contra mis ojos despiertos; el sueño era más bien la entrada a la Epifanía, que ya no dormía. Tenía miedo a las alturas, pero aún más miedo de no volar para alcanzar su mano. Prometo un millón de versos antes de que mi vida se apague, poesía que te acompañe en tus sonrisas, sabiendo que no hay lugar donde no pueda echarte de menos. Aún espero tu luz entre los árboles, creando la sabana perfecta bajo el sol de la mañana.



6. De una hilera de libros buscando una pieza


Una línea horizontal de espacio abierto al futuro. Extraños presentimientos que funcionan como dardos de palabras. Allí donde existe la literatura. Las estrofas a veces hablan de las hojas secas de nuestra propia historia. La palabra y tu ser son el papel tapiz del universo. Estoy esperando, antes de convertirme en ceniza, que tu mirada se transforme en el más bello de los poemas, ese que marcará un "estuvimos aquí" imborrable. No olvides aparecer cuando menos te espere; no camines dos mil pasos reposando en la lectura, reduciendo la expansión de tu aroma. A veces, cuando camino para espantar la soledad, puedo sentirte, tocando mi hombro con un susurro: “nunca dejes de escribir”. El lenguaje lo cambió todo, como si su metamorfosis me frotara los ojos con su mágico ser. Un "yo" habla de un "usted", justo en medio de escribir, en medio de convertirme en otro con cada nueva idea. Sin duda, existe un fantasma que lo gobierna todo cuando escribo. La escritura crea la voz que hemos escuchado desde el futuro. Si de pronto la imagen de mis palabras no tiene rostro, es porque aguardan la cosecha de tus sonrisas. Allí donde los libros se acumulan en filas—los leídos, los poseídos, los digeridos—, ellos pueden decir de mí lo que soy después de cada lectura y el motivo de cada escritura.


La falta de aire para mis libros: unos dicen que son basura, otros que los cambie por mis retoños, y muchos más los leen y guardan silencio. Al cerrar los párpados cansados frente a la noche de escritura, cada jornada me deja la esperanza de volver a verte a los ojos. Me levanto, aún con el sueño entre lo despierto. Surge la tensión entre vivir y escribir; la frescura del fresno me recuerda cada día a ti.



7. Esta tarde la cosa complicada más bella que jamás había sentido


Un poema enredado en cadenas de versos complejos, que dice que la vida era contar gotas de lluvia en la azotea de flores invernales. Es una página llena de sorpresas; solo hay que saber el precio de existir. Una forma de aire que, al caminar en su lugar, hace sobrevivir nuestros recuerdos más íntimos. ¿Qué mejor manera que el delgado marco del poema que encierra cosas pintadas en el alma? A veces extraño, y otras también, tu presencia en un refugio hecho de computadoras, libros, café y música. Un poema que sobrevivió a las inundaciones de la mediocridad, que transporta y esparce un mundo mejor. Si alguna vez ha habido un día de primavera en invierno tan perfecto, tan elevado por la cálida brisa de tu ser, por un jardín de alcatraces que brotan luz de sol, que usted sentía como cristal liberando un blanco intenso hacia el azul del cielo.


Carta de criaturas atrapadas bajo superficies de letras, sustancia encerrada dentro de un presente congelado. Ver presencias en tus letras, que pintan miradas del futuro. Muchas veces despierto con un vacío por tu distancia. Tal vez esa es la longitud de la soledad, medida en el sabor de nuestras conversaciones. Hoy escuché tu voz en tus letras; sí, anuncian el motivo perfecto para escribirte lo más que pueda. No leo tus pensamientos, pero pude percibir un poco a través de tus letras. Eres el rocío de las copas de los árboles que miran a los desabridos topos; eres la historia eterna del suicidio intelectual. Me despertaste esta mañana como lo harían los cantantes de blues. Todo parecía de un tamaño mayor al habitual. Luz en forma de sabiduría, de esas bibliotecas de libros y los pianos que marcan el ritmo de una nueva vida.


8. Bifurcación


Esta tarde mis oídos escuchan cantantes de blues, entran en mi mente como tu ser. Muchos quieren un mundo en orden alfabético y una sección para el cero. Me encuentro en problemas: he de crear un título para algunos poemas. El Newton corre como si escapara de sus manchas y fuera a escribir una autobiografía. Te cuento, yo sabía que el niño del trompo que fui no viviría para siempre. Había escuchado de la vida, un viaje al otro lado, del que solo conociendo su color en la propia existencia podríamos contar. Descubrir tantos detalles como sea posible, entregar tantas emociones como para nuestro próximo destino. Nuestros pensamientos y sentimientos, con cada página, se giran en el remo del proceso de la escritura, un proceso interminable: desmoronando, construyendo y recogiendo poemas otra vez.


Bifurcación. Conduce la escritura por una secuencia de errores, porque se trata de un camino que nadie visitó nunca antes. Escuché un aleteo rápido y pequeño sobre la jacaranda; está visitando las flores moradas, hace fiesta sorpresa sobre cuál elige a la vez. Un jardín donde los animales olvidados por la ciudad vienen a disfrutar del azul del cielo y el morado de la jacaranda. Este es un lugar para configurar las mieles del realismo y hacer de él una escritura que sople esperanza en el movimiento de la alfombra de las flores. La poesía es un lugar para eso. Estoy seguro de que tenemos suficiente infinito en cada rincón de la realidad. Liberemos todos los pájaros de las jaulas y que nadie en la ciudad deje de admirar que son poética que toca nuestras ventanas. Los poetas chinos mirando el río, los británicos las estrellas y los mexicanos a los colibríes en el azul del día.


Los burócratas en sus escritorios fríos; los mineros, con su polvo carcomiendo la piel; los policías, suplicando regresar a casa con bien; los profesores, creando un discurso que libere a la juventud. Los poetas están mirando por las ventanas, tal vez con una taza de café y, seguramente, haciendo un enorme esfuerzo por imaginar hacia atrás, de página en página. Se sienten pescadores de extremidad, derribando los vientos que entristecen al mundo.


Por ahora, la ventana mira como ojos a la ciudad. Pensé que hoy, una vez instruidos los códigos de la existencia, la escritura podría restaurarse y seguirte acompañando cada día. Había abejas, libélulas y colibríes; casi olvido a Newton irrumpiendo el tiempo en la vida de la jacaranda.


9. Soy un explorador


He dicho que estoy abierto en relación,

algo sobre las raíces con letras,

algo sin fronteras,

algo acerca de ser libre.


De hecho, la tinta

ni siquiera se ha secado con esas palabras,

sin embargo, estoy a punto de

gritar que te extraño.


Soy un explorador.

Algunos exploradores mueren, ya sabes,

se aventuran en tierras

sin mapa y sin memoria,

cambian cuando se tocan

con las manos.


Hasta que no se trata el misterio,

eso es diferente,

pero también su piel.


Me he llamado libre,

viviendo y amando en el momento,

eludiendo la idea de hogar

en favor de dar a los que amo

espacio para explorar.


Me he preguntado

si les estaba robando

algo más.


Sí... robado

era nuestro propio sentimiento

de belleza,

libertad

y dignidad.


Resulta que,

actuar libre

en realidad no

te hace libre,

sube un velo

entre tú y yo,

siente

estas otras historias

esperando el olor de nuestras curiosidades.


Yo, contenido dentro de un compartimento tuyo.

Donde sea que nos guardes,

tú, contenido dentro de un compartimento de mí.

Sigo derribando mis paredes

para liberarte, bella.


Estoy aprendiendo,

he aprendido,

que no puedo vivir aquí.

Esto no es libertad.

Tomamos un giro equivocado

en algún lugar a lo largo de nuestro camino.


No puedo fingir más.

No puedo llamar

todo este espacio

entre nosotros

y nuestras paredes

libertad de amor.


La libertad en el amor

se siente como saltar

con los ojos bien abiertos,

profundamente en el otro,

rompiendo paredes

con cuatro manos, no dos.

No tengas miedo.

Sin ocultación,

todo revelador,

hasta que lo que sea que se encuentre en lo profundo

ya no esté enterrado,

la letra lo haya revelado.


Escondido debajo de la piel,

te veo quien eres

cuando nadie está mirando

y tú me ves quien soy,

honesta y verdaderamente.


Entonces me vestiré de ti

y tú te vestirás de mí.


Este conocimiento diario

parece más allá de nuestro alcance,

un océano

y kilómetros de tierra

apilados entre nosotros de letras.


Así que... estoy dejando ir

tu bella libertad,

pero espero que recuerdes

cómo nos separamos:

sin barreras,

no entre tú y todos los demás,

sin barreras

entre tú y yo,

para crear el perfume

de tu libertad.


Eres bellamente libre,

escribiré hasta el último día.

Para que nuestros poemas

sean la luz del eco cuando,

ya muerto, encuentre tu mano.



10. Pasó el tiempo en la escritura de aquel manantial de letras


Sombras que se ciernen sobre la página, el ritual diario de mirar por debajo de lo aparente. Palabras, frases, párrafos en rienda suelta, reflejando viejas heridas y añorando el futuro. Espacio donde se salta sin paracaídas entre libros, algunas veces con las manos vendadas a la espalda. Libros entre libros, nada pareciera olvidado, donde acariciaste la puerta en un extraño de su tinta invisible.


Escribirte es cambiar el orden de las palabras, cambiar el orden de sentir la realidad. Dimensión interna, misterio. La vida es una luz que hay que revelar en letra. Imaginar diferentes caminos. Esta tarde, esperando por ti en la lectura desafiante. No hay estación del año sin tu generosidad que exige tomar café. Al atravesar la prosa de esta vida, el infinito de aquellas horas de luz remota, rodeado del viento tembloroso, se fuga por la cicatriz desnuda de la tristeza.


Te susurro con unas cuantas palabras. Dijo el viento: interpreta la lectura de la propia confesión. Yo no sé narrar grandes historias. Si acaso, el olor de un libro, de una calle y de la memoria de tu mariposa jugando con mi corazón. Nosotros, que solíamos conectarnos espontáneamente, lectores conmovidos y escritura envolvente. Avanzar en las sombras de letras, buscar soñar al escribir y encontrar libros en el futuro. Indago en libros sobre señales del futuro para anticiparme a nosotros mismos. Huellas en páginas ajenas, motivos para los propios textos.


En este momento fundacional y decisivo para cualquier escritor, toda mi lectura, si lo es en verdad, reconoce su segundo nacimiento. Cada tarde, una melodía literaria de amores suicidas navega para revivir las almas muertas, a pesar de que la propia muera de profundo misterio por la vida.



11. Todo el misterio al escribir


Saboreo horas solitarias en las que nunca me inclino ante el reloj. En las páginas de inagotable aroma a tu existencia encuentro el más alto valor. Todo lo que sé se encuentra en una puerta entre libros. A veces, escribir gruñe y entra de golpe al alma. Cuando no hay nada que decir, el cielo es alto sobre la ciudad; caso contrario, recorría las calles llenas de rostros extraños buscando el milagro de encontrarte. Al atardecer, no tengo la fuerza para enfrentar la oscuridad de tu ausencia otra vez. Las letras registran tu sonrisa; me resisto a aceptar esta vida sin la oportunidad mínima para la literatura. Eres la mujer, la única con la inteligencia y la sensibilidad necesarias para comprender y vivir este proyecto vital. En mi universidad me enterraron sin juicio ni justificación, sin ataúd literario; ya celebran sobre mi tumba que ellos nunca necesitaron escribir ni beber de la mejor literatura. Los olores de la cotidianidad de las páginas en el aire iniciaron corrientes de poemas sin descanso. Un poema lo he leído desde el techo para que el aire de esta noche, con su fragmento de melodía, venga desde otro tiempo; besos con sentido en lugares de amores perdidos; sí, son el testimonio de la musa que abrazó mi ser. Soy instante de ausencia entre sábanas blancas, palabras que vuelan por la profundidad de mi locura rebelde; mis sentidos, vientre de prosa. Me quiero perder esta noche en el mezcal de los poemas sin destino, olvidando los golpes bajos del falso maquillaje de aquellos que nunca amaron la ciencia, la letra y el número; pues mi destino fue encadenado a ser rebelde en la luna, como un gato encerrado en las brasas de la vereda donde el sol se despide cada día.


Y vuelas en mis sueños…, tú, cuyo nombre pertenece al bosque. Abre la ventana; ya es tu día. La luz del sol, como tu mirada en los pasos que dimos, sube ya la escalera de la vida. Siguiendo la sombra, buscamos respuestas. La respuesta eres tú. Todo lo que está contenido en tu mirada es hermoso; gracias, porque tu brillo permanece sin piedad por encima de todo.



12. Tantos tropiezos


Por fortuna, todavía se conservan los sueños. Los poemas, entre sus líneas, piden ser recordados. En ellos residen los secretos. Sus mensajes, cuando los escuchamos, hablan de nuestro mundo. Musa, tu asombro es como un amanecer para mi escritura. Vendrán tiempos lejanos, y en ellos quiero escribir tu nombre con letras eternas.


El camino y su sentido: yo no encuentro su significado en los pasos no dados. Al no hacer caso a las señales a la orilla del camino, el alma se pierde al no encontrar el fin de nuestro andar. No te disculpes; veo luces pasar, como fantasmas; solo algunos conversan. Esta es mi vida, y cada día se repite entre nuevos libros y nuevos pasos; es por ello que no debes disculparte. Mi forma osada de existir provoca miedo. Aun así, camino sin importar la forma en que baila la vida.


Tratando de vivir, el avance entre el cumplimiento y el deseo, todas las necesidades, luego nuevas raíces, y la madera fría convertida en carbón en la llama fina de la chimenea. Aún sin despertar, los dedos bajo la sábana ya quieren ir a escribir en la viejita mesa detrás de los colores del amanecer. Te lo juro: voy a intentar explorar la cartografía inexplorada del lenguaje, mirar más allá y traer un poema. Cada nueva inmersión endurece mi brazo, redondea mi escritura, y hoy es mi letra la que sigue dando tumbos detrás de mí, sin desaparecer en la inmensidad de la página en blanco.


Verdad. Su sensación es una metáfora de hechos, tanto zumbidos de la realidad como préstamos para su renovación en la colmena. Todos hablan de ella, pero pocos atienden al talento que exige su desafío. Es un velero que sopla en el lienzo de la razón, como materia de símbolos similar a lo real.


13. Dejo que el sol se despida este día


El sable corta el texto justo en la mitad del recuerdo de una lágrima. El viento transparente se mueve errante. El aire me trajo el aroma de tu presencia. Caminar por estas calles de rocas viejas, observando las sombras y las luces que despiden la tarde. Es como el fin de un viaje y la promesa de que habrá un mañana en el que te escuche reír bajo el sol. Solo una vez, en tus ojos inocentes, pude revelar su secreto. Eres un inmenso significado. Las sábanas blancas llevan el peso de nuestra memoria. Escribo sin parar; hay fuego en las letras. La noche llega, y aquí te espero.


Intento que los dados y su azar no sean el único factor, sino que mi esfuerzo cuente para el futuro. Cada segundo que transcurre quiere escapar, introduciendo y oponiendo siglos a siglos. La escritura o la lectura me inspiran a sentir la injusticia de mi tiempo, la energía de la rebeldía. El poema está ligado a lo ético, dejando atrás la vanidad de lo visible. Cada día escribo páginas que suscitan deseos de instantes que anhelaron ser eternos. La escritura desarraiga el alma del pasado y construye una casa para nuestro futuro. El poema no debe ser panfleto ni publicidad, sino lágrimas de tinta negra que limpian la vista de quienes harán emerger un nuevo mundo.


El texto que más cambia nuestra vida es aquel que uno escribe. El acto de escribir sobre las cosas justifica nuestras ideas, las fortalece, las aclara y, francamente, nos cambia. Escribir es viento en fuga, señales de lo que seremos en el futuro, sepultura de las malas ideas y el mensaje que dirás en el último día de tu vida. Dejar de escribir ya no puedo hacerlo; lloraba en el parque afuera de mi casa, no podía soportar el inútil trabajo que desperdicia mi vida. Hacer algo más con mi vida. Así que hice lo que siempre hago cuando mi vida se siente miserable: fui a mi biblioteca personal, comencé a leer y leer para cambiar la vida. Escribí siguiendo cada grieta en los textos, e incendiaron el mundo viejo; inmediatamente, mi vida cambió. La vida es demasiado corta para pasarla repitiendo lo que no importa. Al escribir las propias ideas, también se cambia la vida de los lectores; al tocar razones y corazones, el propio libro será semilla del futuro.



14. Somos sin descanso el gemido nocturno de nuestra escritura


La necesidad de colorear con palabras. Un mundo para ti. El blanco éxtasis de la página significa desafío para las letras. Yo vivo una imagen en la carpintería de las letras. Soñé. Sentí. Fue. Soñar en la libre pausa de un libro a otro. Levanté mi escritura más allá de pronunciar el dolor. La verdad requiere explicar su fundamento, pero el dolor se indaga solo. Escribir por la rendija del último rayo de luz de esta tarde. Más grande. Así comenzó la noche que te recuerda bajo la sábana de dos, soñando cambiar al mundo. Llama que aún espera tu escritura. Musa, juega con las letras. Algún nuevo verso sorprenderá tu ser. Una vez más. Hagamos que ningún lugar, con nuestros poemas, sea el milagro del pulso extraño de nuestro día. Si gustas, un café con letras como aquel, una vez más. Más y más. Sin errores, obliguemos a la vida, busquemos la forma de nuestras miradas en esta ciudad tan vieja. Así fue. Así la ficción conquistó la metáfora de la ciencia: todo, absolutamente todo, lo puede conocer la razón. Ahora, tan diferente, la poesía quiere regalarnos la aventura que Harold Bloom llamó Epifanía. Así eso pasó, letra a letra. Así, el negro de la tinta, con su transparente verso, iluminó el abismo blanco de la página. En el influjo de nuestra mirada, este texto apuntala la noche. Así, breves pasos de letras, con aroma a café y mezcal, testigo vagabundo y borroso, una puerta se abre a la magia.


Ardiente y dura como la poesía de Charles Bukowski. Rodea el fuego esta tarde. Ahora que no escucho tu voz, tu respiración y el propio cielo te llama y no le respondes. Escribir. Escribir fue. Ya es tiempo. Palabras nacen así, fueron así. Sin ti. Deviene en el pasado el sentimiento enterrado. Haré absorber toda la literatura, que se mueva y que engalane el poema que logre él mismo. Regresa. Pasea. Respira. Algo en la escritura copiará el desnudo de tu olvido.



15. Escribir como búsqueda de uno mismo


En las letras despierto, suspiro lo que me habla entre las literaturas. Los dados erizan la voz con la que escribo. Han caminado por páginas enormes; quiero vivir tus años descansando en tu voz. La generación del 70: lúcidos, críticos y... poetas. Mi interior rural gravita hacia la matemática; mi interior seductor, hacia la poesía. Solo la voluntad, la sola mención, aclara la noche de escritura. “Lo he intentado. He fallado. No importa. Vuelvo a intentarlo por un camino distinto. Otra vez he fallado, pero más sabio”. Samuel Beckett nos recuerda que un profesor es un creativo dentro de una secuencia de intentos que a menudo resultan en fracasos. A primera vista, esto puede parecer nihilismo. ¿Por qué intentarlo si sabemos que vamos a fallar? Para nuestros ojos, Beckett sugiere una forma iterativa de mejorar el mundo en ciclos de intentar, fallar, volver a intentar y fallar de nuevo, una y otra vez, esperando que cada vez surjamos un poco más sabios que en el paso anterior. La mayoría de los escritores emergen de trozos de proyectos creativos; a pesar de sus intentos fallidos, es un profesional creativo que solo puede jubilarse por dos vías: 1) logró que el mundo fuera significativamente mejor para la juventud, o 2) cerró los ojos para siempre en el último intento.





16. Estoy hablando de algo perdido


Al hablar de la poesía, la fortuita conversación vibrante se rompe cuando el prejuicio no se asemeja a la memoria audaz y libre de la ciencia. Somos pensados, reclamados a alzar las ideas y no inclinarnos ante el miedo a la sombra del "qué dirán". La letra discurre, pero cuando está ausente en la mente, solo hay frío de espejos y metáforas malogradas. En nuestro encuentro hay una pena que merece la duda para salvar el alma. Disculpa lo oscuro que pudiera parecer que te hablara con el lenguaje del poema. Los caminos son dos: darnos la oportunidad o dejar que el silencio reine por siempre.


Las letras elevan tu existencia hasta la página que te reconoce. Al atardecer nos llega la confesión de extrañarte, de tu vida, de tu mirada única. Ese misterio de tu persona nutre la ficción, como un verso de mil caminos posibles.


¿Cuál será la razón? Sé que miras de la forma en que se abre una flor, dulce y beatífica. Tienen vidas cortas, pero ofrecen mucho placer y la promesa de que regresarán. No hay nada en el mundo que se pueda decir cuando ellas, como tú, pueden besar el aire y regalar su aroma. Sí, somos los más afortunados de tenerte en ese momento, en esa pequeña existencia propia. A veces quiero usar pequeñas palabras y convertirlas en flores, importantes alrededor de nuestras existencias. Pero cuando estoy pensando en ti, sin duda sonriendo, la propia escritura se extravía en medio de la frase. Una vez más estoy viviendo el sol; así es como en mi vida he sido capaz de sentir la felicidad, cuando en la mirada sabemos que estamos en casa.


Acabo de escribir algo en respuesta a tu sonrisa gloriosa. Estos son los días en los que el sol nada hacia el este y la luz en el agua brilla como nunca; parece que no recuerdo cada primavera, no puedo recordarlo todo. Todo lo que es tu gracia; por si acaso no encuentro el lugar perfecto fuera de tu mirada, gracias por siempre.



17. Tu ausencia 


Estar quieto en tu mirada, con mi alma firme. La tierra y el cielo todavía observan, aunque el tiempo se drena desde el reloj que solo mira al cielo. Que Dios y el mundo sepan que estoy agradecido por el regalo que ha sido todo lo tuyo. No quiero ser solo un recuerdo o un cálculo. Yo estaba así, dormido durante años, hasta tu llegada. Como el río que no puede esperar para llegar al océano, me evaporo hacia el cielo. Podrías olvidar el sueño durante los próximos cien años, porque hay un incendio en las pestañas de mis ojos en este momento. Tal vez el fuego en mis pestañas sean los pensamientos que me vuelven loco por tu ausencia.


Letras, léelas lento. Me paso el tiempo escribiendo; me sorprende que pueda hacer esto. Camino hacia ti. Extiendo mi brazo por si me permites el placer de caminar contigo. Prefiero los libros a la ruin y vulgar vida de estos tiempos de montoneros vulgares. Prefiero morir antes que intentar explicar a ciegos que la ciencia es un acto vital de amor por la verdad. O que nada puede crecer en la educación sin el arte de pensar profundamente, lo que justifica su verdad. No sé cómo agradecerte que me regales nuestro mundo; dentro de él, cada uno y juntos valoramos la literatura. Francamente, prefiero estar bajo el árbol, ese freno del alba, que escuchar los discursos de tantos que crean universidades fantasmas. ¿Por qué debería creer que una educación sin literatura, dormida en la práctica de la razón, tendrá éxito? La primavera de escribir para pensar resiste llegar, y su descenso flexible parece inalcanzable. Inclinado hacia la libertad de pensamiento, escribo con la mente abierta, debatiendo las ideas entre un sinfín de posibilidades.


Yo también he conocido la soledad. Yo también he sabido lo que es sentirse mal en el rechazo absoluto a nuestro amor: la poesía. Oh, madre tierra, tu suelo está siendo envenenado por hombres que juegan a ser dioses vulgares del dinero. Me han salvado la vida tus ríos que fluyen y abren frescas miradas cada día que te imagino. Oh, movimiento de ternura, por favor, regresa. Cuando camino por la ciudad sin dirección, no te preocupes, pero así te busco; cada poema es una calle, y cada nube con sus manojos de lluvia es esperanza. Demasiado terrible sería estar equivocado, pensar que regresarás cuando te encuentre de nuevo.


Camino disfrutando de todo, dondequiera que aparecen las raíces que has sembrado en esta ciudad. No tenía la intención de empezar a pensar en Dios; simplemente sucedió. Los dioses, simplemente invisibles saltos de fe; es maravilloso caminar así. No pensé en la respuesta habitual, sino simplemente que el poema me trajo el milagro de que regresaras a mí.


Donde la carne ha resucitado, el espíritu del poema aflojó el paso… El silencio mide las ondas de la gravedad y el tiempo para el significado del océano en el que vivimos dentro de nuestra mirada.


Cuando la ausencia está por todas partes…, qué extraño es sentir la literatura. Es sentir el tejido de las letras como una posibilidad, como música de guitarras. En las letras, oídos para sentir y oír. He venido hasta aquí desde la tierra de los carpinteros de palabras. Para adorar en este tiempo toda tu existencia. La escritura no duerme en su pasión secreta. Ya nací de tu mirada; el cristal de lo nuestro nos declara fugitivos de este cariño. Vengo de aquella mirada para recordarte que cuentas conmigo.





18. A tientas entre libros de luz


Mientras ella ilumina con su mirada, camino por la orilla del acantilado. Al escribir, el misterio se revela y se oculta como un vértigo anónimo de ideas. Los libros tienen forma de puertas. Portales que me llevan a través de los océanos y los siglos, ayudándome a sentirme menos solo. Mi madre cree que los libros están encerrados en un mueble de cristal transparente. Yo miro las cubiertas tentadoras y los títulos misteriosos, pero rara vez se me permite tocar el encantamiento de las palabras en la propia universidad.


Poemas, cuentos, artículos científicos, obras de teatro: todos están prohibidos. Pensamientos libres para quienes no lo son. Precipitarse en reemplazar los dogmas atrapados. Me imagino en tiempos lejanos y lugares sorprendentes. Fantasmas, vampiros, guerreros antiguos. La fantasía se mueve en el laberinto de la inmersión solitaria del lector. Secretamente, abro un libro invisible en mi mente y paso a través de su mágica puerta hacia un universo de villanos peligrosos y héroes impresionantes. Muchos de los héroes son hombres ordinarios transformados por la virtud, pero algunos son valientes, fuertes y astutos, rescatando niños de monstruos o haciendo felices a las mujeres con pinceladas de amor en cada verbo.


Tú, que llevas en tu nombre la paz. Eres muy dura contigo misma y no te permites hacer lo imposible, como si fueras una pieza secreta. Esta llave se abre al cruzar la primera palabra, escribiendo hasta llegar a ti. Escribiendo sobre el reflejo de esa velada que tú y yo compartimos, quédate un poco más. Estoy seguro de que tu piano habla de un nuevo destino. Ser cómplices de un nuevo destino, uno que nadie ha recorrido y que me trajo hasta ti. Sal del pasado y habita mi futuro; tengo ganas de escribir, jugando a encontrarte. Mira cómo me he caído cada día en mi amor por la literatura. No necesitas un turno para abrir la puerta; la puerta de emergencia está para ti. La llave reconoce tu violín; hagamos inagotable nuestro secreto y creemos la historia más bella sobre una taza de café, haciéndome cómplice de tu felicidad.


Una luz en el teclado, entre libros de escritores de todos los tiempos. El sueño se desploma en cada frase; las letras sueltas como párpados de estrellas, la página desnuda dedicada al árbol de paz. En esta ciudad de vals y atardeceres, las voces de otoño y las palabras que dicen libertad. Cuando casi todos los hijos de la luz se fueron, tocamos por las noches, conversando sobre nuestra existencia.


Si alguna vez vas a sobrevivir, si alguna vez vas a salir del caos, tienes que recoger los momentos que te han inspirado profundamente en la vida y guardarlos dentro de ti cada noche para protegerlos. Cuando el sol parezca salir un poco más lento y tus días estén llenos de una esperanza oscura, llega al núcleo de tu ser y recuerda el calor. Recuerda que las cosas volverán a ser ligeras.


La desnudez de la ausencia, en el apenas de un aroma. Una espera insensata, cuando la noche, lenta y gota a gota, se llena de ella. Llenándose de letras ignoradas, temblando en la ruptura de frases no logradas. Una lágrima rueda frente al duelo de tu ausencia. Lejos de todas las almas y las páginas del entierro de los sueños. No sé qué hay en la tarde, en la luz crepuscular azul, que hace que mi memoria duela en sus manos vacías. La vida pesa tanto con los años; ya siento a Morelia perdida. Envidio a los vientos que aún te presencian. Los extraño mucho; podría escribir cualquier cosa al mundo, pero este mezcal quería ser para tu hermoso cariño.


Traté de llenar mis pulmones con tu existencia; la ausencia sabía que estaba en la tarde, golpeando con el eco de tu violín, pero hizo que todo lo que vivo importara, especialmente en la dirección donde, al respirarte, mi tristeza desaparece. Escribe, porque el tiempo va demasiado rápido; y cuanto más deliberes, quizás el poema se parezca más a ti y al eco de mi recuerdo en tu corazón.



19. La letra y la nada

 

Me gustaría ser todo el mundo: un lisiado, un hombre moribundo, un hombre de letras, y luego volver a escribir sobre mis pensamientos y emociones como esa nueva persona. Pero no soy omnisciente; tengo que vivir mi vida. Pero no soy la única persona que seré. Y no puedes analizar tu propia vida con curiosidad objetiva todo el tiempo. Cuando escribo tomando tu mano, las letras tomarán formas y dialectos entre nosotros, caricias entre sueños que prometen eternidad. El día que te encuentre, escribiré todo por ti. Pequeñas piezas de letras, esas esperanzas del tiempo sabio en el que solo tendrás, como musa, ganas de ser tú misma. Espero que me entiendas cuando dibujo con letras bajo la luz de la luna, intentando darte ese regalo que cada noche esperabas que yo fuera capaz de lograr. El mensaje más importante viene en un libro que todavía no llega. Ven y lee cerca de mí, más profundo; escucha las palabras que imagino viviendo a tu lado. Tal vez un día, en sincronía, leeremos juntos con pupilas apasionadas, atados a la eternidad.


Un libro me trae de vuelta. Un niño juega en bicicleta. Una chica contempla su desafío. Un libro abre la belleza, atraviesa las calles de cemento roto. Una llave gotea el tiempo; la vida se escapa por los agujeros de la memoria que he vivido. Lo que me pasa a mí y lo que pasé por alto: la extinta espesura de una sociedad perdida por el egoísmo.







20. Mensaje vacío 


Mientras ella hace páginas,

contando pájaros en el azul cielo,

el aire de metáforas por dentro

empuja su vocación.


Escritora, descubre la misma voz

de todos sus yo que habitan en el poema.


Un mensaje no escrito me dice:

estarás muy lejos de mí,

como lo están mis letras de enamorar

toda tu tarde.


Hay días en los que

el teclado no ayuda a imaginar,

a saber lo que hay más allá de lo evidente.


Me pregunto si mis sueños con ella

cuentan alguna vez en su corazón,

en tardes como estas.


21. Seca tierra baldía 


Yo iré escribiendo por delante;

en las letras dejaré pistas,

cada metáfora, cada memoria,

cada criptograma que

dibuja con tus lunares estrellas

para un nuevo cielo.


Ligero será el verso abierto en tus alas,

te devolverán mi silencio.

Desde esta poesía me entrego

en el umbral de la noche,

a dibujar la soledad de este mundo,

abandonado por sus gobiernos

perezosos de escuchar a la ciencia,

allí esperando la educación superior.


Se llenó de palabras enredadas,

con un vocabulario igual de profundo

que la vulgaridad de un noticiero común.


Hoy el encuentro con el otro es seco,

polvoriento y de miradas de miedo,

que esconden una tierra que mastica

su injusticia, guardando los secretos

de la discriminación a los pueblos originarios.


Una literatura que no es mía,

que es intimidad de mi biblioteca,

empuja desde el pecho esta rebeldía.



22. Confesión poética


La forma de sentir conscientemente la vida es el principio de la forma de un poema. Escribir poesía es una forma de conocimiento siempre cambiante. Puede tender a la condición de un espacio de rebeldía y liberación. Cuando mi pequeño niño se arrastraba alrededor de mi cuarto de escritura, nunca repitiendo el mismo patrón de exploración, siento que allí encontré una analogía con el ritmo del acto poético. La forma poética da expresión a las palabras conjuntas como un organismo, un arte en una historia de un tiempo común. Desde Platón, la poesía ha caminado con nuestras imperfecciones humanas, el dolor de vivir y la alegría de coincidir en el deleite de las imágenes de lo humano. Es una forma única de saber, de permitir el conocimiento a través de la experiencia de lo infinito y lo escurridizo del manejo de las palabras. Coincido con Roberto Bolaño: el origen literario es una tutela de vivir persiguiendo la vida de irreverencia y la propia jodida vida en la que fracasamos empapados de lágrimas.


Mi vida escribiendo poesía es maldecida de romántica por muchos, pero confieso que, al igual que T. S. Eliot, mi íntimo carpintero de letras, lucho contra el romanticismo embriagador de emociones de desesperación. Porque los profesores universitarios que se van de exploradores en la literatura original se convierten en mendigos como forma de rebeldía en las letras. Es curioso: apelar a la poesía de verso libre, desatarla de la métrica y la musicalidad forzada, hundir la escritura en mi pobreza y en el desprecio de mi comunidad universitaria produce una desesperación que motiva la inteligencia vigilante de mi tiempo. La miseria que puede ser mi vida, a la deriva de una página, y la angustia de no poder abrazar a la musa, mi derrota y deterioro, no hacen más que revelarme al trovador del romanticismo que entristece con las palabras más tristes el refugio intelectual de sentirse solo y desterrado en ella, ese arte de pensar lo profundo de lo humano. La universidad puede ser símbolo salvaje de simulación, valle fértil de juventud y de reliquias de héroes del pensamiento. Esta universidad desconocida que Roberto Bolaño encontró en México es mi hogar, mi prisión, mi causa ética y el desamparo de un sentimiento privado en la historia de la literatura subversiva, liberadora del arte y alejada de la mecanización instrumental de la razón.


Soy poeta y, como homenaje a este modo de vida, una vocación se une a que soy hecho en la miseria radical de no saber nada, en las rarezas de lo poético. Supongo que el café y el mezcal, y la biblioteca íntima en cada noche mexicana, por exclusión e inclusión hacia el amor, porque soy tan pobre como el tercer mundo lo es, porque, al hacer el amor como el más pobre, la pobreza se transforma en rabia por la destrucción de nuestra juventud. A los “perros románticos”, a esta edad mía, los enfrento cada noche en mi teclado, como el más joven explorador de la azarosa realidad.



23. Poesía y literatura


Las palabras crean el orden de nuestro mundo. Son la forma de la voz de la razón que acaricia la posibilidad de lo que pueden ser los manuscritos en el conflicto entre lo otro y el yo. En medio de la nada, las palabras, en ese eterno silencio, tienen el poder de decir: "Aquí existo y estoy vivo". Justo antes de la muerte, me comparto con la gran tribu. En medio del desconcierto, la literatura proclama consuelo y, sin que el egoísmo o la simulación se impongan en la educación superior, da luz en el dominio de la juventud, esa rebeldía en las ideas. La voz de Montaigne sigue una tradición de hacer de la razón un refugio en tiempos de desdemocratización y florecimiento del populismo, favorecido por la debilidad lingüística y científica del ciudadano. La verdad de los hechos y la poesía de lo humano: no podemos controlar que el gobierno nos mienta, pero el control lo podemos regular si los hacemos responsables de esas mentiras y no miramos para otro lado que no sea el rigor de la ciencia.


Somos dos lealtades de pecados que se gustan: tú, muchas literaturas; yo, un explorador en cada una de ellas. Cada libro se desnuda ante mí, grita en medio de la prosa. Volvemos a empezar después de una taza de café. Las palabras con sabor vienen de ti, la pasión que se esconde cada día en el "te extraño". Tu tacto es el mensaje. Yo quiero pasar a tu vida sin anunciarme. Ella le susurró al oído: "Somos nosotros". No se refería a un lugar físico. No era un destino palpable. Era un concepto de cariño. Una lealtad en sus corazones. Era su mano caminando junto a la distancia. Eran ojos encerrados en la conexión perceptiva de su enorme gusto por existir.


El carpintero, creando un abrazo con sus letras. Fueron pequeños pellizcos que dejaron intercambio de energía. Y los meros momentos que marcan potencialidad. Fue el respeto el que concedió la intensa atención al otorgar sus intenciones.


Los símbolos y gestos que el poema da nacieron en la pertenencia del sentimiento de una mujer que la poesía liberó. Algunos querrían tomar el sol en su cálida luz sensual, rodar por el mundo, conseguir el jugoso placer de su existencia. Aquí, ella despierta la libido que suministra intensa inspiración en la lejanía, donde literariamente está a su alcance.


24. Por si no te vuelvo a ver


Me llenas, estirando el poema que sostengo en el interior. Hay un empuje salvaje, tocando el lugar que duele para su liberación, pulsando el cariño que nos envuelve y dibujando lo más profundo. Tocando ese lugar que duele, susurro en las letras, aferrado firmemente a la urgencia del aliento encima de mí. Fluyendo lo humano. No estás en soledad; mientras este amante de la poesía tenga fuerza, te acompañaré. Frente a cada pared hay un plan: escribir poesía para estar contigo.




25. Soltando las letras en tu piel


La música y el café me tienen en un estado de ánimo lúdico, y me deleito descubriendo el movimiento de frases en el poema. Sobrepasar los ojos vendados y desnudos, frente a la pared, con los brazos por encima de la cabeza. Fue así: un pantano en la hoja en blanco. Cuando la literatura me empujó hacia adelante, te das el aliento. Me acerqué al teclado y susurré la letra en el infinito espacio blanco: “Ella espera que nunca te rindas”. Retorciendo metáforas y reflexiones, logrando un poco de poesía, la alegría en mi voz es inconfundible esta tarde. Así descubro tu misterio, adentrándome en tu piel que nos cobija.



26. Cuando mi vida se puso de pie


Surgimos en un experimento de escritura increíble. Al menos, pensábamos que lo estábamos. Sabíamos que no había escapatoria de la naturaleza egoísta humana. Cada pieza de texto sería la mejor idea, por encima de la realidad que no deja lo humano fuera. La poesía no tiene límites, salvo los que bajemos en su cuerpo moribundo en la educación universitaria actual. Si buscas himnos a lo humano, solo ves que los nuevos líderes rompen la noticia en secreto, convierten la palabra en odio, división, orgullo patriotero y rencor partidista. No afirman nada y, así, si mienten, siempre destrozan todo con su arrogancia. Todo era bueno como el oro, brillara o no.


La literatura, plagiada y puesta en línea, aterriza de rodillas ante nuestra inteligencia. La economía insiste en separar el juicio de los ciudadanos y hacer pasar a todos como tontos. Perdimos el tambor de la ciencia y seguimos marchando… al final, lo lamentamos de todos modos, ocultando debajo del tapete nuestra cobardía.



27. El covid-19 el verbo invertido


Nadie puede estar de acuerdo. El presidente es una partera de ocurrencias. No, eso no está mal. Cuando yo muera, seguramente dirán que son grandes lideres porque salvaron la economía y la recuperaron en tiempo récord. Pero, los profesionales de la salud que no fueron equipados para la guerra, los profesores que no fueron apoyados para la educación en línea que no fuera dejar tarea y poner textos plagiados en la Web. De ellos, solo se les pedirá más sacrificio, pagar sus cuentas y morir rápido para no afectar con sus pensiones la economía. Nada está decidido, hemos terminado aquí, todos hemos dejado de pensar, ahora solo estamos programados por los genios de los medios de comunicación que han tomado el partido de cuidar sus ingresos y elevar el ranking de los políticos.


Nada puede complacer permanentemente, lo que no contiene la razón por lo que es así, y no de otra manera. Lo que también se revela entre escritor y su poema; también lo hace entre los gobernantes y sus actos. 



28. Estoy contigo 


Tú, que eres alegría, sé que no lo sabes, pero dentro de ti hay un ser muy valiente. Si te enamoraras de los libros, estoy seguro de que harás ese esfuerzo. Disculpa por no estar allí contigo, pero todo mi ser está allí. Por favor, saca el coraje y aprende cada día mejor a leer inglés, a domar esas matemáticas. Te envío un gran abrazo. Estaremos bien…


Te vi leer extensos libros, mares de letras. Te vi entre las ramas de los poemas y las historias. Al borde de la página, el lápiz alimentando reflexiones. Te columpias en ese mundo de versos olvidados por sí mismos. Vagábamos en la imaginación, con lágrimas que aún no son letras, en vueltas de sol sorteando el "te extraño tanto".


La vida fluye con cada palabra, versos disfrazados de nosotros. Poemas que son espejos de nosotros dos. La muerte recorre el mundo; página a página, llenaré de memoria, recordaré todos los días y rogaré que a mí me lleve, para que a ti la vida toda te sonría.


Inventar significado a esa primera luz que venció la oscuridad en medio del insomnio. A la hora del café, miro por la ventana, dejándome ir con mi alma para decirte el enorme cariño que siento por ti…


Nuestra parte de la noche para soñar. Nuestra parte de ser. Nuestro vacío en la soledad frente a un enemigo invisible. Aquí una estrella, allí Venus; algunos pierden su camino. Aquí una niebla; después, ¿quieres volver a ir? Cientos han perdido, pero otros han ganado una nueva oportunidad. Entonces, el silencio sofoca con olas de preguntas que no tendrán respuesta.


Si puedo evitar que un corazón se rompa, si puedo escribir y aliviar el dolor un poco, no viviré en vano. En el difuso momento de las letras, entro en un pensamiento olvidado por sí mismo.


29. La lista de pendientes antes de morir


Amaneceres con sonrisas.

Versos escritos con ella.

Untar sabores divertidos.

Leer los diez mil libros en espera.

Hacer de la epifanía erótica la fiesta sin fin.

Te quiero de la mano en el otro universo.

Despertar a pesar del pecado.

Construir un paraíso íntimo.

Dejar literatura para enseñar un camino.

No elegir las penas de la vida, sentir

la pasión, la inhibición bordeando la cintura.

Jugar como niños a crear mil libros.

Seguir donde la piel, en tus mares, quiere ir.


Al sentir, sé que tu persona es única; me hace soñar, poder hacer lo imposible. Reconocer los límites de la poesía, explorar tus letras, esas que hablan del mañana. Dentro de la pasión que despierta tu valentía, me llevas por los aires. No nos empeñemos en ponernos reglas de este mundo; si acaso, las haremos del nuestro. Somos dos mitades que alimentan nuestra vida. Te quiero, tantos minutos que se hidratan; te quiero intercambiar tantas cosas...


Llamó con suavidad a mi corazón, yo creí en ese espacio privado, mi sintaxis ha sido presa de su magia. Con mis letras te venero. ¿Cómo sentir todo esto por una persona que desplegó la alegría de la sorpresa? Es verdad que resisto esas alturas, pero no tengo huesos para resistir cuando el peso de extrañarla es de plomo.


En un instante creemos que podemos bailar, nos sentimos valientes, y entonces la vida te acumula fracasos. Todos se fueron, nervioso tropiezo y la estupidez del discurso aflora en mí. Desde ese día no consigo dormir profundo. Me das la mano, acordamos sin hablar hacer lo imposible. Soy un reloj que escribe y no logra decir cuánto te necesito.


Todavía estás aprendiendo a llorar, sigues encontrando tu camino. Es la llave del tiempo... Jamás te olvidaré, aunque yo también caiga más tarde.



30. Nuevas formas de mirar


Lo que ves es lo que obtienes, pero eso no es todo lo que hay. Obstáculos y sueños, nuevos pendientes. Nuevas formas de mirar. A veces, ella todavía se duerme y, justo en medio de la cama, se desea a sí misma un libro de colorear. Se ve a sí misma pequeña, ya no quiere crecer ni que nada se imponga sobre su juego de inocencia. Un truco para distraerse a sí misma: se hace una invitación a soñar.


El tiempo es lento y no se deja presionar a la hora de posponer su imaginación. Mientras parpadea, su reflejo en un viejo espejo muestra su desnudo en su cama. Retuerce las sombras mientras se pregunta si salir de nuevo al mundo. Mira por la ventana a la tarde, planea coger el celular y hablar con todos los que descuidó en los días oscuros. No hay funeral, ella intenta encender su vida. Parpadea, desatando sus pies frente al ataúd abierto. Es el momento en que se da cuenta de que cada persona que ha llegado a conocer algún día morirá.


Con miedo a la oscuridad, el problema es que no puede levantarse de la cama para escribir, cantar, brincar, gritar… La ansiedad la tiene como rehén en su habitación. Dentro de su cabeza, el desorden de las ideas; fuera, una ciudad desolada por la cuarentena. El insomnio arrastra criaturas en la mente, sumerge la luz del día y todo se hace gris. Contar ovejas para dormir solo logra contar razones para mantenerse despierta. Los grillos suenan como campanas sueltas en la locura de cualquier discurso político. Está sonámbula en un océano en el que no puede bautizar su vida. Todo le pregunta: ¿tengo miedo a morir?


No ventanas, no espejos. Los oídos se erosionan, dejando todo roto. Nuestros brazos no encuentran puerto. Dos antorchas en el teclado, nada más que dos rocas algunos días. El corazón ha desarrollado una especie de amnesia, donde recuerda todo menos a sí mismo.


31. 21 días para inmunizarse 


¿Qué pasa por las mentes un día como hoy? Las miradas de desconcierto, todo el plan de un camino se ha borrado, ahora todo es terreno desconocido. Pensamientos adustos mirando ramas del bosque oscuro. Y puedes darte este tiempo. Se te permite aparecer en el mundo imperfectamente. Se te permite gritar por las cosas en las que te has esforzado en este mundo. Tienes la oportunidad de saber que los humanos toman la decisión incorrecta al agredir a la naturaleza. Se te permite ser alguien que todavía está averiguando su camino y su propósito. Se te permite perdonarte a ti mismo. Nadie puede volver atrás y cambiar las decisiones que nos han llevado a este día, pero puedes elegir lo que haces hoy para hacer felices a otros.


Esta máxima de Borges, y ahí es donde está tu poder, en ese instante. No más ir a tu pasado y torturarte. Lo que pasó ha terminado y toda la vergüenza y el odio en el mundo no desharán eso. Hoy, en la literatura poética o científica, lee, avanza despacio con los nuevos conocimientos y experiencias de todos los grandes gigantes del pensamiento. Hoy es un día para viajar en los libros, para ser la persona que quieres ser y vivir la vida más emocionante. No eres una decepción ni una mala persona, solo quisiste, cómodamente, seguir el orden alfabético dictado por los políticos y capitalistas salvajes. Y está bien. Estarás bien. Todos hemos hecho daño al planeta, a los niños y a la fauna; hemos dicho cosas que desearíamos borrar y hemos fracasado en la educación más virtuosa para la juventud.


Incluso si hubiéramos hecho caso a tantas advertencias de la ciencia y la filosofía, seguro continuaríamos por el orden del alfabeto y no mereceríamos nuestro propio perdón. Quizá en este precipicio, los sobrevivientes puedan hacer nacer un mundo más justo y solidario.


Me regalaste esa sonrisa que pronto se convirtió en nuestro altar privado. Aquí no hay nadie más que tú y yo. Esta intensidad dentro del poema, este calor, el sol partiendo. Quieres que el amor sea así todos los días, cortando la realidad escrita en un atardecer. Con pasos lentos para no perder el equilibrio. No puedes estar en silencio, ser visto y no oído. El poema no es un protector de cobardes, sino todo lo necesario para una versión de poesía descafeinada por la vida que ocultábamos.


Nunca perdí tanto como ahora. Dos veces estar roto, arruinado y vagabundo ante la puerta de Dios. Dos descendentes caídas soy, un pobre escriba una vez más. Navegando en silencio, en una nave sin piloto. Estoy en la orilla donde rugen las tormentas. Sin anclas al final de la tierra. Bajo esta tarde, los dioses hablan en la escritura de páginas de infinito blanco.


Un gato envejecido se dirigió a mí, por la ventana la colina desnuda detrás de mi ciudad de grandes batallas. Y la tierra me dice: eres afortunado, se realizó una rotación completa maravillosa de este planeta y, aunque estás vivo, se supone que el sueño de la estación tú serás testigo. Esa hora dorada de la eternidad, este es el descanso del día.


Ella muda, acercándose por caminos apenas por crear, y las líneas, como persianas en el texto, dibujan lo que perdí hoy. Cuando no pude encontrarla, me senté a suspirar y el petirrojo apareció puntual. Cantaba desde el bosque hasta mi ventana; sus baladas eran las mismas, un trovador que nos recuerda el dolor de no ser lo que pudimos ser.


Posdata: Enganchado a tu existencia. La confesión en que te refugias también la hago nuestro espacio íntimo de letras. Acariciar tu alma espero me permitas como propósito. En postres de tus manos estamos tomando forma, donde lo mejor de las almas se hace una historia radicalmente distinta. Escribirte como fluido sin el yugo del editor. Eres mujer, donde tu sentir es la energía valiente abierta al mundo. Cada día espero con gran gusto y alegría enviarte piezas de texto. Perdona si soy inoportuno…


Alrededor de lo literario, tres cerezas rojas en tu pastel. A veces, los objetos se ponen en contacto, difíciles de pronto, como si no quisieran guardar nuestra conciencia. Y allí, en lo más íntimo de la otra parte circular, estalla un rojo que nos distrae a la mitad de una frase. Unas esferas con rojo fuego urgen en la atmósfera, penetran las actitudes de escritura. Y antes de que preguntemos, mucho antes de que el último silencio llegue, ¿ella sabrá que hoy escribí dejando hasta la última gota de vida en estas piezas de texto?


Tuve una estrella en el cielo, deambuló por la misma. Y aunque los cielos están llenos y toda la noche brillan, no me importa, ya que una de ellas es mía. Mi historia: un petirrojo en mi ventana, que acompaña mis lágrimas de saberme no leído. Es todo lo que tengo que traer hoy. Mi teclado se fracturó en medio de una frase y mezcal.


Cuando la noche llega, el vuelo solemne de la imaginación pasa más allá del sol de la tarde roja. Entonces te escribo poesía, que ya espera su confesión. Quizá en ella, el futuro aguarde con un gran poema.


Al sentir tu mirada, todos nuestros inviernos llegaron a su fin. En un instante, sé que este momento se hace eterno. Murmuras a tu sombra de dudas, comienzas a sonar. Nos sujetamos de las manos, explosivamente. Sobre ti escribo cada día con la ilusión de hacerte sonreír.


Reflexionar al caer el sol, en una ventana encima del callejón, donde los hombres tienen la mirada perdida. Suspiro con una fotografía. En ese momento, pueden ser días en la forma en que se miden. Una frase en la mente. Hay tantos días en los que la vida se detiene y espera, como un tren en los rieles.


Miro la tarde y pienso. Ya no sé dónde estás ni qué camino me lleva a ti. Me pregunto dónde vive ella cuando se detiene el tiempo. Las palabras adquieren así el valor de esta tierra de la lluvia recién caída. Tu mirada valiente se me sujeta a la mente, tu húmeda pasión es antesala de una revolución contra el muro de verdades. ¿Quién puede negar que escribir es la antesala de atrapar la eternidad de una pasión así?


Después de tantos días, todo empieza inventando emociones al escribir. Dime con tus letras tantas veces como puedas lo que hay en lo profundo mientras tu serenidad no llega. Escribir es tan intenso que, en súbita valentía, tan inocente imagen pliega un mundo nuevo.


He dejado que tus letras cada día sellen el vacío de muchas heridas del pasado. Sin defensa y sin prejuicio, te leeré por siempre. Sentir la distancia de tus letras, saber que aún no has tocado el poema que más desea ser pronunciado.


En una grieta de luz en el cielo, todo me recuerda a ti, una carta sin remitente.


Isabel Allende: “Uno viene al mundo a perderlo todo, vivir el presente”. Quien quiera acercarse a su ser máximo, si procura no engañarse, tendrá en su poder la verdad del juicio de sus acciones.


Ya no basta solo con oponerse a los dogmas y al deseo de los capitalistas salvajes e inasibles; es necesario confiar en la palabra del arte, la ciencia, las matemáticas, la ingeniería, la poesía, la novela, el cuento… hacerse dueño del tiempo en el margen de la imaginación más original de tantos héroes del pensamiento.




32. La alegría improbable 


Leer y releer un solo poema ilumina otras virtudes: el oído para modelar, sus atrevidas acrobacias dentro de limitaciones formidables y su alquimia con géneros familiares. Paz nombra un género en su título: la balada, una canción narrativa generalmente interpretada en cuartetas, con un ritmo uniforme y un final definido. Esta balada también es un texto que excluye una o varias letras del alfabeto. La forma especialmente restringida de la poesía del laberinto, que excluye todas las vocales excepto una, se llama univocálica (del latín para 'una vocal'). Estas y otras travesuras formales, con restricciones tan caprichosamente arbitrarias que (dependiendo del punto de vista) pueden ser emocionantes o insoportables, son ideales para un taller de literatura experimental. El infatigable Eliot, autor del verso completamente libre. Cada cambio en su estilo y estado de ánimo refleja un cambio en su ubicación. Sus primeros poemas reflejan sus sombríos recuerdos del México de la posrevolución, donde creció. Poco después de establecerse en París, el poeta se volvió opaco, abstracto y místico, como si su nueva residencia exigiera un divorcio de los lugares en los que había vivido. Su estilo refleja un segundo matrimonio feliz, una fe recién confiada y, sobre todo, un traslado al desierto. Sus líneas claras y perspectivas alegres coinciden con los colores vivos, los claros y los cielos abiertos. Leer los mejores poemas de Octavio Paz en el orden en que los escribió es participar del placer de la reinvención personal y observar cómo la perspectiva de un hombre gira 180 grados, desde la pérdida y la desilusión hasta una alegría improbable.


El agotamiento es una última línea de defensa,

donde el tiempo se detiene o te mata.

Te enseña a ver lo que ven tus ojos

sin preguntas, sin la razón

de vivir en una ciudad, morir en otra.


El libro de poesía humea

como una ruina, su cuarta pared abierta

a la multitud y a los agitados horarios.

En el rincón más alejado, habla;

cruje una canción y una palabra.

Ella es mi palabra favorita, muerta cuando yo nací.

Y llevo horas esperando escribir,

agotado entre conexiones pequeñas,

despierto solo en mis ojos, buscando refugio

en la agitada cinta de sombra

alrededor de la ventana al mundo.


Cuánto me gustaría dormir ahora

en las sombras, al lado de cosas reales o al lado de

cosas que alguna vez fueron reales,

como en una película en blanco y negro.

Cuando mis padres estaban allí. A veces me siento

como si mi vida se hubiera agotado antes de que yo naciera.

Mis ojos se clavan hacia atrás en mi cabeza,

al improvisado de lo que ya he visto

o escuchado descrito o soñado, demasiado cansado

para no envidiar al mundo sus esquemas inútiles.


Libros de fotografías de los años cuarenta.

El oscuro rombo de una ventana de un tren

pasando apresuradamente. El halo oscuro

alrededor del cuerpo de una mujer que amó.


El mundo es insaciable. Te quita las piernas,

toma tus brazos y desfila frente a ti

cosas tan maravillosas: fotos de casas cálidas,

enrejado a lo largo de los lados con un verde tan profundo

que es como el aire negro, solo transparente,

de mujeres cantando, de trenes de litio

en el despertar del cuerpo de un paisaje

o en el fondo de una ciudad vieja,

humeante y de hombros altos como los años cuarenta,

de algo mucho más lejos que una distancia.


El mundo agota todo excepto mis ojos

porque es un largo paseo por el mundo.

Comenzó antes de que yo naciera. En el rincón más alejado,

la mujer que no me fue se inclina fuera del escenario.

La literatura se arruga en un punto blanco.

Como el último,

se anuncia el tren de la tarde, mi tren.

Viví en un lugar. Quiero morir en otro,

donde la escritura me lleve.


33. El filósofo nos dejó justo con estos políticos egoístas


Es patente para el ojo que no puede mirar al sol.

Los filósofos engreídos mienten y dicen que el mundo es uno;

el mundo es otro y otro, el mundo está aquí y allá.

Parménides sofocaría la vida por falta de aire,

precisión de nacimiento y muerte; su cristal nunca se rompe,

sin movimiento y sin aliento, sin progreso ni errores.

Nada comienza o termina, nadie ama ni pelea.

Todos tus enemigos son amigos y todos tus días son noches.

Y todos los caminos conducen y no son caminos en absoluto,

y el alma está ligada a los músculos, el mundo es una pelota de madera.

El monista moderno también castra, niega nuestras vidas,

y nada de lo que hacemos, hacemos o nos convertimos.

Su terror a la confusión congela la corriente que fluye

en mera ilusión; su ansia de suprema

integridad significa que se ahoga cada orificio con fuerza.

Yeso mientras evoca un ideal muerto de blanco,

universal completamente blanco, negándose a permitir

división o dispersión: la eternidad es ahora.

Y ahora, por lo tanto, está entumecido, un hecho que no ve,

postulando una tonta identidad estática

de esencia y existencia que no podría fusionarse sin

desterrar a una creencia a distancia junto con la duda,

acción junto con error, crecimiento junto con brechas.

Si el hombre es un mero espejo de Dios, los dioses colapsan.


No, la fórmula falla y no deja en claro

que solo prevalece el cambio, que las estaciones hacen el año,

que una bestia, un hombre es lo que es porque

es algo que comenzó y no es lo que fue cuando político,

sin embargo, es en sí mismo, revoloteando y desplegado,

no ser cancelado, no ser fusionado en el mundo.

Su entidad es una negación de todo lo que no es;

cada movimiento es una prueba a través del caos y el pozo,

un absoluto y, tan desafiante, corrupto,

absoluto, la fila de ceros donde se acaba el tiempo,

donde nada va o viene y es uno corrupto el político,

y todas las sumas posibles se resuelven en nada.

El mundo no es así, el mundo está lleno de ciegos,

golfos a través del piso, golpes contra la mente,

hinchados de alcohol o disminuidos según su sexo,

espumante, nunca terminado, nunca lo mismo dos veces.

Hablar de valor supremo, forma universal de mentir,

visiones... Déjame decirte que cabalgan sobre la tormenta

y deben hacerse y buscarse, pero no pueden mantenerse,

perdidas tan pronto como son atrapadas, siempre para ser recuperadas.

Fuente principal de dolor hacia la perfección; aún,

no valdría la pena lograrlo si el mundo estuviera establecido

justo, si el error y la elección no existieran, si el tonto

mundo debe encontrar su voz para el bien y Dios se convierta

encarnado de una vez por todas. No, la perfección significa

algo, pero debe caer a menos que intervenga

entre ese significado y el asunto que debe llenar

la mano giratoria del tiempo, que nunca puede estar quieta.


Que, siendo así, y la vida un fermento, tú y yo cobardes

por la lucha en que los vivos mueren y el político vive.

Y, si usamos la palabra Eterno, reclamamos

solo lo que un pájaro puede encontrar dentro del marco

de su vuelo momentáneo. (El valor persistirá,

pero como evento la noche lo barre en la niebla).

El hombre es hombre porque podría haber sido una bestia burócrata,

y no es lo que era y se siente aumentado.

El hombre es hombre en tanto que no es dios y, aún,

mafioso para ver y tocar el panteón y olvidar

los medios dentro del fin. Y el hombre es verdaderamente hombre

en que trascendería y burlaría el espacio humano:

una especie se enriquece al ver las cosas como renovables.


Con dolor de huesos y tendones, consciente de las cosas mal,

consciente de la culpa y la vasta insuficiencia y los enfermos,

el ego y el pasado roto y el reloj que pasa demasiado rápido,

consciente de la pérdida de trabajo, consciente del rencor y el odio,

de disensión con su vecino, de mendigos en la puerta,

pero consciente también del amor y la alegría de las cosas,

y del poder de la poesía para ir más allá de los límites de la hora rezagada,

consciente de la luz del sol, consciente del toque de la muerte,

no completamente consciente, sino en parte, y eso es mucho.

El filósofo nos dejó solos con los políticos miserables de hoy.


Necesitamos nuestras respuestas, deseando en saltos al vacío sentir tu mano.

Tal vez, algún día, leer juntos, buscar un lugar para nuestro jardín de letras.

Hay cosas que solo tú y yo sabremos abrazar.

Ven con tus letras, que esta noche siento más que antes

el dibujo de tu sonrisa debajo de esta luna.


Detrás del horizonte, se mueven, dibujando las nubes,

las ondulaciones de ellas en las colinas.

No puedo estar quieto en silencio; todo lo que necesitas

al otro lado es vivir.


La noche, en lo alto del tejado, lentitud que retorna,

apaga el verde del jardín. Se fue la letra temblorosa

de mi pobre existencia. El mundo tiene dolor

por los que, sin su familia, les saluda la muerte.

La noche entra en casa; escribir en el nacimiento secreto

que apresura despedir la ciudad sobre la colina.

Y Venus aparece en su altura incontenible,

sobre el rojo fuego del sol, que lejos creará otros caminos.

En la calle, el silencio súbito de la pandemia

nos recuerda que fuimos ingenuos.

El mundo que hemos destruido nos ha dado su verdugo,

y ahora tenemos que reconciliarnos con la naturaleza.


He dejado que el tiempo selle el poema de nosotros,

he vivido contigo sin prejuicio, haciendo la distancia

con letra soportable. Las letras quisieran conquistar,

por nosotros mismos, los sueños que siempre entre miradas hemos tenido.


Aunque las cosas parezcan irreparablemente rotas y perdidas, no lo están.

Hay más de una manera de vivir una vida que te haga feliz haciendo feliz a otros.

Hay más de lo que tu experiencia ha acumulado.

El pasado podría regalarte jinetes del caos

cuando todo el presente te exige innovación en tus ideas.

Significa la oportunidad de construir una vida nueva,

imposible de predecir y desafiante a nuestra ignorancia.

La vida es resistir pensando y siendo rebeldes del fin de las ideas.

También, no olvides que no hay manera correcta o incorrecta de sentir,

porque los sentimientos no son buenos o malos, solo interpretación.

La literatura es, sin duda, un vehículo noble para navegar por el mundo,

no como un barómetro para la autoestima,

sino como señal de estar de pie o derrotado en la vida.


34. ¿Estás habitando la literatura?


Puede ser doloroso y devastador, ilógico o bizarro, pero si amas y reaccionas a la existencia de otra persona. Incluso si está mediada por las letras. Piensa tus sentimientos tan profundamente hasta que conspiren a tu favor. No hay juicio asociado a ellos. Es solo imaginación y el milagro de existir. Escribe cada día; es un honor para mí ver tu existencia desnuda. Cuando te sientas abrumada. La economía destrozada, la muerte tocando cada casa, los políticos haciendo su agosto en la tragedia; la educación, una perfecta farsa de tedio que renunció a enseñar a pensar; la web, llena de manipuladores sin escrúpulos; la educación en línea, un mar de plagios… Toma el control: la literatura permite al cerebro ganar concentración en este caos ruidoso.


He dejado que las páginas escritas se lleven mi vacío. Que curen mis heridas. Poder amarte sin defensa, sin prejuicio, con una existencia renovada; conquistemos todos los sueños compartidos que siempre tuvimos. Disculpa mi debilidad, el tiempo que todo lo deja gris. Sin aire, la vida amenaza con tocar cada casa con su invisible COVID-19. Ya no hay voces seguras; perdóname, es muy baja mi voz en estas letras. Miro el seco monte y los ojos perdidos de tantos; una educación que vaciaba el alma de todo honor. Siento temor por el futuro de los chicos, por no tomar aquel café. Eres muy fuerte; tu feminidad te hace así. Gracias por atender estas palabras.



35. Celebrar el libro 


Un día, hace mucho tiempo, me miré a mí mismo mientras me enfrentaba a un libro a cuerpo entero y vi mi imagen tomar luz y suavizarse. Luego, pareció retirarme toda existencia y, como si fuera a desaparecer del mundo, en lugar de tanto ruido en mi mente, mi propia imagen se alejó de mí entre letras, como si solo fuera un fantasma que se desvanece incluso de la propia vista. Fracasé en medio de muchas frases, tenía rupturas de concentración, pero era memorable tener el valor y permanecer en el libro. Con cada libro, mi persona desaparecía y surgía otra. En aquellos días, tratando de estar a salvo de la agenda del mundo salvaje, la literatura me miraba como un espejo al leer. Era suficientemente bueno este reflejo y sí, todas las malas cosas que me habían dicho sobre mí tenían verdad. Ser un profesor escritor en una universidad baldía es enfrentar mi propia aniquilación por parte del poder administrativo. Allí, el conocimiento de la literatura, el sabor del discurso original, la herencia a los jóvenes… si la muerte me visita, la muerte de un carpintero de letras, sin duda, será el tema poético más esperado. Así lo consideró Edgar Allan Poe. Quien no sabe liberar y ser liberado en los libros piensa que prefiere vivir.


La lucha por encontrar la poesía en la que se celebre su supervivencia en lugar de su derrota en la universidad. Tal vez un profesor, para encontrar su propia voz, primero tiene que perderla en sus lecturas más desafiantes. Insistir en esto, al menos este día del libro, mi fracaso es el trabajo que más me ha exigido carácter intelectual. Comencé sin maestría, pero ferozmente, cuando no sabía de qué y por qué me resistía a dejar la tarea de educar el pensar al escribir.


Ella dijo: “El placer hecho palabra”. No sabía en el principio por qué resistía escribir. Mi desafío era turbio, incoherente, errático. Esos años de sucumbir, como alguien que se hunde en el pantano y luego se escabulle entre libros. El libro en que me vi dejó cicatrices que todavía llevo. Pero puedo desear que los jóvenes que vienen después de mí se salten algunos de los viejos obstáculos frente a los libros. Aparte de mi escritura, estos años han sido hacia este fin. Al menos, esos obstáculos son un placer.


Una sola línea es una cosa desnuda. Es ligera y pesada. Es, obviamente, la unidad básica de toda forma de literatura. Dos de ellas hacen una copla, tres un blues y cuatro una estrofa de tersa rima de Dante. Una página hace una romántica y seductora carta… Unas líneas son una creación difícil. Un callejón con salida al atardecer y un himno a la mujer de esa mirada en el color del azul rojo atardecer frente al mar. Seguro de allí creará el nuevo matiz de sus postres de alegría.


Si sientes el suelo resquebrajarse bajo tus pies en la playa, no estás en soledad… las palabras que yo soy se transforman en compañía para tus días en el mar. ¿Acaso corremos mejor si, por regla general, pensamos mucho mejor en nuestros pies? ¿Acaso amamos mejor si, por regla general, pensamos mucho mejor en cómo hacerlo? Parece estar sugiriendo esto: que pensar es una mala idea cuando prestamos mucha atención al método. Puede que el método nos distraiga tanto del trabajo, que nos veamos atrapados en el cómo y descuidemos su vivencia. Cuanto más nos preocupamos por el cómo, menos somos capaces de hacerlo. La reflexión crítica no debe cancelar lo fundamental del vivir. Lejos de ser obvio, el rendimiento de escribir, amar, cantar, andar en bicicleta seguramente se disfruta más cuando pensar no se hace en ello. El equilibrio entre vivir la acción y pensar no siempre es fácil de lograr, pero de ello depende la plenitud de la existencia humana.


Y el tedio es el enrejado de la prisión del distanciamiento social, ante la burla de la muerte que camina entre distraídos. Entre el placer y el cadáver, nos dice Walter Benjamin: pellizca la muerte a la orilla que extiende la corriente del sin olfato, elige a los que dan la espalda a la ciencia y su esqueleto como trofeo. Anuncia tiempos nuevos que surgen de esta realidad perceptible. Acabaremos por volver del espectáculo de los falsos líderes que gustan del espectáculo del reparto de despensas; constituyen el espectáculo de una luna pintada por sí mismos.


¿Acaso corremos mejor si, por regla general, pensamos mucho mejor en nuestros pies? ¿Acaso amamos mejor si, por regla general, pensamos mucho mejor en cómo hacerlo? Parece estar sugiriendo esto: que pensar es una mala idea cuando prestamos mucha atención al método. Puede que el método nos distraiga tanto del trabajo, que nos veamos atrapados en el cómo y descuidemos su vivencia. Cuanto más nos preocupamos por el cómo, menos somos capaces de hacerlo. La reflexión crítica no debe cancelar lo fundamental del vivir. Lejos de ser obvio, el rendimiento de escribir, amar, cantar, andar en bicicleta seguramente se disfruta más cuando pensar no se hace en ello. El equilibrio entre vivir la acción y pensar no siempre es fácil de lograr, pero de ello depende la plenitud de la existencia humana.


La tarde está bella, no puede mentir. Comemos su luz cuando infunde tener presente tu existencia. Doblaron en el viento unas mariposas amarillas que recuerdan este enorme cariño que te extraña. Contemplar tus postres… ya reconozco el color de atardecer del mar en ellos. Hay que decir: Sócrates los asemeja a la conversación de nuestra alma desnuda con un final definitivo, la posibilidad eterna de dialogar con el mar que alimenta la alegría, el dulce color de tus galletas y pasteles. Los nombres de los colores son a veces jaulas que contienen lo que no pertenece allí, y esto es a menudo cierto en el lenguaje en la superficie de las palabras. Necesitamos las palabras, pero úsalas sabiendo que son contenedores del espacio de significado que se derrama para siempre y se abre con una taza de café. Algo siempre está más allá de los lunares de la piel de tu cuerpo. A veces, nace y muere el día con cielos de pétalos de color sombreando el azul y el fuego del camino de la nostalgia. La luz se transforma en paz, en tonos de violín, en momentos de gran respeto donde transforma a otro en otro, columpiando el tiempo en el poema del atardecer. Así es dentro de los libros vivir.


36. Un letrero de madera que anuncia ya no eres niño 


La palabra "adulto" implica que todas las personas que han alcanzado la mayoría de edad biológica conforman una categoría coherente, pero somos viajeros que cambiamos y atravesamos experiencias distintas a medida que avanzamos. El camino está destrozado, y la infancia se desvanece gradualmente; de alguna manera, nunca termina. La edad adulta llega en pequeñas cuotas de fracasos regulares (si llega); cada persona sigue su propio ritmo, o más bien, no existe una medida estándar para determinar cuándo la infancia ha terminado. Somos alguien que fue niño durante la mayor parte de su vida, aunque incluso lo que significa ser niño está mal definido en la inocencia. Algunas personas no se destetan gradualmente; otras jamás lo hacen.


Aun así, eres un nuevo inmigrante en la nación de los adultos y en sus extrañas costumbres de simular no ser inocente. Estás aprendiendo a mantenerte unido en todos los pedazos que la vida adulta fractura, a averiguar qué será esa vida y quién formará parte de tu personalidad, qué haremos con la autodeterminación.


Estás en tu juventud, caminando por un largo sendero que se ramificará constantemente, lleno de opciones que chocan con la injusticia de esta sociedad. Al elegir una ruta, nos convertimos en adultos; una vida nos espera, un yo y un ser intencionalmente creativo para sobrevivir y vivir. Miserablemente, las lágrimas de niño las guardamos en lo más íntimo; la juventud es una empresa de gran riesgo de extravío. Una vez que sentimos las canalladas de los otros, la inocencia pende de un hilo. Parece que ser consciente de caer en la libertad de elegir el camino obedece a la autoridad de nuestro propio razonamiento, como una forma aparentemente radical de desafiar la ciega jerarquía de fracasos en la búsqueda de lograr algo en la vida.


A veces, las aves regresan a sus jaulas porque estas son una protección, aunque renuncien a la dignidad de su libertad. Por un momento, el parpadeo del sexo desplaza el miedo y nos lanza a la era de la seducción como conquista de la adultez. La posibilidad de devolver todo y regresar a la jaula se aleja. Lidiar con la sociedad y compartir el amor romántico no significa rendir la libertad, sino encontrar independencia en un camino acompañado. Muchos serán frutos que no crecen lejos de su árbol; su camino no se bifurca con el tiempo, pues la herencia de sus padres no es económica, sino el sendero mismo.


Cuando somos niños, envidiamos la certeza con la que nuestros padres nos hablan; en la juventud, requerimos tanta autoinvención que la verdadera libertad se nos presenta con algunos fracasos. Cuando miramos atrás y dejamos de ser niños para convertirnos en algo más, nos vemos extraños en esa nueva vida, intentando describir los tropiezos y las caídas dolorosas como parte del proceso de seguir evolucionando en la suerte que nos creamos. Si tuviéramos suerte en todo, el niño jamás crecería. Si la bellota no rodara a otro espacio, jamás se convertiría en un gran encino.


Acumulamos habilidades, conocimientos y una red de amigos, pero crecer es descubrir que los márgenes pueden ser el lugar más rico, la percha entre reinos a la que se puede entrar y de la que se puede salir muerto.


No es solo dejar de ser niño por llegar a una edad biológica; ser adulto es una condición en constante cambio. Es como si no nos diéramos cuenta de que las largas sombras de la ignorancia de cada amanecer y el rocío de la mañana tienen una luz y un color diferentes cuando llamamos a cada día una oportunidad de ser. Cambiamos de niño a adulto si tenemos suerte. La claridad y la ingenuidad se enfrentan en la urgencia del sexo en la juventud. Filtrando fracasos, envejecemos la conciencia; incluso las personas de cincuenta años me parecen niños cuando reparten la responsabilidad de sus fracasos.


Un niño jamás nos abandona; está en la curiosidad, sobre todo en el compromiso con la heroica tarea de llegar a ser lo que imagina. Ahora envidio a esas personitas que están al comienzo del largo camino de las vidas que tomarán, que aún tienen tantas decisiones por delante, tantas bifurcaciones de caminos por crear y otras que nadie anticipa. Imagino un sendero que nadie puede prever, lleno de la ansiedad de los padres por hacerlo cierto en un mundo de incertidumbre total y de la emoción de elegir amar sin saber muy bien dónde nos llevará con los años.


No me arrepiento de los caminos que tomé. La literatura como oficio me conduce a la ruina económica y a la persecución hostil en mi trabajo en la universidad. Pero siento nostalgia por aquel comienzo del camino que podría haberse convertido en muchas cosas. Elegí al niño transparente y valiente que agradece a sus padres al mismo tiempo que forja su camino en las letras. Aun ahora, el fracaso de vivir de la literatura me recuerda que el capitalismo salvaje quiere trabajadores obedientes y no hombres libres que crean un mundo más ético.


37. Tocar las nubes en las cenizas de los que han muerto


Las letras me permiten pintar esta noche para ti hijo, un rostro como respuesta a tu mensaje. Puedo escribir que me llamas de otra forma y que puedes tocarme sin tus manos. Me declaro culpable de cualquier sonrisa de quien deja de ser niño. Mi teclado parece el de un piano, del que brotan pétalos que levantan el alma. Tus palabras dicen que no hay niño sin jardín que haya dejado de latir por su padre. Quitas la errata despacio, escribes cosas en su mayor verdad. La vida es para quien sueña como niño y desea como artista. He dejado de huir de ti, quedó atrás mi pesada maleta de piedras y ruinas, aquellas que mis padres me regalaron sin querer. Dime algo que sientes al tocar las nubes, en las cenizas de los que han muerto. Eres frágil en medio de una frase, pero más valiente imaginación sin censura, un mundo donde eres la aguja en el pajar. No quieres ser quien eres ahora, pero yo ya soy feliz por ver en quién te convertirás al vivir con intensidad en la literatura.


Hijo, las palabras son naves que nos llevan a otros mundos. De letra en letra, conversan sobre tantas cosas emocionantes. No me acostumbro a envejecer y vivir de la madera, como el carpintero que tu abuelo imaginó. Esta noche, desde mi tejado, la luz de la ciudad invade mis palabras. Las paredes de este búnker guardan la historia de un vocabulario solitario que pasea entre libros, con el ritual de un mezcal creando un idioma nuevo.


Al salir del túnel, despejé el humo de la vida con un poco de poesía y ciencia. Suelen decir que los libros que te estoy heredando son la vida convertida en un arma lenta, cargada de poesía, para que en tus noches jamás te sientas solo. Confía en los libros: en esta biblioteca de las mentes más viejas y sabias, viajar nunca es en vano. Créeme, cada noche estaré allí, en la tinta invisible de estos libros, para acompañarte con todo mi amor.


Disculpa si te incomodo, pero existen noches en las que el reloj y la última estrofa son poemas que escribo como un hombre de este cosmos, tu papá.



38.  Tu malestar tiene sentido, tu respuesta no


Hay tantas maneras en que la gente se ve obligada a desaparecer, desarraigada, borrada de la historia y de su lugar, hasta que el nombre en una lápida solo es nada. La vida acelerada y banal crea capas de estrato geológico que, en menos de una generación, nadie sabrá de esa persona. Estábamos sujetos a las maravillas y frustraciones de la imprevisibilidad y más capaces de resistirnos al arte, porque el tiempo se movió en lo que solo más tarde nos enteramos: fuimos consumidores, votantes, alumnos, ciudadanos fiscalizados…, pero ya no personas. La era digital trajo encuentros más impredecibles y una soledad más egoísta. La ciudad se sentía como algo viejo, y las personas fueron empujadas hacia afuera como cosas. Las tiendas de chatarra proliferaron, así como las universidades patito. El lugar se convirtió en ritos de la mediocridad. El cambio es la medida del tiempo consciente, pero para cambiar el rumbo, aprendimos que tenemos que ir más lento que las intenciones de los políticos y los mercados; vivir más haciendo el propio edificio de nuestra historia, y que este sea el despliegue de un camino original dentro de la virtud de todo arte, como la ciencia, la ingeniería, la literatura, la música… La ansiedad está en el aire de esta ciudad. Pero a la ansiedad no le importa la lógica. Toda debilidad y terror de la ansiedad, el mundo nos recuerda la sensación de que vamos a morir. Y esa desconexión es dolorosa. Se siente como vergüenza, humillación, ineptitud y castigo de los cínicos en el poder. Tu cerebro solo traduce hambre y sexo, no tiene fuerza para la ciencia y la literatura; es más, la poesía nos recuerda lo débil de nuestra educación. Sucede que tienes una distracción del mundo, experiencias literalmente banales y que desconectan el cerebro de la virtud de todo conocimiento serio. Tu malestar tiene sentido, tu respuesta no. Estás cegado por el espectáculo de noticieros e informaciones falsas que deciden por ti. Estás confiando en que pasar exámenes en la universidad te dejará sabiduría y talento intelectual. Está bien si te tardas en salir de tu zona de confort, está bien si no eres capaz de adaptarte en absoluto a crear un camino original en el arte; no eres patético, no débil, tu cerebro solo fue aturdido y tu voluntad enajenada. Ya puedes morir en paz, nunca has existido dado que perdiste la lucha contra tu propia oscuridad.


¿Hay algo más tranquilo que dormir dentro de esta habitación donde la poesía lo es todo? Ella lleva una ramita de verso en su pecho y no dirá jamás lo que siente sin revivir tu alegría. Algunos la tocan y otros la besan, algunos rozan sus manos…, mientras mi teclado le compone poemas. La despedida serena no es una escena agradable. No tengo la fuerza ahora para romper estas conexiones. No voy a nombrar la calle que cuenta mis pasos tímidos, que mira mi cara de desconsuelo. Todos imaginan, "pobre diablo", pero lo que no ven es que el trance de la ficción poética es necesario para crear piezas de bosques amorosos y llenos de dolor romántico. Pobres de los que no consideran la ficción una expansión de la vida humana.



39. Llorar hasta secarnos


Se fue justo antes,

sus manos expertas,

un ser verso, si pudiera estar aquí y allí.

El camino está lleno de signos que has hecho de ti.

Los escombros, las ruinas de lo que fueron

no estarán para siempre, ahora lo sabes.


Si pudiera con mil latidos confortar tu dolor,

resuenan vivos para llamarte

y abrazarte en este dolor tuyo.

Recupera tu presente,

haz de tu futuro

camino y puntos finales.


Llorar hasta secarnos.

Resucita aquí, esta es mi mano.

En el silencio abrazado,

tu feminidad.


Son momentos vacíos,

reflejos intensos de angustias sin razón

dentro de recuerdos maravillosos.

Si bien ahora los sueños son porosos,

bajar a esta soledad nos da

una indescriptible posibilidad de reinventarnos.


Ese grito de dolor en el espacio de un verso,

mañana, te lo aseguro,

moveré el mundo por ti.

Bebe un vino.

Lee.

Nos armamos de olvido de sí y de nada.

Nos aturdimos para no estar allí.

Pero pronto tu espíritu volverá a sonreír.


Amor honesto.

Sé que la vida no siempre se trata

de colores brillantes y flores.

A veces los colores se diluyen,

y nuestros días se tornan tan duros que duelen.

Pero escucha, sostén mi mano

y déjame acompañarte.

Todo lo que quiero es conocerte mejor

que nadie antes.


La ciencia no siempre te dará respuestas

a lo que estás buscando,

pero tienes que hacer las paces con ella de todos modos.

Incluso si nunca sabes por qué,

incluso si después de todo,

era mejor decir adiós.


Me paso la mitad de la mañana

pensando en tu dolor.

Estuvimos despiertos toda la noche.

Sentí el efecto de tus palabras en mi corazón.


Sé que vienes con equipaje,

resquebrajada y con incertidumbre

ante todo lo que está por venir.

A veces, en los detalles más pequeños de tu dolor

se esconden grandes razones por las que amas.


Agárrate a tu alma, mantenla cerca

de la pasión por la poesía, la ciencia y la música.

Dile, enamorada, estas palabras:


No puedes elegir qué partes de ella te amarán.

Incluso es posible que te enamores de todas esas pasiones.

No somos perfectos.

No puedes elegir qué dejar fuera.

Eso es amor honesto.


Siempre solo quieres más.

Besos más largos, conversaciones más íntimas.

Conducirás más rápido,

todo lo convertirás en otra historia.


Tu felicidad se volverá tan importante

como esos amores inmortales.

Aprende a amar lo inmortal:

quizá la poesía, la ciencia

o cualquier otro amor eterno

te harán sentir mejor,

porque te habrán hecho mejor.



40. Tú, que esperas cada día que te acompañe con letras


Hay días en los que estás llorando y no crees que regresaré por esa puerta. Nadie sabe su destino, pero sé que has luchado. A veces, los dioses parecen ponernos a prueba. Tu corazón es admirable. Todos van y vienen, pero a ti deseo conocerte realmente. No sé cómo resistir tantos inconvenientes. Tengo una letra desordenada y no siempre sé qué decir, pero te escribo todo el día. Salí un poco por la terraza y el jardín colgante, y regreso convencido de que te elegiría otra vez en esa puerta. En un café, atascado en pensamientos, con tu petición de que me quede para siempre. Puedo ser desatento con tantas páginas por escribir, pero tu nombre flota en el bosque, viento transparente, ocupas espacio en mi teclado. Versos por escribir, sonreír sobre ellos de la manera en que lo hago por ti. Solo quiero las noches en tus brazos, me encanta esta cercanía entre nosotros. Escribo por cada uno de tus versos.


Pasaría mis días conduciendo mi bicicleta hasta la montaña Tejocote, allí donde el cielo es un escoro infinito de estrellas, donde todo pertenece a tu mirada. Ya habrá vida para ver crecer nuestro amor entre sábanas y mezcal, luego florecerá la poesía. Si pudiera escribir todo por ti entre versos, llenaría cada página en blanco de este mundo…


Estamos en ese pequeño escenario donde siempre estamos juntos, pero algunas noches no lo estamos. No soporto esas noches, porque mi alma, envuelta en la curva de tu espalda y los sonidos de tu aliento en medio de la oscuridad de sábanas blancas, son las únicas formas de fantasía que resucitan la existencia. Esta noche tenemos una cita, así que estaré despierto con un tequila, leyendo poesía e invocando toda tu feminidad valiente. Háblame de todo de ti… Al escuchar la poesía que siempre recordaré, no importa cuántas veces escuche esas letras, siempre recordaré las curvas sensuales de sus líneas. Sentí que la canción del poema me conocía.


Esas letras me conducen hasta altas horas de la noche. Suena en la radio una canción de McEnroe: Los valientes. No somos perfectos, nunca lo seremos. Pero me encanta hablar de todo de ti. Y me encanta ser Quijote de todas tus esperanzas. Sueño justo lo que desvanece nuestras edades al escuchar a Cervantes. Y amo el sonido de tu voz hablando de libertad; tus pensamientos reflejan los desafíos juntos, dos partes de un solo todo. Gracias a Heinrich Karl Bukowski, por mostrarnos que la poesía es una rebeldia que abre puertas.  


41. Libros en la mochila 


Se sienta ella allí, con la boca llena de exigencia, mirándote y preguntándote por qué todavía no es una obra maestra esta poesía. Cuéntame una historia y riamos como si fuera lo único que nos mantuviera vivos. Reproduce una letra y da permiso al verso libre para usar la voz exterior de La tierra baldía de Eliot. Escribir en voz alta, fuera del ritmo y del tono aburrido de esta universidad burocrática. Que el mundo sepa que no escribimos para la burocracia, sino para la juventud; la única clave que necesitamos es la ignición de la literatura auténtica. Deja que el cielo convierta esta historia y olvidemos que existen esos mediocres, al menos por un momento.


Espero no haber pasado ya por mis mejores letras. Espero que haya algo hermoso en el horizonte que sea tan impaciente como ella. Algo tan ansioso que quiere conocerme a mitad del camino. Un momento que está mirando diligentemente su reloj, temblando de nervios en el teclado, reventando las costuras de la mala educación universitaria, preguntando cuándo llegará la enseñanza de la habilidad del pensamiento más elegante. Un momento que está mirando diligentemente su reloj, tardando tanto en llegar.


Hijo, no estés triste; también a los padres nos golpea la mediocridad de los del poder.


Es mentira pensar que no mereces amor si no eres capaz de pasar exámenes. Te lo mereces. Mereces cuidado y relaciones que se sientan orgullosas de hacer algo distinto en este mundo. Crea un espacio donde seas apreciado por la rebeldía de tus ideas y valorado por creer en los libros. Incluso si hay días en los que quieres salir de tu piel y desaparecer, confía en los libros. No tienes que estar solo en la lucha contra tu propia oscuridad; deja entrar las matemáticas y la poesía.


Hijo, llevar ese peso no te hace defectuoso ni indigno de pertenecer a un mundo que se niega a cambiar. Te hace humano. Te convierte en alguien que interioriza juicios que nunca fueron tuyos, que se abrió a los héroes del pensamiento de tantos libros. Alguien resiliente e inconcebiblemente valiente siempre ha de ser agredido por la autoridad de todo tipo, y más aún la universitaria. Alguien lo suficientemente valiente para conectarse con los libros, a pesar de las mentiras en su cabeza y de la precaria economía que ello conlleva. Así que, por favor, no te retires ni te cierres a los libros. El tedio propio no se desaprende a través del aislamiento. Abre tus ojos escribiendo, reúne la evidencia científica, embriágate de poesía y perdónate por no ser perfecto. Estar en guerra con tu cabeza, dejar todo en la lectura y la escritura. Mereces amar y ser amado. La llave está en la oscuridad, justo en la única luz en la profunda distancia: la literatura.


Hey, tienes en la ciencia un arma para devolver el equilibrio que nosotros mismos no pudimos dar a este mundo. Hey, ahora es tiempo de que ellos confíen en los libros. Dales valor para leer y escribir; tienen la mejor biblioteca… siempre hay por qué luchar, de la mano de un amigo: el libro.



42. Al borde de la página


Mi voz resuelve una vida contigo. Una vez, un libro alimentó la luz al final del túnel de Nabokov. Su escritura, al borde de la página: “A través de la palabra, tu mirada coincide con mi pasión”. Somos diferentes de una manera necesaria. La vida, siendo frágil, se descubre cuando las grietas se abren. Tan poco me costó... A veces pienso en lo que fue un instante, sentirte especial. Cada paso que dejas me enamora más de ti. Así que dime, ¿morir de necesitarte o vivir contigo desde las letras como la única conexión?


En mis años de habitar esta tierra, he llegado a la simple comprensión de que la única manera de experimentar la vida plenamente es saltar. De todas las veces que elegí saltar desde el acantilado, la sorpresa más distinguida ha sido tu permanencia. Las palabras pueden ser mías, pero estás dentro de ellas. Si las palabras respiraran, tendrían que decir: llena tu página con las respiraciones de tu corazón en esos postres que son tu poesía. Escribir libros, sembrar árboles, hacer poesía o programar computadoras, en todo esto he salido a sentir el mundo.


La vida es injusta. Vivir de todos modos. Tu corazón va a ser retorcido, apretado y desgarrado. Aliviarlo de todos modos. Llegará el punto en que ya no puedas respirar, ya no puedas gritar. Levantarte de todos modos. Habrá momentos en los que sepas que perderás. Luchar de todos modos. Los que te importan, una y otra vez; perdónalos de todos modos. Habrá momentos en los que no puedas comprender tanto egoísmo y crueldad en el mundo. Amar de todos modos. La gente dudará de tu valor y tu fuerza. Hacerlo de todos modos. Porque no importa lo que pase, a fin de cuentas, te convertirás en lo que debías ser, no importa cuánto la gente quiera que cambies. Cree en ti de todos modos. Vivir es incertidumbre.


Nunca te disculpes por ser quien eres o por sentir lo que sientes. La gente tratará de encajarte en sus modelos de vida, te apretará, manipulará y te cerrará la puerta si eres diferente. Pero recuerda: ¡eres tu propia catástrofe y obra! Eres tu propia creación. Nunca te disculpes por ser lo que tu biblioteca es, por creer en los detalles para la felicidad. Crece, cambia, desafía, sé rebelde ante las ideas, ponte detrás de tu propia conciencia. Nunca te disculpes por saltar a la vida de la mano de la literatura, por sentir la poesía como nadie más la siente. Me pregunto ingenuamente: ¿qué es vivir? Puede que la tormenta detrás de mis días no pase sus nubes grises. Soy un escritor que busca su estilo. Buscando salvación aunque nadie lo lea jamás. Así, recuérdame.


Me senté allí, mirando su curiosidad sin nada más. Quería decir tanto, pero, de alguna manera, me sorprendieron tanto sus ojos maravillosos que no podía expresarlo con palabras. Entonces, ¿qué es la magia de sus ojos? Es la primera lluvia, esa sensación de alivio tras la sequía. Es café caliente en un día frío, calentando y dejando volar el alma en la conversación perfecta. Es el perfume almizclado que te sumerge en un trance. Es mirar el horizonte y sentirse seguro de que hay vida. Es golpear una puerta, sentir el dolor y amarlo, porque finalmente se abrió. Es recoger lágrimas porque sabes lo imposible que era vivir sin sentir. Es como volver a la tierra desde el espacio exterior y poder respirar. Todavía parecía entenderlo; solo sonreía. No se dio cuenta de lo que era el amor porque se esforzaba demasiado en encontrarle una razón a algo que no la tiene. No me daba cuenta de lo que era el amor, justo delante de mí. Es la esperanza de diminutos detalles que serán inmensos en nuestra vida.


Estábamos en un tiempo muerto. Un breve escape. Una mirada deslumbrante. Una complicada red de historias entrelazadas que parecían no tener trama. Estábamos tan ocupados explorándonos el uno al otro que nos olvidamos de la realidad. Pero esa es la mejor parte: existimos sin confinamiento ni bordes. Y, al igual que una llama que brilla antes de morir, lentamente nos esfumamos, dejando atrás un rastro de humo que abrió camino y se asentó en alguna estrella en el universo. Brillará para siempre. Será tu mirada en este universo.


Estas calles de inspiración te hacen caminar con un propósito. Te hacen sentir el viento en el cabello. Te hacen experimentar miradas extranjeras. Te hacen sentir. Añaden color a tu persona. Te hacen vivir nuevas historias. Te hacen ver luz en la noche. Te hacen ver la vida como una probabilidad. Estas calles hacen posible que llame a esta ciudad hogar. Estas calles nombran tu nombre, tienen memoria de tus pasos, la confesión del amor y las lágrimas de extrañar a los seres queridos que han partido. Estas calles son testigos de esos encuentros con pan con chocolate y las miradas en las que nos confesamos nuestro cariño.




43. El tiempo 


El tiempo tiene una forma de mostrarlo todo. Desaparecemos como alcanfor en una llama, dejando un rastro de humo de nuestra vida. Lo que antes solían ser historias detrás de nuestros ojos dejó de ser solo miradas vacías. Ni siquiera tienes la misma sonrisa de aquel primer encuentro. Y estoy luchando por saber si todavía nos importa refrescar nuestras miradas. Los susurros apasionados son ahora las nuevas palabras y, así, con el tiempo, sin dejar nada absolutamente atrás, nos renovamos el uno para el otro.



44. Hola


Lloraba en silencio, suplicando que la estética llenara mis letras. Estaba demasiado roto para siquiera imaginar, pero con demasiado orgullo para admitirlo. Y en medio de los pensamientos que giran como huracanes en una cabeza atormentada, miré al cielo y ninguna estrella me quiso dar refugio. Había algo en forma de silencio en un libro viejo que recogía mi tristeza. Incluso cuando estaba solo en medio de la nada, sabía lo que era: era ese brillo de tus ojos convertido en poema, que me hizo ver fragmentos de mi propia existencia rota. Eso me hizo aferrarme al mundo. Era la forma en que te encontraría, cortando el ruido y las lágrimas. Y vi la parte que nadie desea ver de sí mismo; eso me hizo querer desempolvar el corazón y empezar a sanar. Cada día nos disipamos y morimos, envejeciendo en el centelleo de las estrellas. Somos nosotros. Perdóname por conservar tu hermosa existencia, incluso cuando estamos a años luz de tomar aquel café que te negaste. Te hablo en un lenguaje que solo tú puedes escuchar; nuestros huesos están hechos de la fuerza de dos, de miradas, lágrimas y mariposas nerviosas. Estamos conectados por una historia de cualquier estado y forma. Solo quiero a tu lado contar los latidos del corazón. Dicen que se necesita para siempre escuchar con humildad, y estoy de acuerdo en eso.


En la extensión de la ciudad, más allá de las últimas luces en la noche, hasta el núcleo de lo más profundo en cada gota de lluvia. Pasión y pecado entrelazados. El amor no puede comenzar y terminar ahora, porque cuanto más te extraño, más empiezo a ver que he sentido de esta manera, y te amaré hasta que no pueda más. No sé hasta cuándo, pero vamos a empezar con para siempre. Vamos a bailar entre estas calles viejas, y vamos al vals con los libros de poesía. Probemos nuestra historia de amor en el espacio de esta ciudad de Morelia. Envío este mensaje por Facebook, correo y en una paloma mensajera.




45. Hijo, ¿nadie está libre de llegar a puntos de quiebre?


No tienes que esperar hasta que estés en una crisis para merecer ayuda. Es algo que siempre se te permite pedir si estás luchando y entregándote a fondo. Incluso si sabes que podrás levantarte del suelo. Incluso si otras personas la tienen mucho peor. Incluso si ciertas personas no entienden o no están de acuerdo. No tienes que estar enfermo o triste para justificar la obtención de ayuda. Está bien ser humano y necesitar apoyo. Eso no es debilidad o fracaso, y no es codicioso. Es humano. Y más allá de eso, es inteligente reconocer limitaciones. Es productivo. Es abogacía y autocuidado, y es tan increíblemente válido sufrir algunos quiebres.


Porque no tienes que hacer todo por tu cuenta. Se te permite depender de otras personas y colaborar. Se te permite llorar en las caídas. Se te permite necesitar más conocimiento. No hay una sola persona en este planeta que pueda navegar todo por sí misma. Estamos juntos en esta vida, atados por nosotros mismos en el propio lenguaje. Estamos juntos revoloteando y tratando de hacernos un camino. Todos necesitamos ayuda, y a veces sin pedirla. No estamos destinados a hacerlo todo solos. Y no estás destinado a luchar en silencio.


El trauma de frustración por tanta mediocridad en mi universidad, hijo, es válido. Tu padre, incluso ha caído, aunque otros experimenten algo peor, no es la misma experiencia. Incluso si se pudiera haber evitado, aunque ocurriera hace mucho tiempo. Aunque nadie lo sepa, esa experiencia puede ser la diferencia para una mejor vida. Los traumas son reales y válidos; sus cicatrices merecen un espacio para hablar de ello. No es desesperado, ni patético, ni escandaloso reconocer los quiebres. Es autocuidado. Es inconcebiblemente valiente para crecer. Independientemente de la magnitud de tu lucha, se te permite cuidarte procesando y descargando parte del dolor que llevas. Tu dolor importa. Tu experiencia importará más para dar alegría a los que amas. Nada ni nadie puede quitarte eso. En tu libro 1997, en tu entorno, en estos quiebres.


46. Gracias por dejarme entrar en tu intimidad con mis letras


Si la luna de esta noche me reúne con mis errores, los enjuago en honestidad y autorreflexión, dejo secar los ojos hasta que pueda ver cada esfuerzo y arrepentimiento. La luna, frágil, lo ilumina todo de plata con perdón. Recuérdate a ti mismo que eres humano, y eso también es un regalo.


A una mujer no se le debe ofender halagando solo su cuerpo; se le debe honrar por su persona, su valentía, su determinación en el arte, la ciencia, la ingeniería… Escuché que eso te convierte en león. No tengo idea de lo que eso significa en letras.


Todavía estoy aprendiendo a susurrar en los poemas; soy un martillo en el teclado, estoy callado en lugares donde debería ser un libro. La gente me ha dicho que estoy tratando de cambiar un mundo que nos quiere cambiar.


Me pones nervioso cada vez que te acercas lo suficiente como para oírme respirar. Tengo una extraña fascinación por la escultura de tu sombra, por esas cosas que duran instantes. Por eso sé que suena loco, pero en realidad es mucho más fácil no tener miedo a caer, tomarte de la mano y lanzarme al cosmos para ver adónde van tus alas.


Ayer tropecé de nuevo en el camino, soy torpe para leer lo nuevo. A veces me pregunto qué dicen mis sábanas de tanto esperar mientras estoy en el teclado, tan cerca de una mejor página. Tengo un cesto lleno de errores muy fuertes y un cementerio de letras no logradas. Me temo que, si te dejo ver mis esqueletos de frases, tritures mis huesos. Las conseguí por golpearme intentando traer algo nuevo, en frases nuevas, sin poder arreglar esas criaturas salvajes que son las letras.



47. Mundo mutilado de confianza


Noche para fatigar las letras con café. Oír los patios, su antigua soledad anunciando la noche. Secretas palabras en el vago asombro de la luz. Gotas de tiempo con sabor a ti. Veo tu rostro suspendido en nuestras miradas. Aterrizan diminutos momentos en que me recuerdas en el día. Éramos estatuas de sal, pero con la poesía ahora somos el fuego de la posibilidad. Será tan solo decir que tengo letras que intentan ser exactas en la tierra que pisamos, que se rozan con el mundo mutilado de confianza. Ten presente los días cortos, las espinas nuevas de los cactus de primavera, el aroma de rosas flotando sobre las calles desiertas. Has visto a los que no confían en nadie, esos que van a ninguna parte. Recuerda cuando compartimos juntos una mirada, una que nos hace sentir a los dos a salvo. Regresamos a revisar las razones, en ese lugar donde nos vimos por primera vez.


Los sentimientos, una cosa misteriosa. Dejemos de minimizarlos y descontar lo que no son. Todos tenemos derecho a sentir como lo hacemos. Puede que los sentimientos no sean para nada lógicos, pero siempre son válidos. Porque si sientes algo, entonces lo sientes, y eso es real y verdadero. No es algo que alguien pueda ignorar o no desear. Están ahí, royéndonos, tirando del corazón y no siempre para encontrar la paz, como un estado de neutralidad emocional. Tienes que dejar de parecer lo que te han dicho que deberías o no deberías sentir, porque no hay "debería" cuando se trata de sentimientos. Sientes lo que sientes y está bien. Tus sentimientos no pueden estar equivocados porque son tuyos, de nadie más. No deben estar determinados por tus razones, ni por la familia, ni por tus compañeros de viaje, ni por extraños al azar. Te encuentras de paso en cada sentimiento, que nunca es el mismo ni constante para siempre. Son tuyos. Y no necesitan el permiso o la aprobación de nadie para existir. Tus sentimientos son importantes e importan. Tú importas, y está más que bien sentir lo que sientes, lo aplaudo. No dejes que nadie imponga reglas lógicas para sentir, porque con ello solo se mata la intensidad de la vida.


Algunos días olvido que mi piel es una arena de pánico para un mundo mutilado de confianza.


Tengo confianza en la risa de tu sol, en tu rostro. No sé mucho, pero sí sé esto: el cielo está lleno de tu música, que complace a los colibríes en el día y a las estrellas en la noche. Regresa al concierto de poemas por la noche, al estallido de miradas, a recoger hojas arremolinadas sobre las cicatrices de nuestras lágrimas. Sea el mundo mutilado, te espero aquí en estas letras, en su suave luz que se aleja conforme la noche se hace vieja. No tengo nada bajo este cielo de marginados, escucho aún la misma música de Johnny Cash. Sigo haciendo la misma pregunta a la misma manecilla del reloj: ¿Por qué estamos mutilados de confianza?



48. Difícil para mí 


Quiero martillar el teclado, quiero que vengas a mí como una tarde roja. Ven a mí lentamente, como si fueras una puesta de sol rota, con un cielo perezoso sobre las montañas. Si me dejas ser tu luz de versos, te prometo el fin de tu oscuridad hasta que hables con alas de ángel. Llévame cerca y despacio a ti. Dime que me esperas cada noche con mis letras. Luego, sin entrar en tu futuro, en mis letras puedas ser todo por lo que vives. Te prometo la honestidad como lo único que he hecho correctamente en mi resquebrajada existencia. Algo para dos, y más delicados versos en rebanadas tenues de ritmos que caen por la piel como el trigo por los dedos de la mano, esa misma mano que promete que la poesía será sentimientos a tientas en tinta invisible.


Unas páginas de letras profundas, bajo la piel del lenguaje sembrado en una noche. Seremos esos inocentes niños con la única idea de ser verdaderos cómplices de este sentimiento.


Las 12 son. No sé si puedo llamar a este amor poesía en tierra purépecha. Lo que sí sé es que mi mente es una carretera demasiado estrecha para las horas pico y piensa que el tráfico tiene muchos distraídos.


Sin embargo, la raya amarilla hace que la noche no sea oscura: calles vacías y el único rastro humano es solo su arquitectura. Aprendo a tomar mezcal, a dejar que el misterio de la literatura se asiente en el cariño de la frontera de cada página. Sosténlo, esa copa de mezcal tiene aroma de libros del ayer. Acércala a mis labios y sorbe lentamente la sabiduría de tantos escritores que ya han partido en esta biblioteca neutra del hogar.


La letra tiene una belleza irregular, y sé lo fácil que es que queme la boca ese mezcal. Puede convertirse en una cuerda para salvarnos de todas las melancolías.


49. Ella espera sus letras esta tarde 


Con granitos de arena en la mano, testigo de una mirada por la ventana. Ella, una luz que atraviesa la calle sumergida en el calor de la tarde. A través de esa melancolía, flota su imaginación más íntima. Su voz, brisa en sus versos; el silencio cruza los espacios de tumultos. El misterio recorre su piel, incinerando el amor imposible. Desolada, con labios humeantes, se pregunta sin realmente buscar o esperar. No está vencida, solo curiosea otra posibilidad de su amor. —Te estoy mirando —dijo el futuro, un sonido resquebrajado de un llanto apenas fresco.


En la ventana, siempre ella, esperando que el sueño de esa noche salve sus palabras de amor. Esa tristeza de ángel, ahora en su imagen silenciosa, es mía; es para mis letras. Y una soledad que aún nos duele podemos compartir, como ceniza de nuevos versos.


Para imaginar los mejores mundos posibles, para entrar en territorio desconocido, estos mundos son eminentemente los de las artes. A medida que las practica y profundiza en sus capas, sus paradojas, sus osadías, siempre admite su enloquecedora inaccesibilidad incorporada. Este tipo de esfuerzo requiere un tremendo coraje y una libertad única: dejar que su mente entre en evaluaciones impredecibles, para que su escritura no se desmorone dos días después.


La desafortunada y, a menudo, dolorosa verdad sobre la vida es que puedes hacer todo lo posible en algo y aún así no tener éxito. Incluso si practicas y dedicas horas de trabajo y aprendizaje. Incluso si vuelves sobre todos los pasos que otros han caminado para alcanzar su éxito, puedes tener todo el corazón y el potencial del mundo y, aun así, perder. Y está bien. Es pesado y desgarrador, y es un recuerdo que puede doler toda la vida, pero está bien. No significa que seas incapaz o un fracaso. Significa que eres humano y que vives.


Podría significar que estabas en contra de probabilidades o barreras imposibles, que se pusieron deliberadamente en su lugar para mantener a la gente agachada y fuera de su libertad creativa. Pero, más a menudo que no, solo significa que estás destinado o conectado a algo diferente y extraordinario. Sentarse a reflexionar con la verdad de que la habilidad y el esfuerzo no garantizan el éxito puede ser aterrador y desmoralizante. Pero si hay una pieza de consuelo que puedo ofrecerte, es el recordatorio de que todas las personas que antes fracasaron y sobrevivieron encontraron un camino único.


Tal vez tuvieron que intentarlo y fallar diez o cien veces más. Tal vez nunca encontraron su camino y todavía están vagando. Pero donde quiera que hayan terminado, están bien. El rechazo, que parecía una sentencia de muerte en su momento, no les impidió encontrar un nuevo camino. El fracaso que parecía absoluto, que los hizo convencerse de que estarían atrapados para siempre, no les impidió perseguir las cosas más cercanas a su corazón. Cuando te esfuerzas y sigues perdiendo, tampoco te detendrá esa corrupción. No será tu fin.


La vida es impredecible y resiliente. Y cuando las puertas se cierran y la gente se va, significa que tienes espacio para nuevas personas y nuevas formas de ser. Ningún paso en falso o pérdida es lo suficientemente fuerte como para romper tu vida y hacerte renunciar a una vida original. Creo en la literatura como camino original. Que nada te detenga. Una biblioteca y muchas páginas son ahora tu herencia.


50. Tu vida no se parece a la de los demás


Es posible que sientas que estás fallando en la recuperación de tu alegría porque has estado luchando por tanto tiempo, pero no es así. La alegría no es un camino recto. No es algo que suceda en el transcurso de unas horas o días, o incluso en un solo libro. Es un sendero bordeado de altibajos, tragedias, duelos y barricadas para el amor en un callejón sin salida. Se necesita tiempo para deshacer las creencias negativas que has interiorizado y dado por ciertas. Y toma tiempo aprender a existir sin usar todo lo aprendido en tu vida solo para sobrevivir. Renovar tu pensamiento, todo lo que se rompió, te hará más fuerte. Los amores verdaderos no siguen el ABC; tenemos que improvisar un nuevo camino para un amor fuera del margen de la página.


Así que, si te sientes en un pantano en este momento, sabe que esto es parte de tu proceso. Sepa que es normal y que no hay nada de lo que debas avergonzarte por buscar un camino imposible. El hecho de que sigas luchando no significa que vayas contra esto para siempre. Solo significa que tienes algo más de trabajo que hacer, y está bien. No estás sola, musa. Estás herida por lo trágico de esta vida, pero con cada nuevo libro te estás curando. Así que confía en que llegarás a donde necesitas estar cuando sea el momento. Estás haciendo lo mejor que puedes para afrontar y superar cada día, y es suficiente cuando, cada vez, caminas con un paso más desafiante. No importa dónde se encuentre el camino, eres lo suficientemente inteligente para cruzarlo. Deja de comparar dónde estás con dónde están los demás. Cada uno tiene su propio viaje único. Un camino heredado o un camino creado, y está bien a veces hacer el propio.


Tu viaje no está bien o mal, no es bueno ni malo. Es diferente. Tu vida no se parece a la de los demás. Eres una persona única con un conjunto singular de metas, obstáculos, sueños y necesidades. Así que no consideres tus fracturas como frenos y empieza a vivir. Puede que no hayas terminado hoy donde tenías la intención de ir, pero confía en que tu vida es suficiente para escribir una historia imposible. Confía en que tienes el valor suficiente para resolver el desafío de todos los libros. Su camino es suyo, y el tuyo, solo tuyo. Estás haciendo lo mejor que puedes para navegar por los obstáculos únicos que la vida te ha lanzado y para encontrar tu camino a pesar de ello. Y eso es todo lo que puedes pedirte a ti mismo. Ser feliz es un camino que se construye haciendo felices a otros.


Date permiso para ser principiante en los caminos del conocimiento nuevo. Todo el mundo empieza en alguna parte, y cada persona que es realmente genial en lo que hace fue una vez alguien que no sabía mucho y luchó. Algunos se acercaron a apoyar porque su lucha los inspiró. Y si te permites eso, se te permite ser una persona que todavía no tiene todas las respuestas y comete errores buscando las herramientas para sus sueños. Eso es noble. Se necesita tiempo para desarrollar habilidades en cualquier arte. Se necesita aprender las cosas difíciles que están entre este camino y nuestros sueños. Luchar con algo que nunca has hecho antes es humano y normal. Y estás bien. No eres un fracasado por intentar lo más difícil. Eres un principiante cada mañana. Todavía estás aprendiendo a confiar en el mejor amigo: la literatura. Y hay honor en abrirse a nuevas experiencias y conocimientos de los mejores gigantes del pensamiento.


Así que, si te sientes perdido por crecer en lo nuevo cada día, también serás una versión más virtuosa de ti mismo con cada intento. Todos los que han sido felices han estado aquí antes, en el paso de principiante. Y si puedes darte ese tiempo para aprender lo difícil, tu felicidad será eterna.


No hay “deberías” cuando se trata de navegar por un camino original. Estás donde estás, y las cosas que duelen lo hacen porque estás luchando. Tú, que eres leal y miras la belleza que no entrega la naturaleza, sino la del carácter humano. Al final de la tarde, duele estar aquí, pero estoy seguro de que contarás una bella historia con tu enorme virtud de ser justa en esta vida. Con cariño enorme, alguien siempre te tiene presente.


Una herida cicatriza su propia luz, dicen los sobrevivientes en ese espacio oscilante de la palabra en medio de la incertidumbre total. Más allá de todo dolor pasado y por venir, mirando en un libro hacia atrás, atravesé las calles vacías y la sentencia de la soledad. Tú la entiendes mejor que yo. La belleza te convence, no hay mucho secreto, déjala entrar en tu vida.


51. Cuando un café


Lo que estaba sintiendo, caminando, paseando, y en cada calle tú estabas. Solo vine aquí, en estas líneas, para, con todo mi cariño, agradecer que seas la mejor compañía del mundo. Solo vine aquí porque tenía que saber cómo sonaba tu voz en mi memoria. Me puse muy nervioso. No, ni siquiera sé qué es todo este cariño por leerme. Me imagino que cuando Dios te hizo, fue un accidente que vinieras de su cielo. Eres tan especial que protestas, pero es el defecto de tu espejo.


Pasé los últimos días pensando cómo presentarme en las letras que te escribo. Creo que finalmente no lo describí o lo dejo al destino. No va a ser algo así como un "¡Hola!".


Es todo lo que los nervios dejaron hasta ahora, pero es un comienzo. Quizá hasta pueda crear nuevos símbolos para el camino… gracias por tanto.


El que quiere todos los libros.

El que gana todos los desprecios de su universidad.

El guardián de las letras.

Los números que provocan el pensamiento.

La musa convierte su estómago en un nido de mariposas nerviosas.

El café, el que siempre elegiré, sin importar que nos acompañe entre lecturas lentas.

Sin azúcar el café, la parte que hace que la poesía sea muy real.

Aquí, el último refugio del pensamiento radical, libre y marginal a la simulación que hoy envenena mi universidad.


Sé que hay momentos en los que te sientes invisible, que te mueres de hambre por la conexión social. Pero espero que confíes en que la compañía de un libro te dará más que el dolor que tienes. Este amigo de letras no espera que lo entretengas o lo inspires todo el tiempo. Ha sido elegido para ti, con todo lo que viene contigo. Puedes tener días oscuros y seguir siendo un explorador. Esos momentos de extravío son solo una parte de ti; el libro no permitirá que se borre tu luz.


No tienes que llevar la carga más pesada para que tu lucha importe. No importa si otras personas desprecian tu inspiración. No importa si alguien con tu misma lucha está tirando todo, debilitado por la mediocridad de esta sociedad. Si algo es doloroso para ti y te afecta, es importante. No hay ninguna regla que dicte que solo la persona con circunstancias favorables deba intentarlo. Tu lucha no es más difícil ni más fácil: es diferente, porque la gente es diferente. Cada quien tiene diferentes accesos a recursos. Tu tolerancia a las dificultades puede ser tu fortaleza. Y no importa cómo se compare tu experiencia con la de los demás, tus sentimientos son válidos y tu lucha sigue siendo real cuando está respaldada en la literatura.


Incluso cuando tu taza esté llena y la de otros vacía, conserva la humildad. Se te permite sentirte quebrantado y triste. Y mereces un espacio para hablar de ello. Siempre te acompañaré, pero como herencia, te dejo una biblioteca.


Sé que sientes como si toda tu vida estuviera aferrada a ciertas decisiones, que avanzar se siente como caminar por donde nadie ha caminado antes. Es aterrador. Pero si tomas ese sendero y las cosas salen mal, y no eres tolerante al aprendizaje, toda tu vida se desmoronará y nunca podrás volver atrás y deshacer el error.


Pero la verdad es que las decisiones en tu vida no tienen que ser todo o nada. No solo hay dos opciones. Y las opciones no tienen que limitarse a "tienes éxito y alegría" o "fallas y experimentas dolor". La vida es fluida y debemos aprender que intentar de nuevas maneras nos abre nuevos aprendizajes. Nunca debes quedarte atascado: los libros son opciones que abren nuevas puertas.






52. La luz se posa como páginas de asombro en mi mesa de trabajo


Para ser tu escritor, tengo que mantener el carácter que domestica la vanidad de los escritores. Cualquier complejidad la sentimos como una inteligencia bajo amenaza. Quizá una inteligencia que teme las consecuencias, pero, en cualquier caso, una inteligencia que trabaja con salvedades y revelaciones…, resistiendo, por tanto, la simplificación tiránica de las emociones.


Hablaré aquí, seré honesto. Normalmente, no soy un poeta del amor; me cuesta hacerte llegar cada día una pieza de texto, su efecto literario para enriquecer las fotos que me regalas puntualmente de tus pasos. De hecho, cada vez que intento escribir sobre el amor, mis manos se aprietan solo para recordarme lo doloroso que puede ser en la distancia. Los lápices se rompen y el teclado cruje, como si el amor, de vez en cuando, requiriera un poco más de epifanía.


No soy poeta, pero sí me despierta cada noche escribir la poesía. Así como aprendí a andar en las letras, conservo el honor de esta conexión contigo. Nervioso, pero imprudente. Sin ruedas de entrenamiento ni almohadillas en los codos, para que mis cicatrices cuenten la historia de cómo me enamoré de la oportunidad de cada día, saltando al vacío, esperando una mano tuya.


No tuve ninguna oportunidad: en un abrir y cerrar de ojos, mi lápiz era tuyo. Ahora me pregunto si el destino existe, si descansa en nuestras manos y nos enlaza en poemas, tanto que apenas podemos en la distancia. Quiero saber el sonido de tu voz dentro de un libro. Hay cosas que damos por sentado, como una ventana para ver el cielo. Nunca dejaré de decirle al mundo que eres lo más importante en mi vida y en mis letras. El poema es tuyo, y te quiero más que a nada, feliz. Solo porque tengamos años por delante no significa que nuestra conexión no vaya a durar toda la vida en las letras. Aunque, tal vez, no tengamos años; todo podría terminar mañana.


Pero aun así, aunque no sea la forma convencional de lo social, aquí estoy. Te escribiré todos los días. Mi conexión contigo será la invención de un camino original, pero audaz, al contar con tu alegría.


53.  Eres real


La escritura te hace valiente, orgulloso pensante y tomador de notas. Te da un hogar para dejar tu dolor. El regalo, la bendición, es su baile, su borrador desechado y la poca poesía lograda. Qué regalo es mirar a alguien y decir entre letras: "Soy tan feliz de haberte encontrado, por fin, por fin, estás en estas letras". Invitar a tomar café; todo ese tiempo pensé que estaba escribiendo para los lectores que nunca me leerán. El camino. Eres, creas un nuevo camino a casa. Así es como lo haces. De esta manera, tendrás historias que contar. Sobre lectores de poemas y sobre héroes que lo fueron por ti. Verás a los que, deslumbrados en tus ojos, regresan de nuevo a la tierra, dejaron el polvo ser abono de cactus. Así es como siempre has sido. Un gancho al final de una larga y larga línea de miel de tu rostro.


¿Alguna vez has amado un girasol y lo has visto florecer lentamente, a medida que sus pétalos con su perfume te hacen soñar? ¿Alguna vez has visto bailar sus hojas en el rocío de una mañana? Temblaba con su romance en el viento; él también amaba. ¿Alguna vez no has pensado o sentido su color amarillo? Como un recuerdo mantenido flotando entre poemas, su rostro jura que la noche será corta. Cuando en la noche lo dejas ir, el girasol te recuerda amarlo más al amanecer.


En un océano de extraños, has anhelado conocerme. Tu vida pasó navegando hacia mis miradas. Los brazos que anhelan algún día abrazarte me dolerán debajo de los pesados remos en el largo camino. Por favor, tómate tu tiempo y tómalo lentamente para deliberar; como todo lo que haces seguirá su curso por un camino original. Y nada más puedes tomar lo que solo siempre fue tuyo. Si he aprendido algo de ti, es que al mirarte, mujer, nunca estaré adecuadamente preparado. No sabré la respuesta correcta cuando el destino mismo me esté mirando. He aprendido que puedo seguir esperando, sostenido de esta esperanza, y acepté valientemente el hecho de que no puedo mantener mi corazón a salvo más de lo que puedo evitar que el amor me lo lleve todo contigo.


Lejos de ti en pensamientos que no pueden ser, ninguna mano puede llegar a través de este mar. Las estaciones cambian en la ciudad distante, de los cielos helados al azul y sol, como el toque del libro desnudo. Recordándome todas las cosas que a menudo deseo, pero no puedo hacer.


El bosque sonrió suavemente a través de las ráfagas de viento. El pájaro rojo, una sombra en la mañana, mientras la nota de una urraca sonaba entre los árboles que se balanceaban. La luz se vistió a través de las persianas de las ramas y se lavó sobre sábanas de lino blanco que se arrugaron de la cama. Se quedó desnuda, sin aliento y hermosa, la escritura de la última noche. Mira fijamente el techo azul húmedo y con algodones blancos. Creo que este podría ser un buen día para hacer poemas sobre ti.


Hacer historia. Escribir repasará a los críticos como una voz manchada de amargura, coloreada por su ignorancia y falta de búsqueda del pulso de su generación. En cuanto a los profesores escritores, la historia nos mirará atrás y nos conocerá por su nombre.


No eres el tipo de mujer que construye su casa esperando; eres una fortaleza testaruda y fuerte en caminos inventados. No regalas las llaves de tu reino a menos que el que toque sea un héroe. Quieres alguien que te lleve al límite. ¿Fui yo quien te dio esa sensación? Un artesano de letras bailando en el precipicio. Hubo un tiempo en que pensé que querías más. Cuando vi tu timidez con preguntas en tu mente y tu mundo como un gran carrusel. Pero esos anhelos se han vuelto tan distantes, tan lejos de mí, que se sienten como si pertenecieran a otra historia. Todo lo que quiero ahora es un día lluvioso, un fuego urgente, tú y yo hablando de lo rápido que pasó el tiempo.


Es la marca de un gran poeta escribir palabras que sienten como si tuvieran testimonio de tu memoria más íntima del amor por vivir.


Pídele a la luna que ceda el cielo al sol. Dile a la luna que se levante con una feroz e inquebrantable luz plateada. Recuérdale que ahora es su momento de brillar y que después vendrá por la mañana el sol. Ve y haz algo, dirá él, algo hermoso de tu vida, y te prometerá que algún día olvidarás todo dolor y tu alegría regresará por un nuevo camino.


Palabras perdidas. Un garabato de medianoche, un suspiro matutino. Miras las palabras, te acurrucas y suspiras. La locura de vivir dentro de la composición de frases y páginas muertas. Una mente poseída por libros sin hacer, líneas no escritas en ganchos vacíos. Los versos de medianoche sueñan con labios que hablan, cabalgando en lugares lejanos, escribiendo poesía y matemáticas con ojos de puesta de sol.


Una mente tomada en pedazos por una página vacía dentro de la neblina de tu ausencia. En algún lugar, tu toque de perfume perdido en una almohada vacía. El teclado perdido yacía solo en el escritorio. Una fotografía de Kafka enmarcada en polvo y telaraña. De repente, recuerdo todo lo que era. Era un fantasma de carpintero, poniendo todo en medio de enunciados, frases… recordando todo con fuerza, gritos suaves y palabras susurrando. Un libro en medio de nada, pequeño tatuaje de musa, despertando a esa sonrisa de la que me enamoré cuando el mundo era solo nuestro. Abro la botella de mezcal y cierro los ojos. Un giro del destino derramado sobre un vaso solitario. Un recordatorio para olvidar de nuevo a los olvidados. Otro día pasó lentamente, escabulléndose de ti.


El amor por la letra entretejida y la pérdida del suspiro comparten la misma cama.

 

54. El retorno a tu hogar


Se habla mucho de aparecer y hacer lo mejor posible. Pero es importante reconocer que ser mejor no significa ofrecer tu máximo rendimiento. Significa dar todo lo que puedas dar sin comprometer tu salud o lastimarte a ti mismo. Significa empujarte sin dejar de conocer tus límites y honrar dónde estás. Y eso no es debilidad o fracaso. Es amor propio, autocuidado, y es humano, y está bien. Está bien si lo mejor que puedes ofrecer en un momento dado no es lo mismo que lo mejor de otra persona. Todos estamos en diferentes lugares y todos luchamos con un conjunto único de luchas y limitaciones. Tu "mejor" será diferente en tu camino, a menudo te hará llorar, pero al final te recompensará tu arte. Y no importa cuánto se desvíe de las personas que te rodean, lo que eres, lo que eres capaz de dar sigue siendo válido y valioso. Hay una fuerza silenciosa en ser amable contigo mismo. Fuerza en retener parte de tu esfuerzo y energía si significa saber que estás eligiendo el autocuidado y la supervivencia sobre el autosabotaje y un colapso mental. La vida es dura y se te permite aparecer imperfectamente. Vas a hacer lo mejor que puedas en cada momento, con lo que tienes, y confiar en un amigo incondicional como el libro, y es suficiente para dar alegría en este mundo. Ya eres suficiente como ser humano para crear ese camino original.


55. Permite que las narrativas del yo se manifiesten 


Solo escribo sin preciso salvarse de las apariencias. Ejercicios de romper las cadenas de estas soledades que visitan algunas tardes. Toda palabra es liberación humilde de un instante, solo te comparto un poquito. El carpintero no se afana privilegio o lo que intenta provocar en el texto, solo escribe mientras la muerte da un paso más cerca de mi final. Pero estas piezas de texto no tienen método que se repita. Escribir es lo que me mantiene cuerdo ante tanta ansiedad… No puedo dejar de oírte, porque la página es nuestra propia conciencia. Está enterrada viva en nosotros, así que cada día escribo para mantenerla viva. No me alcanzara los días que me queden para pedirte perdón de esta la única manera que me queda con dignidad… Disculpa por no tener permiso de extrañarte, para nada obedece a lastimarte, intentaré regresar ha hablar con mis paredes… perderte en esta crisis me hace sentir fantasmas del sentido común. No soy tan fuerte como tú y solo me perdiera sin más en el tiempo. Estoy en mi segunda taza de café y tú estás en la distancia. El sol está fluyendo a través de las cortinas y sueño que estas aquí. Me encuentras de nuevo en las letras, esas que les das la mano en un mal día. Me recoges y nosotros las hablamos. A las dos de la mañana me reí de todo lo que duele. El teclado y yo nos decimos el uno al otro a dormir, pero ninguno de los dos lo hace. Mientras despierto, soñando con el día en que estás preguntándome sobre la existencia. Si escribieras una frase sobre mí, nunca podría ser su punto final. ¿No lo ves? Escribir de madrugada, no sé si fui yo el que vino antes de todo esto. ¿Qué importa? Todos éramos dardos en una tabla, deseando haber golpeado en el centro de nuestras ilusiones. 


Cuando estás a punto de estrechar letras para lanzarte a conversar lo que dicen tus ojos, ellos cavan profundo en algún lugar para conversar todo lo que hay en ti. Tal vez no sé mirarte, significa chocar nuestro camino, deslizarse en una taza de café en algún lugar de proyecciones de todos los deseos, volvernos hacia dentro y aprender a amarnos a nosotros mismos para que nuestras acciones tiendan tiempos nuevos. Asegurarnos de que amamos es averiguar toda la luz que merecemos y cuando alguien aparece diciendo que eres especial, en ese lugar te reconstruye en un saber elegir. No se puede entrar y salir de mí como una puerta giratoria, tengo milagros sucediendo dentro de mí para ser su opción conveniente. Desde aquel día el sol se fue contigo para cuidarte y allí permanece comprometido mucho después de levantar los ojos por la mañana deseando que la mujer que eres tenga alegría aun que sea por tiempo que dura leer estas letras. 

 

56. Sus bocados están erizados 


No se sabe cómo te encantará cuando lo hagas, si dejas que te consuma o te libere. Si escribir es una valla de cadena o un par de alas. Si el amor viene un lunes por la mañana o un domingo por la tarde. ¿Quién sabe qué dones o penas traerá? Pero todos sabemos la historia de cómo este amor te deja, si piensas en la última vez que se fue. Y si lo has olvidado, déjame recordártelo. Se rompe de la misma manera que la imaginación, una y otra vez; todos tendremos momentos de luz y oscuridad, momentos en los que somos tan diferentes a nosotros mismos. Y, claro, los buitres esperan un resbalón, un paso en falso para tratar de convencer al mundo de que somos erratas al escribir.


Observé cómo buscar tu rostro en un poema. De pie, desnudo, con toda la conciencia. Un rostro de humo que se disipa con el tono y el ritmo del verso. Se sostiene por momentos; escribir con esta intención es tejer letras con cenizas cayendo a la página. Tu sonrisa capturada en la mente de una nube, con líneas grises pintadas. Un viento de extraños tiempos nos obliga a mecer las ramas de los árboles, para regalar más aliento sobre tu existencia y, en contra de todo pronóstico, las flores usan cubrebocas con la promesa de vernos mañana. El anhelo tiene un lenguaje que es suyo. El lenguaje de las flores. Para ti, la mejor de las tardes. Lenguaje que anhela a una relación íntima en él. La literatura es agente de hospitalidad que alberga nuestro días. 

 

57. Puedes acercarte, despacio


Una mirada en donde perdernos. Un viaje de virtud. Siempre cambiará. Sé que hay días en los que estás tan sola que no puedes soportarlo. La sociedad, con sus dientes afilados y sus canalladas a cada paso, está pensada para quienes eligen un camino corriente, más que común a la manada. Alternativa: un lobo solitario aullando a la luna. Hay un salvajismo en lo que es, una rebeldía latente. Pero usted, a través de la escritura, encontrará manos para desenredar el nudo de mariposa en su corazón. Su amor es un fuego que arderá solo al cruzar por donde nadie se atrevió a ir antes. Vienen cosas que no podemos imaginar. Si supieras lo que son, perdonarías esta injusticia, esta catástrofe que ha hecho que la vida se detenga en un verso. El mundo volverá a girar para ti y, cuando lo haga, te llevará a donde quieras, siempre y cuando tengas la virtud de la rebeldía en las letras. Tengo que irme ahora, pues pronto será jueves. Necesito dejarte soñar, pero siempre estaré contigo. Un día me encontrarás en ese camino que transitas ahora mismo. Te diré que lo lograste, y reiremos de todos los tropiezos. Sembraremos cactus donde el sol haga su nido.


58. Al caer la tarde, tienes una vida


Ayer, mientras podaba la buganvilia, me sentí destructor de flores, destructor del color que es tu energía. Encontré a tu lado no la tristeza de Frost, ni el dolor de Bishop, sino el ángulo donde los versos brillan como si estuvieran retorcidos contra el calor del café, en el nido de versos. Y luego esperaré a ver si los leías.


En el resplandor de letras eternas, cuando aún no había aprendido mi verdad; en días bañados por sol y luna, debería haberte dejado mil cartas con una paloma mensajera. Cuando mi vida sintió que no era mía, y supe que me estaba quedando sin tiempo; que si no me hubiera ido, nunca lo sabría, debería haberte dejado un poema más. Cuando el mundo todavía tenía su relleno de hipocresía y nosotros éramos una isla desierta. Había mucho que leer y escribir; mi amor, debería haberte dejado mil mensajes. Había tiempo para ver en tus ojos la sorpresa de las letras. Empezaré de nuevo porque mereces que lo haga, porque esperas. Aquí estoy, en una ciudad de tiranos y héroes. Nadie puede ser perfecto todo el tiempo, a veces ni un segundo. ¿Por qué sujetas tu criterio a un estándar imposible? Porque lo tomas tan personal que contradice la versión más humana de tu persona. El derecho de cada quien a definir el amor en sus propios términos en el camino que forja. Estar con quien hace que tu corazón cante te da el derecho a una vida sin fin, escrita en cartas y poemas en papel imborrable, con tinta invisible y en ritmo sin igual.


59.  Emoción incomparable, magia para tu ser


Así que escribí a tu alrededor, como una tormenta, lanzando al cielo azul fresco la luz que me inspiras. Parpadeando encendido en el teclado. Dejé entre letras ser algo, para ser tú y yo. Lo dije mucho al componer piezas de texto, pero nunca lo probé, ¿verdad? Ambos, carpintero escritor e intérprete, tomados de la mano, girando al sol. No creo que pudiéramos haber sido nada realmente estándar. Pero, ¿no es algo que se pueda preguntar al viento transparente? Tu color es una luna sobre el mar. Es primavera. Nadie sabe de dónde surgió la emoción; los poemas son la luz en la noche nublada por la negación del valor de aceptar sentir, sin más que agradecer que fuera así. Subo una y otra vez a los pequeños círculos en el mapa de letras que representa tu aroma. Cuando el rojo del atardecer, rezo a la poesía tan audaz como para orar porque cuando estes en estas letras reconozca que la vida es justo la valentía de ser más allá de lo que otros quieren hacer de nosotros.


60. Todas las historias son tristes cuando llegan a su fin


La nostalgia es un lugar a veces, encantador para visitar y encontrarnos con los que ya han partido. Me siento como si estuviera con las raíces fuera del mundo, sujeto a ningún aquí y ningún ahora. Mientras mis letras dolorosamente en la pesada noche, nosotros nos dejamos la vida en esta timidez, con una inesperada ruptura de un sueño. Mañana lucharé, y si soy de los que sobreviven en el ancho mundo escribiré sobre esta tragedia para que la humanidad, no olvide, que abusar de los otros seres vivos, trae consecuencias a nuestra especie. No pienses en tu miedo, concéntrate, por los que han partido, podemos llorar el sentido del cambio de su ausencia. Duele que nada perdura fuera del arte, pero tu que has caído te dedicaré la poesía. El anochecer ya está aquí, tan profundo que el poeta nombra a los caídos. Con cada nueva derrota, una nueva tristeza. ¿Quién querrá decir lo que solo se discierne en mis ojos abatidos? 


Si un día estás triste, déjame tu silencio, intentaré aliviar el dolor escribiendo cada día. Dame fuerzas que te he de regresar toda mi alma en cada momento con mi respirar poemas. La muda noche nos espera; déjame enviarte un fuerte abrazo con un gran cariño. Con un leve consuelo a nuestros pensamientos, que perpetuamente que darán grabados por el momento que tus bellos ojos leyeron estas humildes líneas.


La emociones las conviertes en poesía cuando no puedes tenerla de otra manera. Antes que el sueño termine, antes que nuestras vidas estén sobrias con nuestros espíritus cuando decaen. Pongamos cuidado, algo de este mundo es tuyo y mío. En un solo aliento un poema, trajo de vuelta a mi memoria que cada noche dejo la luz encendida de mí ventana para que me encuentres en esas noches largas. 


Nos quedamos dormidos escuchando gotas de agua en el viejo tejado, las manos entrelazadas y las almas sonriendo en secreto por nuestro cariño. En la mesa quedó la nota en tinta invisible y letra fluida, que decía: "Estás mirando las grietas, tocando suavemente el sueño inquieto, desnudo, una fantasía despertada dentro de nuestra primera mirada…"


61.  Hace años, hace segundos


Demasiada edad para el romanticismo inocente. Demasiado joven para saber hasta dónde, en un toque de suerte, se rompe la vida. Un beso puede irse; demasiado viejo para ser sostenido en los brazos de mi madre. El mundo es difícil cuando estás entre tu mundo futuro y los sueños de la infancia. No se piensa por error en la vida cuando se está viviendo, ni en el amor cuando eres amado. No piensas en el hambre y la enfermedad cuando elaboras tus sueños. Piensas menos en ti mismo y en cómo tienes que estar aquí, y más en otros que quieren estar donde estás. Y así es como es: encontrar el lugar para uno, luego estirar los brazos hacia el reto del mundo. Agradezco la tolerancia, a la desesperada suerte. Estoy nadando en un mar de incertidumbre donde no puedo decir hacia dónde está mi camino. Pregunto a los libros; sabiamente, me devuelven mejores y más profundas preguntas.


Sabes, solía ser una página, doblándome sin cesar en mí mismo, en la razón y la emoción. Solo letras para tus ojos. Ahora estoy desgarrado en mil pedazos por la incertidumbre; en mi alma llueven palabras desordenadas. Algo me dice que ha pasado mucho tiempo y me extravío en la prosa, porque el corazón no puede retractarse de lo que una vez martilló en el teclado. Todo el tiempo que pasé escribiendo nunca viene con las palabras que uno quiere. Forzar el tejido de frases, intentar, nunca renunciar a llegar, incluso seguro de que quiero un resorte mental que gire a través de un cuerpo de poesía, creando para ella un vestido de gala para cuando sus ojos se posen en este texto. ¿Qué sigue? Las palabras en la trampa de la libertad. Anoche tuve un sueño que se sentía como inspiración para las letras: un abismo de señales cruzando la sonrisa de tu rostro. La vida era exquisitamente simple: escribía y tú sonreías feliz.


La ansiedad por la incertidumbre es una enfermedad mental y parte de lo real aleatorio. No es algo que escogiste y no está completamente bajo tu control. Se necesitan años de trabajo, práctica y exposición para aprender a desafiar sus pensamientos mortales, enfrentar sus miedos y sentarse con la incomodidad que trae escribir y poner en tierra su espejismo. Y si aún no has llegado, está bien. Lleva tiempo, y se te permite darte ese tiempo. Pero, más que eso, no hay que resignarse a vivir la vida con miedo. Significa enfrentarse a los miedos a su propio ritmo y de una manera que honre el valor que uno es en virtud. Estás por los acantilados y haces lo mejor que puedes por no volver a caer. Incluso si te sometes a tu ansiedad, si luchas más de lo que tienes éxito, ese camino pronto lo mirarás con frutos para seguir adelante.


Cuéntame: cada noche que pierdas la esperanza, escribe cómo te dolió el duelo, cómo te despegaste los ojos después de cada parpadeo, sabiendo que nunca estarías allí mirando de nuevo todo lo que se fue. Es difícil vivir con lo que, siempre en el hoyo del estómago, nos perfora la tristeza. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que dejemos de pensar en esos pensamientos tormentosos? Tal vez estoy pensando que estas letras pueden salvarte un día más, una noche más, y que pronto te veré en mí, a mi alrededor, sonriendo con la alegría más perfecta que puede dar una vida desnuda.


62 ¿A dónde se fueron?


Es fácil sentirse descuidado cuando las personas no son capaces de comunicarse y conectarse contigo de la manera en que lo necesitas. Y es difícil no interiorizar ese silencio como una reflexión sobre tu valor. Pero la verdad es que la forma en que otras personas operan no se traduce en algo sobre ti. La mayoría está atrapada en la angustia, la lucha y la ansiedad, tanto que la idea de preguntar a otra persona cómo lo está pasando ni siquiera se les cruza por la mente. No te hace inaprensible o invisible; solo significa que estas personas lo están pasando muy mal como para mirar más allá de su propio mundo. Tu trabajo no es cambiar quién eres, sino encontrar personas que sean capaces de darte la conexión que necesitas.


Porque, a pesar de lo que sientes, no eres demasiado necesitado. Eres pensativo y empático. Eres compasivo y amable. Y, con o sin el reconocimiento o afecto de nadie, eres suficiente para soportar tu soledad con dignidad. No todo el mundo va a sentir una conexión contigo, y está bien. No es un fallo personal ni un defecto de carácter. No te hace inútil o no deseado, solo diferente, y eso no es una razón para odiarte a ti mismo.


Las personas que te adoran, aquellas que valoran las partes esenciales de lo que eres, no quieren apartarte de su vida; simplemente están lidiando con sus propias urgencias. Y aferrarte a quienes tienes es, en última instancia, aferrarte a ti mismo.


Llamas para decirme que me extrañas. Me giro hacia la ventana principal, esperando un llamado. Días después, aquí, los dientes de león me dicen que nunca regresarás. Te declaro noticia del ayer. No soy el hogar de tu vida; voy a ser la mayor pérdida en tu hogar. ¿A dónde vamos desde aquí cuando todo se acaba? Estoy parado entre nosotros. Corro, aunque cada nervio en mi cuerpo pulsa por ti. Pensando, sintiendo. Estar de pie para elegirme a mí mismo día a día. Te extraño, y la persona que soñé se desvaneció como un espejismo.


Pero perdón, solo es una pesadilla. Sigmund Freud tenía razón: nuestros miedos entran en nuestros sueños y los corrompen.




63.  Hasta el alba


Me haces sentir un poco sucio cuando te escribo con el erotismo de Charles Bukowski, —dijo ella, y me encanta—. Era como un mensaje desde tu almohada, guardián de mis deseos, viviendo en la línea de nuestros secretos. Posees inteligencia dentro de un cuerpo coqueto y no toleras a un hombre que no tenga agallas para buscar, entre nervios retorcidos, un camino original de respeto. No fue ninguna impresión; fue entrar con las letras recorriendo tu piel. Su belleza no permanece en conciencia, pero tu persona sí. Era como si descubriésemos secretos juntos, como el gozo de fuego de la mujer más viva, la que lloraba en silencio.


Tal vez, un día, estas letras en tus manos se muevan bajo tu ropa, más hasta tu alma alegría. Aunque tu mirada siga por el día con la mía, leer juntos destellos del corazón es cursi y divertido. Era como fluir juntos, tumbados entre letras. Muchos son asesinados por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Pero escribir nos da una oportunidad. Juntos navegamos en la poesía, meses, años… Disculpa, diariamente, por haber llegado un poco tarde en los pasos de mi apasionada forma de sentirte. Dejemos que comience a escribirse nuestra privada mirada. Nudos en la garganta, desorden de ropa en el fondo del espacio íntimo.


Cuando finalmente nos encontremos en la misma frase, en la misma página, en el mismo libro, dejaremos el camino a ciegas. En él vamos y actuamos como si nunca hubiera pasado, como si volver del mejor hechizo fuera correr soñando con amaneceres y cruzando las primeras miradas.


Eres la chica que enciende el mundo. Te encontraré de pie junto a la ventana con café y un libro. La luz del sol estará en tu cabello. Preguntarás por tu relación con el universo. Está aprendiendo a amar el límite frágil de su revolución interior, ese sentimiento que quiere para siempre.


Dime cómo llegar a tu corazón, muéstrame dónde lo guardas y déjame quedarme allí para escribirte por siempre. Tal vez de eso se trata la vida: esperar a esa persona a la que podrías escuchar durante los días oscuros del universo y, aun así, sentir luz. Esa persona que tendrá una conversación real con los libros, que te hará reír con sus ingeniosos modos de describir lo poético. Que te hará sentir un poco perdido cuando no llegan sus mensajes de WhatsApp.


Siempre serás mi destino, mi hogar. Tomo mi suspiro en el teclado. Al leer esto, lo verás en todo. De repente, el sol que se refleja en tu sonrisa. La manta caída al pie de la cama en noches de trova y poesía se vuelve sustituta de versos libres. De repente, cada lunar de tu piel se convierte en un mapa, en un crear, en un lugar de caminos con sus propias letras. Y tratarás esto como un delicado reto de un artista que quiere dibujar a través de su lienzo, explorador, descubrir entre tus lunares todos los lugares donde encaja tu cuerpo en el universo de azúcar glas.


64. Tantos mensajes mios…


Cada abrazo creado con letras se despliega en tus ojos. Cuando cada palabra cuelga en WhatsApp o en Facebook, tan pronto como entra en tu hogar, huele a pino en la lluvia de primavera, se prepara para ser leña en los inviernos o lluvia en una noche de verano. La forma en que miras, deletreas y dices revela tu buen corazón. Sabes su orden no alfabético, su color favorito que te hace reír, espero, pero la vida la haces feliz cuando tiembla un mensaje tuyo. Quieres ver el mundo con poemas, y yo, con tus ojos. Piensa en el futuro de un camino así, acompañados de letras.


No te asusta ir más allá de los límites creados por el deber hipócrita de esta sociedad materialista. Por encima de cualquier cosa, la confianza siempre volverá a tu vida de la mano de la literatura compartida. El texto es ver salir el sol en medio de la oscuridad de la tragedia; son las hojas que caen en otoño y se transforman en poesía; es ver al niño jugar en la caja de arena y sentir el abrigo de los años. Todo eso que has cerrado a los ojos y has abierto al corazón.


Dicen que los pintores hacen retratos de lo que aman. Bueno, los escritores también lo hacen, pero además recorren caminos encadenados por frases malogradas, por callejones de la razón compleja. Podría parecer que las letras son cosas demasiado fáciles, pero los escritores no solo escriben sobre nada, todo y lo imposible. Escriben sobre cosas que laten en lo profundo de su corazón herido, alegre y perdido. Escriben con pasión, con significados creados y enfrentándose a la incertidumbre. Y más que eso, confían en que sus palabras no los engañen ni los esclavicen. Te regalan palabras porque están tratando de decir: te respeto como creación única.


65. Soñé abrazarte ese atardecer…


Después teníamos ese aspecto, con ojos vueltos vagos y rojos, como si se tratara de ellos para llenar toda una página en blanco. Asombrado por el poder de la amistad, que era nada, como si detrás de la realidad todo fuera misterio. El flaqueo salvaje de la pobreza y el llanto abrogado, apretado entre nosotros y fuera del cuerpo; el suspiro se convirtió en un momento culminante, entrega de sí mismos, sabiendo que podríamos, indefensos, caer. Eso es lo que vi en este sueño, cuando sacaste tu mirada de la mía y te apoyaste contra la roca cercada por cadenas, que iban a ser tan vulnerables para quien deseara más fácil e imposible de abrazar.


Eso, lo que pasó, sucedió una vez. Así se rompió el papel en la memoria. La cuña fría levantó la delgada desnudez y la forma de sentir sus manos, forma en tatuaje emitiendo luz. Volvamos a cruzar el cielo mirando la luna. Encontremos nuestro beso lleno de versos y caminemos para llevar la eternidad a mil poemas de susurros en tu cuello. Escribamos a este nudo de sentimientos los años juntos. Y si estás leyendo esto, han pasado días desde entonces, todo es demasiado tarde, como siempre está en verso libre, como siempre espero una burbuja de jabón hecha real por un suave ¡te necesito!, solo para ser tomada como motivación para escribir en el alba.


Eres curiosa, amas el olor de los libros, del azúcar de los postres que se escondían en el café, persiguiendo mariposas. Y, bajo las sábanas blancas, soñabas trazando risas silenciosas, capturando recuerdos en metáforas en la orilla del olvido. Un viento roto escribe una línea solitaria. Hay una belleza tranquila en los relámpagos y la suave luna. Tu sonrisa es una frase muy bien escrita que espero la poesía algún día me permita visitar en tu ventana. ¿Sabes lo que realmente me hace una chica rebelde fluyendo hacia el sur, caminando cerca de mí? Si me lo pides, no despertare jamás, para escribirte por siempre. 


66. No temes al infinito de la literatura


Algo se revela con cada nueva pieza de texto: agotar las posibilidades infinitas de sumergir nuestro ser en el lenguaje. El lenguaje es, en sí mismo, el infinito. Dibujar su silueta al escribir o al leer es tarea de héroes concretos que, desde su querer ser, son rebeldía. La literatura desgarra con todas sus verdades inconvenientes; unos cuantos emergen de ella entre estrechos senderos, creciendo con cada libro.


Atender la lucha alzando la cabeza en rebeldía, al leer cada libro, y el horizonte, más allá de ella: la nada. Es la palabra en su infinito potencial; es el Quijote que conquista con poesía a la mujer más especial; es, con Sancho Panza, la más alegre ciencia para revelar lo real. Y, al igual que la vida, define su propio límite en la muerte. Leer la mejor literatura significa tener el coraje de pararse frente al infinito de una manera original. Tú, curiosa joven, ¡deja la superficie del mundo! Adentrarse en él es sumergirse en la persistente batalla de la lectura y la escritura. En ella reside la génesis del intelecto y, también, de la vida.


Quien decide hacer de la literatura su hogar sabe que la esperanza está en el camino y que jamás renunciará. Dará la mejor batalla, comprobando su razón y fortaleciendo la vocación de la duda más íntima: la verdad de Sócrates. Cuando al fin se da el primer paso, se renuncia al abecedario de la vida, a seguir un camino hecho de pasos A, B, C…, con la pretensión de vida, cuando en sí ya es la muerte. Si logras la fuerza suficiente para vivir dentro de la literatura, tendrás que dejar todas tus comodidades, pero, a cambio, cada día vivirás una vida original.


A través del tiempo laberíntico, un libro te llevará a otro, y tus reflexiones escritas abrirán un instante en la mezcla de poesía y ciencia, abordando los temas decisivos de tu tiempo. Aquí te espero, si quieres mi mano: en ella hay libros y una filosofía de lo imposible.


“Cielo de plegarias,

suspiros y perfumes.

No sé que madrugada,

ni que estrella, se llevo

tu nombre de mi boca”.


Ana Isabel Perez Pizarro




67. —— “Tal vez nada más en la tierra importe, además del amor que recibes y el amor que das.” Así, esta frase se dibuja en la silueta de una taza de café


Una sonrisa de oeste a este dentro de un café con una tormenta en la distancia. Letras besando amaneceres y despidiendo la tarde. Promesas y, justo en el alba, el espíritu se eleva en esos versos libres. Al leer con el corazón en las manos, se siente el ritmo de lo escrito sobre dos amores, llamados en la deriva de tiempos de emergencia. Al escribir líneas con los brazos extendidos y las muñecas al viento, no se pronuncia el sonido de la derrota, sino un lienzo de letras estirado como piel al descubierto. La memoria del perfume de sus cabellos se guarda en letras recién recolectadas, en una noche de luna y verso; un suave aleteo de mariposas que chocan sus alas en la serenidad del sueño de esa chica de viento transparente.


No necesitas una razón para dejar un café con una frase así. No hay que esperar hasta que nada se sostenga. Querer irse es suficiente. Ser infeliz y desconectado es razón suficiente. Incluso si son inteligentes, amables y exitosos. Incluso si sus historias son largas. No estás obligado a mantener ninguna conexión en la que no quieras estar. No le debes nada a nadie cuando el sentimiento se ha extinguido. Querer irte no te hace una mala persona, y romperle el corazón a alguien porque decides partir te hace valiente: le das la oportunidad de ser amado de la manera en que lo merece.


Confía en tu instinto de afecto. Confía en que si algo se siente apagado, vacío o incumplido, mereces darte la oportunidad de soltar. No eres un defecto por no poder amar más. No hay destino en ello; simplemente, no sucedió. Tal vez no haya un mañana o tal vez, dentro de meses, cuando pase la tormenta y puedas ponerte de pie, descubras que hay muchas cosas en la vida por hacer. Si la felicidad no se puede elegir, tal vez irse sea lo que necesitas.


La ciencia reconoce que la pareja está expuesta a extraer del "yo" toda autoexpansión (amor). Como resultado, la distancia y el tiempo pueden ser necesarios para volver acrecer[1].  


68.  ¿Dónde está la universidad combativa de lo utópico? —dijo María Zambrano


La desnudez impávida de esta tragedia burocrática. Nadie cruza como antes las nítidas ciudades. Bogando va sin brújula el corazón en ansias de los sueños. Ya no hay cabida. La historia de mentiras vive escondida en cada burócrata que jamás dejó que la roca de su cabeza se curara de su amargura dentro del arte y la literatura.


¿Qué fuiste tú, si tú mismo no sabes lo que fuiste? Agresivo, perdido de tu raíz sindicalista. Quizá es el enigma que nos lanzó la clase privilegiada: “Mi academia heriste”. No olvidaré nunca que, justo en medio de la tragedia, fuimos México. María Zambrano expresó en febrero de 1987: “Utópico para mí escribir este pequeño libro, pues era perfectamente utópico el que yo escribiera y aun explicara, como lo hice, en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo”, su filosofía[2]”. ¿Ya superamos las simulaciones de 1939 que expresó Zambrano?, de creer que empuñamos una espada que sabemos imposible sin literatura en nuestra lucha. Hoy podemos cambiar el rumbo: ofrezcamos una educación para enseñar a pensar y una literatura como tradición intelectual de nuestro crisol de pensadores.


69. Un libro infinito 


Tuve un sueño que se sentía a ti. Señales cruzadas de otros mundos de libros. Y la vida era exquisitamente simple, y estábamos desesperadamente felices. El día en que naciste, fruto de la mágica abeja que besa la boca de una flor.


Levántate, dijo la luna, y en este nuevo cumpleaños, con ella llegó el espectáculo de tu mirada. Despertaste al sol, en la ruta más corta a la vida. Te propongo música de sabores viejos y latidos de los nuevos tiempos. A poca luz, amanecer la pasión que se esconde en el secreto de tu piel.


Vamos a morir algún día, como el recuerdo de que fuimos osados y atrevidos. Confieso ser un admirador voluntario de tus encantos. Escribiré un paraíso íntimo cada día, para hacerte sentir las ganas de ser navegante de tus mares. Con letras te diré tantas veces como pueda que este cariño lo llevamos en el poema y en la piel.


El cactus sigue suave al sol, y cuando su paseo de oro está hecho, se sienta tímidamente a sus pies. Él, despertando, encuentra la flor. Perdóname si, a medida que los días declinan, las palabras las alcanza la posibilidad de la noche.


Escribir en voz alta: soy elegante mendigo ante la puerta de Dios. Hacer puerto a través del poema que provoca valor. Los escritores soñaron que su viaje estaría lleno de sol, nubes blancas y agua con resplandor.


70. Repercusión del eco de leer


Creció a pesar del terrible curso de los acontecimientos. Así me parece. Bajo esta infancia idílica se escondía el eco de esa sensación omnipresente de los libros: la melancolía, la contemplación del desastre ecológico. Es una forma de resistencia, un pulso del arte, donde la esperanza es idéntica a la que impulsa nuestras acciones con conocimiento y perspicacia. La literatura contiene en sí misma la posibilidad de su superación.


Milton retrató un instante, Blake me dio ánimo, Shakespeare el abanico de personalidades en los años más duros, cuando el terror de no caminar apareció. Entonces, la escena del héroe de James Joyce atracó en mi puerto. Pero el hogar me lo dio Yeats, logrando crear, desde un infierno de ciudad, el oficio del poeta moderno, tanto así que Eliot traduce la fuerza del verso libre en un hogar alcanzado. Con cada nuevo desafío, había de surgir una conciencia más profunda y ser, al decir de Octavio Paz, la voz misma que rodea el laberinto de cada escritor, del cual venimos y al cual retornaremos en el final de nuestra última batalla en las letras. Unir ideas con lo fresco del acontecer del mundo, regenerar las heridas haciendo literatura, sin menospreciar jamás el potencial de la realidad específica de vivir en México. Intentar ampliar y ahondar en el significado de la literatura mundial: imagino que un día no habrá fronteras en el arte de la literatura. Cuando recorro las criaturas que saltan en las piezas de texto, mi mirada de lectura cambia para siempre. Las supererratas que me siguen, sin ellas no podría reivindicar mi derecho a ser un humano con imperfección como el que más. De ahí la búsqueda de un estilo en los símbolos, en las imágenes, los ritmos del placer de ser lector. Obedece a que considero la mente un laboratorio de experimentos infinitos que ayudan a paliar el hartazgo de tanta realidad, como decía Eliot. Entraría en la orilla del límite de la página, desgastaría las horas de la noche componiendo. El viaje no sé dónde termina, pero escribir como rebeldía y liberación de la mediocridad consentida de mi universidad se convierte en una forma de alimento. La heurística en la escritura es tan demandante que, cuando se logra abrir un nuevo enfoque, el estilo de pensar equivale a la conquista de sí mismo, domesticando al superego. Allí donde florece la letra o crece el pensamiento, el trabajo por las noches, si bien cansa al cuerpo, también lo llena de sentido.


Deambulo a través de cada lectura, cerca de donde fluye el mundo, y marco en cada pieza de texto el encuentro del refugio de incredulidad ante los gigantes de las letras. Uso la comprensión sin la dirección de otro, y cada tarde espero a la propia musa en esta banca del parque donde desfilan poetas de mi tierra.


Solo unas gotas de lluvia en mi ventana. Al quedarse quietas, la luz de la luna levantó su existencia. Una brillante noche, así crece la letra en la página. Me pidió una pausa en la vida. Creció la hierba del jardín, ya está vivo el texto, su temblor eres tú.


71. Junio del 2020


Sálvese quien pueda de ser desaparecido en México


Y así caminamos por la ciudad: calles detenidas en relojes rotos, casas de fantasmas, estatuas que celebran a héroes que los canallas traicionaron. Valientes entre fuentes y árboles verdes. Nuestro equipaje es una breve epopeya en esta ciudad de piedra rosa. Caminamos con extraños, con rostros a medias, con ojos de tiempo extraviado, con cubrebocas mirando la noche.


No sé qué mató la esperanza. Tal vez el desconcierto de la simulación de los gobiernos o algo peor: acostumbrarnos a los muertos derramados como si fueran solo estadística. Esta ciudad habló de libertad, soñó con un país, creyó en la justicia… y jamás llegó. Qué triste es ver a nuestra gente encogida, pequeña, indefensa, sin conciencia de que necesita un nuevo orden de ideas. Porque la desesperanza está aquí, fría como la sangre que nadie nombra.


Ayer, cuando desperté, el sol cayó al suelo y rodó por mi mejilla en lágrimas decapitadas. Los que quedan vivos apenas juegan a la ruleta de la suerte, sobreviviendo a un virus cruel que no siente nada y elige al más indefenso. ¿Usted está viviendo su vida o su estrés económico? La educación fue abandonada en coma inducido, la ciencia sufre recortes presupuestarios, el arte es considerado no esencial y los hospitales son acorralados, censurados.


¿Por qué dejaste abierta una puerta con el número 26 entre los poemas? Propósitos inacabados. Nadie me advirtió que dolería así. Pensé que habría canciones, libros, café…, pero todo es un signo invisible que termina en pérdida, un alba gris y fría. Escucho voces detrás de la puerta. No se abre. Sigue cerrada. Y toda confianza en el milagro se rompe.


La luz de la luna se posa en mi ventana. A lo lejos, el sonido de niños jugando. Recuerdo las flores en tus manos. Necesitamos un viaje a casa, un espacio para leer libros y conversar con mezcal sobre los pensadores que nos sostienen. Pero el tiempo en el suelo convirtió en letra el camino de tu espera.


Esta página está vacía. Toda frase se fracturó justo en la quinta palabra, sin horizonte de punto y seguido. Llamé al forense y mi estómago sintió el vacío debajo del lenguaje. Sé que esperabas un poema romántico esta noche, pero el papel se ha perdido y el alfabeto parece extraviado. Apenas respiro estos tiempos de angustia.


Esta página está llena de un ataque de pánico. Sé que esperas unas letras en la parte superior de tu corazón. Perdón. Esta noche mis dedos se desconectaron del verso libre. Me conmueven los mexicanos desaparecidos, reducidos a un número en televisión, un espacio breve entre comerciales que ilustran que nadie los extraña ni un poco.


Mi último hogar será un cuarto lleno de libros y una mesa apenas iluminada. Planeo entrar a leer desesperado, buscando consuelo en mil páginas que resistan el olvido.


72. La luz de los libros 


Incluso si la gente se enoja. Incluso si se decepciona, se lastima o se entristece, mereces establecer límites y cuidarte. No importa si otras personas no necesitan esas cosas de uno para sentirse bien. No son las otras personas. Necesitas lo que hay de virtud en ti. Y no deberías tener que comprometer tu autocuidado, seguridad o cordura para hacer felices a otras personas.


Sabes, usted merece su propio tiempo y cuidado en la medida en que lo haces por otros. No te encojas por la corrupción de nuestro país, por lo chiquito de sus políticos, por el bien de nadie más que su egoísmo. Puedes cuidarte. No todas las personas son crueles. Algunas de ellas nos aman mucho. Muchas de ellas tienen buenas intenciones. La mayoría existe para sí misma y pisa la felicidad de los demás. No son personas intrínsecamente malas, pero no son personas adecuadas para la comunidad.


Cada día, los que regalan despensas y se toman la foto para hacer su perfil político… mira sus intenciones, nos destruyen por el bien solo de sí mismos. Tienes que hacer de tu bienestar una propiedad abierta a dar felicidad a otros. Ya sea que eso signifique romper con algunos que nos importan, amar a un miembro de la familia desde la distancia, soltar a un amigo que perdió toda compasión… tienes todo el derecho a salir y crear un espacio más seguro para ti mismo.


No todo el mundo tiene un corazón como el tuyo. La mayoría quiere todo y no da nada. La mayoría no conoce la felicidad de dar. Todo lo que saben es tomar. No porque lo hagan con malicia, sino porque nunca aprendieron lo contrario. Y así, llevar un corazón tan grande puede dolerte. Puede dejarte huecos y agotado en soledad.


Compartir la luz que encontré en los libros y no encontrar eco también puede convertirse en una maldición. Pero no tiene por qué serlo. Está bien ser selectivo con los libros y con las personas, pero no está bien darle la espalda al llamado de tu tiempo. Está bien alejarse de personas destructivas, pero no está bien dejarlas entrar a nuestro mundo. Eso no es egoísmo ni crueldad. Es cuidado de la familia y de tu persona.


Y no puedes cuidar de la gente cada minuto de cada día. Nadie puede. Puedes rechazar a la gente y tomarte tu tiempo. Se te permite priorizar y jerarquizar, pero el suicidio de la luz de tu ser no. No puede estar ahí, en el abandono del arte de pensar y de sentir la ciencia, las letras y los números. Y no puedes estar ahí creyendo todo lo que dicen en la TV. Por ti mismo, entra en los libros y, desde allí, justifica todo lo que tienes por dar.

 


73.  Filósofo, que no te prohíbas ayudarnos


Los grandes pensadores de ahora están en tierra ajena a su tiempo. Muy despiertos, pero con cadenas demasiado firmes para atar su libertad. Su voz potente, nuestra tierra la necesita. La poesía y la ciencia ya no están, como decía Sartre, trayendo justicia. La somnolencia del control social todo lo pinta. Los soles de verano son un aliento dormido. La muerte de un poeta en la miseria, decía Roberto Bolaño, nunca será un acontecimiento para los frívolos del poder.


Levántate, poeta, ya los científicos trabajan para el mejor postor. El lector prefiere el ruido a la literatura casi muerta; hoy se detiene su corazón, la poesía en la educación. Se siente el rocío de los números de la muerte de desaparecidos en México y de la miseria que arrastra la impunidad. Mi espíritu está débil. Por favor, filósofo, debo morir como un águila; no nos dejes entre tantos buitres. Tu literatura trae alrededor un fuego indescriptible, luz. Levanta a la juventud mareada de pretextos, regálanos una revolución del "¡ya basta!" de tanta simulación. Simulan los juegos, simulan las partículas físicas, pero otros perversos simulan educar, la salud pública, la democracia, la justicia, la verdad…


Shakespeare, sentado al pie…


Eres tú, escritor, y seguro además te considero mi mentor. Con esfuerzo y sin piedad, honor inmerecido. Escribo, miro la pantalla. Reflexiono la palabra en sus siempre grietas. Le quito todo su maquillaje y la desnudo para hacerla inmortal dentro de una pieza de texto. Ellas conservan cuanto tienen de tristeza, frío, hambre y rebeldía. Entre la espada y la página, lo que hablo, lo pienso mil veces, lo siento una eternidad. Si gesto cada frase, me gano el lugar y la menos mala de las muertes.


Muchos parpadeos, cuando las palabras se van por donde ellas quieren. Como dice Paz, las cojo a las putas y las obligo a hacer lo imaginado hasta donde chillen estas. Intento que las palabras prueben la luz original de la musa. El pincel del ritmo lo descaro. El teclado cincela a las palabras con rigor y valentía. Hubo cada noche un hombre, testimonio del amor por ti, que vio el reloj de la noche, Van Gogh de tristes horas. Me basta con que el texto conserve el misterio de lo humano. Después de todo, este oficio es el néctar de la poesía. Malvivo mi vida como un texto que siempre se queda en la frontera de lo imaginado. Discúlpame, filósofo, esta noche el ángel de William Shakespeare está con los desaparecidos en México, y no vino a visitarme.


74.  El tiempo


Tiene la forma de nuestra percepción del pasado, de cómo manejamos el presente y de cómo pronosticamos el futuro. Es un cálculo de nuestra existencia en el mundo y un recordatorio de lo imposible que resulta modificar lo que ya ocurrió. El pasado está vivo si podemos aprender de él para afrontar nuevas experiencias. A menudo, esto exige la valentía de ser honestos con aquello que nos incomoda. La felicidad en el presente requiere un acuerdo con el pasado; ignorarlo es un autoengaño que cancela nuestro futuro. Sin embargo, siempre estamos viviendo y experimentando el presente, inmersos en consecuencias causales, lidiando con incertidumbres y con los cisnes negros de lo inesperado. Por ello, la tarea es cultivar nuestra presencia en el mundo. Demos virtud a cada instante que experimentamos en el ahora. Vale la pena mirar más de cerca al tiempo, porque en él ligamos nuestra existencia en su conjunto, nuestra autoconciencia y la vida misma. Ya somos ahora. Comprender esto significa establecer criterios para invertir sabiamente nuestro tiempo. Los niños te imitan. Los ancianos se desconsuelan cuando no atiendes su experiencia como el regalo que es. La vida acelerada te ha convertido en una estatua que observa el paso del tiempo, lo que también es morir.


75.  Letras 


Si las letras no se quiebran, si fueran un puente cada noche, como un abrazo. Si, después de un viaje por mil vidas, si los versos hicieran raíces en defensa de cómo hacer tocar al violín entre las estrellas de la Vía Láctea. Cada instante hay nuevas maneras de existir, tengo que pensar que cada segundo que me sucede es mi vida, es la gracia de sentir. Hoy pienso especialmente en ti cuando escribo para regalarte una eternidad en forma de letras. 


La página es un desierto que flota sin gobierno. El escrito plantea la atmósfera de sed. Las letras nos arrastran en la trama de la vida. Tu persona que me atrapo en su sonrisa suena entre letras afuera de la herida. 


Lo hice a su manera… esta anoche de insomnio todo sobre el poder de tu decir estoy aquí. Quiero que una canción me cuente todo sobre tu corazón. No sé si podré imaginar como la disfrutas por debajo de la piel y te lleva al mismísimo cielo.


Yo quiero pensar en ti, con ojos de letras, lentos labios y un vacío en la página. Llenar en ella con tu poesía la memoria de nuestra canción. A mi manera. Deseo cumplirte tu otro destino. Derrotando la vieja sabiduría del dogma. La vida misma mira su pasado. La nostalgia de revivir por la memoria, palabras que solo su momento las definen. Las letras pueden escarbar entre tus sentimientos hasta el día siguiente, encontrando que jamás estarás sola.


Tratar de escribirte una pieza de texto que ha de ser la vida misma. Los invisibles sentimientos que solo en tu aire se rebelan. Resplandor de palabras que vuelven un gesto tu mirada y tu vida, a tu manera. Yo sé que escribo porque hablo, pero sé si lograré el poema en que ella radicalice su pasión, reclamo cada noche la madurez intelectual, en la original escritura que reclama intentar ser la energía eterna. Que grabará en roca para eternidad el más misterioso sentimiento. 


Para no escribir lo más obvio. Caminamos en saltos entre el tiempo. Saber que  intento. Intentar que bajo el cielo estrellado la nostalgia sea el vehículo del poema. Cada frase será el viento en el vestigio incesante de extraerte este día de el cactus más desafíense al sol. Siempre intento que cada pieza de texto, con ella renacerá en ti la sonrisa de la primavera. 



76. Te gusta estar ahogada, en música, café, literatura…


Palabras quietas, puntuadas con gestos serios. Desafiantes erratas entre los trazos de la vida misma, cadenas de letras y espacios vacíos, alguna mirada oculta en la rima. Un palpitar que crea sentido. Saboreo el coraje del poema que resiste a nacer. El recipiente extendiéndose por todo mi cuerpo hasta los márgenes de la página. La otra cara de la melancolía levantó la escritura con un dolor intenso en el pecho por saberte. Más allá del último aliento, en la caricia del niño interior te escribo. Tras las puertas de la metáfora, la escritura se abre al cielo en sus páginas. En estos segundos de tu ausencia logré vivir de escribir y escribir para estar vivo. Con la brújula rota en las letras, el niño interior corre donde la poesía sepulta el silencio. Hundo las manos en el martilleo del teclado, hasta tocar los poros de la realidad. Al escribir el exilio, logré respirar mil semillas de lectores y encontrar un callejón sin salida en mi universidad.


Escribo y escribo despertando paz, libertad… es un sueño bello. Cada palabra que no me deja dormir es poesía tus ojos; en algún momento la busco en los libros, en una forma de vivir. Tienes razón: pasión, no obsesión. Y qué mejor profesión que aquella de la que hablaba Roberto Bolaño, esa que no tiene versión laboral, que nadie paga por ella,  porque es solo arte, en los márgenes del capitalismo. Los lectores son la única recompensa.


Estar al final de la fila… esa es la verdadera manera de vivir.


Mis letras están contigo, con el recuerdo de tu mirada húmeda, como flores de jardín. Aquella mariposa que conocí contigo levantó el vuelo y aún desconozco la línea de vida que ha trazado, inéditamente creada. En el exilio de tus brazos, la poesía me regala cada día su brevedad de lo eterno. Cuando me toque partir, abriré una puerta al modo de Borges; en ella estará el sol que me regalaste. Letras que miran su pasado con otro sentido. Algún libro escarbando para sobrevivir hasta el día siguiente. Cuando la lluvia cae y el verde crece, las hojas recogen la esperanza de escribir. El lugar más frío lo convertiste en el más cálido hogar. Se sentía como arrojarme lejos de mí mismo. Creé otro yo, tratando de encontrar su camino, página a página, sin regreso y con un destino seguro: el silencio de la muerte.


En tardes de sol y cielo azul, todos los sentimientos laten al mismo tiempo. En mis letras hay imágenes contra el sol que te llaman, pensamientos como olas rompiendo a lo largo de los días. Pero nadie te pedirá que te rindas. Mis letras intentan acompañarte, para que no haya momentos ordinarios, sino pensamientos esperados entre las flores del tiempo.


Dime, con tus letras, como puedas, que este milagro lo llevamos en el alma.


Un día llegará un instante a ti. Y vivirás cada día de tu vida con ese momento de poesía. Vendrá y se irá, se irá antes de que te acomodes en su rutina. Y su memoria se sentirá más real que el instante en que lo viviste. Ese momento tendrá una vida propia en la eternidad, separado de todos los demás.


Vendrá y se irá poema, se irá antes de que estemos listos para aprender que la vida es una sorpresa constante de tus mensajes. Pero hay la promesa, ahoguemos el tiempo en esos pequeños gustos por el arte. 


77.  Escritor


Y los que te odian pisotearán estas piezas de texto. Y los que te aman, mantenerte en la memoria de los héroes del pensamiento en tiempos de dogma. El científico diserta en medio de la lucha por decir la verdad. El novelista se debate en crear sorpresas. El poeta sufre todo el dolor y el amor de su tiempo. El político sueña que sus mentiras lo hacen popular y exitoso; hasta que el corazón y el pulso sangren, y el agua dulce sea salada.


Hay una cierta quietud al escribir, como el viento de la mariposa que anuncia una tormenta. Un momento en que las ideas chocan y se dispersan. Donde la serenidad de los sueños se vuelve fuego. Cuando el margen de la página respira el amor por ella, vivo y sostengo el silencio del eco de las letras. Escribir es como tener un bosque de páginas que en cualquier momento serán un libro. Tienes ojos tan especiales, que pretendo no desperdiciar el momento en que estés aquí, para que la poesía, con sus pequeñas ondas en un universo gravitacional, sean nuestras raíces, nuestro hogar y nuestro instante de alegría.


Las palabras son cosas poderosas. Pueden romper el corazón, alegrarlo y mojar de risas o lágrimas nuestra casa. También pueden regalarnos un sueño tranquilo esta noche. Cuanto más exijo que la palabra sea la justa, más me deshago para regalarte paz esta noche. “Continuaremos esta conversación en los sueños”, susurró mi teclado. Las palabras no pueden esperar a oír lo que tu mirada tiene que decir. Llega ese momento, escondido bajo los años, se cruzan en líneas de tiempo y café. Transforman el acto de escribir en el acto de tocar completamente por debajo de la piel. Todo lo que quieres que sea aumenta la intensidad, estira la imaginación y abre tus secretos en forma de sábanas desordenadas, exhaustas y sonrientes.


Mi infancia imaginó una universidad como un vecindario de amantes de libros. Los sótanos frecuentes de su vergüenza, en sus propias orugas de desprecio por la literatura, defraudaron este sueño. Estoy en la sala de espera de una juventud que reclame una educación que no simule lo mejor de la tradición intelectual de la universidad humanista científica. La tristeza de tareas mecánicas derrama aburrimiento como una persona que se ahoga. El poeta saca las manos del océano de burocracia; luego escribe, para dejar ir su mensaje entre libros.


Oh, escritor, con tus líneas desgastadas por la lluvia. Ayúdame a comunicar, susurrando en arenas muertas y llorando a través del bosque desolado, sobre una orilla de una página que encierra voces. Haciendo del secreto su afán de la última hora, en el viento de lluvia sobre la colina. El verso libre sollozando entre piedras con musgo. Se levanta de las rocas verdes, como si las estrellas tomaran la alegría del verde que se desvanece en el atardecer. Ahora solo tengo su recuerdo; soy feliz de que, cuando lea estas palabras acrisoladas, sus brazos poseídos sobre el ritmo de Neruda, el amante del tiempo y el pájaro rojo, este momento provenga de ella. Aquí, en la oscuridad verde del bosque y en la cueva secreta, solo brilla su amor en los sueños.


El sol que viene ardiendo en el horizonte estalla en el atardecer. Agarre asfixiante de palabras en el impulso temido de la luz. Colgado de un árbol, todo nuestro recuerdo trae la noche. Y lloró una nube, y todos corrieron cuando el tiempo cantó todo desde nuestra mano. En la habitación se desmanteló el escritorio del rincón, dejando un enorme agujero en el aire donde el escritor encendía cada noche una luz. En los libros, y el espacio, se condensó ese final moribundo de un “te extraño”. No era su voz, sino como si otro hubiera hablado a través de él. El azul oscuro de la ventana se quedó en el frío esperando a su amada. El sol, que viene ardiendo en el horizonte, estalla en el atardecer. Escritor asfixiante de palabras en el impulso, tímido instante en la última luz. Colgado de un árbol de páginas escritas con lo mejor de nuestras vidas, todo nuestro recuerdo trae la noche, disolviendo lo que fuimos por siempre. Solo queda la esperanza de que me leas una noche más.




78. Ofrenda íntima y apasionada


Una gran pieza de texto es una puerta abierta. Hace treinta años, el texto de Beckett lo sentí como una influencia importante en mí. Todo a la vez. La ilusión de vivir una aventura en las letras. Te propongo dar a nuestras vidas un salto con el romance, viendo todo diferente. Los escritores, especialmente aquellos que escriben para estar vivos, pueden acompañarnos. Salir y volver a leer hasta el final, haciendo lo mejor de un pobre sin esperanza.


Pienso con tristeza en los que no pudieron cambiar, en los que se suicidaron: Plath, Sexton, Berryman, Virginia Woolf, Hemingway con el arma en la boca, habían apagado su escritura. Y hay quienes se enfrentan a la verdad por primera vez, pero no cambian con la verdad. Poesía y prosa que amaron tanto muestran los movimientos de una mente brillante. Grandes escritores que nos tratan a los lectores como sus iguales. Puedo ver esa pequeña luz de felicidad al vivir en mis ojos sus letras.


Las palabras que dicen, tan elegantes y libres, que vuelan de tus labios, de ti a mí, no me recuerdan lo no nacido, sino todo el milagro de tu existencia. “¡Quieres conocerme!”, retumba en mi mente. Soy siempre un niño de cuatro años en la edad de la pregunta, en medio de mil libros. Soy un carpintero de letras, cuyo mayor honor es que alguien tan especial como tú quiera conocerme. Será un acontecimiento como la lluvia que todo lo pone verde. Camino en medio de laberintos; todos los pasos se parecen demasiado a mi vida. Tenemos que vivir, no importa cuántos cielos hayan caído.


¿Lo que me impresiona? Es esa manera tan tuya, ante cada pregunta, de quedarte reflexionando por días y muchas veces por años. Con la mirada fija… y responder después, mirándome fijamente a los ojos. Situaciones en las que el razonamiento desemboca en el todo. No lo sé exactamente… pero hay amores de receta, otros inevitables, y el nuestro, revelado en secretos extraños de poemas. Edades distintas, miradas curiosas que hacen gritar el corazón. No somos ortodoxos ni estereotipos. Eso es definitivo.


Veo en tu honor pinceladas, cuyos pasos en el camino acariciaron la alegría de tu nacimiento. Cada día ruego porque la flor más alta dance y ría en tu vida. Nubes en cielo azul, imposible adivinar sus formas en el tiempo. ¿Cómo es posible este enorme cariño que me une a ti? Sentí muchas veces el deseo de salir a buscarte, como lo hice una vez. Tu mirada, cierto manantial de glorioso destino, es. Cuando camino en primavera, persigo las hojas secas de los fresnos; aquellas tardes siempre te imagino en una banca del parque. Raro sueño que no lo afecta el tiempo. Tu alma de mujer, luz de tu poesía. Soy un alma sencilla. Soy rebelde de las letras. Soy letras del mundo temblando de gusto por tu existencia. Tu vida en mi ser toca con la suave voz del milagro de jamás dejar de sentirte.




79. Un hombre ahora solo es un número; ya no es el dolor humano de su desaparición en México


Cada uno de nosotros tiene luchas y pedazos de historias que asustan a ciertas personas, y nos alejamos. Piezas de lo que encuentran los héroes del pensamiento, que nunca dejan de caminar por acantilados. Salir de casa se ha vuelto lo más parecido a dejar la vida cabalgando en la incertidumbre. Y no importa cuánto pueda uno confiar en que no hay nada de malo en salir, que nuestras necesidades son válidas. No eres para todos, y esto no tiene que ser algo malo. Pero un ser humano no puede reducirse a un número en medio de una tragedia. No somos cifras. Es raro y resistente ofrecer la certeza de que no podemos reducir nuestro temor a datos estadísticos.


Sabes quién eres y lo que necesitas. Nunca deberías tener que conformarte con gente que te hace menos. Hay algo mejor allá afuera: alguien que esté dispuesto a sostener tus vértigos, tus angustias y tu dolor por la tragedia humana. Gente que aún no conoces, que te hará olvidar que alguna vez dudaste de tu valor y del respeto a la vida de los otros. Personas cuyo dolor será difícil de olvidar. Y si aún no has encontrado el amor por los otros, si estás esperando que llegue solo, eso jamás ocurrirá. No solo está bien sentir compasión por el dolor del otro: es imperativo. Necesitamos permitirnos tiempo, ir más lento, para digerir el luto por los desaparecidos en México.


Eso no es egotista. Observa los medios de comunicación: los anuncios de consumo lo llenan todo y dejan apenas un poco de espacio para hablar de la tragedia humana. Anuncian que se abren los centros comerciales y que ya hay más espacio en los panteones de México. No puedes verter de una taza vacía. No puedes cuidar eficazmente de otras personas si no eres el primero en cuidar de ti mismo y de tu propia participación en el cuidado de los demás.


80. Invita a pasar a estas pequeñas letras por tu ventana


Estás en la iniciación, leyendo en religioso silencio. Hay un misterio en la propia vida que escribe estas letras. Reencontrarse con tu propia vida. Muchos afirman la verdad al beber mezcal; prefieren sellar su alma en la profundidad de sí mismos. Existe la forma en que la poesía proteja y acompañe tu presente, como un ideal atrapado en una pintura del Renacimiento. Nada más cerca de esta irreductible vigilia. Es tiempo de que la música sea nuestra única manera de escucharnos. El café evapora el fondo de la tarde. Afuera, el incendio del egoísmo humano; aquí adentro te construyo un refugio, entre poemas que, en sus libros, son la promesa del cariño que va y viene hasta mudarse en tus ojos. Letras que perduran la perfección de tu existencia. Mira, hemos hecho una conexión. No solo son letras: cuando las pronuncias, son respiración. El mundo te necesita, yo te necesito. En efecto, escribirnos es caminar por las nubes, según la lógica de un reloj que no marca el tiempo.


Tengo que decir que procuro tener la luz de tus ojos encendida toda la noche. Se adueña de mí, entrada la noche, la habitación desierta y la tinta invisible sobre las letras que te escribo. A través de la pared de mi memoria, te beso y dejas salir un suspiro. Atado, encadenado bajo el tiempo de escribir en un trozo de papel: eres dulzura de cristal, una chica a la que le gusta volver al poema en que vivimos juntos.


Si a tu ventana toca la mirada de un horizonte rojo, es que no logré algunas palabras para fulminar lentamente el dolor de estos tiempos. La esperanza no ha muerto; cada nueva noche de escritura es el peor burdel de los libros, pero, por piedad para el hombre, deberían mis letras situarse por encima de la pena y vivir hasta el final, mirando por fuera del muro de mi lenguaje: la poesía. Como una ventana que jamás existió, espero lograr las letras con una flor que, con luz, susurra la turbia mentira de este paraíso corrompido por los del poder. Los muros de la patria ya descansan en la imaginación de sus poetas.


Tiempo, deseos y atardeceres, cuando entiendas la emoción por el fin que el mundo nos reserva a nuestro tiempo. Sobre tus hombros, inevitablemente saludará el arte para traer alegría al mundo. Usa siempre la cortesía en los libros y no se te olvide estar de pie al apagar la luz antes de dormir. Que la poesía y la ciencia sean tu camino cuando, perdida, interrumpa la oscuridad. Como Juan Rulfo decía: “no tenía ganas de nada, solo de vivir”.


Respiro aún con el alma rota. Enmudezco en medio de escribir una frase. A mis palabras quiero que sean como mis sueños. Machado: “sé que voy a morir porque no amo ya nada…” No inventé ningún vacío. He sido extranjero en mis libros y, otras veces, el tiempo petrificado durante la lectura de estas piezas que a diario escribo. La vida es esto que muere cuando nace como texto, raíces e incierto destino.


Ella dice: “confía en la magia de los nuevos comienzos…”. En los sonidos del aliento de estos tiempos, es como escuchar una canción que siempre recordaré. Sentí que la canción me conocía y no a quien fingía ser cuando estaba dentro de esos ritmos. No somos perfectos, nunca lo seremos. Pero me encanta hablar en poemas de tu existencia, decirte cómo me siento. Todas tus esperanzas, sueños, comienzan aquí, a esta edad. Todo lo podremos escuchar. Y como amo el sonido de tu voz y los ecos de tu alma, te escucharé por el rincón del margen de pensamientos, y dos partes de un todo seremos una sola poesía.


Escribo en el camino que se aleja de todo. Deseo alcanzar silencio… palabras y tu abrazo. Celebrar el vuelo de tus alas, recoger la memoria de la más alta virtud.


En su página caen versos suaves. Con nudos de sonido desde el laberinto de oraciones. El tejido de la palabra recuerda toda tu magia. ¿Quién puede decir tanto como siente y piensa? ¿Quién vive tan seguro de que esta noche no morirá su escritura? Al vuelo, ama el escritor a la musa.


Tu mirada tiene muchas luces que se dibujan en mis letras. Versos de atardecer. Te dejé en mi ventana, que mira la ciudad todos los días, y su luz espera tu regreso.


Desentrañar, dijo Bloom, es sentir en los dedos del teclado el desenganche de lo mundano e instalarse en la imaginación poética. Desentrañar el último hilo de reverencia que se posee por imitar la literatura de otros.


El engaño es también objeto de amor, porque lo que era real, no lo es. Las farsas que hilábamos en la fantasía pronto aterrizaron en la tierra. “El tiempo cura todas las heridas”, me dijiste. Bueno, eso se dice. La cicatriz que llevo no la puedo soportar, porque es mi corazón el que rompiste en mil partes, pero es este poeta el que, sin darse cuenta, lo vuelve a armar, pero de otra forma. Una forma que cada día nos permite mirar por encima de nuestros hombros desnudos, tocando cada lunar de la piel con un nuevo verso. Cada café, como siempre, nos sorprende la noche de este modo.


Pude oírte respirar, la sutil excitación que se acumula con cada exhalación al leer, debajo de sábanas, un viejo poemario. Mi mano bajando los dedos, quitándose todo morbo, y un pequeño gemido de las letras escapando por el teclado: un poema. Cuando tus ojos abiertos se cierran por un momento en el verso libre, se desliza por dentro de ti, profundamente en la almohada, un sueño llamado "nosotros". De repente, el ritmo del texto deja salir un grito de fuego, atrapándote por sorpresa mientras la poesía explota dentro de ti.


Nos libramos otro día, con los ojos mirando los patrones de la lluvia, bailando a través de la noche. Cada gota de lluvia brilla cuando tu memoria, agarrando la mía, sueña ya esta noche.


Cada día, el camino de la pasión no se debilita, no se duerme en mis manos, pulmones y mente; cada minuto no me abandona. Es ese soñar en silencio haciendo el más grande estruendo. Es escribir razonando en medio de muchas mentes en mi biblioteca. Es golpear un teclado sin la certeza de que se logrará una pieza de texto madura. Toco mil páginas preguntando al silencio. Siento que, al otro lado del lenguaje, hay algunas respuestas. Son tan pesadas nuestras noches y desnudas nuestras letras. Un rayo de claridad está en la poesía. Descartes o Kant o Paz, cada uno en la sociedad abierta de Popper. Vivo el pensamiento rebelde de las ideas. La palabra se lee muy lenta y se escribe más lenta, se traduce intentando algo claro. Viaja por distantes espacios de significado. Estar con vida y sentirse vivo, aquí, definitivamente son dos cosas distintas. La pasión por el arte de conectar, pensar, leer y escribir. 


Solo porque hay años por delante no significa que sentir no va a durar toda la vida. Entonces, la juventud no se mide por la edad, sino por lo fresco con que se está dispuesto a renovar las ideas. Todos los días, profundamente, toda la pasión, aunque la piel sea arrugada y las canas broten: por ser audaces en las ideas seremos jóvenes. Cuando estoy sin nada de dinero, encontré el café y un libro, y en el poema el sol estalla en tu cabello, y mejor que nunca sentí que por siempre te esperé sin saber de ti en mi vida. Dime, ¿cómo llegar a tu corazón por nuevos senderos de letras? Déjame quedarme dos vidas contigo. Quiero ser esa persona que escuchas por horas y te hace reír cuando pierde el hilo en la conversación. Siempre serás mi destino, mi hogar, toda mi inspiración en las largas veladas de escritura. Me encanta descubrirte: inteligente como el más sabio, hermosa como la más bella poesía de Neruda. Si estoy algo dentro de mezcales y libros que hablan de las grandes hazañas del pensamiento, de repente todo se convierte en un mapa que me lleva a ti. Eres una mujer exploradora que nos enseña tantos lugares que hay dentro de uno, escondidos de uno mismo. Te envío este mensaje por Facebook, por paloma mensajera y encriptado en una nube que esconde a la luna.


81. De este lado 

 

Cada abrazo lanzado a la distancia se siente como si no fuera a recorrer tres dimensiones y el tiempo. Cuando llores dentro de ti, cuando cuelguen palabras en todos los pájaros que hay en tu bosque, en tus sábanas blancas debajo del invierno por venir, haremos primaveras eternas. La forma en que deletrea con sus versos y viento. Conoces los poemas que quieren saber de física cuántica, de matrices de transformación, de métodos de investigación hipotético-deductivos y de literatura lenta para ver con ellos todo y más... muchos cafés y conversaciones de libros nos esperan.


Por encima de cualquier cosa, el amor siempre volverá a tu vida. El amor no siempre se trata del romanticismo por una persona. El amor es aprobar tus exámenes de la vida. El amor es ver salir el sol después de una noche de duelo. El amor es encontrar luz cuando estábamos en la oscuridad. El amor es cuando regresa la música y tu café con una conversación deliciosa. El amor es cuando el gato o el perro mueven su cuerpo de alegría por ti. El amor es cuando la enfermedad está con uno y, de manera gratuita, llega la ayuda. El amor son hojas de otoño cayendo con la promesa de una nueva primavera. El amor es el niño que juega con arena y piedras a crear un mundo mejor. El amor es cuando un profesor crea literatura para los valientes autodidactas. El amor es tomar la verdad, por difícil que esta sea. Cuando alguien renuncia al amor, todo lo que hace es cerrar los ojos, morir de nada y olvidar dejar un mensaje importante a todos los que vendrán después de su existencia.


Abre los ojos, sentirás miedo, el terror te dejará en principio casi inmóvil, pero algo dentro, en rebeldía, te exigirá que te transformes en tu propio sueño. Mis libros son una biblioteca hecha de profesores de la mejor confianza para tu vida. Nadie ha llegado a la última verdad y la vida no es conocer el máximo secreto, sino sentir el amor del camino de la luz en el rostro. En medio de la tempestad, solo siento amor por ti.


Se dice que los artistas escriben canciones, pintan retratos de los que aman. Bueno, los escritores también lo hacen. Solo que encadenan frases sobre todas las cosas que podrían ser demasiado difíciles de decir en persona, de decir sin el arte de pensar al escribir. Los escritores no solo escriben para quien nadie les leerá. Escriben sobre las angustias y pasiones en lo más profundo del hombre, dejan testimonio. Escriben con pasión sin saber si podrán vivir de las letras. Resisten a los negadores de toda ética del conocimiento. Te dan sus palabras, que pagan con su propia vida el sacrificio de lograr decir algo, porque están tratando de decir que aman con intensidad explorar lo desconocido, que aman la rebeldía de las ideas, que aunque la desgracia sea su pago, su literatura la dejan como testimonio para que encuentres un amor que te escuche en las letras cuando más necesites hablar. Espero encuentres un amor que nunca dé por sentada tu última versión, que te haga sentir seguro explorando lo desconocido y que dé a tus sueños tanto como tú estés dispuesto a dar por los demás. Espero encuentres un amor que te inyecte con tanta intensidad como la poesía o las matemáticas, en ese momento en que el dolor te hace olvidar cómo respirar la vida.


Si te duele el corazón porque se rompe de maneras que nunca pensaste que podría ser, tienes que mirar a lo que con más ignorancia está frente a ti, sacudirte la angustia con música, café y mil libros para leer lento. A veces la angustia se sentirá ligera, como una pluma que cae del cielo. Otras veces te dolerá tanto que pasarás frente al espejo y rogarás que termine esa imagen. Llorarás como lo hago yo, quedarás con los ojos despiertos toda la noche con la esperanza de que en la mañana todo sea diferente. Y te aseguro que, pase lo que pase, siempre estaré contigo.


Y pasará. El dolor o la angustia, con cada marea, y regresarán las cosas a un orden mejor del que se derrumbaron. Es un ciclo continuo, aquí para hacerte más fuerte. Tenemos que llorar, rugir en nuestra alma con un león dentro de la literatura y un ritmo en canciones que nos hagan soñar.


Cuando te abra los brazos, te hará sentir segura, pero rara vez tomará en sus brazos tu destino. El escritor te llamará musa, y muy tarde por las noches, cuando el radio esté tocando su canción favorita, te dirá lo mucho que recuerda todo de ti. Pero estas son las mismas canciones que tú has dedicado a su memoria. Él tiene edad suficiente para decir que solo para ti tiene un amor único, pero siempre le falta edad para ser el rebelde que alcance a convencerte de que te quites todas las cadenas para el amor más original que jamás existió.


Escribo esta noche, aunque tú jamás lo adviertas. Me dolían los ojos tratando de mirar una pieza de texto que habla de calles vacías, tratando de olvidar a los que por allí caminaron ese día. Tratando de olvidar las sábanas en que dormiste conmigo. Me duelen las letras por las manos que trepan lo imaginado en las páginas de un libro. Esperaba no olvidar tu sonrisa y, menos aún, la luz que das a esta existencia.


82. Desmenuzar tu universo en el Paseo de los Poetas


Sueño contigo demasiado en medio de metáforas. A veces me pierdo en esos sueños, debajo de las letras que respiramos, en la forma en que te siento y no despierto. Pero entonces el sustantivo y el verbo comienzan a recordarme que no estarás aquí cuando me despierte de escribir. Supongo que por eso tengo miedo de dejar de escribir en la vivencia de la grieta. Quería quitarte el aliento con una pieza de texto, que corrieras tus ojos solo por mí en estas letras. No si eso significaba perderme en el misterio. Así que ahora miro hacia otro lado cuando pasas por aquí. Esperé en el Paseo de los Poetas, esperé un día y otro, sentí lo mismo: te veré cuando te escriba en medio de esta poesía. Pero por ahora, te dejo para sostenerte en nuevas letras. Mi sueño siempre escribirá de ti, cada vez que cerraba los ojos en el teclado. Perteneces también a mi futuro allí. Me ha dolido tus días en que desapareces, darme cuenta de que estamos al final, en una página en blanco: dos que terminan salvando el misterio de sus miradas en tinta invisible.


Escribir así es más que estar a salvo: nuestros temores se adhieren profundamente y, en su realeza natural, reina lo que hay en el temperamento intrépido de la mente. Tiene una sabiduría que guía su valor para actuar en seguridad. Estimula en los demás la feroz determinación de jamás rendirse. La escritura se veía a sí misma como una encarnación de la diosa Isis. Sus amores se convirtieron en la principal pasión de su vida, un amor sostenido en el silencio sublime de su reflexión.


Escribí esa noche tanto que me salió el sol cuando pequeños pájaros posaron en la ventana, aunque mis letras parecían no moverse. ¿Eso lo comprendes? Mis manos se encadenaron al teclado y se presentó lo sublime. Sentí que nunca podría dejar de escribir. En ese instante, todo fue justo. Eso. Estoy aquí, mirando por la ventana en un fuerte calor, escuchando las metáforas que con prisa dicen del fuego del verso libre y de la fortuna de poder pensar en ella. Sublime silencio de su presencia toda frente a su espejo. Cuando llores de esta manera, vuelve, por favor, de esos recuerdos heridos, que aquí estoy esperándote con un mezcal como aquellos días.


Un encuentro donde el silencio colgaba entre nosotros, miradas que regeneraban el corazón. Llegué a la puerta de tus ojos, los abrí, un pie en el pasillo, el otro flotando. Fue extraño cuando te volviste hacia mí y me miraste con intensidad en tus letras. Ya no sabría de un día siguiente, como todos los anteriores. Justo antes de entrar, miramos la cerradura en la que descansa tu mirada. Sentí que preguntabas con los ojos si el amor honesto todavía existe. Parece que preguntaste aquel día, al regreso de tus tres pasos hacia el norte: ¿esta vida entre besos escritos con metáforas tomará la mano y me invitará a sonreír? Extraño ese momento justo, cuando el cariño entró para convertirse en el más intenso despertar, cuando se pensaba que todo quedaba sin tiempo. ¿Sabes lo que significan esos tres pasos? Cada vez que te mires tu ciencia, ese cariño está a tu alrededor. Puede que ese instante de tu regreso para muchos no tenga sentido; para mí, es justo el gran milagro de tu existencia. El hecho de que duela tu ausencia. Deseo, cada vez que tomamos un mezcal, que tus labios mojados sean la promesa de que esta vida nos regale una oportunidad. Cada vez que abres los ojos, me enamoro más de la historia que cuenta aquel día de tus tres pasos y una mirada seduciendo, risueña, al libro de los deseos.


Escribe con tu mirada tantos versos como el cariño en el alma y en la piel hablan de ti. Contigo aprendí que todo sueño florece saboreando el liberar todos los versos nunca dados, esos que hacen respirar a mitad de los días más difíciles. Hay días que me faltaron para corretearte con tu loca risa escondida en una columna de un edificio viejo. Sí, hay días para ser letra y soñar que eres una nube jugando con el viento. Tú me enseñaste a ser dos siendo uno que mira bailar al mundo con sus problemas. Gracias, porque me trajiste lo mejor de mi vida. Somos uno, y en realidad somos dos siendo uno; me miras y te miro, y todo parece que solo espera un café prometido en letras. Mi corazón se ha quedado parado esperando tu encuentro. Y este último segundo imploró a los dioses que te regalen soñar tus mariposas, que salieron de mis abrazos.


83. La literatura es más que la pasividad de la conferencia


El texto es un pedazo de vida en silencio, aguardando el sonido en las manos del lector, quien imagina allí. Quien lee crea la voz del texto a partir de un silencio; el lector le presta su voz y preside la composición en un mundo distinto. Si hablamos, es en la medida en que escribimos, reafirmando que el mundo se consume como criatura de la noche que es incendiada para iluminar los rostros muertos. La voz surge más lejos que nombrar solo las palabras; su silencio de tinta invisible forma nudos en la conciencia del lector. Así, la palabra le da aire al bosque y cuerpo al hombre. Juegos de secuencias de frases encadenan lo imaginado, donde la voz no está sobre la página. En ella está la sintaxis del mundo, el aliento del propio tiempo. Cada página es el testimonio de quien se desprende de su voz. Lector y escritor son un punto en movimiento, una intersección. Lo escrito es el testimonio de lo que se logró transportar de lo imaginado. Sin duda, toda imaginación —poética, científica, matemática…— es una contigüidad de lo que imaginó el escritor. El significado de las letras es generador de imágenes en nuestra mente. El lector nunca será un espectador, como el que toma una clase; la literatura —se dice, si en verdad ocurre— es una voz silenciosa que aparece y moviliza todo el poder cognitivo con un movimiento de ejecución de nuevas ideas, emociones y horizontes en el lenguaje. El puntuado, una melodía de lógica y ritmo musical, teje una red invisible de conversación con lo más profundo. Cuando lees, imagino tu cuerpo más sensible que otros, debido a estos tipos de cambios inducidos por el efecto literario.


La educación del estudiante universitario es un asunto delicado, y nos exige poner todos los recursos científicos, literarios y pedagógicos en el diseño del discurso académico.


Somos, de una manera, continuación del camino. La vida resiste la fragilidad solo con el amor que repara las grietas que se abren con el día a día. Cada paso que te acercas a mí es un motivo más para dejar de morir de miedo, vivir con él y resolver esta distancia. Lo que es hoy tu tristeza, mañana será la palabra caricia escrita en mil poemas sobre las huellas de estas cicatrices. Si has nacido para traer alegría al mundo, por favor deja que tus mensajes lleven la pasión que tanto te define. Te lo envío por Facebook y paloma mensajera.


Él dijo: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. En estas últimas horas del día, con la poesía de frente, me acerco a ver por tu sentimiento y descubro que tú eres el paraíso de riqueza fascinante que moriré sin haber leído por completo. Y en las últimas horas de este ayer, con esta lluvia, las palabras dejan huellas porque el aire está ocupado labrando para que mañana un cielo azul te arranque una sonrisa. Nunca me olvido de ti.





84.  Escribir desde la ventana


Un teclado, unas manos inventando el poema

frente a su ventana, en medio Van Gogh

de la virtud, por ese poema valiente,

más en medio de frases diferentes

a otras noches.


Distinguió entre su ausencia y caminar

sin ella. Le miró a los ojos desde

la memoria que le regaló, golpe a golpe,

en el teclado: un puente de inspiración.


El tiempo está pasando para algo

que no envejece. Es dulce el ritmo

de las palabras que se crearon.

Van Gogh, el testigo de honor.


Para describir sus alegrías privadas,

cuanto más verso pueda percibirlo, mejor.

Repitió los nombres de todas las emociones que ha conocido

y miró cómo la hormiga arrastra su sombra torcida bajo el bosque.


¿Qué significa amar la vida que se nos ha dado?

¿Actuar bien el papel que se nos ha asignado?

Viento. Ligero. Fuego. Tiempo.

Un tren silba a través de las colinas lejanas de Morelia.

Un día planeó soltar versos libres,

hoy fue esa tarde dorada, VG.


Cuánto deleite antes de colapsar,

cuánta tierra en los pulmones,

cuánto mezcal en la memoria.


Cuando queremos más,

cuando las hierbas se extienden,

es lo que piensas en tu jardín.


Piensa en lo rápido que cambian algunos paisajes,

la gran idea del jardinero,

el libro que escribe el carpintero.


El barco a punto de zozobrar,

la corrección,

el reflejo de la mano en el teclado,

la mano en el sueño de la almohada.


La imposible replicación del verso

versus tiempo,

como nunca significará lo que quieres.


Escribió para estar presente contigo, tan espontáneo

para dos que, sin darse cuenta,

ya están unidas en el tiempo

del que no se puede volver a escribir.


Gracias, simplemente, cuando lees estas letras,

pasas tus manos por el teclado

o dejas escrito en tu piel

una transfusión de fuerza y optimismo.


Había logrado, en esta pieza de texto,

un aroma para dos que saltaron juntos

con la promesa de darse la mano.


Se escribió en voz baja la confesión,

se prolongó contra la tormenta del sol.

Los sentidos se tensaron

cuando las palabras también hablan con los ojos.


Ella temía a los acantilados,

al vacío de la alegría,

así que decidieron abrazarse,

lanzándose al enorme mar

de posibilidad de sus existencias.


El mundo puede destrozar lo soñado por dos.

No hay cosa más importante

que el peso —con toda humildad—

de que la tengan presente,

aunque el mundo se esté cayendo a pedazos.


Él envió su mensaje por Facebook

y paloma mensajera…

Ahora sabe que no está sola.


85. Susurrando letras del silencio 


Había algo bastante especial en mi gusto por los días largos.

Esos días tocados por un café en su aroma,

su calor se derramaba por todos lados en la biblioteca.

Tal vez fue la lejanía de ser

lo que me atrajo a caminar por el sendero.


Sentado muchas veces en un bosque vacío,

rodeado de imponentes árboles, desnudos y solitarios.

Sus hojas partieron de vez en cuando

y ahora se descomponen en el suelo frío.


Los pájaros, de saltos atrevidos entre ramas retorcidas,

hicieron poco para interrumpir este momento solitario,

donde me encontré —como a menudo lo hacía—

escribiendo poesía sin fin,

con trozos de memoria y nostalgia como vehículo creativo.


En un momento, mis dedos se congelaron esperando,

como débiles palabras grises

que caían sobre páginas amarillas

de un cuaderno maltratado.

Cada frase formada, un surco arado en un campo vacío,

donde las semillas se negaron a crecer por falta de musa.


Recuerdo una vez, hace muchos años,

me encontré transfigurado, extrañamente:

mecánico de un autómata en el acto de escribir.

Dos manos de metal,

con un estilo sin rostro,

cubierto de pintura negra,

frases sentadas una tras otra,

como un tablero de ajedrez sin propósito.


Después de cada párrafo,

se reanudaba el pensamiento

para rebobinar el giro de una llave

de una puerta que nadie jamás abrió.


Un hermoso ejercicio de escritura:

inútil, repetitivo, catártico.


Como un lápiz con la experiencia de muchas páginas,

entre líneas de un conductor

con sabias direcciones en la mente.

Cuanto más escribes,

más deseas escribir.


No recuerdo quién, qué libro, qué poema…

o qué mancha de tinta, imposible de eliminar,

marcó mi estilo en el texto.


Una corteza de muchas lecturas

rompió el silencio en el teclado.

Sus letras indivisibles

levantaron hojas,

persiguiendo lo imaginado

como gran esgrima de la razón.


La libreta descolorida de notas:

la pareja amada del escritor

que crece cada noche

usando el juego de leer y reflexionar.


Cuando una pieza de texto no logra ser literatura,

su rostro de risa débil,

aferrado a la página,

es arrancado con áspera desesperación.


Un recuerdo lejano,

dejado atrás,

que sirve como fondo

para lo que será

la imagen final del texto final.


Uno escribe en cimientos de escombros

de textos muertos.

Un último beso editado en el texto,

lágrimas como saldo

e implacable esfuerzo,

justo antes de publicarlo.


Los dedos se escabullían lentamente

detrás de lo imaginado:


“En este momento te amo,

pero no puedo vivir contigo”,

las palabras que escribo

con esta voz rota y frágil

que ya está volando por internet.


Un final para cada día de escritura

de nuestra magnífica historia de amor.

Una que mi lápiz

todavía se niega a escribir hoy

su punto final.


Soy lo que me llamaste por última vez.

Trato de no llorar, me río un poco.

El verso libre dibujó un montón de líneas

para lo invisible.

Escribir…

solo quiero decir vivir.


Soy el más extraño de los días,

lo mismo que tú,

que te importa deslizarte en la noche

por la música, el café

y muchos libros.


Teclado humeante

que no sabe

dónde fueron las letras

que por amor te escribió.


Cuando acumulas páginas,

no puede verse un camino recto

de principio a fin;

no hay un punto de vista

desde el que se pueda ver entero.


Crear nuevos poemas a lo largo de la vida

es crear nuevos arreglos sobre el yo.

Solo con la muerte del escritor

se gana —como dice Rulfo—

una pausa prolongada

en un proceso de revisión

que de otro modo

no habría tenido fin.


La compleja e inédita historia textual

deja atrás la desaparición del escritor:

poemas que son más leyenda

que suspiro vivo.


Cada nuevo poema

forma parte de un cuerpo duradero

de escritura en nuestro tiempo.

Y de ese pequeño cuerpo,

la sensibilidad original

y la inteligencia alerta

son un sentimiento profundo

en lo eterno del tiempo

que al escritor le tocó vivir.


Se siente que la singularidad

de los lectores

no ha disminuido con el tiempo.


86. Simone Weil


El verdadero amor es un acto transformador, no solo afectivo, sino existencial, ético y espiritual que sin la otra persona no podemos llegar a ser. Simone Weil considera que la única forma de hacer real al otro es amarlo, y no solo por ser una persona, objeto de mi atracción por cualquier motivo, sino permitirme existir en el refugio que es el mundo, liberarme de la nada y de la soledad, del miedo y de la imaginación desorbitada, del mal y de un sinfín de experiencias que me podrían vaciar por dentro, causando un vacío de sufrimiento, una eventualidad que haría nacer en mí el odio, amenazando con aniquilarme. Así, el amor es la expresión infinita de la necesidad del otro, hasta el punto de salvarme por su existencia. No es necesidad ciega que proyecta al otro sobre mí mismo, como si fuera un fantasma, sino que me exige establecer un compromiso con la otra existencia con la que deseo compartir mi mundo. El amor es apertura. Al amar, tenemos conciencia de estar vivos, y los otros cobran verdadera existencia vital para nosotros. Weil recalca que dar infinitamente sin recibir nada a cambio es volver a dejar de vivir, volver a estar solos. Dos o más seres quieren ser uno; es una sed aún más insaciable: la de ser felices porque hacemos a otros felices. Es salir de la zona de confort, de experimentar pensamientos nuevos y necesarios. Un amor como este nos ayuda a salir de nosotros mismos y practicar la atención, la compañía, la escucha y la espera. Si hay amor, hay cambio en nuestra vida; cambia una gran cantidad de cosas superficiales, y el viento de ese cambio entra en nuestra vida con una alegría que nunca podríamos imaginar con las viejas ideas, con cualquier tipo de intercambio comercial del "te doy y me das". El amor nos enseña a creer en una realidad digna, exterior[3].

 

Me hace pensar en muchos escritores. Una vez que se encontraron para ser olvidados o simplemente resucitados, los libros en un paréntesis de ingenio apresurado a través del acelerado mundo. Cuando nadie me lea, voy a mirar estrecho a Dante y saber que tenía razón, deleitarme en mi remordimiento, saber —cuando esté muerto— que las letras son un tesoro que puede viajar a todos los tiempos y a todas las existencias, y conversar con los hijos, nietos, musas y todos los impensables que nacerán en el futuro.


Oculto por el follaje de abril, el fruto de tu cariño rodea el tallo del árbol pequeño, el más pequeño sobre un bosque. Podría romper el espectro y cobijarnos con mil versos libres. Un pastor tropieza, se encuentra incrustado en ese árbol con ramas extendidas que saludan al cielo, con la promesa de ese poema escrito para ella. Solo ella. Ese beso final, enterrado entre líneas de texto, en el calor de unos ojos únicos. Confieso... he vivido su luz transparente en cada alba.


87. La otra cara del amor es la verdad


En ti quiero crear una metáfora que te convenza de abrir tu corazón. Tengo algunas ideas; frase a frase, un poema yace en esta tarde. La musicalidad susurra palabras que cada viento envía, girando a través de la sensación brillante de un nuevo tiempo. Un gran reloj de letras consume las llamas del sol en tu nombre. Para sentirte, me alimento de lecturas de grandes poetas del pasado que sintieron el futuro. Yo mismo he estado allí, junto al poema, mirando el destino del alfabeto de la locura. Yo había estado escribiendo en círculos, tragando palabras a medianoche. Tuve que poner el tiempo en su lugar para poder decir: construimos sobre cada noche de poesía algo grande que resiste, somos dos flotando sobre el verso libre, bajo las olas, para algo que durará por una eternidad. Te imagino bailar al ritmo de las luciérnagas, en pasos que sueñan con nuestro cariño. Todo sucede por una razón. No puedo evitarlo: desear que naciste para que yo te amara. Estás allí, diciéndote:


Me ama

él no me ama

él me quiere

él no me quiere

él me sueña

él cree en mí

pero quizá

solo quizá

sin pétalos

mi cerebro

se libere

anhelar

tú y yo

bajo

versos.


88.  Resurrección, síntesis al escribir para ti


Del mismo modo que Dios ama al hombre sin esperar nada de él, este debe corresponderle con un afecto similar, cerrando el círculo, haciendo de testigo de la conexión de dos realidades opuestas: Dios o espíritu, y el mundo o materia. Weil reinterpreta la tesis spinoziana «ordo et conexio»: el orden y la conexión de las cosas en el mundo material es de la misma naturaleza que el orden y la conexión de las ideas en el plano espiritual. El mundo desempeña la función de puente entre el hombre y Dios. Por eso, el amor a lo que existe es lo mismo que el amor a Dios. En otras palabras, cuando el ser humano ama a otro está amando también a Dios, al darse una identificación perfecta entre el pensamiento y el mundo, entre el hombre y el creador, como un todo que surge del mismo ser y termina siendo gracias al amor de ese ser primigenio. Aunque Dios sea un motivo recurrente en su obra, Simone Weil nunca se adhirió a ninguna creencia religiosa[4].


Cada noche, con un café y el teclado, son el preámbulo de mi vida. Pídeme, a estos ojos, que te olvide o que te amen para siempre. Hazme sentir algo, escribiendo sin ataduras. Por favor, dime ese algo que hay sobre mí en ti. Desde este lado del mundo te ofrezco mi cariño, mi respeto, mi pasión, que se apodera de mi alma conquistando eternamente los sentimientos. Disculpa, perdóname otra vez, que esté dentro de mis sueños, con los que respiro, y no puedo hacer nada para evitar decirte cuánto te quiero. Mi alma será la siguiente en renacer, porque mis letras, con tu ser, ya se están queriendo cada noche, porque la poesía se fue contigo.


89.  Porque puedo morir, estoy mirando desde aquí


En el encuentro de tu respiración, cuando leas estas líneas, permíteme transmutar sin pedirte tiempo, corriendo por tus venas esa energía del secreto deseo de las horas de intimidad desenfrenadas que se han cruzado por mis versos, en un mar de escritura para crear otra forma de tocarte, diluyendo el tiempo. Soy el respiro literario que acepta este camino, con simpatía de sentimientos que piden perdón a su cariño por este mundo imperfecto y traicionero. Y así como funciona la poesía más honesta y sin regateo, escachando jazz y bebiendo lo que los dioses beben en México: mezcal. Leer poemas es, en parte, compartir con los fantasmas detrás de esos poemas (no los nombro a ellos). Romeo y Julieta, aunque reales en la literatura, nos llegan al mundo moderno de tantas formas que dicen: así no es visto bien por los padres y la sociedad toda. Imaginarios de un poema lírico desgarrado, de color rojo y de aroma al más bello cuello rizado por un caballero. ¿Cómo y cuándo el amante de la poesía hace resucitar a sus fantasmas de sus viejos libros? ¿Por qué calle me cruzaré contigo? No podemos empezar a decir que esas tus lágrimas no fueran nuestra mayor intimidad de confesión. La poesía nos desnuda estados de ánimo, formas de estar vivos deseando que todo nos suceda juntos. La poesía permite mostrar cómo te sientes y compartir bienestar sin tener que contar toda la intimidad, solo la ficción, ponerte en el lugar de esos poetas del ayer profundo. Y ahora, en la edad, vuelvo a brotar letras. Después de tantas derrotas y muertes, vivo y escribo. Una vez más huelo el aroma del rocío de tus postres, única luz de rojos y chocolate. No puedo ser yo aquel sobre quien cayeron las tempestades de la censura de toda la noche. Sé tú poeta clandestino de esas emociones subterráneas y de aromas salvajes de libertad.


90. Déjame ayudarte


Como la mayoría de los mitos, este tiene alguna base de hecho. Tenías miedo confesado para leer. Allí te descubrí. El peligro a la exclusión de la literatura en tu vida. Las virtudes de lo literario, este mundo nuevo, los triunfos de las grandes batallas del pensamiento. Lo nuevo hace una especie de adhesivo a una vida nueva. Déjame ayudarte; deben parecerte mis letras un sendero que se rompe y deja todo para ser creado por el caminante. Déjame ayudarte a crear la original huella del yo inventado, que depende de la creación de efectos irrepetibles. El original Yo se buscó con intensidad hambrienta. Confía en el carpintero: yo inventé un yo en las letras, soy una frase simple en construcción, un escritor que desea eludir el juicio burócrata y la censura violenta, evitar ser atrapado por la mediocridad de nuestro tiempo.


Vamos a leer con libertad ilimitada y sin ataduras, cuando la imaginación dentro de los libros es inmensa. Déjame quererte en este especio secreto de letras, se aquí tu misma en libertad, debo confesar que haces mis días muy feliz. 


91. Hay fuego en medio de la frase que apenas nace 


Como una ola sostenida cuyos colores aportan el quebradizo ingenio. Nos paramos en silencio. Es difícil hablar de ti sin mirar tus ojos; he estado practicando en el cielo de la literatura como confesarlo, como si estuviéramos tratando de salvar al mundo de ahogarse en tanto egoísmo. Esta noche soy tu poema distante, por favor no me olvides; es una petición sensata para quien gusta arriesgarse al infarto en cada devenir de escribir soñando tu delgada voz. No hay oído que escuche el dictado de la luna; solo con tu mirada es posible hacer crecer el espacio de significado. No dejaremos nunca de extrañarnos; llego aquí después de escribir mil páginas de frondosa lentitud vibrante como tus ojos.


Unas letras dentro de una flor sin cortar. Un pedazo de mundo que nadie puede imaginar. Se mete bajo la piel mientras apenas respiro. Estas letras tienen el olor de mayo; son difíciles de traducir, especialmente en poesía. Cuando escribo esto, todo se tambalea desde algún lugar interior donde eres la distinguida inquilina de mi vida. Se trata de una simultaneidad de dolor donde casi todo este amor al alba rompe la cronología. El deseo de abrazarte es un enemigo donde termina lo otro y empieza tu persona. Afrodita en sábanas al final de un día, te sueño escribiendo liberada, creando aquellas frases que despiden tu luz. Cada día mi alma se separa de sí misma a causa del profundo deseo de saberte; es un momento dulce que calienta el frío poema moldeado con tus manos cálidas. Los límites de la piel tú los quebraste en el campo del tiempo. Los poetas hablan del sentido de estar loco y no estoy loco, así Sófocles divide empuñar algo bueno dentro de un desplome completo por el deseo mismo del dios del saber. Quizá escribirte para responderte es la tarea más difícil de mi vida. Con tu distancia descubrí que extrañarte es un estado donde su fuego huye del tiempo, es una tortura de interrupción que grita que te pertenezco. Todos dicen que ya vuelas a Venus y que pronto no me recordarás. Hay en tu frase “Eres el amor de mi vida y me haces falta cada día” un efecto poderoso que provoca escribir para estar sentado frente a la ventana. Mi voz en el teclado no me obedece; algunas lágrimas a punto de morir se convierten en el verso de tus alas. Tu risa loca me llena de celos de que no sea más para mí. El papel de este hombre caído en sus tantos errores, la propia pérdida de la geometría del deseo, es un estado de quedarse de pie en la ventana. La presencia de tu ser aquí, en la poesía, chica hermosa que bailas entre ramas de un gran árbol donde el tiempo solo te hace más epifanía, consagra más estas letras que son tuyas y yacen como un himno al compás de “déjalo ser”, una mirada cambiará por otra cuando estés justo en estas letras.


No sé escribir buena poesía; compongo algunas letras en la forja y en el influjo de la voz que conversa tu ser y mi alma. Se trata tanto de melodía como de voluntad en las orillas del caer de la noche. Intento traer a Joyce para que me ayude a regalarte una sonrisa. Cuando tengas miedo a la oscuridad, te digo: yo quiero ser tu antorcha… ahora solo soy un bosque con todas las hojas caídas, ramas retorcidas… apenas un viento de murmullos dulces que te aman, pero un día seré verde primavera con muchos cantos de pájaros carpinteros. Podía oírte respirar en el paseo de los poetas. Cierra esos ojos hermosos, levanta tu alma y muéstrale al mundo que eres el color de tu labial incendiando miradas y el sonido de tu voz pintando con palabras el juego más hermoso entre sábanas en esta tarde gris, y cuando tú eres primavera.


Solo sé tu nombre; no es gramática de un lenguaje extranjero, es nuestra más profunda verdad. Dentro de ese bosque, nada puede ensuciar esto, ni mis más señalados errores… Pronto voy a ir a tomar ese café y escucharás cuando te hable en letras que solo tú puedes leer.


92. La luna es joven


La luna deja caer una o dos gotas de luz en el bosque.

El fresno oscuro escucha.

Estate quieto, tiempo acelerado.

Ahora, no soy el único que se rompe:

ahí están, la luna es joven, intentando

sus alas, sanar la noche.

Entre los árboles, una chica levanta la hermosa sombra

de su cara triste, y ahora da un paso en valentía; ahora se ha ido

por el futuro. En el aire de la memoria, solo letras de recuerdo.

Estoy solo junto a un pájaro carpintero, no me atrevo a respirar,

el fresno se inclina hacia su propia oscuridad,

y me inclino hacia llorarte esta anoche.

No quiero hablar, sabes que no puedo soportar

tu distancia, todos los días, todas las palabras en mi cabeza.

El alba es testigo de que sigues presente.

Cierra tus ojos y sueña conmigo en un lugar

donde no te sientas sola jamás.


Aunque soy solo un escritor de poesía que jamás percibió dinero alguno,

discúlpame, pero gracias a ti me he sentido muy rico y afortunado.


Es una chica curiosa, que pasa sus primaveras persiguiendo trozos de versos en el bosque, revoloteando en prosa y leyendo a Yeats: “mi corazón en mis rimas yo vierto”. Cuando ella, en su confesión, firma con una mirada ruborizada… esa noche cierra los ojos e imagina sentir lentamente un mapa de bellos sentimientos. Dice: “quiero en tus páginas caídas besarte dejando caer un lápiz… un impulso de saberte, justo allí, ahora mismo, materializarte en verso libre”. Ahora cierro los ojos y escribo esperando que el alba se apodere de mi ventana.


Resurrección entre libros, escritura por las orillas de los símbolos caídos.

Acércate hasta ver juntos la noche entera…

te invito a cruzar miradas y versos de la mano,

asomados al mundo en los secretos de esta poesía.


93.  Despedida


Entre tú y yo han de levantarse

trescientas noches como trescientas paredes

y el mar será magia entre nosotros.


No habrá sino recuerdos.

Oh tardes merecidas por la pena,

noches esperanzadas de mirarte,

campos de mi camino, firmamento

que estoy viendo y perdiendo…

Definitiva como un mármol

entristecerá tu ausencia otras tardes.


—Jorge Luis Borges, Poesía completa.


La forma de estar en el mundo nunca fue la misma después de Borges. Una mezcla de hechos y ficción en una secuencia de narrativas sin igual que desafían todos los límites y crean el auge de la literatura latinoamericana. Como escritor, exploró los espacios más idiosincrásicos de la experiencia humana, que cambian de forma y que nunca pueden definirse como punto final.


Al revivirlo en la memoria, el poeta también puede expresar la crudeza del sentimiento como si lo experimentara de nuevo, combinando así la inmediatez de la emoción con la perspectiva del intelecto. Esto crea el mayor choque: una finalidad subterránea o un fondo infinito. El regreso de esa emoción en el pensamiento es una punzada, un tesoro en el corazón que ni el tiempo presente ni los años por nacer podrían restaurar. Solo la poesía puede. Ahora que escribo de este modo, vivo todo el tiempo con mariposas en el estómago, siempre a punto de entrecortar la respiración. Sacar a flote los restos por las cicatrices que se comparten. En estos momentos soy mezcal atrapado en el cuerpo… lo escribo, me curo, me sano, te protejo con todo mi cariño.


La lógica de mi padre: trabajar hasta tarde. Desaparecer en el sonido de un árbol cayendo… El sonido del viento a través de los árboles se llama madera. No hay palabras para el traductor del viento como este. Si el viento esconde palabra, los árboles son signos de exclamación. Las ramas que parten la luz de la luna, signos de interrogación. Mi padre no se da cuenta de que sus palabras siempre terminan en preposiciones. Tengo un problema con la luz del día y de la noche: ¿qué pasa si no puedo encontrar toda la sabiduría de mi viejo?


¿En qué momento una gota de lluvia acepta su caída? ¿En qué momento, en que la nube comienza a desintegrarse, el suelo que hace verde da forma a parte de mi padre? Reconocer que la muerte está allí afuera, que debemos tomar forma de lluvia cuando la tristeza se presente. Te amaré porque das tus virtudes cuando a mí me falta experiencia en la vida.


Que lo juzguen las sábanas, la taza de café que conversamos… y si quieren opinar que esto no es, cariño desechable el de ellos, el nuestro va marchando hacia la poesía eterna.


Nací en una carpintería, en una casa con aires de los años 50. Mi padre nació a martillar, para compartir su carga. Yo, su hijo, un poco de madera convertida en letra. Donde la viruta de pino estaba desgastada. Sabía poco de la vida detrás de la mano en la madera que giraba el mundo, que plantaba el laberinto de nuestras vidas, pero respondía a su nombre como si fuera mío. Luego vino el oficio de escribir en madera, cuando entré al poema y mi cuerpo fue un bosque, un escarabajo. Fui conocido por trabajar de su mano. Luego vinieron las horas de fuego, su alegría por tomar tequila… A lo lejos del tiempo, esa carpintería, mi vida.


¿Fui niño feliz? Más feliz en la madera, sí, al tener algo del cielo azul, para ver el horizonte, para querer conocer mi cuerpo en el espacio cuántico. Viví en la madera, practicaba ser escritor, una progresión, una acción sin lugar, de la mano de mi padre.


Una vez pensé que era profesor universitario. En esa casa, mi tiempo era literatura. Pero pienso en el fuego de los ojos que abren el tiempo, que abren en su juventud la pasión de la ciencia. Yo albergo el aire de esa carpintería de mi padre. Puede ser sobrescrita, y lo que se puede dejar atrás no es ni más ni menos que una cuestión de poesía con la voluntad de futuro por una nueva y más fresca existencia.


A partir de cierto punto, no hay vuelta atrás. Este es el punto de la poesía que hay que alcanzar. ¿Y cuáles son las implicaciones si dijimos que el poema había tenido éxito? Cuando escribo para usted, en la voz de las personas diferentes a nosotros mismos, ¿qué arriesgamos, además de la posibilidad de equivocarnos en ciertos hechos, historias y perspectivas? Y su poema, para ciertas audiencias, tal vez siempre significó, si no fallarte cada día con piezas de textos, entonces no soy escritor, ni menos científico: solo un carpintero de tierras purhépechas… He escrito para ti durante largos días. Dejé que los poemas mismos actuaran como mis guías. He llamado a menudo a los grandes poetas, mis queridos inmortales, a testificar sobre la poesía que tú inspiras. Siempre hay algo en ellos que evade toda la magia de tu fina persona… Indefinible amor esencial es para la definición de tu existencia.


94. FELT time


Si la poesía nace como una forma de habla fácilmente memorizable; habría estado atada profundamente tanto a nuestra supervivencia como a nuestro sentido de identidad. No es de extrañar que rápidamente se invistiera de esas propiedades mágicas y que también tomara la forma de hechizo, acertijo, maldición, bendición, conjuro y oración. Por esas razones atávicas, la poesía sigue siendo una forma invocatoria sin memorizable. La prosa evoca: la palabra bien elegida describe la cosa como si estuviera presente. Pero la poesía persiste en su intento de invocar, de llamar a su sujeto desde lo alto de su dignidad, como si no hubiera un “como si” en absoluto.


Por supuesto, la poesía no puede conjurar cosas literalmente de la nada, pero aquí se revela una condición humana única: el artista y el lector se confabulan. Poeta y lector entran en un extraño contrato cultural, en el que acuerdan crear el poema a través de la inversión de un exceso de energía imaginativa. El poema es, entonces, objeto de una especie de doble codificación: está en convergencia con el poema y con el mundo. Uno de sus atributos es la virtud de atrapar el tiempo humano y los modos del habla humana.


95. Es la luz tras la herida


Azul. Ese color. Así comenzó. Piel de letra. Caminar. Más allá. Crece. Es color entre grietas, se expande. Sin más, piel de letra. Sus pasos escriben. Saborea cerveza oscura. Algo distinto. La hora azul pasea entre libros. Así comenzó, paso a paso, bajo ese gran fresno de poemas. Azul, el cielo dentro del sol. Sin falsedad sucede la piel de letra. Regalarnos esa sonrisa que ganó existencia. Pintó con ojos el momento donde dudé de tu tranquilidad. Camina. Combina. Continúa al pasear por esas rocas rosas de Morelia. Se saborea el momento de leer poemas y recoger esa pasión. Más allá de las próximas horas. Así, en tierra baldía, es posible crear una acuarela: la plena realidad. Espera. Detente. Ese color. Uno el silencio desnudo. Azul, el mar, el cielo y las lágrimas. Tu cuerpo de hojas camina entre grietas del tiempo. Misterio aire hundido en lo más profundo de las ruinas del tiempo. Posible palabra. Aquí, bajo mis letras. Horas llenas de ojos en el aire. Letras en los ojos como agua en suspiros. Piel de letra, nací a la orilla de esa realidad. Literatura: cada caricia de esa flor de mayo que se adelantó a su estación. Tocar esas puntas azules. Moriría herido mil veces por saberte tranquila. Entre grietas se humedecen los ojos. Espera. Detente. Ciegos versos para todos. Soles para ti. Crece, hora azul, que todos los mezcales ya cuentan de tu piel de letras en esta tierra de Rulfo, Paz, Sabines.


El simple y poderoso acto del detalle, en una relación profunda con lo que amas, puede sumar en tu vida. A través de la vida espontánea que nos rodea hacemos nuestra verdadera historia. Escribir poesía. La mayor esperanza es que esta pasión te inspire a encontrar los poemas que son el lenguaje de tu alma, tomarlos en tu vida, sentirlos en tu cuerpo y hablarlos con aquellos cuyas vidas tocas. Van Gogh: tu verdadera voz en postres y en tus paseos por la ciudad.


96. Navegar por la hora azul


Los sonidos del día,

los fresnos que sus hojas caen,

sopla el viento desde el sur,

soplan versos de la seda,

soplan vientos enredados

en el cabello, fuera del tiempo.

Deja que sople el polen antiguo,

sé día azul frotando hojas sobre el mar,

desliza el viento por la noche,

desliza el poema de nuestra alba,

para que puedas ver la letra de la piel

en cicatrices que cultivaron alegría,

donde las abejas de esta primavera,

aire que sube del mar como el vapor

de papel de un verso recién escrito.

No escuches las voces del ruido,

solo tú mirándote de nuevo

en la edad del todo es posible,

como si la hora azul

fuera la fiesta del erizo de mar,

ese que congela todo cariño

en párpados de esta poesía.



97. Infiltra poemas


Ves la ventana: la construiste donde colocaste tus sentimientos. Vio las piedras rosas de la ciudad, donde el vapor de la alegría privada se ocultó de todo lo público. Abraza el fluir de la poesía. Vivamos fuera de esta época saturada de información; vivamos la sabiduría, como cada jueves de cerveza oscura bajo ese arco de roca. Infiltra poemas de un tal Johnny Cash, que habla de palabras eternas. Allí, donde tus ojos confesaron su amor...


Tu herida incolora germinó el poema. Ves tu vida elevarse y deslizarse como vapor azul, como playa que se moja. Te adentraste en el sol que se va, donde algo que parecía venir del mar vivía por ti. Si miras las letras, verás un verso temblar, como una página de cariño flotando sobre el mar.


Llegué a olvidar la muerte de Harold Bloom, la habitación congelada por su ausencia, y la preciosa sangre simbolizada por la epifanía literaria. Llegué a olvidar que el cielo nocturno es una invitación a las letras que se abren. ¿Quién todavía podría creer hoy en la literatura, mientras viajamos entre el ruido sobre rocas calizas? Cuando se está escribiendo, aquí en la ventana todo es perfecto: el mundo se ha ido. Vine a olvidar la piedra caliza, de todos modos; en todas partes el azul limpia esta alba. En todas partes los muertos, sobre los estrechos caminos de la poesía amurallada de piedra rosa. Ella dijo: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”. Más allá de las líneas de sangre seca de la ingrata tierra baldía, pude ver nuestro hogar.


El aire se llena de tu recuerdo. Van Gogh revolotea con el sonido del viento húmedo de la lluvia. ¿Acaso la poesía no es un ala dentro del corazón vivo? Algo más bello que el sonido azul cúpula del cielo.


El cielo era un alarde de espejos parpadeantes, cuando el día se rompió en los rojos del atardecer. En una flor de basalto deambulé, donde la luna invitó a la flor hacia el olor húmedo. Encontré un fragmento de paz enrollado en una abeja. Una luna naciente, en la piedra cultivada con musgo, reflejaba la luz, mientras un suspiro en la memoria cortaba el horizonte. La abeja salió volando entre los colores, se deslizó en el pedregal. Allí abajo, en la tierra, sentí que mi tiempo desaparecía del presente para irse al futuro.


El mar pacífico está justo allí —dijo la abeja purépecha—. Puedes mirar en todas direcciones, pero no se puede ver nada. Entonces los faros hacen que la niebla sea un poco dorada, en la forma en que giran en el jardín. Sigo dando vueltas en el ritual de esa poesía en mi mente. Borges partió sin el Nobel, pero feliz. Yeats aseguró: “Nos reímos en el pequeño detalle del visitante al jardín, pero nos quedamos para ver las líneas que comenzaron a brillar justo al caer la noche”.





98.  Sabiduría que no me deja renunciar


Gris es el miedo que recorre la ciudad

no están aquí, ni ahora, esperan el valor y el coraje

¿Es más de lo que soy, merecer algo mejor?

¿Tendrá un sentido superior que le respeten?

Senderos de diáfana quietud cuando amamos.

El verso dice ven conmigo, no pienses en tus miedos

cuando sientas soplar la fuerza del coraje

suspira con la ciencia y hasta el sueño 

tantas cosas que hora son prisas. 

Lo único que podemos hacer es rebelarnos 

al tirano, ya no recuerda nada de lo que es amar

la literatura ya no conoce a los jóvenes 

una esperanza que ya nadie nombra como propósito

el anochecer del miedo al dictador 

tan poderoso como el sufrimiento que dice ofrecer 

pues pronto sin miedo la juventud se levantará

al saber por qué es hora de ser valientes.


Cambiar lo que es uno capaz de sentir

la poesía está dotada de ese poder. 

La naturaleza del arte, Van Gogh lo sabía 

Emerson, sintió su presencia. 

Quién sabe a donde va el amor

Seguro queda, si tiene una oportunidad

en el arte de letras, pinceles y números.

Piensa las cicatrices que hoy son alegrías.

Con los ojos cerrados escribir el poema 

una expresión azul como nunca pensó 

que vería algún día, pasos en los incognoscibles 

 Hoy, quiero ser el filósofo de la montaña purépecha 

Rulfo y Paz describen cómo formas de vivir 

Entre vivos y muertos, entre la llama doble

Vivimos en medio de la Tierra baldía de T.S. Eliot

Verdadero arte de la vida caminando sobre la poesía,

esa salvaje naturaleza, esa ternura del niño, esa suerte

de la justicia de los sin voz, aquí desde pico de Tancítaro 

3800 metros sobre el nivel del mar, puedo ver

flotando la nube en el azul, mantén un ojo en el mundo

y otro en lo que Van Gogh pintó para el hombre del futuro

Dentro de estas letras de nosotros mi mano dejo extendida. 


99. Tropezamos a través de descubrir 

aprendizaje, la alegría, el progreso y la conexión


Las estrellas abandonan su profunda deriva

tocan a los seres del alba, 3 am a través del tiempo.

Sin pesimismo todas las direcciones son el futuro.

El amanecer permanece escondido tranquilo. 

Las letras saltan como viento trasparente. 

La temporada es Van Gogh enamorado del paisaje. 

El girasol y los viejos zapatos. 

Pinceles que pueden parecer rotos

con el agua contra la gravedad

y los fotones arrancando electrones

creando ATP para la sonrisa de ese postre

solía sentarse a meditar debajo del fresno

la forma en que lo contempla tiene la libertad 

del verso moderno, la contra luz de una nueva era.


Como si descubriera un nuevo cristal

la palabra puede hacerse memoria 

el estimulo que persuade al fresno

la letra en la frontera en azul

velas encendidas para el regreso 

solo consientes de que algo gira

leo poemas de otoño en primavera.

susurros de eros imaginando

Van Gogh escucha secretos 

la felicidad que viaja por acantilados

intelectual mezclando poesía

el adivino ve las puntos de los dedos azules

forman un moviendo de arte 

saludan al mar y parten a casa.










100. Hacer poesía


Una sombra de color rojo atardecer se tuerce como agua a través del espacio de este refugio de libros… ¿cómo puedo cambiar una tarde o un corazón si nadie pregunta por él? Si estás donde estás. Aquí no. Por eso tengo muchos libros como amantes. Todos mis amores de letras son apariciones que hablan de ti.


¿Qué es la soledad, si no luz inimaginada y medida del tiempo flotando en el deseo de saberte? Algunas noches se levanta el verso de Neruda, como un flujo luminoso, y pregunta por la hora azul. La farola hace señas al lobo estepario, ofreciéndole un camino de luz para sus melancolías. La letra de la poesía, ese néctar radiante del arte, busca —a través de la gran oscuridad— un rayo de metáforas… El canto de tu recuerdo.


Soy lo que amo, soy este mundo de letras que he estado pidiendo. Al escribir, hacemos un mejor trabajo para morir que el que hacemos existiendo. Estoy haciendo todo lo posible para no convertirme en un olvido de mí mismo. Estoy haciendo poesía, todo lo posible para inhalar y exhalar tu existencia. Ruego a T. S. Eliot que me dejen regalarte poesía, para no ser invisible a tu corazón.


Mi madre decía que hacer poesía es levantar letras para no extraviarse. Es la forma más digna de no perderse entre los tres fantasmas de la mediocridad. Es saber que en el líquido oscuro de la literatura se desliza el fruto ligero de la promesa de Van Gogh para un futuro: una llama roja y azul que nos llama a esta forma de conocimiento. El viento de Facebook y la paloma mensajera ya transportan estas letras: luz que palpita en todo.


Escribir con palabras fantasma… Tomaré los usos del silencio de Gail para pasar ahora a la brecha del pensamiento de la poesía. Este es el más rápido: cuando el texto se silencia y podemos saltar sobre hitos de tiempo e historia. El espacio en blanco. Se usa en exceso, a menudo, pero es vital. Todo tipo de cosas puede suceder en la poesía, en su espacio en blanco. Unos segundos… un siglo… dejando un lugar para que el lector del futuro reflexione o adivine.


Al otro lado de la brecha, de vuelta al cuerpo del poema en el flujo de palabras, es posible que deba averiguarse qué se perdió en el abismo en blanco. En el corto de un espacio en blanco, una franja de tiempo entre unidades de pensamiento equivale al ritmo de las ideas y las emociones… o a varias horas en una noche de escritura que se prolongan para hacer de la poesía la muerte del tiempo a manos del arte que lo resucita eterno.


Esto lo aprendemos porque ser del oficio de poeta es vivir sin remuneración económica, solo con la gracia del arte. Esto lo aprendemos cuando los buitres esperan nuestra caída final.


Letras, tiempo real: resumen en la elipsis de la brecha. El poema retrocede la escala del tiempo real. Si las palabras impresas son el evento histórico que tarda tiempo en asimilarse, debemos renunciar a que en vida alguien nos lea. Dilación de la brecha en blanco. Woolf solía decir: el poeta queda atrapado en un robo a un blanco. Es el mejor escaparate que conozco de todas las velocidades, en especial la dilatación estética como la pensó Van Gogh para el hombre del futuro.


En un blanco, en esa pausa en el texto, estamos a la mitad entre la vida y el olvido. Es el tratamiento en tiempo real: el escritor es un ladrón de la atención del lector, su vida dedicada a ser humano en lo más profundo del ser. Se le dice: no mires a otro lado. El poema está vivo frente a ti, en los ojos.


La hora de nuestra historia pasa cuando leemos y escribimos poesía en las fronteras de las brechas en blanco. Lo sabemos, porque el ladrón del tiempo responde a lo evidente: el tiempo del texto es mayor que el tiempo del corazón biológico. Woolf se dilata extravagantemente unas líneas más tarde, cuando el ladrón dispara metáforas y atrapa la vida.


Cuando termina la pausa, el fragmento entero del blanco, aprendemos por fin lo que Octavio Paz recuerda: es el tipo de escena encantada en donde no sabemos si regresará a editarlo el escritor o morirá justo allí. ¿Escuchas esa palabra fantasma en el espacio blanco? Una palabra única para cada lector, tan pequeña como puede ser el vacío en blanco de todos los libros por escribir.


El espacio en blanco: la poesía lo hace una reconfiguración de la conciencia, un acto de recordar nuestra vida y lo que habla en medio del texto. Esta palabra fantasma despeja un claro en la mente para la escena del corazón del hombre potente y persistente, que será el recuerdo final de nuestra vida al cerrar la última página sin saber jamás si se regresará un día.


¿Por qué crear un menú de longitudes de espacios en blanco, esas brechas de vida? Por la ilusión de que el pensamiento poético reviva en otras épocas. También por la magia estética y el poder del ritmo del pensamiento. Vea, estimado lector, paralizado en los blancos por una página blanca marcada con pequeñas imágenes. Solo sus ojos se mueven, de un lado a otro, en un rizo descendente. Pero en su cerebro: un viaje de amor. Relámpago y pausa. Un claro zumbido del color que se crea en nuestra imaginación.


101.  La velocidad poética


Elegir diferentes tipos o longitudes de palabras, frases y velocidades le permite al poeta diseñar una narrativa tan variada como la música de un jardín. También se puede escribir creando patrones con la velocidad: manipulando la puntuación y los ritmos que emergen justo debajo de las letras, en la conciencia. Uno puede alternar entre acciones narradas, una pausa reflexiva, un resumen vertiginoso, más acción, una brecha curiosa, una pausa para beber café. Puede trazar un patrón de flujo y puntos fijos, como una orquesta en la mente.


El poeta —sin remuneración alguna— conserva su alegre ambición de elevarse espiritualmente, lo que significa luchar contra lo vulgarmente utilitario. Sus líneas claras pertenecen a la novedad, a la fluidez, al ascenso de la conciencia.


En lo más alto de las horas nocturnas, en el alba, se libra una batalla. Pertenece a muros que se desmoronan, a viejos cargueros cruzando entre culturas. Es una guerra continua en el texto: el poeta siempre pierde. Dura años, desde el desaire de la musa hasta el desdén de las clases sociales. Y sin embargo, ahí, en la fundación de la poesía, persiste el esfuerzo de traer arte donde no hay nada, de fundir sexos, edades y culturas.


La poesía muestra escenas profundamente humanas, lagunas de nuestro conocimiento donde sucede lo exótico, lo erótico, el buen ritmo. Las variaciones de velocidad en el poema crean cuarentenas de páginas que preparan la ciencia para estallar. Patrones de ritmo que otorgan a la historia su movimiento y forma.


El escritor se convierte en la vida del pasado dentro de la única plenitud parcial del presente. Sus apegos afectivos al pasado difieren tanto del sentimiento de nostalgia como de una utopía del futuro que no nacerá. La poesía —liberadora de pasiones— es incapaz de sujetarse a la idealización trascendental del tiempo por venir.


Todo duelo es lo más humano. La memoria que no será, es la traición íntima del presente. Eliot y Woolf nos muestran que abrir el pasado puede ser ocasionalmente peligroso, y que se requiere de héroes del pensamiento para darle cuerpo, a veces en un instante genial, frágil y fugaz.


El trabajo del poeta es un material peligroso. Aunque en ocasiones se le reconoce, casi siempre exige renunciar a tener lectores. A veces, todo se reduce a un solo instante de gloria en la plenitud del presente.


El poeta es Van Gogh construyendo, desde el presente, el consuelo del hombre del futuro. Es amor por un niño y por una mujer ausentes de la existencia de las modas.


102. Letras


Te escribo como oxígeno para mi sangre. Siempre me dije que no podría escribir más. Pero aquí estoy, demostrándome —una vez más— que estaba equivocado. El pincel fluirá en el aire, encontrando su camino. Y aunque parecía no haber sendero, descubrí que podía ahogar las heridas en la meditación poética, en la pasión por el anhelo, en el arte. Escribo un amor que nunca disminuirá con el paso del tiempo. Quizá escribir sea, en verdad, amar plenamente. Porque esta vida es tan temporal, tan fugaz, que lo único que podemos hacer es forjar recuerdos con letras. No importa cuánto —o cuán poco— vivamos. Es a ti a quien escribo. A tus heridas, que quiero curar con palabras, porque supe desde el principio que el lenguaje común no era suficiente para tocarte. Eres distinta. Te gusta el tipo de amor que ofrecen escritores como Bukowski: locos, espontáneos, perdidos en los márgenes del mundo, gloriosos por la poesía que los habita. Por eso escribo cada alba. Para que nuestra historia no termine como un olvido más, extraviado en el tiempo. Solo deseo construir contigo una felicidad honesta y franca, dentro de la aventura más intensa: la de las letras. Te extraño. Has llegado a ser una parte esencial de mí. Fue un momento liberador rogarle al mundo por saberte cada día. Si todo conspira para que deje de escribir, seguiré haciéndolo, porque quiero que la alegría vuelva a tus heridas, y que nunca sangren de nuevo. Perdona por sentir así, incluso después de tantos años buscando una epifanía. La dulce liberación de tu feminidad trajo color a esta ciudad gris, que ahora es azul.


Hoy, la vida me flanquea con tristezas. Mi padre, vencido por el tiempo, me dijo:

—Deja de escribir. Sé normal, para que una mujer quiera quedarse en tu vida.


Le respondí, no sin vacilar:

—No puedo ser eso. Lo siento.


Fueron las palabras más dolorosas de mi vida. Y, a la vez, la promesa más cierta que he hecho para vivir en las letras. Gracias por escucharme.


Me dijeron que si atacaban lo que escribo, el fuego se apagaría. Pero aquí estoy. Emocionado por lo que cada día puedo ganar en profundidad y estilo. Pasar las albas escribiendo es un oficio para quien ya no espera ser leído, pero sigue siendo feliz.


Cuando los caminos de los números, la filosofía, la poesía y la literatura se cruzaron, sentí que ya nos habíamos conocido en otro tiempo. Tu alegría me hizo pensar de formas que nadie previó. Tu sonrisa en mis letras me hace soñar al escribirlas. Y tus heridas, sanadas por la poesía, me dejaron asombrado, entre prosas, versos y pensamiento.


Literatura, es atacada con todo…


Si para vivir en la memoria de los demás tengo que lograr algo deseable en ella. Es lo que posee con respecto a mí en el sentido más elevado de las palabras. No hay un día en el que tu figura no aparezca ante las piezas de texto malogrado. No hay un día en que las palabras no las intente sean como tú. Tus narrativas, prosas y versos, tus texturas vuelven cada lectura de libros… cada escena de pasión clásica y radical, lugar u ocasión donde las he escrito disfrutando, están en la hora azul tan vivas pintadas. Como una imagen igualmente cálida del rojo atardecer, como el coraje de un niño capaz de ser por el camino que todos dijeron no existe nada. El placer de estar más cerca del sol en la cúspide de la montaña, has enviado mis afectos al sur, lejos hacia el mar, porque allí creo que el sol tiene más razones para serlo en tu rostro y con ella en la mano. Literatura, la experiencia de lo humano, levanta el ánimo, lejos del corrupto político de estos tiempos… hace madurar todos los minerales jóvenes de esta tierra que jamás fue conquistada por europeos y por mafiosos.



103. La voz en las letras


Quisieron que el verso en tu mirada se olvidara.

Pero hay algo tan dulce en la forma en que suena tu voz cuando posa en mis letras cada alba.

Me recuerda a una época en la que creía que la felicidad era inalcanzable por la vía del arte.

Y sin embargo, aquí estoy, creando un hogar de palabras para la intimidad de dos.


Nuestras letras de pasión,

el conocimiento poético del mundo,

el rigor de ganar profundidad hacia la comprensión de lo humano.

Un lugar donde Van Gogh transforma palabras ordinarias en pinceladas que sobrevivirán más allá de nuestros cuerpos.


Sentí tu presencia incluso en mis momentos más solitarios.

Y qué momento tan oportuno para reconocer la poesía que provocas.

Podrías capturarme fácilmente,

como una marea que me barre contra mi propio ser.


La pura fuerza estética.

El poder fascinante de los detalles que solo tú miras.

Tu mirada, por sí sola, presenta el lente del pensamiento antiguo del Eros y del deseo.

Al mirarnos, revelamos algunos de los secretos de nuestra imaginación poética.

Y sentimos el peso de su provocación.


El pasado no puede entregarse de una vez por todas al presente,

por mucho que deseemos una resolución tan fantástica.

Gran parte de la vida humana está impulsada por lo que podría significar volver a prometer esa alteridad temporal.

Porque la memoria, como un otro, exige una reapertura incesante:

la obra perpetua de su traducción y su transfiguración.



104. Mi voz se suavizó 


El placer y la pregunta de vivir

Después de una pausa preñada de poesía,

el tono de mi voz se suavizó,

como si respondiera a mi propia pregunta de vivir.


La historia —la de uno, la del mundo—

no cumple su ambición si no se experimenta algún tipo de placer en cada paso.

Quizá por eso, el filósofo griego Epicuro creyó que el placer

era la fuente de nuestra felicidad,

la única cosa verdaderamente buena.

El placer como punto de partida y meta de una vida bienaventurada.


Pero, ¿eso puede ser correcto?

Decirle a alguien que apunte al placer parece, al principio,

una propuesta poco prometedora

como plan de superación personal,

y mucho menos como una ética de vida.


Suena más bien como una receta para deudas impagables,

una cadena de relaciones fallidas,

y tal vez un problema de alcoholismo crónico.


La ética, por naturaleza, es exigente.

Seguir el placer parece demasiado fácil,

demasiado indulgente,

demasiado destructivo.


No necesitamos que un viejo filósofo nos dé licencia

para nuestros fracasos de autocontrol

y lo llame virtud,

o peor aún, felicidad.


Permanecer en el pasado, sin convertirlo en ruina

El pasado siempre está agitado por una corriente alienante del ahora,

y, al mismo tiempo, nos enfrentamos al dominio —y al deseo—

de darle significado con los valores del presente.


Podemos rechazar el desapego al pasado,

pero al hacerlo, afirmamos una forma de accesibilidad:

una cercanía suficiente a lo que queda,

aunque sea fragmentaria, aunque se nos escape.


Cada uno de nosotros puede pensar un pasado

que nunca puede ser completamente dominado,

porque siempre está entreabierto

a una nueva experiencia,

a un suplemento imprevisible,

un giro perpetuo que introduce en él

un objeto siempre nuevo,

siempre desafiante.


Escribir el pasado

es permanecer en conexión con él,

no para fijarlo,

sino para evitar que se convierta,

como en la visión final del Camino de Swann de Proust,

en un refugio de fugitivos:

una imagen perdida en el vuelo,

sin lugar real en el presente.


Nuestra hora azul

Madura es nuestra hora azul.

Y aunque la corona del saber no tenía flor,

las conversaciones del anochecer

nos fundieron en una honestidad desnuda,

dejando los sentidos hechizados por tu misterio.


Se desvanece la tarde.

La pálida mejilla es ya un mapa de poesía.

Y de los pequeños gestos tuyos —

el modo de mirar,

el arte de los postres,

la melodía de tu respiración—

brota una alegría sutil,

dulce como un secreto bien guardado.


Tal vez nunca sepas

cómo cambiar la luna que recorre los árboles

cuando tu voz roza los sentidos

como un sueño leve,

rociado de letras.


Era un momento para jamás olvidarse.

Tus lágrimas cayeron,

y las recogí con las mías,

para que cada noche supiera

que nunca estás sola.






105. El arbusto espinoso


Cuando el ritual de tomar unos tragos de poemas con ella ocurre, el deseo de explicar el misterio de la inspiración —de determinar cuál es la causa en movimiento del arte— se asemeja al impulso de descubrir los secretos de un pintor en los infinitos detalles del mundo.


En la mente del poeta, ella cuenta una historia… El verdadero camino del hombre, una cuerda estirada sobre un profundo acantilado, no está en su altura sobre el aire ni en el primer o el último paso, ni apenas rozando el suelo. Más bien, la vida parece ser esa cuerda: caminar sobre ella en un equilibrio mortal. La cuerda no está para tropezar al andar, sino para recordarnos que vivir es asumir el máximo riesgo y, en él, aprender lo más bello y profundo del conocimiento que habita lo cotidiano.


El arbusto espinoso es el antiguo camino que fue bosque. Debe dar paso a los árboles si ha de ir más lejos. Los espinosos son formas de desesperanza en las distintas estaciones del andar. Tienen demasiado espíritu: viajan por la tierra como si fueran viento, incluso donde no hay sendero. No pueden darse cuenta por sí mismos de que no hay caminos allí.


Así, su humilde súplica para que otros los sigan se convierte en una denuncia de la tiranía, y su sincera creencia de que estar en el camino no es altivez, sino un acto de esperanza. Para mí, el camino hacia mi prójimo es largo. En una carta a Robert Klopstock, en el verano de 1922, Kafka escribió que el camino del hombre primero debe conducir a un segundo, de espinas a bosques, y luego el correcto no llega por mucho tiempo… y quizá nunca llegue.


Todas las personas se preguntan cuál es el camino correcto. Pero su reacción de encontrar el propio sería incomprensible sin el conocimiento del significado más profundo de la metáfora poética..En el cristal de tus lágrimas se reflejó la luz. Trocitos de luz. Conmovido por esa luz… el tono de tu voz fue una erupción luminosa, el sonido de la garganta de alguien como tú.


Déjame ser el abrazo que te consuela, transportarnos por el hilo del camino que desentraña la hora azul. Tu luz guía a los más perdidos a través del laberinto de tu mirada. Estoy vivo. En esta hora, bebo en la corriente el aroma de tu cabello. Tus dedos de uñas verdes y azules, parpadean en el fresno de dos. Seguiré este mapa húmedo de la noche que vendrá. Y si puedes cerrar los ojos un instante, y verme… regálame un poco de tus pensamientos en esta hermosa alba que emerge desde el azul oscuro del cielo.


Al atardecer vamos por el mismo camino salvaje, arrastrados por el mapa nocturno hacia los bosques y los libros, divididos por ríos de pensamientos. Luego, los cruzamos entre poemas libres, demostrando una sed asociada al porvenir. Algunas ideas se cruzan por los libros en la medianoche, en las letras en movimiento. Cuando en lo más estrecho de la letra comenzó nuestra vida —antes de que supiéramos eso—, abrimos versos contra puertas nuevas, acantilados que miran sombras con el bronceado de la luna y la lluvia inesperada.


Muchos matices de los libros muertos se ocupan únicamente de golpear las aguas del río de la muerte, porque provienen de nosotros y aún llevan el sabor salado de nuestros mares. Entonces el río se retuerce en repulsión al olvido: su corriente fluye hacia atrás, lavando a los libros de nuevo a la vida. Pero ellos son felices: cantan letras de acción, de libertad, y acarician el río indignado del hombre.


Colgado de un clavo en el muro del pasado… Bukowski dijo: “Sonríe, porque el secreto está más allá de mí”. La chica indecible me hace morir para renacer en la mañana. No es tan dura noticia… a menos que no me suceda a mí. He visto lo que han dicho muchos poetas, pero no tanto la poesía que veo en ti. Quiero que sepas lo afortunado que me siento de habitar tu misterio: esa estética de mujer que tú eres. Ruego por abrazarte… y que ninguna herida más quede en ti. Recuerdo que, en la última noche de escritura, mi esperanza se fue drenando en letras. Mis cicatrices sanaban, pero ciertamente no siempre somos oportunos. Sin embargo, quienes escribimos sabemos que la verdad de la literatura, en nuestras vidas, cura nuestras almas enfermas de los estereotipos del mundo. Porque estamos intoxicados por la tristeza de la infidelidad en todo, preferimos enamorarnos de la locura de no tener miedo a ser.


Después de que nuestros cuerpos sean polvo, quizá otras generaciones nos lean. Tal vez, en nosotros, exista una inspiración para ellos. Tus cartas… son la mía.


106. El tiempo sensual


Al escribir, el giro hacia la memoria es un tipo de deseo fértil, en parte porque la memoria se erige como un terreno repleto de citas, a las que se recuerda trabajar a través de la literatura como una especie de neblina palpable, que a menudo está lo suficientemente bajo control de la mente consciente, sí, como para ser placentera.

¿Cómo ayuda la escritura a articular en el tiempo la memoria? ¿Cómo engendra la escritura la cohesión abstracta de una realidad histórica o recordada? ¿Cómo está limitado el tiempo por el lenguaje, y el lenguaje por el tiempo? ¿Cómo es que el tiempo es el tema moderno?

El acoplamiento de la memoria y el deseo vincula lo que es pasado con los deseos del presente, y siempre implica al menos un doble yugo, ejerciendo presión sobre la distinción entre el hecho objetivo y su experiencia subjetiva.


El pensamiento poético evidencia gestos autoconscientes, erotiza la reminiscencia y su contenido, y se acerca implacablemente a la alteridad del tiempo perdido, expresando la convicción de que, a través de la memoria firmemente alojada en el cuerpo, los aspectos más vitales del tiempo permanecen sin perturbar. Como Proust, que encontró una nueva forma de temporalidad, da una imagen de rayos X de la memoria, sacando a la luz su dolorosa pero arrebatadora dependencia de los sentidos… El tiempo debe ser tiempo psíquico y, en consecuencia, el factor que determina nuestra vida corporal.


De esta manera, se mezclan memoria y deseo, como un impulso casi lujurioso de que la reminiscencia se corresponda con sus corolarios sensuales, al tiempo que expone el malestar entre estas figuras. Esto no representa una repulsión a la historia con sus sensuales hitos, sino una bienvenida a su alteridad como fundamento cognoscible y deseable.

Lo que encontramos, entonces, es una relación copulativa: recordar es desear, y desear es recordar.


Conservo mi semblante

sigo poseyéndome a mí mismo

excepto cuando un libro cansado

reitera algún poema desgastado

con olor a fresnos muertos,

recordando cosas más allá

de correctas o incorrectas.

La soledad en la que escribir es

un día de mezcla de memoria y deseo,

una expansión de nuestras heridas

retratadas incontrolables.


Eliot y Woolf encontraron

que lo sensual y lo romántico

solo pueden transitar en el ciclo extenso

de escribir para quien no ha olvidado,

para quien nos ha dejado solos,

para quien el sexo es una relectura

que exige radicalidad en su arte.

Deseo poético en la crítica del corazón,

en medio del mundo más salvaje:

así es la poesía moderna.


Vengo de las letras muertas,

he llevado la escritura por años.

Allá cierro la página y el camino

traza el robar la respiración.

Una inquietud incesante de estas

palabras de mi exilio.

Esta poesía es madera en lumbre,

rota por el verso, por la melancolía.

Su voz me fue dada desde Eliot,

letras juntas atravesadas por

la llama doble de Paz.

Ver el silencio de todo esto

en el gesto de su mirada,

decir adiós justo ahora,

no muy lejos de esas horas.


107. ¿Qué mejor puedo hacer que vaciar ante ti lo que mis labios callan en tu presencia?


El mundo no deja de ser cuando dejas de estar. Todo se romperá de todos modos, no hay forma de evitarlo para los mortales. La página es donde me hice un hogar de huesos rotos. Escribo porque soy olvidable, como el silencio en el aire. Una de mis inquietudes más hondas es que moriré, como todos, sin encontrar un alma que aprecie el fuego que yace detrás de las letras. No tiene sentido hacer mil páginas una prioridad cuando no existe ese lector. Tenemos libros para evitar que nuestros demonios lastimen a nadie más que a nosotros mismos, en medio de esa poesía escrita solo para el silencio. En este punto de mi página, ni siquiera Bukowski sabe qué demonios hace la poesía ignorando la honestidad de vivir fuera de su corazón. Estoy en el asiento trasero de mi propio texto, torturado por Rogelio que dice: deja de escribir cinco malditos minutos.


No puedo elegir cómo me afecta la poesía. Entender esto es un modo de conocimiento que destroza el aburrimiento y alegra la desgracia. Nada. No esperes nada al encontrarte con la poesía, porque yo también estaré tranquilo de amor. Leo esas piezas de texto en busca de respirar y, aunque el verso libre lo he superado en medio de una prosa rebelde, mi teclado está ausente en medio de no lograr la poesía. Uno de los ejemplos más sorprendentes de la mezcla de memoria y deseo es el de T. S. Eliot, ocurre en 1922, en una representación que estaba escribiendo: “Poema y whisky”, establecieron firmemente su reputación de poeta con The Love Song of J. Alfred Prufrock. Verso lascivo del ruido y satírico saliendo a la luz. Así es la profesión de pasión de la poesía moderna: un trabajo sin más remuneración que la vida.


¿Por qué es tan difícil que alguien se quede en medio de nuestras vidas de letras? ¿Por qué creen los  que llaman éxito el dinero, que el mundo es un lugar donde el amor es una emoción que no necesita del arte? Es una promesa de pasión, donde el “te amo” está cada noche creando significado y promesa de que al amanecer estará allí, y donde tomamos prestadas todas las partes de la honestidad y la perseverancia en medio de la incertidumbre, para hacer completo el resto:


donde el compromiso no sabe amargo,

donde estar se hace fácil al quedarse con placer.

Aguanta la respiración y cuenta, olvidando la cuenta.

Lo que más duele son los recuerdos que no hicimos,

con las fotografías de nuestro futuro:

una eternidad despertando con tu mirada,

como no olvidando cosas que queremos que sucedan.


Uno de los medios más efectivos de la seducción es el llamado a ser héroes como Julieta y Romeo. Para Kafka, el mal es lo que distrae de lo esencial. La diversidad de pensamiento se refleja en algo tan simple como una manzana: la ve un niño, Newton, un profesor, una chica... La vista toma la manzana y la imaginación le da el color. Aunque Eva la vio como fruto prohibido en el árbol de la ciencia, luego de arrancarla y entregársela a su compañero, su visión de la manzana cambió: se convirtió en la virtud de acceso a las formas de pensamiento del arte.


Una primera, la comprensión es el deseo de vivir fuera de estereotipos: en el arte. Esta vida parece insoportable. Otra vida, inalcanzable, es un deseo.

Uno ya no se avergüenza de desear morir por algo digno; uno pide un traslado sin dolor de la vieja vida a la nueva, a pesar de que ni siquiera ha aprendido a odiar la presente.

Un vestigio de creencia también involucra pensar que lo que nos dejó el alma completamente rota regresará de nuevo. Este pensamiento —aunque esperanzador— implica dejar de vivir por lo que podría regresar. Así, uno queda encerrado en su propio presagio.

Viene pensando cada día con la certeza equivocada:

la de que renunciar a vivir es una opción.


Cuando la verdad se desmenuza en nuestra vida, la luz de la poesía se extiende…

una vida en la que las letras creen no encajar,

y justo en la noche de escritura se descubre que todos nos dejarán.

Solo nos quedaremos con el sordo latir de nuestro corazón

y, justo al amanecer, retrocedemos un poco...

el silencio circundante es amplio

y parece un tanto ofendido.

El silbido del viento es todo lo que nos queda.


Vuelve un sueño que ha tenido por las noches,

en medio de páginas de borradores desechados…

la prosa no lograda resulta incómoda al alma que escribe solo por el gusto de ser derrotada al final.


Estas son las letras por las que lloré en el alba.

Son los motivos de la poesía por la que desaparecí.

Mi primera metáfora está en soledad,

paseo por las calles en momentos

que creía que las olas del mar convencerían tus pensamientos sobre nosotros.

La música callejera saluda, el café se enfría en la mesa

y sencillamente estoy ahí donde ya no pude encontrarte.

Siempre exprimí cada sentimiento en poemas

que hacen de la realidad algo mejor…

Necesitaba que apostaras por mí

como yo había creado en mil horas azules

cientos de letras de poesía.

Ahora solo decían tus palabras:

silencio de terciopelo, de las albas de nuestros días.

Construimos un hogar de letras a martillazos y maderas de fuego,

sentir que pertenecemos a almas viejas llamando letras,

sintiendo como si una parte de nosotros se hubiera quedado ahí,

entre fresnos y canteras rosas.


108. Sentir que lo fui


Intento ser carpintero de letras,

intento ser cisne negro.

Me rompo en pedazos

en cada página.

No seré jamás perfecto,

endulzo los días en letras:

caer y renacer en cada libro.


La universidad me tortura,

la ciencia emociona —renacer.

Feliz, un día toqué el cielo de ti;

mas, no ser perfecto contigo

fue sentir que lo fui.


Compartir puestas de sol,

libros fugaces en sentimientos.

Sé que, en momentos, corremos

solos; con abrazos de ellos

nos curan de las heridas.


Seguir adelante es un compromiso

al otro lado de un gran salto:

la incertidumbre con el riesgo.

No me gusta apostar.

Me gusta lo que sorprende:

todo arte encontraste con la vida.


Mi sangre se convirtió en letra,

mi piel se abrió al verso.


Mi cariño más honesto para ti.


Florece lentamente la hora azul,

silenciosamente bajo el fresno.

Sí, un poema en su mano.

Por la tarde, la luna entre fresnos.

Los dos juntos, carpintero y tú.

Las estrellas durante toda la noche

recuerdan lo estrecho de ser

en ojos vidriosos de honestidad.


Agrega la poesía y cerveza oscura.

Cada vez más madura la sensación

del placer del encuentro:

hombre y mujer, haciendo arte para el futuro:

pasteles y letras, ciencia y poesía,

amando en secreto lo que ellos justos son.


109.  Bajo el fresno, amanecer


Amaneció. Fue. Ahí estaba. 

Amaneció desde el sueño. 

Caminar existía en esas horas. 

Así fue, y eso fue.

Hay sueños que continúan durante el día con nosotros.

Hay letras que no duermen en el aventamiento de la mañana.

Más allá de la primera luz, en esas horas del aire hacia la nada.

Ah, qué alegría que aún ahí estaba.


Iremos por el amanecer sin tocar a los muertos y sabiendo que hay amor todavía en el mundo.

Amaneció desde ese día en que el clima cambió y la noche nos dejó solos.

Las mañanas se refugian bajo alas insidiosas.

Fue desde ese día.


Amaneció dejando atrás la hora azul en el tiempo.

La fragancia de las flores se cortó de repente con el café y el libro en las manos.

Continúa el sueño.

Se mueve el reloj reconstruyendo ese amor por la mujer.

Los números dan sentido al espacio y la forma,

porque nada es lo que fue.


Al amanecer puedo darme cuenta de dónde mi 

maestro me enterró, cerca de los libros.

En esta hora, así fue.

Amaneció dando pequeños pasos el tiempo,

y entre esa hora y la otra,

la voz de muchas voces llenó las calles de la ciudad.


Algunos no conocieron este amanecer: murieron justo en la hora azul.

Otros, los más afortunados —los amantes que deben separarse para sus quehaceres—

dejan un puente de besos en el río del viento,

para que puedan regresar a casa.


Algo nuevo en la poesía nace.

Se acerca despacio y con fuego de pasión.

La mayoría seguirá como robot trabajando

sin conciencia de que este amanecer fue único, singular e irrepetible.


Caminar existía en esas horas,

como si, estando allí,

nada muriera jamás.

Allí ellas conservan la eternidad.


Ah, sí, este es un tiempo resbaladizo:

la imaginación de pequeñas palabras

impulsadas dentro de una respiración

impaciente por sentir qué hay al otro lado de ese poema que aún no hemos escrito.


El beso que no nos hemos dado

ya es lo suficientemente maduro

para que, al amanecer, tengamos una cita con él.


Amaneció. Fue.

Ahí estaba,

en los segundos más próximos a mi alegría del nuevo día.


“Amando estos campos amarillos brillantes”.

Y aunque uno diga que es parte del todo,

hay un conflicto, una resistencia involucrada.

Ser parte es un esfuerzo que demanda sentir la vida

de lo que da la vida, tal como es en su arte.


Escuchar la voz del arte hace al mundo.

Las hojas que caen gritan,

las flores ríen,

las sílabas hablan,

el viento respira el movimiento

y el aroma del cabello de esa chica.

El pensamiento habla como canción extranjera.


Y yo, esta tarde, le digo a ella

que mi amor más honesto tiene para ella

el propósito de ser vidas originales y felices.


El grito de una hoja de fresno al caer al suelo

es una realidad de la meditación,

de una mente con el pincel de Van Gogh o la pluma de Eliot...


El sonido o el color de lo que es secreto

se convierte, para mí,

en una voz que es mi propia voz

hablándome al oído.


110. Cuando me preguntan


¿Cuándo supiste por primera vez que eras habitante de la poesía?, respondo que he sido lector desde que tengo uso de razón. Mucho antes de escribir respuestas a los poemas de Eliot, Paz, Benedetti..., ya viajaba en sus colores, en sus ritmos, en sus formas. Me sorprendió ver, muchos años después, que los mismos tonos y movimientos que ahora aparecen en los poemas por los que se me conoce habían estado siempre ahí, esperándome.


Tal vez todo comenzó con la mirada de eternidad que he aprendido a ver en el mundo, justo al lado de mi propia mortalidad. Mi identidad está enraizada en ese origen de la creación escrita —en esa mirada amorosa que lo literario me ha devuelto desde siempre. Fue un amor enorme, anterior incluso a mi conciencia del impulso creativo. Antes de saberlo, ya estaba escribiendo hacia el futuro.


Mi primer recurso fue visual. En la carpintería de mi abuelo, caminando entre virutas y aserrín de maderas distintas, aprendí a leer un tiempo ordenado bajo el sol del esfuerzo físico. Escribir, desde niño, me producía una especie de descarga eléctrica bajo la piel. Pensé que todos sentían eso, pero al ir a la escuela descubrí que no. Mis libros tuvieron que esconderse, como secretos. Mi sensibilidad poética era vista como desajuste, como rareza. Así que guardé silencio.


Pero aquellos momentos íntimos de revelación me parecían sagrados, aunque no pudiera aún entenderlos del todo. En la universidad decidí que esos pensamientos privados —mi vida secreta con las letras— merecían un lugar. Alimentaban esa chispa eléctrica, y era tiempo de hacerle caso. Sentí que William Blake me iluminaba los pasos. Me gradué como ingeniero, aprendí a manejar electrones, pero no fue hasta que me sentí libre para escribir que el verdadero viaje comenzó. Escribir era honrar la fuente de la poesía, conectar con los mensajes del pasado. Esa estrecha grieta en el acantilado de la vida era, al fin, mi casa. Allí comencé a habitar verdaderamente el espíritu de la literatura.


Todo lo que hay que conocer sobre la poesía nace del deseo de comprender lo humano, de revelar lo secreto, de escribir —con cada poema— una especie de biblia íntima sobre la obra creadora que hay en uno. Leer y escribir es decirle al otro: no estás solo.


Decir que lo humano es la voz de la poesía… tal vez. Pero más aún: decir humano con más que voz humana —educar nuestra habla— es hablar desde el arte con la hondura de lo verdaderamente humano. Esa es, quizás, la misión más aguda de la poesía y la ciencia: pensar y decir con la profundidad de las cosas esenciales.


En mi escritura respiro la oscuridad puntiaguda de un mundo herido por el egoísmo y la crueldad. No eran hombres, eran depredadores. Y cuando en la mente desaparece el arte, la mente misma se reduce a sus propios límites, y se torna trágica, sin verdadera existencia humana. Esos seres existieron en todas partes… pero fueron olvidados antes de que los gusanos reintegraran sus átomos a la tierra.


El poeta, en cambio, es un ser vivo, comparable sólo con su propia estética y valor en la historia de las letras. Quizá también con los muertos vivos de la literatura —aquellos héroes del pensamiento que habitan el cielo de lo eterno. Pero si alguien se atreve a ser verdaderamente original, a decir la verdad sin adornos, entonces quien es realmente humano puede estar incluso por encima de esos muertos, o al menos a su altura, en ese poder compartido que es la imaginación.


Ninguno de los dioses bajará a la Tierra, abandonando sus infinitas posibilidades. Pero el ser humano, con su humildad, puede elevarse. Y lo hace tomando como medida el arte que le han legado los hombres de otros tiempos. Su verdadera altura —ética y estética— es, en realidad, su profundidad. Porque alcanzar a los gigantes no significa dejar de tocar la tierra con los pies. La grandeza está en atreverse a decir que el hombre, aquí, en la Tierra, es un mortal imperfecto.


Y es a través de esa humildad que ciencia y poesía, cosmos y conciencia, pueden coexistir. El hombre —animal casi racional— rompió la bóveda celeste no con soberbia, sino con deseo de mirar, de comprender. Se enganchó con las leyes más desafiantes de la física para explorar el marco cósmico. Y con ello reveló la necesidad de la poesía: caminar con forma inferior bajo los dioses, pero con espíritu que los imagina.


La naturaleza, entonces, sonrió con amor al verlo. Porque su justicia no es la del poder, sino la del lenguaje. El ser humano no busca dominar, sino entender. Cuando el hombre se vio a sí mismo como parte del todo —del bosque, del cielo, del mundo— la mente y el cosmos se tocaron. El amor deseó habitarlo, el deseo lo impulsó a la acción.


Y así, habitó la literatura como terreno del pensamiento, del arte, de la poesía y de la ciencia. Habitó la forma irracional del hombre, y la naturaleza, con su misterio, lo abrazó más fuerte. Porque ser poeta o científico es, al fin, ser amante de la humildad frente a los grandes desafíos del universo.


111. Doble es el ser humano


En su cuerpo, mortal.

En su arte, inmortal.

Ninguna otra criatura en la Tierra comparte este destino doble. La humanidad trasciende a través de la música, la pintura, las matemáticas… y, sin embargo, sufre la pérdida en cada partida material. Porque el arte sobrevive, pero el amor humano se va, y eso nos vuelve esclavos del deseo de capturar —en cada día— un poco de eternidad a través del arte.


Por ahora, dibuja en tu cabeza:

Solo, demasiado alto aquí.

Tus ojos inclinados como espuma a la deriva.

Tu aliento sellado por los fantasmas.

No lo sé.

Dibuja en tu cabeza y duerme,

el largo camino a casa comenzará cuando tu cuerpo te abandone.

Vivir es no olvidar esto.


En algún momento, dejé de escribir para sanar tus heridas.

Comencé a escribir sobre cómo se siente cuando estás en mi vida.

Y espero pronto escribir para regalarte una vida emocionante,

donde tus alas se fortalezcan

y te lleven lejos con cada atardecer.

Te extraño, chica.

Discúlpame si lo que siento no es oportuno.

Pero es verdadero.


Incluso los poemas, con sus clichés y señales dobles,

son sinceros.

Son recordatorios —confesiones del poeta castigado—

de que la poesía es la forma última de la libertad,

y que requiere más que lápiz y papel:

requiere verdad.

Requiere tormenta interior.

En tiempos de caos estético,

la poesía ofrece refugio.


Y esa energía —esa potencia—

se acumula con los años,

con nuestra sabiduría.

Puede que "abandono" sea una palabra fuerte

para describir el sentimiento final de lo poético,

pero la autocompasión ha sido siempre uno de sus ingredientes secretos.

Y eso hace que el poema sea más honesto,

más real,

más humano.

Más que idealizar a los que se han ido,

la poesía los llora con belleza.

Los devuelve al mundo como vacío exquisito.


Antes de ese primer verde inquietante de las hojas del fresno,

ya se espesaban los sentimientos.

Crecía el árbol,

crecía también la poesía.


Soy un árbol detenido frente a mi propio fondo.

No soy más que una de mis páginas.

Y la poesía se cierra sobre todas ellas.

Soy el resto de mis notas, armonizando a regañadientes.

Porque la muerte quiere ser el tono más fuerte.

Pero, en cambio,

es el motivo más divino para vivir.


Y cuando letras y mundo se reconcilian,

tiemblan,

pero se llevan bien.

Y la canción que me cantas continúa diciendo:

De sorpresa llegaré y te regalaré esta sonrisa.

La poesía llama a dar sentido a nuestra condición aquí en la Tierra,

con los pies firmes.

Y dedicamos el arte de imaginar

un reino donde nuestros corazones rotos

puedan descansar,

celebrar,

y amar otra vez en la hora azul.


Seré el guardián de tus lágrimas.


Este es el consejo más persistente de Rilke

para quien ha perdido a alguien que ama:

Quédate con tu dolor.

No huyas.

Úsalo.

Haz de él otro camino de regreso a la vida.

No te consueles demasiado pronto.

El consuelo puede distraer.

La verdadera curación crea.

Despedirse con arte es la forma más alta de respeto.

Y olvidar no es abandono,

sino dar un nuevo orden a las cosas,

crear nuevas alegrías.

Porque el arte, siendo amor eterno, ordena el caos, y da lugar.



112.  Era una guerra


En 1935, Erwin Schrödinger escribió un artículo que no solo nos dio el famoso "gato muerto y vivo", sino que descifró el alma de la mecánica cuántica.

No se trataba de un experimento mental peculiar.

Era una guerra.

Una guerra contra la interpretación estadística.

Una guerra contra la idea de que el colapso de una función de onda es solo una actualización contable.

Una guerra contra una física que lo predice todo pero no explica nada.

Introdujo el "Verschränkung" (entrelazamiento), una idea alucinante que sacudió nuestros instintos clásicos: que dos partículas, a años luz de distancia, podían estar tan profundamente vinculadas que medir una define instantáneamente a la otra.

Schrödinger no se conformaba con las probabilidades.

Quería realidad.

Se preguntó: ¿Es real la función de onda? ¿O es solo una herramienta?

¿Es la incertidumbre un fallo en nuestro conocimiento o una característica del universo mismo? Incluso coqueteó con la idea de campos guía, un indicio de lo que ahora conocemos como mecánica bohmiana. Quería recuperar la intuición, la continuidad: un mundo con sentido, pero sin sacrificar la rareza.

Cuestionó cómo y por qué un resultado gana en una superposición cuántica.

¿Qué determina el estado propio ganador?

¿Por qué este y no aquel?

No se conformó.

Provocó.

Expuso las grietas tras la cortina cuántica y nos retó a mirar fijamente sus huecos.

Este artículo no trata de gatos.

Trata de valentía.

La valentía de hacer preguntas incómodas incluso cuando las ecuaciones funcionan a la perfección.

La próxima vez que alguien mencione al gato de Schrödinger, díganle esto:

No estaba jugando.

Estaba advirtiendo.

Créditos:

E. Schrödinger (1935). La situación actual de la mecánica cuántica, Naturwissenschaften.


113. Papel afilado


Un susurro en tu oído mientras eras una tormenta de lluvia dormida. Llamé a todos mis demonios de la literatura. Golpeo el teclado con todo el desorden retorcido; la escritura se hundió de nuevo en un atardecer de pantano, sedimentos de tiempos y silenciosos libros. Los carpinteros de letras no somos vencedores del mundo: somos una aguja a través del teclado, la brecha de una desgracia leve cortada en papel, cuyo dolor siempre se absorbe en el arte de las letras. En las mandíbulas abiertas del lápiz, la hipnótica interacción con la página: el agujero del papel afilado alrededor del borde de los sentimientos.


Lo que quedará de nosotros en la hora azul son estos espacios, umbrales huecos de caminos desgastados en libros viejos, a un día de. He servido a los lectores más delicados esta entrada/salida y todo lo que golpea el teclado en días de tormenta de versos y matemáticas abiertas. La poesía, en el mejor de los casos, es el lenguaje que tu alma hablaría si pudieras enseñarle a tu alma a hablar en lo profundo de lo humano. La poesía es el cuerpo de un Dios ausente, sin punto final.


La mayor parte de mi vida estuve ausente, construyendo páginas sobre el alba. Aunque el alba es demasiado grande, estoy en el aire del cielo azul escribiendo. Me senté en un extremo, para dejarle estas letras que fueron su idea, surgida de leerle. Cualquiera que comience una frase con: “con toda honestidad…” está a punto de decir su verdad. Cualquiera que diga: “¡así es como se siente!”, tiene la mejor forma de amor, más que de revelación. Lo mismo para cualquiera que piense que piensa bien, porque tuvo un pensamiento sin leer. Si dices: “soy feo, pobre y con crédito de honestidad”, es un descubrimiento, un acto del logro humano. Si persistes, solo eres un escritor que nadie lee, un bastardo olvidado de todos, un libro sin espejo.


Comenzamos por un libro oscurecido por el tiempo, empujado a un lado para mostrar la filigrana de sus letras. El ultrasonido sondea y cava, a medida que te deslizas dentro de tu escritura y fuera del foco. Escribir son los sentimientos que se abren como un fantasma a través de la sábana blanca de los amantes. El silencio manifiesta las posibilidades infinitas. El latido del corazón hambriento está debajo de mi prosa. Cerebelo perfecto. Pequeños fajos de páginas con necesidad de ser literatura. Allí, los versos. Allí, las sentencias en el arte de los operadores modales. Destellos de color a través de las páginas: flujo erótico del sazón arterial del escritor. Su jornada agotadora. La órbita del globo ocular tatuada con ella. Cerrada, pero vigilante al mundo. Sus brazos de ramitas débiles se mueven para abrazar a su amada. Sus diminutas letras sonríen. Pequeños universos. Sabes algo que ha olvidado este escritor: esculpir la anatomía de tu ser siendo arte. 


114. Estas letras


Las letras cantan agudo y fuera de tono, pero aun así mis manos agarran el aleteo, tratando de dar forma a estas frases rebeldes hasta que el arrastre de la cafeína y la música las colapse. No puedo leer los poemarios detrás de sus máscaras, y la iluminación es tenue. La música debe ser buena, porque siento que algo tira fuerte de mí, una raíz que no debería ser moldeada. Por alguna razón, imagino tus ojos en estas letras. Si me sacaran de la poesía, solo serían huesos, todos hilados dentro de este viejo abrigo de piel; ahora, donde tu pellizco es el universo apretando en la existencia. Los poemas parecen correctos, dado que estos deberán doler para hacernos sentir la vida.


En el atardecer, el sol brilla sobre el cobre rojizo de las nubes. Paso por el cielo lento. A la luz del sol, eres espectral. Las cosas transparentes de ese fresno se revelan. La tarde me roba la existencia y la traslada a tu persona. La sostengo como un evento maravilloso; es un honor ahogarse en este nuevo elemento de la tarde. Sí, tu persona: un día dorado de junio. Le escribo cruzando el puente del tiempo y el espacio, arrojados a quererte contra el flujo del viento.


¡Persigue tu pasión…!

Me despierto a la luz ósea de la mañana, con el aire susurrando tu nombre; con su paso, sollozo en mi piel, se crea una brújula de poesía que estalla. Un pájaro rojo canta un soneto mientras suplico a los dioses por saber de ti. En casos difíciles con la brújula, las conjeturas del fresno para un carpintero son tiempos nuevos. Se desvanece el alba en el horizonte con tinta azul y roja. El teclado, con gran cantidad de pulsos vírgenes, se siembra en la poesía. Cada pequeño altar de versos y su voz se derramará como dulce miel ondulatoria en el arte de tus postres.


En una tarde, mujer y hombre una vez se sentaron a ver la naturaleza del fresno, crear un atardecer amueblado de colores. Y más tarde, confinados en sus voces: el árbol pertenece a la pareja como una posesión compartida y perteneciente al mundo real; organismos vivos, arraigados en la tierra solo cuando se miran. —Si solo pudiera ser nuestro árbol —decía nuestra poesía en esa tarde—, si decides quedarte con mi cariño. Los versos los he dejado como los escribimos, a la luz de las hojas.  






115. La batalla en las letras


Y estás aquí. Cómo terminaste aquí no es importante, en este momento. Cuando encuentres el camino de regreso a casa, tendrás mucho tiempo para reflexionar. Y cuando lo hagas, lo primero que te llamará la atención será la lección. Busca siempre. La vida, a veces, tus circunstancias, te harán ver la vida como una batalla. Puedes despertarte e, inmediatamente, prepararte para una batalla creativa. Tu equipo de protección está en tu mesita de noche. Esos libros. Los agarras antes de comenzar tu sueño. Recitas sus versos y prosas internamente, mientras despides cada día. ¿Por qué mi vida tiene que ser tan dura? Estoy tan cansado de esto y de aquello… pero está bien. Estaré bien. Hasta este punto, la vida ha sido salvaje con mis letras. Yo le digo “libro”, y él me dice: “vamos a pelear”. La vida se vuelve más loca cuanto más te resistes a caminar en el arte de las letras por donde nadie se ha atrevido jamás. Recorre esta lección con gracia, y recoge tu fuerza al otro lado del libro.


Durante un tiempo, pensé que tenía la vida más difícil. Quiero decir, sabía que había personas que experimentaban una lucha real por cambiar el mundo, con circunstancias realmente graves. Esas personas podrían mirarme y ver que mi vida es más fácil, en comparación con la de ellos. Pero cada vida es diferente. Cada lucha, en las letras. No importa lo duro ni cuánto tiempo tengas que luchar: una pelea sigue siendo un paso. Y si estamos cansados de pelear… solo recuerda que la lucha comenzó al nacer. Y eso no es una exageración. Se podría argumentar que, desde la concepción, todo conspiró para que no naciera. Pero gané esa batalla. Ahora tú: haz de tus batallas el arte de pensar más hermoso.


Mientras todos estaban sentados a la mesa, un invitado sugirió que cada uno contara una historia. Entonces el novio le dijo a su chica: “Ven, querida, cuenta algo relacionado con nosotros”. Ella dijo: “Entonces resaltaré el sueño de la hora azul… y ahora el amor ha escalado a otro cielo. Mejor mirar sobre la Tierra con poesía: su alcance total, y cada verso blanco, su charla en el café, su truco en el beso, su falta de silencio. Gritas: escriban mil libros más. El acto de inspirarnos en tus ojos y el solemne consuelo de la humanidad en el arte… Espero que eso sea la sombra del fresno en nuestro hogar.”


Todavía no sé qué impulsa todo esto: abandonar la tierra firme de lo que fuimos y pasar toda una tempestad de vida integrando a ella y a tu nuevo ser. El mío, si fuera un juego de alfabeto, sería una extensión de crecer. Algo que con frecuencia se asegura que nos hará crecer. Algo que las personas no están listas para saber. Escriben sobre la escritura de sí mismos… Nosotros ya escribimos la familia que intenta explicar el deseo primordial de hacer ESO, solo ESO, y considerar que este amor, más en el terreno de la poesía que de la ciencia, es como andar en bicicleta y agregarle nuevos asientos para pedalear juntos… Encontré un agujero en la realidad.

Verte feliz, de otra forma, es genial. Descubrir que solo ESO, la escritura, puede salvarme —y salvarnos— a la familia. Estar sin el más mínimo tema de este futuro libro, es encontrarse con que hay que hacer el camino por donde nadie lo caminó jamás… Un libro imposible. Antes de nada. Ante algo como ESO de vivir, escribir desnudo y honesto, como algo que hace raíces para tres sueños que caminarán juntos con la pasión de las sábanas blancas como cielo

y las letras como hogar. 


116. moldearon lo que soy hoy

 

Tal vez deberíamos pensar que la vida intelectual no tiene tanto un objeto como una dirección: hacia lo universal más allá de lo particular, la realidad detrás de la ilusión, la belleza debajo de la fealdad, la paz debajo de la violencia. Esto explica, por un lado, la negatividad de la vida intelectual: la crítica de la vida. Siempre hay más, nunca menos; por el contrario, un engaño o una distracción no es una crítica de la realidad dada, no llega más allá de ella, sino que se conforma con menos, proporciona un sustituto de lo real. Así es la vida en las letras, darse cuenta de que lo difícil no tiene que ser una maldición. Las más difíciles letras que he tenido que enfrentar también son las mismas cosas que moldearon lo que soy hoy. Llegué aquí con la literatura, no por evitarla, sino por amarla.


Oh, fantasma de la poesía olvidada, susurra tus versos a través de esta mañana. Prepara el ritmo de las palabras como para nosotros, entre hojas, escribir olas entrecortadas. Pedimos que la luna esté llena, y luego el fresno y el cactus rosa regalan fragmentos de realidad para poder sobrevivir. Incluso la luz del sol blanquea más la página vacía que espera el arte como visita permanente, como promesa de secretos encerrados en las tierras de sombras, detrás de fantasmas que flotan con sus libros junto a mis hombros, en forma de conexiones de reflexiones que rompen cadenas y desenvuelven el ruido para reconfortar lo humano.


Quizás lo más difícil de mi educación como poeta es ver cómo el pasado cambia con cada mirada. Es como desnudarse. Primero te quitas la soberbia, luego la arrogancia y, luego, te paras en el aire frío. Luego sales al mundo. La memoria se te atormenta así. Y cuando la memoria mira por la calle de la ciudad, antes del atardecer, miras con ojos del niño que está parado: el fresno sonríe a los secretos del mundo. La memoria se abrocha los hitos contra el viento y continúa. El escritor más austero se estaba volviendo sobre sus pasos congelados. Perdió el equilibrio y casi se derrumbó ante el tronco de ese sabio árbol. No tenía la intención de tener prisa por escribir. El aire frío era placentero contra la memoria y su piel desnuda por el verso. Pero entendió que la tierra y todo lo que lo rodea eran indiferentes ahora. Incluso su andar parecía desordenado. El poeta apresuró a preparar la página en blanco, comenzó a flotar en ideas en lugar de caminar. Flotó hacia el mar y estiró la imaginación, hasta que se detuvo a pensar en lo extraño que era escribir poesía para estar más vivo en la tierra.


Un poco de tinta inviable de su mano salió. Pero tampoco le pareció extraño. Ser herido era lo mismo que ser huérfano de su ciudad. Comenzó a flotar aún más ligero por las letras, con los dedos sueltos y la noche por llegar. Su amada pasión estaba lista para correr tinta inviable y alegrar los corazones olvidados.


¿Qué significa escribir sobre otra persona? ¿Cómo les haces justicia en la página? ¿Qué pasa si te equivocas? ¿Qué pasa si no es tu historia para contar? Para navegar por este territorio tenso, he desarrollado una serie de preguntas para guiarme. Es una especie de código ético, o un horizonte hacia el que navego.


¿Qué historias me bloquean y por qué?


Muchos de los escritores con los que trabajo que se quejan de estar "bloqueados", a menudo se ven obstaculizados por una historia que tienen miedo de contar. Esa historia no escrita se ha convertido en un dique que obstruye su creatividad, frenando otras historias que puedan fluir. A veces, los escritores tienen miedo de contar una historia porque hay alguien sobre quien tienen miedo de escribir. Les preocupa que la persona se enfade con ellos o incluso les haga daño. Otras veces, a los escritores les preocupa que escribir sobre esa persona sea una violación. El primer miedo es físico; el segundo, ético.


En Escribir sin paracaídas, Barbara Turner-Vesselago alienta a los escritores a avanzar hacia cualquier material que se sienta cargado, a elegir la historia "sobre la que más temes escribir". Ella llama a esto ir "hacia el miedo". Yo también creo que es importante escribir las historias que te asustan. Escríbela primero como si nadie la fuera a leer nunca (porque tal vez nadie lo haga). Puedes abordar tus preocupaciones éticas después de ese borrador inicial.


Como primer paso, aquí hay un mensaje de escritura que aprendí de la escritora australiana Louise Allan: algún día, alguien debería contar la historia de... Escríbela en tercera persona, en un cuaderno, y ve qué sucede.


¿Cuándo es un impedimento?

Uno de los desafíos al escribir es discernir cuándo tu negativa a escribir sobre algo es un acto de afirmación de la agencia, y cuándo es un impedimento, bloqueando otras historias que quieren salir adelante.


Solía pensar que los miedos a contar una determinada historia eran simplemente sentimientos que necesitaban ser superados y escritos. “Solo escríbelo”, les diría a otros escritores. “No tienes que compartirlo con nadie”. Pero un escritor transformó mi forma de pensar sobre esa resistencia.


¿Muestro mis fracasos?

Mi mentor solía decirme que lo más ético que podemos decir es podría estar equivocado. Admitir que podrías estar equivocado no significa que no puedas arriesgar tu vida por tus creencias.


Trato de hacer visibles en la página los momentos en que me equivoco, al menos los errores que puedo ver ahora. (Estoy seguro de que hay muchos otros). Tuve que aprender cuán limitado era mi corazón. Tuve que dejar que el amor se expandiera.


Aquí hay un mensaje diseñado para exponer los errores: encuentra un pasaje que hayas escrito que no funcione del todo. ¿Qué falta? ¿Qué no se dice? ¿Quién no está siendo visto? ¿Cómo entendiste mal? ¿A quién malinterpretaste? ¿Qué errores cometiste? ¿En qué te equivocaste?


¿Hago espacio para la trascendencia y la incertidumbre?

Siempre hay más en todo —cada árbol, río, refugiado, niño, prisionero— de lo que creemos que sabemos, de lo que escribimos. ¿Cómo haces espacio para que las personas sobre las que escribes excedan y perturben el lenguaje que usas? ¿Cómo dejas que tus personajes sean más de lo que dices que son?


¿Cómo mostramos la trascendencia en la página? Para mí, esta es una cuestión tanto formal como ética, y es lo que impulsa mi interés por la artesanía. Ahora estoy pensando en mi hijo y cómo lucha para alcanzar algo: un bloque, un libro, una pelota, un estante. Quiero que mi escritura evoque ese tipo de alcance, ese pequeño tocar. Quiero que mi lenguaje y la forma que elijo creen la sensación de encontrarme con mis propios límites. Quiero turbar la certeza. Quiero permitir que los seres sobre los que escribo permanezcan fuera de mi alcance, que trasciendan.


117. Con la voz desnuda


Aprendí hace mucho que la vida nunca es demasiado grande ni poderosa como para dejar de lado el arte. En cambio, me puse a escribir con la vida y tuve una larga discusión sobre cómo vivirla y cuáles son las reglas del progreso ético. Al final de esa discusión, la vida y yo nos convertimos en confidentes, socios, y juntos encontramos el propósito de las letras y seguir esos pasos en la alborada, en la hora azul.


Romeo y Julieta, de William Shakespeare, refleja para ella una existencia, una experiencia, una pasión, una estructura de sensaciones. Para nadie más. Ella es sí misma. Pero con Romeo se convierte en una epifanía. Cualquiera que haya leído tiene una relación con ella; su hora azul se mantiene en nuestra psique mucho después de haber dejado el libro, en el alba.


El agua refleja la luz, rojo reflejo cuando pasó. Estoy sentado ante una mesa con café y unos libros. El sol brilla. Al lado, la ciudad. Pasa el pájaro carpintero y desaparece sobre el barniz rojo de la tarde. Mientras el sol brilla y el agua cae de las copas del fresno, salpica el aroma del tiempo. El agua cae y cuelga como hilos de velo desde la copa del árbol hasta el centro del alma del escritor. Llegamos sin avisar a este mundo, casi antes de habernos encontrado. El aire es pálido y algo fresco, y se encrespa sobre la piel como las lágrimas que yo cuido, de esa amada que me las confió para volverlas alegrías. Hablamos debajo del gran fresno, fuimos a ese bar de bebidas melancólicas y música formada como de lluvia en ciudad vieja. Mientras nos miramos sobre el aroma de menta, estamos en medio del poema en casa. En el polvo del camino, como entre cruce de historias.


¿De verdad vamos a vivir en este acantilado, entre la multitud salvaje que solo busca dinero? ¡Vivir y poner la mesa, un mezcal, tu música de Chris Isaak, y compartir!


Y mientras dibujas tu laberinto, gira en suspensión el hilo de la poesía. Está aquí, afuera. Alza el vuelo, mujer. Al más mínimo movimiento, las palabras se quedan en el poema. Pronto, un poema solo queda como testimonio de este cariño que te tengo. Entonces, en el bar, irrumpe el fantasma que te persigue. Se grita a sí mismo, pero tú lo haces presente. Pero el brillo de tus ojos —bellos como imagen residual de una poesía del ayer— permanece. Del dolor aprendiste a encontrarme. A la luz de Van Gogh, en fluida noche, me llamaste. Y si lo preguntas, escucho la sed de tu corazón. Todo dolor: ¡abandonarlo! Lo que ha pasado y perdonado, al mundo regresarlo. Fuiste devastada a besos sin honestidad y sin asombro de hacerte mejor persona… Mi escritura quiere estar en ese bar, con tus lágrimas y resucitar cada atardecer.


Ya que solo está este tiempo, y sus dos orillas marginales. En una me dejas de lado, en la otra construyes un hogar en el valle de las mariposas, de Inger Christensen.


118. Noche a 450ºF


Ante el despojo de la libertad literaria

ni dioses que alcen la mano.

El desprecio al joven universitario:

demasiado tarde, demasiado tarde.


De nuevo la prepotencia oscurece la academia,

y de las letras cae la noche a 450ºF,

la temperatura a la que arde la literatura.


Sueños de libertad de pensamiento

en silencios, los libros que escribimos,

a veces jugando a la eternidad:

poemas, sentencias y metáforas.


De una educación cuelga, solitaria,

esta tristeza como una letra encendida,

luz del duelo de una universidad en ruinas.


Ser escritor en la Nicolaita,

ante mí la claridad:

el violento poder de la burocracia,

orillas sobre la corriente principal.


Tinta, con lápiz el blanco de la página.

La razón ya no se llama justicia.

El arte ya no es ciencia.

La violencia es la respuesta a la crítica.


119. Las aves no son cajas musicales


No por el robo de una costilla o una mordedura de manzana,

ni porque queramos agarrar lo nuevo del mundo para soñar.

Cae suave el tiempo en que escribir literatura en esta universidad:

la violencia es el estímulo para desalentar.


Si mis lectores desean comprender la música de los pájaros,

deben asumir que las aves no son cajas musicales automáticas,

sino amantes del sonido de la libertad,

que cultivan la búsqueda de combinaciones de sonidos como un arte,

tan verdaderamente como nosotros hemos cultivado

nuestras artes de carácter estético.


Este arte se convierte, para muchos, en una verdadera forma de vida,

no menos real que la búsqueda de alimentos.

Pero el signo más ardiente del canto de los pájaros

es reconocer que la muerte está en la vida,

y escribir es esa vida.


Detonaciones.

Si el dolor hace que el cuerpo se convierta en llama fría.

Si las cicatrices son los fotonegativos de las decisiones adecuadas.

Escribir página tras página al fabricante del dolor.

Asistí al baile de la vida de los fabricantes de bombas.

Mantones de hierba blanca, desperdicio y furia.

La tierra nos escupe los dientes.


Gigantes colibríes mecánicos se pelean por todo el azúcar.

Los gringos le quitan una costra a los campesinos en los cañaverales.

La modernidad es una fábrica de óxido de dolor.

El duro-blando binario de obedecer o doler.

Los bots en la web hacen la guerra aún más dura a nuestros cuerpos como insectos.

Y estamos en la casa del dolor.


Dejad nuestras lanzas, que todos los caballos dormidos juntos del Quijote,

a vuestro salvajismo, sois la sombra.

Fantasmas, cócteles, luz de la luna para leer en todas partes,

no bibliotecas del cuerpo, sino del alma.


Guerra la noche, espectáculo el día,

espectáculo los violines del dolor en Ucrania,

los escombros que el niño entierra en la sangre y los corazones rotos.

Las señales rojas de alto son tumbas en el aire,

y tu cabello ennegrecido.


Paren la guerra, dicen los poetas.

Y ningún político lee poesía.


Jardines sacrificados.

El dictador de la injusticia, para crear un santuario,

presume del dolor que es capaz de dar a otros.

Tranquilo él… no puede reflexionar adecuadamente

sobre temas como la belleza, la ciencia, la compasión y la gracia.

Este dictador no puede. Solo alardea de su poder de causar dolor

a los hombres de mente libre.


Si la verdadera medida de la grandeza es la productividad póstuma,

como sugirió Goethe,

el estatus del profesor está asegurado en su literatura.

Escritor, en gran medida, en respuesta

a los temas candentes de su tiempo.


La palabra "historia" proviene de un antiguo verbo griego que significa “preguntar”.

Aquel que pregunta sobre las cosas—

sobre sus dimensiones, peso, ubicación, estados de ánimo, nombres, olor, color—

es un historiador.

Pero la pregunta no es ociosa.


Es cuando estás preguntando sobre algo

que te das cuenta de que tú mismo lo has sobrevivido,

por lo que debes llevarlo,

o convertirlo en una cosa que se lleva a sí misma.


Supuestamente el hombre considera que lo peor ha quedado atrás.

Aun así, nos afligimos ante el devenir,

deteniéndonos como una roca sin cabeza en nuestra propia casa,

esperando recordar exactamente qué es

lo que se supone que debemos ser

y hacer para nuestro tiempo.


¿Qué se supone que debemos hacer exactamente?

Escribir una carta al mundo, como hijos de él.

Estamos escribiendo con el sindicato que se desvanece hacia el futuro.

El poeta es lo que ha vivido:

ya se ha deformado en un sueño febril,

los contornos de su mente dentro de la más dura vida.



120. Sueño febril


¿Y qué se supone que debemos hacer exactamente?

Escribir una carta al mundo y esperar que éste te responda.

Estamos escribiendo en el momento mismo en que todo significado se desvanece,

nuestras palabras, agua arrastrada por el parabrisas.


El diagnóstico del poeta es que lo que hemos vivido

ya se ha deformado en un sueño febril,

los contornos de nuestra forma despojados de la mente.


Para rendir cuentas, debemos rendir cuentas a nuestra memoria:

no lo que se dijo, sino lo que quiso decir;

no el hecho, sino lo que se sintió;

lo que se sabía, incluso sin nombre.


Nuestra mayor prueba será nuestro testimonio.

Este es un mensaje en la botella del tiempo.

Es un mensaje que no se detiene.

Este pedazo de texto está despierto para hablar de esos postres en mi memoria.


Perdón por no haber encontrado el camino a casa…

Lo siento: este pedazo de texto es una cápsula que me ajusta cuentas…

Un repositorio de esta noche de lluvia

en donde la ciudad me recuerda sus demonios…

Perdón por no estar en nuestros refugios y esperanzas;

aquí está una luz que reconozco en todas mis imperfecciones

para decirte: lo siento mucho…


Como dijo el poeta que nunca fue…

asegurarse de mantener a sí mismo y a los demás

en la conciencia de nuestro tiempo.


Con cariño,

el carpintero.


Hasta ese café que nunca fue…


Somos lo que pasa desapercibido

y está en la raíz misma de nosotros mismos.


La distancia puede distorsionar nuestro sentido más profundo de lo que somos,

dejarnos deformados y esparcidos como el viento del verano en una tormenta violenta.


No caminaremos de lo que hemos soportado sin arte.

Lo guardaremos por un tiempo,

siéntate en silencio y balanceándote en las ramas del poema

como un niño que se niega a volver a casa.


Nos quedaríamos llorando,

sabiendo cómo volveríamos a renunciar a nuestro mundo

por este nuevo sueño del arte de vivir la poesía. 



121. Subidas de adrenalina


Al releer “Libertad bajo palabra” de Paz, sigo descubriendo habitaciones tras puertas nuevas que nunca antes había notado. Lector y texto cambian y maduran al escucharse mutuamente, con sus vidas en medio del flujo del tiempo. ¿Qué sucede con quien no posee nada, salvo un libro en la mano? Cualquier individuo puede, con una alta cuota de realidad, convertirse en su propio escritor; no hay allí otro lugar que el mundo que conoce. Son las letras más vivas las que permiten sobrevivir en la página más privada del autor. Para la mayoría de los lectores, su memoria en las letras es su huella digital: su pulgar sostiene un universo propio, y la fluidez de preguntas que brotan en el texto supera todo temor a su época. Al leer, somos creadores de mundos vívidos.


Las letras convierten la literatura en destellos de realidades posibles, nunca delineadas por completo, aunque esos mundos existan incluso cuando ningún lector los contempla. Los flagelos del mundo no son demonios, sino el ruido de la intolerancia y la dureza de la crueldad humana. Frente a ello, la literatura administra subidas de adrenalina y exilia al hombre dentro de eventos que rara vez dejan de sorprenderle. El heroísmo propio de la literatura consiste en sobrevivir al fracaso y en fracasar de la mejor manera.




122. Páginas con café


En la otra orilla de nuestra vida

algunos días las cadenas son pesadas;

las letras me dan espacio para pensar,

lo haré libre, como carpintero,

y en la hora más oscura brilla tu voz.


He sido atrapado en tu mirada:

no te preocupes por hablar a las 3:45 a.m.;

soy del alba, persiguiendo hormigas en las letras,

el que se escapa y agita versos y prosas.

Necesito un momento para ordenar

estas páginas con café del alba.


Porque soy rico entre amigos y libros.

Soy madrugador; perdóname hoy,

porque escribo con la certeza de que la verdad,

la poesía y la ingeniería son el arte de pensar.


Las flores silvestres no están celosas del árbol;

solo son cuidadas para que respiren libres,

no se preocupan por las espinas de la vida

tras las promesas de escribir.

Un libro fuera la nave en el mundo:

las flores silvestres y el libro bailan libres

para decirle al mundo que tu hijo purhépecha escribe sin ataduras.


Papá, puedes separarme pétalo a pétalo;

papá, puedes juzgarme página a página,

pero al final sostendré las semillas de tu fe

y tú sostendrás el amor por salir de la pobreza.

Sí, tu empresa… solo que ahora será en verso y prosa.


Un caminante prodigioso,

un solitario escritor por el campo con su cuaderno de bolsillo,

realmente no encaja en acto de sometimiento.

Como poeta campesino, reconoce la injusticia como algo vivo.

Como gitano de la literatura, identifica en criaturas literarias

la rebeldía necesaria de esta época.


He estado entre libros pensando

en cómo las letras se transforman en algo,

en por qué perduran a través del tiempo,

a veces equivocándonos al querer hacerlas significar.

Particularmente, resulta sorprendente

que aparezcas en cada detalle.

Dijo Aristóteles que no se puede amar sin inspiración.

¿Se puede hallar otro sentido de lo real?


Hay tanto que decir en poesía

sobre la fantasía de encontrarte.

Los detalles no son lo que parecen:

son transparentes, vienen del mundo antiguo y de tu futuro.

Esas reflexiones podrían ser tema de la filosofía.

Quizá llegó el momento de hablar:

albergamos una sensación inexpresada

pero compartida y especial.

Nos comunicamos con minúsculos gestos finos.

Los amores singulares y duraderos

se forjan en lo imposible.

Ese sentimiento une vidas

que serán epifanías al caminar por el mundo;

es la emoción que ennoblece y realza tu mirada.


La infancia en las letras es el instante más intenso de nuestras vidas.

Poco hay que agregar cuando eso sucede:

resaltar el infinito leyendo libros nuevos,

seremos más jóvenes en la frontera del conocimiento.

En nuestra memoria seremos un extraño alborozado

que pronuncia palabras de amor en aquellas páginas.

Se estancan si no alimentamos nuevas literaturas…

Madura la infancia en escritura,

conectada con creadores de todos los tiempos,

letras que cruzan la madera del papel,

convencido de que la sangre que corría en ellas

se ha mudado a este tiempo.








123. Un arte vertical


Dejé memoria en cada pieza de texto. Escondí la mirada de su luz en letras. La conocí en los poemas de Yeats, con brisa ligera de lluvia, abejas bailando en el paisaje, con un rayo de sol encontrando su espejo. Ella yacía allí, en su bosque de incertidumbre. Escondí en la brisa una lágrima atormentada por el invierno pasado, calidez para sus días de tristeza. La naturaleza del enigma de la letra como amor secreto, de esas poesías que esperan por sus noches de luna de plata.


Amor repentino y dulce; su rostro floreció como verde verano. Ella escucha mi voz silenciosa en las letras que evocan la existencia que no tiene límites. Saber que nunca una mirada así... Mi corazón ha dejado su hogar de resurrección y no puede volver más. Se fue con ella. No logro escribir esa frase que pueda borrar, en la vida, sus miedos. Escribir palabras perfectas, hacerlas fluir como deberían. Deben sonar particularmente con la calidez de un extraño. De camino a ningún lado, escribo con letras pintadas en capas, como cuadros de otros artistas. Mis páginas de acuarelas de letras deben sangrar vida, hacer de la soledad física una compañía cálida. Pueden decir que deseo valiente en tantas metáforas como las necesitamos. Pueden ser fluido para tiempos, momentos para extrañarte. Recogerán esta fría brisa en mi ventana; harán pensar en el Quijote, y que sus aventuras sean un triunfo para ti. Regarán momentos tranquilos en este mundo ruidoso.

Las letras logran hacerte sentir que, al leerlas, estoy sentado a tu lado. Así que esperaré a que se ponga el sol para volver a escribir y entrar en tu existencia. Podemos sentarnos a mirar estrellas y escuchar el viento transparente de tu feminidad. Le hablé a los dioses, de fe, de deseo: de encontrar la poesía que renueve su alegría.



124. ¿Por qué siempre parece leer mi mente señales, en las puertas que permanecen cerradas?


El primer paso, supongo, es que no escribo para olvidarte, sino más bien para recordarme por qué te necesito. Si acaso no tengo suficientes libros de la fortuna o estrellas fugaces para tranquilizarme. Las luces brillaban después de ver tus ojos de cerca; nunca oscurecía así la noche. Duermo poco, escribo para estar vivo. Me dedico a cuidar mi jardín, el de mi humilde casa, y salgo al bosque a caminar muy seguido. Algo así son mis días, y te lo comparto con mucho cariño…


Estoy luchando entre los pensamientos del destino y lo que está delante de mí. Mi corazón está dividido entre los dos, y aunque no sé lo que el futuro tiene preparado, espero que el camino haya sido escrito en letra inmortal. Nuestra historia comenzó entre miradas, una que no se desmoronaría ni se agrietaría bajo el estrés. Me niego a dejar mi alegría de pensar en ti. Porque si alguna vez te vas, no sabría qué hacer. Esperar el pasado ya no es una opción. Eso era todo lo que sabía, hasta que apareciste ante mí. Y te mentiría si te dijera que todavía no pienso en ese tiempo de antes… pero solo para compararlo con mi felicidad ahora, y cómo desearía haberte encontrado antes.

Recuerdo que me dijiste que los pájaros te daban esperanza. Ahora entiendo que no podías soportar permanecer en el mismo lugar por mucho tiempo. ¿Cómo crees que puedes capturar tu verdadero potencial, cuando hablas como si tus pasiones fueran imposibles? Y rezo ante los dioses para que todos los poemas revelen un poco más de ti. No me entierres profundamente dentro de tu pasado, porque ya está lleno de caos y color. Permíteme ser uno de los buenos pensamientos que despiden tu noche, justo antes de que tu almohada susurre tus pasiones.


125. Poema libre


Tan empeñado y condenado a llamarte libre viento, que mi corazón arde en 26 latidos por no ser capaz de capturar completamente el aura que te das. Tú eres la que quiero encantar con mi escritura, porque sabía que las palabras promedio no funcionarían contigo. Era notable… y anhelaba el tipo espontáneo de poesía que tenían los escritores desafiantes, los que solo residen en los libros clásicos.

Ruego que nuestra historia no termine, que lo que escribí sea nuestro hogar.

Solo deseo una historia de albas ardientes, de libros y noches de café, música y literatura rebelde. He saltado de literatura en literatura toda mi vida para llegar a ti. La estabilidad para mí ha sido inexistente, pero tengo la esperanza de que usted podría ser mi hogar, mientras yo —en el acantilado de sus raíces— siembre poesía.


¿Alguna vez has considerado la forma en que tu persona vive en mi letra?

¿Alguna vez has presenciado mi alma en tus ojos, de este modo?

¿O reconociste la mía la primera vez que hablé contigo entre letras?

Espero que tu búsqueda haya terminado conmigo.

Ruego que comencemos nuestro viaje de poemas, justo por el desafío de la existencia en un mundo vacío de todo lo verdaderamente arte.


La verdad.

Mis manuscritos sostienen la verdad de todas las palabras que tenían demasiado tiempo por nacer. El poema está tomando riesgos; pasa por su llama, una que no se puede apagar.

Su llama solo sabe cómo convertir la vida de cenizas en emocionante poesía.

Ahí estabas: una chispa de interés que encontró una manera de evolucionar en un deseo ardiente.

Aquí estás ahora, mirando sus llamas del otro lado de un puente quemado, tratando de darle sentido a cómo todo llegó a ser.

La cosa es que los incendios no permanecen vivos, porque una vez… las cenizas serán olvido.

Sin alimento de nuevos árboles, las letras se convertirán en mudas.

El poema es una chispa, en lugar de un incendio salvaje:

es deleitarse con todo lo que el corazón tiene que ofrecer.


¿A dónde viajas cuando lees mis letras?

Despierto cada noche a escribir. Estoy despierto, porque si cierro los ojos, mi mente empieza a volar hacia un lugar oscuro donde solo tu luz me salva.

Aquí, en este lado de la ventana al aire que anuncia el alba,

respiro el futuro en ecuaciones y disertaciones, entre libros favoritos,

y por un instante vuelvo a sentirte en el valor de las palabras,

que —de tanto sufrir la vida mediocre de tantos—

he aprendido a vivir en el límite de su posibilidad.


125.a. Después de conocerte


Cada día

escribo para ser.

Levanto argumentos

y metáforas como significados

que ayuden a no extraviarnos.


La ciudad construye caminos

para perder a todo el mundo,

escribir es

para que nos encontremos.


Pero hay batallas más allá de este vacío:

ser mejor humano,

más allá de los libros.

Soy la probabilidad que nunca gana

más que poemas

que nadie lee.


Trato de ser quien soy

escribiendo.


Soy el carpintero

en el borde de las líneas,

el que mantiene tus ojos despiertos

entre páginas,

para que no pierdas

las líneas estéticas

que irrumpen en tu hogar.


Uno pensaría

que la musicalidad está en el verso,

pero es ese océano diferente

al que solíamos visitar.


Tal vez,

porque es verano

y yo solo conozco el invierno

que presagia tu primavera.


Hoy, después de tantas letras,

escucho las cosas

de manera diferente:

el viento suena más solo.


Me gustaría pensar

que si estuvieras aquí,

la metáfora brillaría

en el brillo de tu mirada,

justo en medio

de la neblina más densa

de las horas difíciles.


Te extraño

antes de que te vayas

de estas letras,

sabiendo que hay un espacio sin ti

a mi lado.


Un lugar

en el que nunca quiero

sentirme demasiado cómodo.

No si se trata

de escribir piezas de texto

que solo quisieron ser

el cobijo de tus sueños.


Mientras cada palabra

escapa de tu boca,

en mi corazón

aparecen destellos de esperanza.


Te miré a los ojos,

me perdí en lo que eres.

Conocías el misterio.

Terminamos amando

el momento

más que los recuerdos.


No recuerdo un silencio

como este,

que se apodera del pensamiento.


Cuando quiero escribir sobre la dicha,

pienso en ti.

Cuando quiero escribir sobre la tranquilidad,

pienso en ti.

Cuando escribo sobre la belleza del mundo,

mi mente va solo hacia ti.


Mi vida antes que tú

era antes de que los poemas

fueran escritos.

Antes de que el cielo

permaneciera claro.

Antes de que una sonrisa

viviera en la memoria.


Mi vida después de conocerte

es un nuevo capítulo

en el que me deleito,

tomando todo lo bueno

porque nunca había

experimentado algo así.


Mi vida después de conocerte

es una súplica:

no olvidarte

nunca…


126. Un acto de resistencia poética


Sosteniendo mi respiración en medio de una frase, quito la respiración para pertenecer al poema libre. El destino es una calle de dos vías, y sigo a la deriva en el otro carril, soplando a través de las señales de símbolos en el camino. Debo estar rechazando todas las páginas equivocadas. Debo estar saliendo de la misma biblioteca con las manos llenas, dejando una nota con letras manchadas de esperanza. Si está destinado que el escritor sea, va a suceder; pero me gustaría que no tardara tanto tiempo para esperar y ver si se convertirá en algo que nunca iba a ser.


Para oír las campanas del viento de una tarde de lluvia. Siempre presente, me aferraba al recuerdo cuando cerró los ojos al sol mientras la sostenía cerca de mí. La suavidad de un parpadeo se siente en los momentos en que las lágrimas se secan en la escritura de estas letras. Todavía puedo ver los destellos en el agua y sentir el sol en la mitad de mi cara. A veces abro los ojos cuando escribo, para ver si están tus besos en mí como yo en ti.


Te quiero en todos los tonos de los que soy, en veinticuatro latidos del corazón. Todo lo bueno y todo lo malo de este mundo aguardan en estas paredes de libros. Ojalá pudiera escribir el poema perfecto. Poder revivir que me toques en tus metáforas de risas locas. Mis letras son un fuego; tú eliges dentro del reflejo. Vamos a crear la poesía más nuestra.


Ella enciende mis versos. Ni la más poderosa oscuridad puede borrar su luz. Un nudo lo une todo. ¿Cómo está nuestro nudo ahora? Y tu estrella respondió: más fuerte que nunca. Tienes tanta poesía para hacer firme el tiempo de la conciencia en su encuentro con la pasión de la ciencia. Recoges luz de tu estrella, y en los pliegues de tus manos aterrizan seguros los latidos nítidos de mi corazón. Tengo la esperanza de que los poemas te duren toda la vida. Has puesto mucho color en mi mente, y te escribiré cada día, siempre contando los días hasta volver a ver. Con tu atenta lectura, fueron las únicas veces que me sentí como mi verdadero yo.


Recuerda que el vínculo que compartimos es exquisitamente genuino e indudablemente natural; nuestra poesía pudo haberse gestado en un tiempo difícil. Escribo cada tarde, soñando despierto sobre lo que podemos hacer justo en este acantilado. Tengo que admitir que los versos se han convertido en una parte importante de mí; fue un momento liberador, pero inolvidable. Lo volvería a vivir en todas las vidas, de todas maneras, solo para tener este motivo de escribirte frente a esta ventana. Llévame a los lugares que nunca he visto con tus ojos y cuéntame las historias del café por donde caminas, más historias de las que la hierba silvestre podría contar o dibujar. La vida tiende a lanzarnos piedras, pero tu bondad y tu fuerza, de alguna manera, convierten esas piedras en palabras de perseverancia. Somos. Necesitamos crear nuestra poesía justo en el precipicio donde se encuentra tu cariño en el acantilado.


126.a. Entre el deseo y la lucidez


Las letras son metas en la vida: crear el tipo de poesía que siempre había encontrado en nuestro juego de miradas. Pero me estás mirando como si estuviera hecho de vidrio, siendo testigo de todo lo que soy. Conociendo mis letras más íntimas y lo que puedo llegar a escribir. En lugar de lo que otros pueden conspirar en contra, tú susurras tras la realidad y abres puertas a vientos de poesía frescos y rebeldes.


Hay algo tan dulce en la forma en que suena tu voz. Me recuerdas a una época en la que la felicidad era un rincón íntimo de lectura de la más atrevida poesía. Pero estoy aquí, asombrado por la forma en que me haces sentir con las vibraciones de tu voz. Me dijeron que dejaría de sentirte con el tiempo. Pero aquí estoy, emocionado por cada nuevo día que puedo estar contigo entre letras.


A lo largo de escribir, veinticuatro latidos de corazón. Con música, pero al ritmo de una poesía por nacer. Dicen que la soledad alimenta el mundo, pero creo que lo que realmente consigue es algo especial, y al final, es lo único que te queda. Con la última gota de tinta invisible, en donde no cabe más verso ni pena, esa lágrima que se escapó de madrugada encuentra desahogo. Nace un poema de la imagen que reflejabas en mis ojos. La poesía es nuestro escondite en estos días. Lo sé porque te cuido.


En medio del camino de escribir, de la vida, es allí donde la realidad nos pregunta qué debemos poner primero. Sopesar palabras que definan sentidos a nuestra existencia. En medio del camino. Escribiendo. Gatos curiosos escondidos detrás de la nube cuántica. La nueva página no es más fácil que la anterior. Así son las cosas. Esto pasa una y otra vez cuando estoy en medio de todo, en la escritura de frases. Hay palabras que insisten en la mente ser escritas, tratando de traducir una grieta de significado en una gran aventura del pensamiento.


Esta noche prodigiosa de letras, hay que superar la banalidad sentimental, hay que crear una poesía, una ciencia o una filosofía que se aleje del garabato y del inodoro de al burocracia. Debemos replantear la imaginación por caminos peligrosos, por frases que inviten a senderos que nadie más ha caminado antes. Ser un niño valiente al dejar de ser estúpido adulto dogmático. Un manuscrito. Borrador asombroso. Maestro de mis errores y no más espectador de mis juicios, cuya belleza es el atrevimiento literario de desnudar mis justificaciones.


El contrato de crear literatura no es más que un compromiso interno. Todo su principio es compartir el pensamiento, aunque ningún lector llegue a existir para estas letras. Aunque nunca haya dinero en el horizonte… la poesía, o la ciencia, es un alimento que conspira vida.


127. Metáfora que muere sabiendo el camino


Escribirte, para tener el pasado empacado en la ventana de mi mente, un recordatorio de que algunas cosas en la vida son excusas para llamar, mirar a través de nuevos encuentros en imágenes y llevarte conmigo. Al pie de la letra, la poesía me dijo un día: “Te voy a rescatar justo en tu último invierno”. Deséame en formato de papel, para que me toques cada página y saborees cada letra con tu mirada en el alba.


No escribió lo que le decían, sino lo que debía, llorando la muerte de cada momento. Las letras son lo que somos, en el mismo acto que nos cambia. El teclado es la voz tartamuda en el éxtasis de imaginar y sentir. Lo espontáneo en medio de la soledad. Nos cambia. Por dentro surgen las palabras. Traen vientos de rebeldía y caminos de esperanza. Es la voz. 


Reconocemos nuestro poema, a menudo, en la sencillez de su breve instante poético.

La primera palabra reflexionará a un oyente que cambia. Flotando en el viento del invierno. Pero la frase: mundos que revelan. Verso tan ajeno. Respirar frente a la ventana, emocionado. Pensar al modo de poesía, ritmo que me sedujo y me conmovió especialmente, cada fibra de existencia.

Por un instante, la ciencia se enredó con la matemática y fui capaz de sentir al efusivo pensador en esas voces a las que se unió.

Campos de batalla dibujando palabras. Asistí a mi ruina de no ser leído, la recreación de nuevas voces en letras. Rindo homenaje al grueso corazón de madera.

Puedo escribir mi propia vida muriendo en el punto final. Conmigo, la metáfora muere sabiendo el camino.


En las vueltas del mundo, en esas noches en que no llego a dormir por estar escribiendo en la ventana. De lo que era capaz: la poesía de origen desconocido.

Los escritores muertos vienen, porque ese fuego arrebatado por los dictadores los levantó.

Las letras podrían mirarte a los ojos. Te contarían de los pájaros carpinteros en el bosque. Tiemblan dentro de mí las alas de poemas no logrados. Pero los que se te permiten mirar, están aquí, para tu vida.


Esa foto de un pueblo que extraño...

Ponle tu historia y caminemos contigo.

Fotografía de sueños, consultando un viejo reloj.

Verme abrir la puerta del tiempo que se fue.

Soy un pobre al que desprecian en su inmenso coraje por escribir.

Invisible amanecer dejó fluir la música que no necesita ser explicada.


Mensaje fue: me falta por amar todo aquello por lo que un poco de luz surge sin olvido.

¿Tendrás coraje para las letras que te llaman a hacer lo imposible?

Escribe en tu libro de honor las virtudes de tus días.

Vive por pensamiento y afecto, no mueras jamás en el olvido.


128. Todo este dolor


Cielo nocturno, café y melancolía por los caídos.

La noche suma las tragedias de tantos inesperados que han partido.

Tengo un oficio, a saber: escribo para sentir respeto por mí.


Me temo que son tiempos de quienes niegan cambiar sus vidas,

que hacen alarde de su habilidad innata para equivocarse.

La nada está hecha a esta medida.

El tiempo se nos cae encima.

Cavan los políticos nuestra desgracia;

los científicos, a golpe de diseños experimentales audaces, piden ser escuchados;

los profesores son testigos de una juventud desamparada;

los poetas soportan el peso de todo este dolor.

Quieren que las letras de luz suban a la oscuridad del cielo.


En pedazos me rompió.

Un momento en la escritura que se ajusta a esa página 

tatuada hace muchos años: su memoria.

Casi como un poema debajo de la piel,

del que nace lo verdadero de la vida.

Al leerlo con el paso del tiempo, la melancolía brota,

haciendo pedazos el alma.

El alma rota en versos se parece al frío de una noche de lluvia invernal.

Tal vez los pedazos son lo que Borges escribió:

“Inexorable sol de Dios, la verdad, mostró su fuego.”


La contingencia de la vida y de la escritura.

Es Milton: las letras del tiempo.

Haber leído el poema causó que los sentimientos latieran en la página resucitada.

Epicentro de emociones. Energía de poesía surrealista.

Letras asociadas a la conexión con un terrible dolor.

El ritmo de aquel poema hizo sentir cómo se desgarraba el alma.

Aquel momento hizo fluir un cadáver literario.

Leer en mis manos sobre este papel amarillo reflejó en lo que temía convertirme.

Trozos de tiempo regados en letra.

Eso, así es.

Aquí estoy, en el terreno de su misterio.


Escribir para renovar la existencia me ha salvado

de los pedazos que aún se sujetan al músculo de la poesía.

Escribo para los que están en los márgenes,

los invisibles,

sí, la disidencia de contracultura.

Al final de las calles desiertas,

aquella imagen —los más pobres entre los pobres—

versaba en la relación final de los días de heridas letales.


Hacía tiempo.

El modo intimísimo de escribir sobre el mundo.

Narrar los sueños hechos pedazos.

Poesía como memoria.

Presencia.

Símbolo libre de métrica.

Compromiso con el mundo,

en el balance intelectual donde los hombres juzgan su tiempo.


Hannah Arendt solía llamar “Hombres en tiempos de oscuridad”.

Actos de un pensamiento que nace de la ruptura con los manipuladores.

El motivo supremo de la literatura: comprender.

Revelar el fondo del hombre moderno.


Siente las letras al escribir:

las cenizas de lo invisible

y las promesas de verdades eternas de los poderosos.


Meditaciones en los estrechos días de la fuerza que crea al poema.

Para hacer de la palabra fugaz la memoria,

y del dolor conmovedor,

estas líneas de transformación:

la metáfora de los límites de estar hechos pedazos

vuelve accesible el momento para los años por venir.


Las voces de la tribu en el poema.

Escribir hasta el alba.

Pensando en ti.

Gritaba por mí: “No me dejes si sabes que estoy vivo.”

Es inútil vivir siendo, por tu ausencia, la mitad de un hombre.

Aunque pueda vivir como hombre,

necesito sentirme nervioso de que me lees:

los suspiros y las batallas del pensamiento.

Después de escribir, se engrandece beber el fruto de tu existencia.


129. Letras de pulmones cansados del humo del rumor 


En mis letras preguntaron: ¿dónde está todo el asunto de fondo? Pues son palabras con el color que ha sufrido la tierra estéril. Una cosa más viva que el relámpago de la rebeldía, el suspiro del coraje y el oleaje de lo que vendrá. Poesía con ojos de pensamientos, llantos... Lo humano entró solo para lograr claridad liberadora a los que robaron su voluntad en el abismo de un mundo en contra. ¡Confiar en la literatura!: es el único amigo de todos los tiempos, el que traerá coraje y dignidad a la vida.


La incertidumbre lo pinta todo, nos acaba desgastando. Un espacio donde cada sentimiento se hace sendero, como laberinto donde no se puede volar. En esta pieza de texto están guardadas las horas que he hablado. Siempre he sido de escribir desde la ventana y acariciar el frío de la noche. Las frases no logradas nunca me han molestado: siempre he sentido que crear es una manera de librarse de la incertidumbre. Ese aire adverso que nos conspira, que poco a poco tiene el poder de distraernos hasta no saber quiénes somos. La inercia de la incertidumbre se hace pequeña dentro del espacio creativo de la literatura. Lo que duele, lo que no se entiende, se resuelve escribiendo.


Ahora, el retorno a las letras.

El gato de Schrödinger duerme sobre los libros,

y el único modo que tiene la poesía de volver a volar

es dejarse caer desde las alturas a estas páginas.


Dicen que la escritura alimenta el mundo exterior de nuestra persona,

y al final, es lo único que nos queda:

eso. Así sucede. Eso es un misterio, así.


130. Un cariño discreto


Tú, forma silenciosa, perspicaz dentro del pensamiento.

Sí, la poesía es una especie de hogar que anhela asumir un ser final;

es la forma que orquesta la transformación deseada.

T. S. Eliot pone este asunto así:

solo por la forma, el patrón de metáforas puede, con las palabras, alcanzar a provocar el deleite de imágenes que hacen soportable la realidad.


El escritor, como poseedor de una sensación similar a la del canto

de las sirenas que se alejan,

crea piezas únicas de texto.

Nuestra propia defensa se basa en la poesía como una forma única de saber lo humano,

en la forma poética que permite ese conocimiento a través de la lectura como experiencia de vida.


Nada puede complacer permanentemente lo real, que no contiene en sí mismo la razón por la cual es así y no de otra manera,

como lo crean lo literario y la propia matemática en su infinita posibilidad.


Cualquiera puede responder a la descripción de la técnica,

pero solo él mismo, como cosa mortal, deletrea —llorando y riendo—

lo que hace de él cuando la literatura lo reinventa a sí mismo.


La poesía manifiesta su presencia en detalles locales,

relacionados con asuntos como la alusión de la existencia,

y también se revela en la relación con la forma erótica de sentir la vida.

—Pasos de café, un sabor que apunta a ti.


Sentir que toda la realidad se desgarraba sin ti,

dejando fluir las preguntas en medio de las páginas,

suponía la apertura al espacio del deseo de nuevas historias.


Creo que nuestra fragilidad, cuando se lee dentro de un libro, me ha salvado la vida.

Pero esas letras fueron otros días,

ese libro desnudo en el que sentimos el corazón adentro.


Debería haber sido el primero en colocar cierta distancia para que no doliera de repente,

pero no fue así:

leer sin equipaje de mano los suficientes poemas para dormir hambriento de vida,

sentado en el vientre de mi soledad,

mientras las migajas que dejaron atrás

se perciben como los deseos del mundo.


131. Nuestra vida


Tiempo

Segundo 

Año 

Día

Hora

Minuto 


Sin duda, uno sería perdonado por afirmar reconocer cómo estos sustantivos se encuentran en lo más alto de nuestra conciencia. Es una consecuencia de la abrumadora importancia que el tiempo juega en nuestras vidas. Cuando pedimos tiempo, hablamos de ahorrar tiempo, cumplir una jornada, mantener el tiempo dentro del plan de nuestra vida. Irónicamente, aunque el tiempo es uno de los sustantivos más comunes, no hay consenso sobre cómo debe definirse.


¿Qué es el tiempo? ¿Y cómo invertir nuestro tiempo en el aprendizaje y el placer?

¿Es el tiempo eterno, un momento, o una dimensión en toda su regla?

Solo podemos viajar en una sola dirección en el tiempo, e incluso podemos preguntarnos si el tiempo existe en absoluto o si es solo una invención de nuestro cerebro.

¿Es el futuro un camino abierto o reordenado por el pasado?


Entonces, agita el sentimiento infinito. Así se sintió en soledad.

Una verdad que, a través de nuestro ser, se derrite y purifica de sí misma;

es un tono, el alma y la fuente de las letras,

que da a conocer la armonía eterna de inspirarme en tu alma.

Encuentro con la letra a nuestras mentes listas para la comunión.

Escribo, escribo este placer: puede ser el amor que bebe al otro como una esponja bebe el agua.


Somos en esa hora, tocándonos las manos.

Cada mirada de ti en mis letras recordará dónde vivo.

Vivo aquí y aquí, dondequiera que mires,

como si un aliento se pasara en el ritmo de los versos.

El teclado está perdido en la creación de pequeñas victorias.

Para dejar de buscar pasiones en todos los lugares equivocados

y tomar un poema del aire,

de la manera en que Octavio Paz dijo que pensó el universo:

como una invitación al erotismo en la música, las letras, la comida, la matemática…

alimentados por manantiales,

hasta que cada uno de nosotros, en aquellos días,

alguna parte de nuestro corazón se reinvente.


No es lo que sabes lo que te mete en problemas.

Es lo que sabes con seguridad que no es así.

El pensamiento crítico no significa que menospreciemos todo;

significa que tratamos de distinguir entre las afirmaciones con evidencia y las que no la tienen.


132. Respiro


Lo que pasó, sucedió en el vértice de la mínima probabilidad.

Así que ahora es mejor que esté en la memoria,

como un poema que cortó la piel sin romper:

fue cuña que levantó la membrana de la virtud,

de la exquisita poesía y la desnudez de la forma

en que nos empujó la existencia.


Ahora puedo sentir veinticuatro latidos de corazón.

El poema atraviesa la corteza que emite luz

desde esa pequeña biblioteca que fue nuestro refugio.

Y todavía tenemos café para acompañarnos.


¿Por qué un buen hombre hace su parte honesta en el ejercicio de pensar,

con el más estricto cuidado de ganar profundidad?

El arte lidia su posesión.

Cuando los errores se presentan al crear su camino original,

entonces puede la literatura impulsar alegremente,

y aumentar las reservas de verdad.

El conocimiento confía en la literatura.


He tenido yo mismo, a veces, algunos caprichos extraños,

pero nunca tanto impulso sentido como esto: la escritura.

Pronto se fatiga mi razonamiento,

en los bosques de teorías y poemas.

Éxtasis mentales nos llevan de página en página, de libro en libro.

Entonces, las noches en esta ventana de junio

toman las letras belleza incalculable, como vida…


Todos los gigantes de las letras descienden

y se abre brillante el teclado de estas albas.

Resiste dentro de mis piezas de texto,

se aferra a la estética:

las ideas mueven mi mundo.


El sufrimiento es un momento muy largo.

No podemos dividirlo por estaciones de afectos.

Solo podemos registrar sus estados de ánimo y hacer una crónica de su regreso.

Con nosotros, el tiempo mismo no progresa. Gira.

Parece girar en torno a un centro de dolor.


La inmovilidad paralizante de una vida,

en la que cada circunstancia está regulada según un patrón inmutable,

hace que leamos y bebamos café

mientras oramos para que cada día terrible sea muy corto.

Días con mínimos,

cuya esencia misma de la existencia es el cambio incesante.


Escribir al sembrar sobre los fresnos,

recolectores de libros que enhebran afectos,

sobre la hierba del huerto, blanqueada con metáforas rotas

sembradas por los caídos.

De esto no sabemos nada.

Y no podemos ser nada sin el arte.


Para nosotros, solo hay una estación:

la estación donde el sol se da la mano con la luna.

Afuera, el día puede ser azul y dorado,

pero la luz que se cuela a través del vidrio grueso

y los barrotes de la ventana

siempre es crepúsculo.


A la hora de lectura

—en la esfera del pensamiento, no menos que en la esfera del tiempo—

el movimiento ya no existe. 


Me sucede ahora,

me volverá a suceder.

Recuerden esto:

podrán los poemas

componer un poco del porqué escribo,

y, de esta manera, escribiéndome.


133. ¿Qué se construye con velas? Todo el día y toda la noche


Goethe llama a la ruta a través de un texto un “hilo rojo” que te arrastra hacia adelante.

Ahora que tus llamas han sido eliminadas, tendrás más tiempo,

de todas las cosas cambiantes.

En el baile triste más allá de nosotros.

A la melancolía agrietada.

Palabras solas en desiertos, leyendo antigua historia enredada.

La antigua edad de libros que, maduros, están muertos.

La tierra, nuestra errante misma, puede ser solo una palabra

en llamas repentinas,

en el espacio de un momento escuchado,

tropezar con el sueño sin fin.

Aprender de los hombres que crearon monumentos de literatura

es toda su verdad humana.

Y a sus labios, leyendo mis letras, cuentan tu historia.

Tus palabras, solo las palabras,

rompiendo este silencio con suspiros antes del amanecer.

Sueño, sueño, porque esto también es vivirte.


Un bosque sueña bajo el amanecer

y las grandes ramas que dejan caer la tranquilidad.

Aquí escribiremos en solitario

y pasearemos la imaginación,

murmurando lo lejos que están los días sin ti.

Crece una estrella en la noche.

Un meteorito del corazón ardiendo.

Tus alas que brillan,

y en tu voz, en los caminos,

en el resplandor de otra noche para soñarte.


El invierno es sobre las letras en hojas sueltas.

Vamos a estar juntos en la frontera solitaria de los poemas errantes.


134. Marx


La práctica política de hoy consiste en alimentar la intolerancia paranoica hacia los seguidores del adversario.


Cada época tiene su propio fascismo. El nuestro adopta la forma del negacionismo de los hechos científicos, y la posverdad deletrea la muerte de la democracia. El peligro de toda tiranía es que hace sentir justificable la polarización entre buenos y malos; desde luego, ellos se asumen como los buenos. Crean canciones patrióticas, reparten “la riqueza” y convierten a los dirigentes sindicales en policías de control sobre los propios trabajadores. El sueño de Marx de un paraíso se transforma en una pesadilla degenerada de tipo orwelliano. La pasividad se convierte en el culto más alto al nuevo fascismo.


El fascismo insistirá en que no tenemos la edad intelectual para razonar nuestro propio destino, y así justifica su papel de tutor sobre un ciudadano al que, según dice, hay que proteger de su propia necesidad de justicia. En este instante, estoy entre los muchos que sienten que la democracia vive su prueba más severa. ¿Por qué parece que la justicia social se desvanece en lugar de aclararse? ¿Por qué la democracia está hoy bajo asalto y en retirada? ¿Por qué tantas personas en el poder buscan socavar la confianza pública en las universidades? ¿Por qué se ha permitido el desarrollo de profundas divisiones sociales, sembrando odio y rituales peligrosos entre ricos y pobres, urbanos y rurales, aquellos con educación de posgrado y quienes no la tienen? ¿Por qué México ha abdicado, al menos temporalmente, de su liderazgo en la protección del medio ambiente? ¿Y por qué, en pleno siglo XXI, volvemos a hablar del fascismo?


Una razón, francamente, es el arte del engaño y la simulación. Si consideramos que las elecciones políticas en México son la nueva encarnación del fascismo —una herida del pasado que casi se había curado—, entonces regalar despensas o extorsionar a los trabajadores para conseguir votos es como arrancarse el vendaje y abrir nuevamente la costra del fascismo. Ahora el político es comediante de cine cínico, director de un coro de borregos que, por conveniencia, pisotean la dignidad de su país. Así, declaraciones y acciones se contradicen tan profundamente con los ideales democráticos, que destruir la reputación de las instituciones se ha vuelto el deporte de todos los nuevos fascistas, artistas de la simulación, sí, de la falsedad de la integridad nacional.


¿Dónde caíste y qué aprendiste? ¿Cuál es el sueño de leer tu propio camino hacia la larga vida, si al final debes hundirte en el arrecife de tu propia cobardía? Uno mismo es la brújula en ese mar, y la biblioteca es el mundo en el que caminamos; pensar, ver, oír o sentir no proviene sino de mí mismo en una red de efectos literarios. Allí me encontré más verdaderamente, y lo más extraño es sentir ese éxtasis al recitar líneas entre muchas obras de literatura.


El orden del juego del intelecto humano debe anular todo orden social y toda restricción. Al modo de Cervantes, debe enseñarnos a liberarnos. Y el cauteloso Sancho dice: “Tu gracia aprenderá la lección de la misma manera que yo soy turco”. El visionario Caballero no desea dejar de cambiar, y Sancho duda, a veces hasta el punto de querer abandonar la relación, pero no puede. En parte está fascinado por las alternativas de lo humano; pero, al final, está en manos del amor, como el Quijote, para actuar en la vida.


Amamos a Don Quijote porque confía en su propia libertad, y también en su reclusión y su desinterés. Y, finalmente, en sus propios límites: va más allá del exuberante desprecio por la seguridad de lo dado o la comodidad de los dogmas. Renueva el orden del juego triunfando sobre el lugar común. Cuando es derrotado, abandona el juego, vuelve a la cordura y “muere”. Miguel de Unamuno (1864–1936) dice que el Caballero busca su auténtico país, y solo lo encuentra en el exilio de su propia comodidad.


El heroísmo de cambiar nuestra persona como progreso ético es, quizá, la mayor enseñanza para el aburrido hombre moderno, que gesta su desarrollo defendiendo su cómoda y perezosa carga de ideas que considera eternas para sí. Cervantes bien invita a ser joven rebelde por siempre…


Don Quijote no es solo recorrer las locuras de un caballero: es entrar al combate de quien se atreve a soñar con otro mundo, aun sabiendo que será vencido. La libertad más profunda no es hacer lo que se quiere, sino cambiar por amor al ideal, y aceptar el exilio de la comodidad como forma de verdad. En cada caída que nos convierte, hay una promesa de renovación. Por eso el Quijote muere cuerdo, pero su locura continúa viva en todo lector que aún cree que la literatura no solo se lee: se vive.


135. Luz verdadera


Oh, buenas noches —el sol está muerto. Lo que soñamos se mueve a través de nuestra ventana de día: es un cadáver de noche. Ese día de sol no es el verdadero día hasta la escritura de poesía por la noche. La luz de ese día no es la luz verdadera, porque espera resucitar en su poesía. El sol está muerto.


Ahora que me enteré de esto, sé que el orden de la reflexión humana es un impulso antes de convertirse en el cadáver de nuestra memoria. El amor es la distancia entre tú y lo que amas en tu destino. Entonces verás el desfile de tus amores deseando vivir en poesía cuando el sol ha muerto. Sabiduría para quienes, en el espíritu de sus versos, anhelan que la tierra se renueve.


Esto nunca ha sido una cuestión de mi voluntad, sino de mi carácter o destino en la aleatoriedad del orden de mis libros. Un poeta crítico fuerte empieza por sí mismo, como un poeta fuerte: no tiene otra opción. Defender la estética es defender la poesía, pero esta es una defensa que, inicialmente, puede parecer un ataque al dogma como fin de la vida.


Todavía no estoy listo para volver a leer Libertad bajo palabra y necesariamente disfrutarla. Hay una persuasión en ella, una obra que no se sabe sin la compañía de personas en sus vidas compartidas. Nunca fue la vida tan estrecha y violenta. El único problema en la mente del escritor en los poemas es la posibilidad de reinventarse y jamás rendirse ante las palabras, que en su rebeldía pueden llevarnos al suicidio de lo más respetable del arte de la poesía.


El poeta que escribe después de la muerte del sol no busca una respuesta: busca una resurrección. Lo nocturno no es oscuridad, sino la condición para que lo visible se vuelva verdadero. La poesía no se rinde porque está hecha para desafiar los límites de lo soportable: el dogma, la soledad, incluso la belleza. Entre los restos del día y el fuego de los libros, la única fidelidad posible es a la palabra que aún puede abrir una grieta en el muro de la costumbre. A veces, no se trata de encontrar consuelo en la poesía, sino de habitar con dignidad su intemperie.


136. Naufragar


Esa “ventana” que aparece una y otra vez no es otra que el umbral entre la soledad y la compañía imaginada: un lugar donde el lenguaje insiste en tocar lo perdido. Solo quien ha amado hasta el temblor de las letras puede escribir con esta mezcla de ternura y destino. Porque cuando todo parece desvanecerse, aún nos queda un poema —y eso, a veces, basta para no naufragar.


Anoche, una vez más estaba escribiendo un ballet de letras. Iba a ser una imagen de tu forma de mirar el mundo. El escritor caminaba por senderos extraños, ahora envejecido y paralizado; pero, aunque su gramática es un naufragio, su espíritu —inspirado en las páginas de Borges, en el tráfico de versos— continúa entre letras. Eso es, así es: escribir como el logro más alto en la escala de la vida.


Las cosas que un ser humano debe aprender... no lograr esas frases ahora, sino jugar el papel del escritor imperfecto. Fue su propia vida puesta en un poema: busca la verdad a través de grietas sugeridas por la literatura. A toda la belleza que la vida y el amor pueden ofrecer. Entonces su amor por la mujer valiente, su defensa del trabajo atrevido de las letras. Ha inventado una notación más precisa, más específica, para escribir.


Que nuestro epitafio sea: en sufrimiento y pesadilla, me desperté por fin a mi propia escritura, esas noches hasta el alba. ¿La renovación de la tierra requiere nueva letra? Es cuestionable. Es un misterio.


Ella es la elegida del círculo de remolinos, emociones y pensamientos —puramente en singularidad. Para uno de nosotros, la letra está abierta en ese infinito blanco de la página. De un lado a otro flotan, por debajo y por encima, y se ejercitan a sí mismas nuestras pasiones.

Si tu vida lo aprovecha, que el poema no te falle, porque él —sin medida— ha causado, por nuestro placer, la memoria de nuestra existencia.


Y realmente no es mucho, cuando todo está hecho en letra. Lo que para nada está en la resistencia establecida. El algo de este mundo que solo tú eres todo. Cuando todo lo que he emprendido ha sido por mí perturbado, sacudido en el estilo de escribir: de terremoto, tempestad, ola, marca de volcán. Volver al tranquilo mar y tierra de tu hogar, y esas cosas humanas: de aire transparente, tierra de pinos y poesía.


La ventana está aquí. ¿Podría un espíritu así ser soles de corazón en lo alto de tu mirada?

Los propios poemas del cielo —¡ahí estás tú, saltando hacia mí desde esas piezas de texto!


Y tu mente solitaria, sobria, elegante, siempre volverá a mí desde tu voz. Cuando la almohada a mi lado está vacía de toda tu poesía, y has agotado el fino blanco de las sábanas.


De esa manera, cuando mires la luna esta noche, sentirás una palmada en tu hombro donde una vez estuve, con veintitrés latidos de corazón. Al principio siempre sentí que mi amor rebelde en las letras era un inconveniente para tu mundo. Pero tal vez el único inconveniente real fue que forzaba tu mano a sentir algo para lo que no estabas lista. Creo que podrás ser, corriendo el tiempo hacia mi tumba, la que me regala la vida más verdadera con toda tu presencia. Como un poema debajo de la piel que eventualmente tomó el control de la luz en la ventana, esperando la capacidad de adaptarse y vivir.


Un verso roto, negándose a volverse pasado remoto. Todos somos tres vidas:

la íntima,

la pública,

y la de nuestras lecturas lentas en la más bella literatura.


137. Es tu propio misterio…


Había estado escribiendo para soportar tanta cruda realidad. La letra se nutre de mi mente, de mi existencia imperfecta. Piezas de texto que se alientan de pensamientos, insatisfacciones, de mis penas, vergüenza y rebeldía. No podemos dejar de ser letra que exponga parte nuestra vida en la lucha, en tierras de grandes pensadores en medio de un mar de incertidumbre e ignorancia. Una noche conversando conmigo en la ventana frente al bosque dormido bajo la luna. Una luz que podía salvarme de la mudez y del silencio literario, dejo en voz de Harold Bloom: “la Epifanía de la letra es el mejor regalo de ser lector”. Uno es lo que imagina y lo que fue en cada gran batalla al escribir hasta el alba. Soy un fue y seré la esencia de estos manuscritos que leerán mis hijos, por ello jamás hago trampa o limito el esfuerzo por llegar más allá de mis errores e ingenuidades en lo complejo de la poesía o las maravilla de la ciencia. 



138. Es fácil caer


Anoche volví a tener ese sueño: el de que, a quemarropa, mi vida salía volando por un pasillo blanco. Y estoy muy enfadado conmigo mismo por no haberme apartado a tiempo de ese amor. Sé que ustedes (refiriéndose a mi cultura) no hablan de su dolor, simplemente se suicidan.


Otro momento impresionante: una vez, hablando de mis notas sueltas, alguien se refirió a mi sueño como mi lista de pendientes. ¿Y qué es el pasillo blanco de mi sueño? ¿Una estrecha lengua de tierra y luz? ¿Algo entre la vida y la muerte? ¿Una especie de cornisa? Una cornisa alta, lo suficientemente ancha como para que un pie o una mano pequeña se agarren, pero desde la que es fácil caer. ¿Una cornisa mortal si abandonas la mirada que llegó como refugio a tu vida?


Despierta esta noche. Escucha gritar las gotas de lluvia, sola, en el callejón de atrás.

¡Te voy a dar con esta poesía!

¡Te extraño!


Me puse a escribir en mi habitación oscura, hundiéndome en mi espuma de fresas rebeldes, y asentí con calma. Una libreta con líneas azules, que quizá haya vivido bajo nuestra terraza trasera durante años, hasta que hicimos reformas, vuelve una y otra vez a casa y cae ciegamente en el pozo de la ventana, donde queda atrapada la poesía. El crítico literario dice que la libreta está demasiado trastornada como para entender cómo no volver y caer en la misma trampa.


Últimamente he estado leyendo a un psicólogo junguiano ruso. Leí que el mayor miedo de los terapeutas es que su paciente se suicide. Tras leer eso —estúpidamente, porque ¿por qué leo sobre los miedos de los terapeutas?— empiezo cada sesión de escritura, la mía, con una advertencia:

No soy suicida, no se preocupen. Solo soy poeta.


Y luego hablo y hablo y hablo del suicidio de cada verso que no tiene oportunidad de ser repetido nunca más. En la terapia convencional, el paciente, o "cliente", avanza de A a B, y luego a C. Pero la idea junguiana es que podemos quedarnos en A todo el tiempo que queramos, y si nos quedamos allí el tiempo suficiente, B vendrá a buscarnos con alegría.


El año pasado, por la ciudad, el día de mi cumpleaños, al mediodía, un mezcal tiñó el cielo de azul, derribó el aroma de los árboles, rompió ventanas de rayos de luz y esparció conos de pensamientos. La libreta se quedó a salvo, atrapada en el hueco de nuestra ventana.


Ese día, hace muchos años, mi padre me pidió leer otra cosa que los textos monótonos de la escuela. Era la última vez que lo vería así, aunque no lo sabía. Lo hacía para hacerme feliz.


¿Por qué un libro blanco con título Libertad bajo palabra?

Simplemente me gusta su desafío a las palabras.


En la costa mexicana del Pacífico, vi a un niño y a su padre de pie en un camino de grava, mirando a un hombre con silla y mesa escribiendo. El niño cogió un puñado de piedrecitas y se las tiró al hombre en la silla. Su padre se rió y le rodeó los hombros con el brazo.

El principio y el fin.


—Entonces… ¿naciste? —pregunta mi psicólogo.

—Bueno, sí. Fui concebido escritor la noche del funeral de mi abuelo.


Mi madre decía: ¿Esa noche? Esa noche tu abuelo se iba a rendir… o a crear una nueva vida.


Así fue como llegué a ser escritor.

Mi madre había rezado durante seis años para que la economía mejorara.

¿Había considerado otras vías, además de leer y releer los libros favoritos? Era una broma cambiar el orden de los libros en la mesita.

Y cuando finalmente nací a las letras, creé migajas sin parar durante todo el primer año. Y mi padre dejó de hablar durante todo ese año. Estaba completamente callado, como un mimo, pero sin mímica. Olvidaba que yo había nacido a los libros.

Está en mis manos, ¿no lo ves?


A veces huía a casa a llorar en la mesa de la escritura, dejándome a mí gritando solo tras los barrotes de escritura.

Mi padre guardaba un silencio absoluto hacia mi oficio.

Era yo… o la muerte, al dejar de leer.

Y concebida la muerte y la desesperación.

Hablando de los inútiles.


Mi trabajo después de graduarme es escribir bloques de hormigón y algodón en medio de un campo de caña de azúcar. Mi trabajo consistía en madrugar —a las cinco de la mañana— y escuchar la radio, luego escribir en mi pequeña libreta y decir exactamente lo mismo: cuidado con la niebla del libro, hay que escapar en los cruces de los sesgos.


Quizás cambiaba una o dos palabras.

Añadía palabras al azar. Frases como: «mi pensamiento de tintes pálidos».

O decía: “hay que escribir para respirar otro día”.


139. Sentido con el paso del tiempo


Los días que juntos escribo y me lees en esta distancia.

Respiro dulce café, tocando el camino a través de una melodía destinada a ser un abrazo.

Si estás leyendo esto, han pasado horas desde entonces, y todo es demasiado.

Adivina qué: si el amor es solo química,

esas moléculas que marean, humeantes en estas letras,

silbando sin melodía,

pronto este día liberará mi sombra.


Tu mirada, endorfina enfriándose como vela de vidrio,

esposada al poema.


Has dejado de creer que hay más páginas cerradas.

Has dejado de creer… como para parar y esperar,

escuchando este duro sentimiento de tu ausencia.


Escribiré sobre tus flexores de cadera,

que están perfectamente hechos para cortar la luz de un rayo en el alba.


Me presento en letra.

Escucha, cariño.

Soy eslabón del tiempo.


Tienes que cerrar los ojos

para que, cualquier día,

seas ceniza en el desierto de las páginas,

encandilando bajo el aire de tu recuerdo.



140. Tormenta


Por tantas veces que llamaste, siempre fue el tono de tu voz lo que llamó a mi alma. Aunque el camino a veces esté camuflado, procedemos sintiendo con intuiciones y un enfoque de locura. Cuando tienes estrellas en los ojos, escondidas en la oscuridad, nunca será una opción esconderse. Siempre me encantó la tormenta de un cielo fresco en tu risa. ¿Qué podría ser más maravilloso que la luna iluminando estos poemas?


El amor no está destinado a flotar

en el nivel de la superficie,

está destinado a ahogarse en poesía.


Ella no solo escribió por amor;

fue constantemente empujada por

el incansable deseo de salvar la memoria.


Ella no solo escribió por amor;

su corazón estaba privado de todo,

líneas de texto fue aprendiendo

para no perder la historia de amor

establecida en el camino.


Escribe demasiado para encontrarnos,

fuerza para crear un hogar.

Ella no se enamoró en una página:

se enamoró al querer escribir un mejor libro.


Su sonrisa sugiere poemas para desayunar,

la cena para mantener el amor en calor.

Escribe un poco más de lo que esperaba.


Usted elige buscar el estilo de un alma

que habita entre café, mezcal y letra,

para ver a través de lentes más profundos.


Así el alma humana flota en destino, sin miedo,

en sintonía con ella.

No solo escribió por amor:

escribió para ser libre y feliz.


141. Dos


No puedes encontrar algo usando tus ojos; solo se puede ver con su poesía.

Nunca podrás ver su verdadera belleza en la piel; tienes que crear poesía para mirar por debajo de esta piel.

Veinticuatro latidos de corazón más allá de su apariencia.


El pasado nos llena los ojos,

la visión de un ciego,

instantes de eso que no es más que

cárcel sin reglas del preso de nuestro

jurado interior.

Ya ni mis penas son mías,

son el pasado.


Te regalo mi atención:

es un libro solo para dos,

sin más alegría que el silencio

cuando no es forzado.

Con suerte, tus suspiros...

Nunca llegará el día en que deje de escribir

con demasiadas palabras.

Sabré que existe la inocencia

de inventar nuestras vidas.


Tus letras son la caricia.

Aprendo la piel desnuda

de la herida del mundo.

¿Quién lo diría?

La poesía, tan sola.

Ya es primavera.

No sé cuándo eres.

El poema, siempre presente.


142. La poesía, cuando es verdadera, no promete eternidad: promete intensidad


Cada uno escribe un pasado que nunca puede ser dominado, que siempre está entreabierto a la reescritura, como a la nueva experiencia del presente que lo contamina con otro color. Permanecer conectado con el pasado impide que se convierta, como en la visión final de En busca del tiempo perdido, en la imagen cerrada de Por el camino de Swann: un “fugitivo”, una imagen perdida en vuelo, sin un lugar en el presente. Mantengo mi semblante, sigo poseído por mí mismo, excepto cuando la escritura callejera reitera: recuerda lo que las personas han deseado y les fue arrebatado por ideas equívocas.


Memoria y deseo. Los poemas forman parte de un extenso ciclo que escribimos a lo largo de nuestra vida; alargan el pasado y su incomodidad en relación con ganar edad, y exigen relecturas radicales del lugar del tiempo y la razón en nuestras vidas. Poética y crítica. Sorprendentemente, forman bondad y contenido erótico en los poemas modernos. Para la poesía, la figura literaria es importante: es la reputación de cavar profundo en el propio tiempo. La realidad penetrante de una mortalidad con lugares infinitamente cambiantes. Escribir poemas es envolver secretos abiertos que saben a la musa.


Por “nosotros” quiero decir que hacemos ansiedad que ama la vida; creemos que la vida deletrea una construcción permanente. Somos, ineludiblemente, segundo a segundo, avanzando en el tiempo hacia sus fines inmanentes. Amantes de la vida que somos, agonizamos mientras sus momentos se deslizan, uno por uno, a través de nuestras letras, de vuelta al pasado irrecuperable. ¿Cómo podríamos llegar a un acuerdo con tal realidad?

Si miramos nuestra situación con la luz adecuada, veremos que la muerte misma es, en realidad, algo: nuestra condición más verdadera. Epicuro aconsejó que la relación entre una persona y su muerte es más o menos similar a la relación entre Hamlet y William Shakespeare. Y una vez que ocurre la muerte, ya no está uno cerca para sufrirla.

Dado que nuestro yo nunca puede encontrar su propia muerte, nuestras páginas deberían escribir permitiendo que la fuerza lógica de esta observación supere el terror psicológico que inspira la muerte. Solo si seguimos siendo constantemente conscientes de que nuestro tiempo es limitado, sentiremos un amor urgente que comienza a esculpir la poesía en el mundo.


No hay referencia a la vida después de la muerte; dejar nuestros pensamientos y emociones en las páginas fluye como consuelo en una dirección diferente. Las cosas buenas que asociamos con la muerte son las cosas que, para nosotros, existen dentro de los confines de nuestra vida mortal.

Dado que una vida mortal vivida con pasión no nos priva de nada.


143. Valerosa


Necesito de ti,

así, yo necesito así,

buscándome letras

en el verso y la brisa,

en la luna de esta noche

y en la gracia de tu mirada,

en la oración que agradece

tu existencia valerosa.


Recibir la noche extrañando,

entre tequila y libros,

desde la solitaria humildad

de estar agradecido.


Me disculpo si soy inoportuno.

Me disculpo por el pecado de mi edad.

Me disculpo por escribir para usted.

Me disculpo por no estar allí.


Quería, en las letras, preservar

todo lo bueno que veo en ti.

 

144. Su propia vida


Los libros de los muertos nos recuerdan que los principales males que asociamos con estar muertos nos suceden rutinariamente en la vida, de todos modos. Dentro de la vida —este valle de lágrimas— ya enfrentamos todo lo que tememos de la muerte. De hecho, la vida, con sus pérdidas, no es más que una insinuación de soledad.


Haz una lista de todos los males que crees que la muerte infringe. Verás que la vida, al modo de Juan Rulfo, tarde o temprano también tiene ojos claros sobre esta realidad. Entonces, la muerte dejaría de ser una fuente de terror. Piensa en una de las privaciones más dolorosas de la muerte: tener que separarnos para siempre de la gente y del mundo que amamos. Esto sucede en la vida todo el tiempo, de todos modos. Los amantes se marchan, los amigos se marchan —dice Joan Didion—; perdemos trabajos preciados, hogares amados, recuerdos fundamentales, ideales y convicciones que sostenían la vida. Las despedidas son endémicas, tanto como la muerte. Así dice el consuelo para nuestra condición mortal.


Alguien le dice a otro el día de su muerte. Supongamos que lo que estos futuristas prevén sucede, aunque sea de forma esbozada. No sería tanto una forma de mortalidad como la frontera final de esa insinuación de pérdidas que es la vida. Después de todo, la conciencia individual —lo que más valoramos— eventualmente perecería en la vida posthumana, con su única conciencia universal, tanto como lo hace ahora con la muerte. Es solo que Juan Rulfo hace desaparecer la parte individual, no la parte de la conciencia.


Tal vez tengamos la suerte de ser mortales vivientes ahora, en este siglo, antes de que comience la era posthumana. Y eso es un consuelo para quienes adoramos abrazar a nuestros grandes amores.


Al asistir a su propio funeral, el héroe del Diario de un hombre superfluo, de Turgenev, cree que su vida no ha dejado ninguna marca en el mundo. Se siente como la quinta rueda en un carro de cuatro. La vida de los demás, y los acontecimientos en general, habrían seguido avanzando igual, incluso si él nunca hubiera existido. Pero esto lo desconcierta: vivió con personas, dejó sus vidas indeleblemente distintas.


Pasa horas, días, semanas en presencia de la mujer amada… este héroe muerto. Mientras muere de una enfermedad fatal, su perspectiva desde el lecho de muerte es clave. Se encuentra, incluso en sus últimos días, arrastrando lánguidamente su pluma por la página tanto como había vivido su vida: “sin prisas… como si todavía tuviera años por delante”. Como si la muerte no fuera nada para él.


Por eso su musa se deslizó entre sus manos al escribir. Nunca agarró el momento vital con ella, nunca trajo las cosas a la cabeza. Pensó que tenía todo el tiempo del mundo. Pero un día se despierta y encuentra a su musa con otro hombre: el funerario local. Ella ya le había dado la respuesta que anhelaba. Así es estar muerto.


Al morir, quedamos al margen de la vida de todos, nuestra propia vida galopa hacia adelante recorriendo nuestro olvido. No es que su vida haya sido irrelevante para los demás: de alguna manera, este héroe —vuelto irrelevante para su propia vida— había sido desterrado por la muerte de su mente vital. Se empeñó en vivir, pero nunca tomó las riendas de sí mismo. Y cuando recuerda, a punto de morir, le parece que su vida continuará muy bien en su ausencia… aunque bajo una nueva dirección.


145. Falta de sentido


Iván Ilich, de Tolstoi, es el negador de la muerte más notorio de toda la literatura. Se niega a creer que morirá. Y sin embargo, su negativa constante a enfrentar su mortalidad está íntimamente ligada a su superfluidad: a esa sensación de no haber hecho nada con su vida. Al acercarse a su final intempestivo, descubre que ha sido irrelevante incluso para sí mismo. La negación de la muerte lo expulsó por completo de la vida. Sabemos, en el nivel más abstracto, que un día llegaremos a su puerta. Pero no vivimos a la luz plena de ese conocimiento. Estaríamos paralizados por el miedo o por la sensación de falta de sentido. Por eso reprimimos esa conciencia: porque imaginar la propia inexistencia es una empresa imposible. Freud lo advirtió: en el fondo, nadie cree en su propia muerte; en el inconsciente, cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad, sostenida hoy en el consumo material. El historiador Philippe Ariès lo entendió también: la negación de la muerte es ahora un fenómeno social. Se limita la muerte a los hospitales, se encierra a los muertos con los enterradores, y a la eternidad, con los supermercados.


Cuando llega la primavera, escondidos en tu núcleo, esperando el camino en tu fresca mirada, todo parece un gran regalo. Dentro no hay frontera entre el alma y el mundo: cada emoción fluye, y el viento asienta dentro. La intensidad de los colores, en torno a mi pecho, son las palabras de cada poema que he escuchado desde tu persona. A veces, las cargas de la humanidad son todo lo que soy. La primavera solo se queda un tiempo. Pero tú eres la única persona arraigada en todos mis días.


Como muchas flores, florecer es nuestro destino. Todos llegamos al punto en el que ya no podemos hacer más el uno por el otro… salvo crear alas para un aire nuevo. Es el turno del tiempo en que nada queda por hacer, excepto dejar ir el invierno de nuestro corazón.


¿De qué historia nace esta dulce tristeza melancólica? Es una epifanía que traduce en poesía los sonidos del viento. Cuando esta víspera canta tu destino, yo —mártir del amor en el bosque salvaje— te escribo para suspirar, para cantar libremente tu nombre nacido en el mar, con suspiros del césped y la montaña. Vacilantes flores han conocido tu camino, y manos amables te llevarán a casa, a donde realmente perteneces. Cuando aprendas a escuchar, descubrirás que siempre: no soy solo una persona en el mundo, soy el mundo en una sola persona.


Has dicho que el susurro de todo te recuerda a mi voz. Cada pétalo debe eventualmente caer. Cada ascenso, elevado por el sol y la fotosíntesis, está destinado a desaparecer. Y un tiempo de respiración nos quitará todo. Mientras la vida florece, sostenemos sus pétalos como pulsos de momentos. Los recordamos mirando hacia adentro, disfrutando su color y forma: memorias de nuestro amor.


Los relojes giran y los pétalos caen. Es todo. La vida se ha ido de nuevo.


El amor no se trata de sentirse como si el otro fuera todo. Te propongo despedir todas las pieles frías. No pierdas tu fe en la poesía, la ciencia, la matemática, la música… nada de eso se desmorona con el tiempo. La suavidad de tus labios abre el vacío eterno, y en su lugar, crecen tus pétalos.


El tiempo nubla tu mente. La poesía no es una pobre imitación de tu erotismo: es su lenguaje más puro, esperando inundarse de todo mi ser. Tus ojos y oídos son distintos en este mundo, inundado de abstracciones frías y bosques solitarios. Si los nuevos pensamientos oscurecen el cielo de tu eterna primavera, que sea solo para soportar la fuerza del terror que arrodilla, que deja a la deriva a cada hombre que aún respeta y protege a lo inocente, a lo virtuoso.


Cada uno de nosotros tiene cuatro hogares: la mente, el cuerpo, la tierra donde vivimos y los libros que acariciamos por su luz. Merecemos un final. Un mundo completamente nuevo que abra sus puertas. Como escritor, me intriga el modo en que bailamos este drama humano: oscuro, pero mágico como un encuentro que despierta los días y las noches. En la página blanca describimos las raíces de la conciencia. Sentimos un hogar lavar nuestros ojos. Así, mi pluma empieza a creer en tus susurros.


La musa es ese quinto hogar, que cada noche emerge en la poesía.


Perder la tinta invisible en la escritura. Ella dice que ha calcinado su inspiración. Como humanos, estamos bendecidos y malditos con una imaginación vívida. El amor eterno nos muestra imágenes llenas de color que no se desvanecen, nos inspiran a seguir, a aferrarnos a la esperanza del arte… pero también nos preparan para la decepción, porque la realidad nunca es nuestra fantasía.


En este mundo, nada es como parece. A veces, las visiones más brillantes no son más que poesía que nunca llegó al papel. No envidiemos a los animales salvajes, que siempre han conocido su camino. Nosotros no podremos mirar más lejos si no escribimos esa poesía que es frontera entre el orden y el caos.


A veces, debemos llorar lo que ya está muerto antes de que podamos enterrarlo. Pero cuando estas letras estén en tus ojos, recuerda que no estás sola. Tu dolor es la carga más pesada que debemos aprender a llevar para enfrentar la ausencia de lo que solíamos amar.


Y antes de que se marchite nuestra escritura, recorrerá toda tu piel en fuego, para enseñarnos a llorar estos días en que la escritura pierde su tinta invisible.


146. Líneas


Ella es solo un fresco verso de vida perfecta

¿Cuánto tiempo pasará así,

las letras creciendo en líneas,

como una historia que corta el horizonte?


Al despertar cada noche,

sospecho su belleza:

un viento que persigue mi silencio hasta el alba.


Al amanecer, los pensamientos regresan

como alimento húmedo de su sonrisa.

No es fácil medir su vida en poesía:

todo lo que hago es vivirla

desde la mirada de los que habitan los libros.


Quiero recordar esto,

no con nostalgia, sino con la certeza

de que colgué mis expectativas en una página.


El lenguaje detrás del lenguaje

se abre solo para ti,

y mis versos libres siguen su ejemplo.


Le escribo por todo lo que brilla en tus ojos.

Eso es lo que te hace diferente.

Soy tu secreto, un amor clandestino,

disfrutamos del color de la llama,

ardiendo para respirar una vida escrita.


Su alma moraba en un acantilado,

y su instinto escuchaba al corazón

vibrando con la música de los cielos azules.

No le pidas ser una flor para apoyarte:

construye tus alas y apúntalas al cielo,

ella te enseñará a volar.


Para mí, ella es

la curva de una luz encendida,

un fuego con la risa flotando

en el viento de primavera.

Ella siempre será un hogar para el destino.


Siempre miraba cómo el mundo se enamoraba de ella,

y sonreía ante la inevitabilidad de todo.

No eran solo los poemas quienes la amaban:

la tomaban de la mano,

la invitaban a beber bajo las estrellas.

El mundo giraba a su alrededor

en un jazz suave e imposible de callar.


Ella había pasado por el infierno

—nadie podía ver sus demonios—

pero todos veían el rostro que los conquistaba.

Veía el atardecer incluso

en sus días más oscuros.


Las miradas entre letras,

la armonía de nuestras almas

entretejidas en páginas,

raíces que se unen como vientos suaves.


La virtud de nuestra libertad perfuma el aire.

Tus besos alimentan el lugar

donde la alegría respira su risa.


Memoria, ven.

Afina tus letras

mientras el viento suspira mi fracaso

de lograr una poesía que libere.


Camino por la ciudad con melancolía muda,

los pájaros salvajes lloran la llegada de la noche

solo para escuchar la música

de una mujer-libertad,

con lenguaje de ángel

y el color de la mejor literatura.


Cuando finalmente, mágicamente,

puedas clonarte en varias tú,

para que cada una

se acerque a un hombre

que ha estado esperando su turno

para conocerte.


Moviéndote por sus vidas verdaderas,

dejando la chatarra de la piel

como viento libre.

Recordando por qué estamos aquí.


Ella dijo:

“Si te gusta la belleza,

no vengas a la superficie.

Mira los poemas.

O espera a los narcisos.

Esta es la primavera en el pantano.

En los bosques siempre ha sido y será”.


No basta una sola vida.

Imagínate escribir un mar

como la locura que repara el alma.

Sin duda, puedes. Tú… y tú.


El tuyo es el nombre que me viene.

Perfecto, como una geometría

que se distingue de todas.

Estoy en una ventana,

escribiendo hacia tu voz.


Respira mi cuerpo.

La gente afuera ignora.

Es probable que te haga llorar.

La muerte existe,

pero aún no nos ha vencido.


¿Cómo puedo amarte?

¿Cómo llorarte mientras la vida me aplasta la mente

y las letras buscan el rayo justo de mi vida?


Sé que escribes.

Y yo escribo para que nadie lea.

Pero las manos, el cuerpo, el alma, los sueños…

escriben solo para nosotros.


Es preciso morir después de cada poema

para arrancarle al día su peso.

Nací para ser grietas abiertas

y abrigar tus sueños.


147. El alma que escribe exige una luz más pura


Una palabra, un aliento, puede romperse. A medida que los aires agitan un libro dormido, lo oí caer, vi partir su luz, incluso cuando lo estreché contra mi ventana, brillo mezclándose también con el rojo de la tarde. Se hundió en la noche, envuelto en penumbras, dejando el aire lívido con floración.


¿Cómo llenar este vacío de recuerdos cálidos y creativos?

Podría escribir de nuevo hasta que, claro y rojo, sea la mañana desde las cimas de las nubes.


Sin embargo, por la luz de un rayo, mis impulsos dibujan mi rostro y consultan los libreros. Salvaje, inquieto, extraña, pero no puede ser más que la invitación a compartir la lectura por un miedo sin nombre. Un sonido, también, desde lejos, invade mis oídos. De la ventana a la calle, pero a través de la imaginación de lo extraño, espectral, dentro de cuerpos de literatura. Lo veo: un signo de libertad, una cruz sobre el calvario, cuando el amanecer brilla para juzgar a los héroes. En esa cruz de los olvidados debe morir el día. Los sueños, entonces, son verdaderos poemas. Las letras nos han elegido para revelar un juez justo en el destino.


El poema viene de la muerte de esa epifanía. Podría demostrar arrepentimiento por el texto frío y aplastarlo. Pero el escritor puede suavizarlo, pisotea su imperfección mientras vacilante lo obliga, en cuyas líneas demacradas, a revelar un alma con motivos justos.

A pesar de que él robaba su juventud, el escritor —retorcido en su mente— ganó su libertad. Conoce entonces la privacidad de su hogar, y a esa hora, aunque ella ya no sea más la musa, la ve como buscando letra inocente, justa y derramada descaradamente en lo que hay en nosotros, entre miradas de palabras verdaderas y entrañables.


Siento una confianza más firme. Levántate en mi alma, amanece en la ladera del bosque.

Abriendo la poesía, te saludo, bendigo verte leer estas letras.

Esta alma de escritor anhelante sigue siendo un suspiro incierto que espera tu amor.


En este día, el tiempo se aprovecha con un poderoso nacimiento:

un poema visita la tierra con esperanza.

Si volviera, atraparía tu cuerpo en mis poemas, para escucharte todas las palabras de amor que nos dijimos.


Personas nobles, algunas alegres, otras bohemias y rotas. Esta última es mi favorita. ¿Por qué? Porque cuando toca fondo y realmente saca provecho de ello, transforma su tristeza en arte.

Solías decir —aún recuerdo el día que me abandonaste—:

“Nunca nadie tomó una mejor decisión por mí”.

Así, una estrella brillando en un manto oscuro pronostica una tormenta de lágrimas y poemas rotos. En su piel y en su voz, en el dolor, nos devolvió a la vida…

en una poesía para besar heridas abiertas y la impotencia de decir hasta nunca.


Escribe, deletrea tus sentimientos por los frágiles acantilados.

Alguien vendrá y lo hará,

pero nunca mejor que si lo haces en dos siendo uno.

Sin saber exactamente cómo escribir todas nuestras sombras y luces,

extirpa del dolor y la alegría el ritmo:

todo cambiará en la vida para siempre.


Cada error que nos hundió

nos dejará el gusto de salir por nuestra propia poesía.

Cada recuerdo impregnado

y los libros regados por toda la casa

serán los nuevos huesos del que renació nuestra vida.


148. Palabras


“Palabras de la poeta

Algunas tardes fueron transparentes 

(Como a veces las madrugadas)


Hay una quietud redonda

Dentro de la llama”.

Han Kang, 2013


Y me dijo un extraño: "Debes estar perdido en tu hermoso mundo. Quizá pronto nos compartas el resultado de estos días de pasión en las letras".


Desde el punto de vista de un pájaro, mi ruta se habría visto sin rumbo, pero estaba buscando algo. Un proyecto secreto se había afianzado. Repetí mi misión a cualquier escucha, pregunté en librerías, universidades, museos, cafés… se convirtió en mantra, algo a lo que recurrí en los inevitables momentos de duda que acechan durante los meses lejos del hogar, cuando me preguntaba qué estaba haciendo.


Durante esas mañanas, esos días, esas noches en que nada parecía mantener unido el viaje, recordaba mi propósito privado y mi tiempo: ambos se reunieron en la avalancha de esperanza que encontré en la literatura. No solo esperanza en el futuro, como ocurre con tantos proyectos de escritura, sino una esperanza presente, una fuerza constante.


No estaba allí solo para tomar clases, ni para estudiar historia, política, ciencia o matemáticas. Estaba dispuesto a usar cualquiera de ellos para alcanzar mi objetivo secreto: ser profesor escritor. Estaba aquí para conocer a otros que escriben, escribiendo mi búsqueda a cualquiera que escuchara, en la “libertad” de las redes sociales.


“El mundo no está preparado para vernos hacer historia en nuestras derrotas literarias, aunque quizá ya fuimos uno, mi estimado universitario, en otra vida”.

—Juan Rulfo.


Cuantos más proyectos de escritura y lectura tengas que pensar, menos pensarás en la muerte. Y cuanto menos pienses en la muerte, menos inhibición sentirás al ensayar la creatividad extrema del pensamiento; y menos inhibición sentirás al seguir desechando piezas de texto fallidas. Todos los cabos sueltos de la vida de nuestra escritura, sus partes vitales, se derramarán mucho más allá de nuestra muerte. Pero como ya no seguimos vivos, nuestro destino está entonces en manos de los lectores.


Juan Rulfo mismo muere. Pero, debido a que ha sido un negador de la muerte a manos del arte y el estilo de su vida original, hay una trascendencia.

Tolstói solía decir: “a veces la gente observa a un escritor como un hombre que pronto estará vacante. Al ocupar su lugar, uno tendría que vivir su propia vida”.


Después de todo, negar la muerte en cualquier lugar de la vida es tomar de los libros prestado un impulso hacia el heroísmo: pensar y sentir donde nadie más se atreve. Y así, en la medida en que la muerte se cuela en nuestra literatura, la escritura viva sigue siendo plena, muy capaz de continuar sin nosotros en el momento de nuestra muerte.


Solía decir Rulfo: “por eso otros, desde la academia más joven, ya asumen su lugar en ella con el carácter necesario para resistir los embates de la burocracia universitaria”.


149. Noche de café


“Mi padre me ha pedido que hable frente al mundo; que sea capaz de expresarme en todos los sentidos”.


¿Cómo se sentiría saber sobre la vida de los libros? Queríamos saber cómo se sentía convertir pensamientos en palabras de literatura. ¿De dónde vienen las ideas? ¿Cómo sabes cuándo un párrafo es bueno? ¿Existe realmente algo así como la ficción? Una conversación, una cita con la literatura cada noche de café…


El escritor debe aprender no solo a escucharse a sí mismo, sino también a escribirse a sí mismo en la frontera del lenguaje. Al leer, queremos hacer hablar a los escritores, saber lo que sabían de la vida. Pero no solo hay placer en las letras: también hay disertación de la más exigente racionalidad. Queríamos saber qué significaba ser creativo en medio de una sociedad decadente, agresiva con el medioambiente y cruel con su juventud.


Todo está vacío si usted no mira esta noche la luna. Este mundo de milagros conmovedores, con montañas por escalar, ciudades por descubrir, gentes extraordinarias… Pero nunca sentirás nada de eso si tienes miedo a las alturas de mirar la luna en tus propios sueños, en la profundidad de tu desafío intelectual. Tu propia escritura para este mundo es un milagro, pero no lo verás hasta que te des cuenta de que eres uno con la maravilla de lo que es el universo. Sentir, al mirar la luna, a alguien que te quiere.


Escribí las veces que hizo falta. ¿Me emborraché todas las necesarias? Pero debajo de cualquier investigación sobre lo que significa esa palabra, había una pregunta que nadaba como un pez oscuro y terrible. Tenía el poder de volcarme y dejarme ahogar en el amplio espacio de la literatura. ¿Era una persona creativa? ¿Y si mi acto más personal resultaba banal? ¿Y si no era nada comparado con mis héroes del pensamiento? ¿Y si no tuviera nada que ofrecer que fuera yo, otro yo, entre los límites de un ojo al olvido? ¿Y si no tuviera la fuerza para llevar a cabo mis ideas? ¿Y si fuera demasiado débil para entregar mis propios pensamientos al extremo de la poesía? ¿Y si, una vez entregados, esos pensamientos resultaran fallidos? Desearía que nunca hubieran sucedido o que los hubiera tratado mejor, pero para entonces sería demasiado tarde. Las letras seguirán haciendo preguntas, seguirán divergiendo en caminos. Comprendí que al buscarte nunca dejaremos de ser como cada una de las palabras que nos dieron noches de esperanza en medio del caos.


El dolor es la carga más pesada que nosotros, como seres humanos, debemos aprender a enfrentar: la ausencia de lo que solíamos amar. A veces, las cosas terminan de una forma que no involucra la muerte, y se cortan antes de tener la oportunidad de marchitarse. A veces nos quedamos atrás antes de poder mostrar nuestra verdadera letra. Esta escritura parece estar satisfecha con las cosas que están fuera de su alcance. No podemos volver con alguien que no está esperando en ese lugar esperado. Dicen que no se puede volver por las mismas letras: estamos desperdiciando el aliento y engañando a un futuro lo suficientemente ingenuo. Estaré escribiendo para ti cada noche, buscando algo. No te preocupes: en pedazos, disperso y desgarrado en lo profundo del pensamiento, creerás que nunca volverás a encontrar el alma. Pero incluso cuando estamos cansados de escribir y no lograr, atados a nuestra luna, podemos permanecer enteros.


Eso es lo que pasa con las criaturas salvajes de las letras: salen de sus jaulas, que nunca se permitieron ser encerradas de nuevo, y por eso vuelan lejos de todo lo que se asemeja a una prisión, incluso si está hecha de flores u oro. Prefieren renunciar a la esperanza de ser felices para ser libres en su corazón salvaje. Su ritmo natural crea una respiración única, y esa será siempre su inspiración para el lector.


La literatura es, finalmente, sobre las cosas serias: sobre los giros desgarradores de la historia moderna, sobre el amor y las decepciones demoledoras a las que el amante puede ser vulnerable, sobre el terrible peaje que se exige en las relaciones de poder, sobre la lealtad que es robada por el dinero. Tan despectivo como Nabokov eligió ser con la realidad en sus pronunciamientos al respecto, los juegos de su ficción nos llevan repetidamente a experimentar los diversos aspectos emocionales, morales e incluso políticos del mundo real.


Muchos escritores han jugado en la frontera entre la realidad y la ficción. Al inicio de la novela como género dominante en la era moderna, Cervantes emprende una elaborada maniobra de representación, presentando su libro como la traducción de una obra de un historiador árabe que ha descubierto la poesía occidental en todas las cosas. Cargaremos nuestros dados en la escritura. El lector deja abierta la pregunta de si el autor está en el no-retorno. Aunque es perfectamente natural que un escritor tan impregnado del mundo fije su ficción en una alusión literaria, eso no indica que la escritura lo aleje del mundo de la experiencia. Al contrario: es desde la literatura que el mundo vuelve a cobrar vida.


150. Quiebre definitivo


“Quizá sea ella quien hoy me vuelve tan sensible, quien aún oprime ese nudo en la garganta que, de cuando en cuando, me quiebra o me arrebata la voz. Quizá sea ella quien hoy escribe, quien ha de, finalmente, expresarse”.


Alguien que ha amado no sabiamente, sino demasiado, es una caracterización perfecta del desafortunado emigrado de la historia. Pero no es más que una pieza de literatura. En cualquier caso, el punto de quiebre definitivo entre quienes piensan como Nabokov —de ciertas maneras iluminadoras del mundo real— y aquellos que piensan que la literatura está confinada a un patio de recreo del mundo, es la respuesta que cada grupo de lectores da al estilo: ese que abre mundos o que sepulta en la más cruel de las realidades.


Para los primeros, el estilo es inventivo, sorpresivo, divertido; en ritmo y, en sus momentos álgidos, es completamente sublime en relación con las pasiones más profundas de lo humano. Para los segundos, confiados de que conocen lo real —lo preciso, lo molesto, lo que consideran determinado en el mundo real—, dentro de esa brújula restrictiva solo lograrán una respuesta polarizada entre literatura y realidad.


¿Qué eres, si no eres un pensamiento? Un desierto líquido, en una suave forma firme de letras y números corriendo por tus venas. Tus razones y tus sentires son el único escape del aliento, como olas poderosas que emergen de las maneras más suaves y salvajes, como mosaico vivo de luz y oscuridad, con un corazón de misterio: una conciencia que podemos descubrir hasta el final de nuestra vida.


¿Cómo vuelas cuando tu mundo es la escritura?


Estoy escribiendo en el fondo del mundo, mientras fuertes olas de nostalgia se estrellan en mi ventana, ahogando mis pensamientos. Lavando mis esperanzas y mis sueños en medio de frases. Y perdido, extraño sentir que estoy en el mismo lugar en el que siempre estuve destinado, ese lugar que nunca podríamos perder, porque teníamos el mundo interior justo allí, en nuestras letras. En este estado de ánimo, el propio tiempo podría volver a ese lugar donde es nuestro hogar. No me leas más, si no aprendes a respirar cuando no tienes poesía como alas; ciencia como plumas; y números como un lugar mejor.


Hay muchas maneras de arrebatarle a una persona su yo. Al principio, algunas de ellas parecen inocentes. Pero cuando el instinto de razón muere en la educación, es el más cruel de todos los arrebatos que degradan al hombre.


Lo que mira tu alma en el rojo atardecer acaricia suavemente el florecer de la noche, que anuncia que en tu piel crecerá un jardín. Susurra en tu mirada el sol, para volar en lugar de quedarse solo en el fuego de las olas lentas del océano, que son su gracia y tu amor, que puede llevar tu sonrisa. El atardecer dice que hay esperanza en todo, incluso en el dolor y en los besos que esperan su lugar en el tiempo. En esos lugares secretos de tu piel se tatúa este atardecer, que volverá loco a todo aquel que ame tu persona bajo tu piel. Nada es más poderoso que la posibilidad de ser la luz cuando el sol parte. Amarte en esa estampa roja es descubrir que eres la mujer sin miedo a vivir.


Claro que me interesa tu vida. Me interesa todo de ti, lo sabes... Lo escribiré al mismo tiempo sobre los infiernos blancos de estas páginas. Escribo con mi esmerada letra, perdiendo las horas. Un trocito de papel doblado susurra: destila tiempo.



151. Alba


A través de la rendija de la luz primaveral y la oscuridad que se dispersa, se vislumbra un alma medio muerta, y yo cierro los ojos. ¿Hasta dónde se dispersa? ¿Hasta dónde se filtra? Voy a esperar. Abriré los ojos cuando se cierre la rendija. Cuando se derrita la memoria de la piel, abriré de nuevo los ojos al alba, con todo el fuego de tus recuerdos.

Estoy en las grandes batallas de las letras. Busco, mediante la redención de las palabras, que logren escapar de las formas fijas de la imaginación…

La tarde cae sin pedir permiso. A lo lejos, el sol se luce dejando avistar sus últimos colores a través de la ventana. Afuera, ella —en la vida— y las horas pasan haciendo caso omiso a las súplicas de las letras. Mientras tanto, adentro, un escritor se nutre de la esencia y la belleza de su musa, convirtiéndola en poesía. Así lo imagino, así lo vivo. Cuando termine de escribir este atardecer rojo, espero lograr convencerla de que perdone mi edad, mis extravíos en la literatura y mi necesidad de su existencia.

Ojos rápidos, llenos de una curiosidad radiante. Y mientras leía, se regaló a su mente la epifanía de la poesía. Su otra mitad se mecía suavemente de un lado al otro en un columpio bajo el fresno.

No puedes negar tu corazón. No será ignorado, y te dará una patada hasta que lo aceptes. A través de todas mis lágrimas y ansiedades, mi miedo a no recibir su amor, nos unimos en poesía. Y creo que estaba destinado a escribir en nombre de su inteligencia y virtud. Para dar amor a alguien que tan desesperadamente lo necesita, para espantar la soledad —interna y externa—.

Sin dar un paso atrás, escribo aún más intensamente cada noche. No pretendo salvarme de ningún universo: la poesía pretende ser la puerta de entrada a la ciencia receptora del asombro y de la magia, encarnada en la singularidad de su mirada. Ella preguntó por Wolfram, se asombró por el poder de leer… y tengo la esperanza de que quiera caminar de la mano por una vida dedicada a las letras y a los números, como inspiración de dignidad en un mundo de política salvaje y universidades amenazadas por la más vulgar burocracia.

Me equivoqué al pensar que esto era un trabajo, cuando en realidad es un proyecto de vida. No sé qué pensé que vendría de dedicar la vida a la literatura y a la educación de la juventud. Debí saber que me crucificarían por hacer de la poesía mi forma de vivir. No significa nada para los detractores de la literatura, pero si para ti significa algo leerme… entonces significa todo para mí.


152. Ojos con una falsa sonrisa al mundo. Nadie se merece eso


¿Qué eres? Una pregunta que la gente suele evadir, tal vez atrapada a la deriva en un barco de esclavos. La risa, seguramente, cuando estalla desde lo más profundo, eres. Antes de que hubiera líneas en el sendero de la vida, dibujadas alrededor de parcelas de “tienes que hacer esto para ser feliz”, aterrizábamos en el asombro de la curiosidad. Desata tus nudos, observa quién se apoya en tu hombro, frota tus lágrimas en esta noche calurosa que respiras entre extrañas emociones que se mueven entre miles de estrellas, que representan las posibilidades de hacer camino. Una luz debe nacer en tu valentía. No hay modo de saber sin romper, a través de la vida, algunos caminos. Coqueteas con la luz una noche, después de bocanadas de aire detrás de lo real. Muchas noches en los cementerios de nuestros errores, con un alto equilibrio entre el miedo y el carácter de seguir adelante. Coqueteé con la luz y las extremidades desnudas de sus libros, a suelo abierto en la pasión de la luna. Tome su imaginación y llévela a un lugar donde solo sus letras invisibles puedan tocar el amor, jamás destino. Haces temblar tu propia alma… todo eso, incluso en defensa propia.


Dicen que cada texto que escribimos arranca una parte de nosotros que ya eligió caminar su destino. Puedo asegurar que la libertad no tiene sentido sin poder gritar al mundo poemas. Hacer cobrar vida a las palabras más allá del papel, palabras capaces de compartir nuestra persona sin prejuicio. La poesía es un regalo que se nos aparece desnuda mientras susurra… es hora de no volver a aprender de memoria nada. Acabemos por hacer polvo nuestro reloj para vivir. En un mundo que pasa sus páginas invitando a la curiosidad, podríamos ser, con un buen libro en mitad de la carretera, desafiando al mundo.


Imagina una universidad en la que leer y escribir fuera un acto de rebeldía cotidiano, hacia un sistema que persigue a los jóvenes que se niegan a ser copias de copias; otras copias de dóciles, resignados, y de los que practican devoción a sus propios verdugos. Kafka, Poe o Einstein metidos en sus letras como forma de resistencia… para jóvenes que se niegan a ser copias.


Una vez me dijiste que no te gustaba cuando te traje flores. “Viven un par de días, luego mueren, y eso me duele”. Tráeme una planta en su lugar, para que pueda convertirse en algo hermoso. Las flores cortadas son agradables, pero la felicidad que viene de mantener y apreciar su vida —frescura que madura y muere hasta la próxima primavera— parece durar más tiempo. Una vida para los que siguen creyendo en el resto de la vida.


153. Nuestro pequeño mundo


Seguro que tus sentimientos los escucho. Incluso a través del silencio en el espacio extenso de tu mirada. Mientras escribo en papel o teclado tus regalos, estoy seguro de que estoy solo, pero por ti nunca olvidado la existencia de nuestro encuentro entre letras. La distancia y el dolor de la injusticia me enseñaron a no guardar silencio en la literatura. Mis emociones nunca llegarían a la superficie sin la poesía. Para que todo lo que provocan tus sentimientos no se quede en las profundidades del tiempo, los dejo salir cada noche en piezas de texto que acompañan tu existencia. El acto de tu voz tiene el poder de sanar, da suficiente impulso para empezar a escribir en medio del caos. El arte de crear con letras nos hará cargo de nuestro pequeño mundo marginado, sentido y pensado. Llenaré de esperanza los poemas, emociones, denuncias y caricias para que nunca ningún dolor borre todo lo que siempre seremos. 


La poesía fue hecha para sostener las personas que han hecho el bien en esta tierra. Pero al estar convencido que el poema puede cambiar sus corazones, cuando aun sabía que las nubes siniestras ondean el mundo moderno, escribo cada noche un hogar para nosotros en letras. No hay nada más encantador que tú. Aunque no lo creas así, te sostendré más cerca que cualquier otra vida que haya entrado en mi vida, en cada poema miro mi reflejo para ver quién me he convertido al escribirte cada noche. Soy un molde de letras de recuerdos, luchas presentes y preocupaciones por ser feliz haciéndote feliz.


154. Lo que somos juntos


Cuánto de lector quería haber amado de todo corazón, sin temer el resultado de ninguna literatura. Justo en ese momento, la mujer en las letras del otro lado lo hizo sentir menos solo; se inclinó a caminar hacia adelante. Se quitó de prosas en la conversación estéril, intentó mirar por encima del caos y, en lo más alto, se alejó conscientemente. Vivió para este nuevo yo que su mundo esperaba. Ella sostuvo su pensamiento con heroísmo delante de sí misma. Recordó la frase: “Seremos un mar menos solitario”. Creando así, realmente nos regalamos un hogar de letras. Y este fue un momento liberador: permíteme, en las letras, salir de este yo en mí mismo para extender todas las posibilidades de ser de lo que somos juntos.


Poesía, no me abandones solo porque me quedé paralizado viendo el atardecer. Sé que he pasado demasiado tiempo leyendo el cuerpo desnudo de poemas de gigantes de las letras. Te he buscado en la ciudad y en los bosques, he seguido tus movimientos dentro de los grandes escritores. Perdóname, porque el aroma del café me obsesionó con los recuerdos de esos años nerviosos. Escribo en una pantalla, pero no me dejes sufrir en silencio. ¿Alguien todavía invoca a la musa, encadena una lira de madera para Apolo o intenta ensillar a Pegaso? Caballo de código secreto, amiga del alfabeto de emociones, súplica y demonios… te he amado toda mi vida sin siquiera saber lo que eres o cómo saber —por favor, ayúdame— para encontrarte. Cómo leer un poema y enamorarme de la poesía.


Todo aquí fluye de esa idea inicial, cuando era niño y me castigaron por desear tus letras. Tengo una deuda espacial por lo que he visto a través de los poemas: mi curiosidad por tu vocabulario, tus movimientos clásicos, románticos y modernos, tus diversos misterios placenteros, descubriendo todo lo que has hecho de mí. A mi primera edad no entendía que uno nunca abandona el primer amor. Hasta que te conocí, se puso el mundo de cabeza.


De nada sirve insistir en nuevos caminos de metáforas. Escribiendo en la orilla de la vida, hasta que el alba ilumine los ojos, esperé la inspiración. Me puse a escribir, despertando mi soledad… y tu huida.


155. Sed de leerte


Así que su mundo estaba fuertemente circunscrito a su dolor, que lo detuvo en el momento más hermoso. Dijo: dueles aquí adentro. Tus letras son el universo entero, la sed de leerte, de escucharte… es un amor que va más allá de la piel. Gracias por el significado de ser amante de letras, por hacerme sentir —a pesar de mi corazón roto— que sí, hay una recompensa en el horizonte de esta poesía.


Un amanecer: despertar atravesando las fronteras de nuestras mentes pasivas y dormidas. A todos los rincones aplicamos el arte de pensar… fluyen desde los libros ideas del universo sin cesar. Pensar al escribir justifica propósitos a sí mismo. Aprender dentro de la incertidumbre y lo desconocido… meten las manos a los bolsillos mexicanos: todo el valor en ellos, poemas y disertaciones empapados de matemáticas y música.


Morelia, ¿es esta tu vocación de ciudad? Puedes gritar al mundo que es un honor cultivar jóvenes estudiantes que vivían en la miseria epistemológica y sufren bajo el despotismo de los poderosos, causa y motivo de discriminación. La Revolución Francesa heredó a París el despertar del arte, la ciencia y la ingeniería; San Nicolás, el bachillerato científico y humanista, creó una clara distinción para Morelia: seguir los pasos de las revoluciones de ideas, del Estado-nación, la libertad religiosa, la libertad académica… y la posibilidad de que exista alguien más allá de la servidumbre a los reyes del poder.


Observar que hoy está bajo asedio esta tradición. Observar que la hierba de primavera anuncia el golpe sobre las mentes libres. El Congreso habla de transparencia cuando está podrido en moches y corrupción… Indiscutiblemente, deberíamos dar la bienvenida a la juventud a esta vocación de ciudad: encontrarse a sí misma en medio de la creatividad intelectual, que bien podría ser tierra de literatura americana, enviando un mensaje de esperanza a la juventud con sincera devoción por el aprendizaje en medio de lo desconocido.


¿Qué quieren de mí, yo que hasta para mí soy un extraño? Muéstrate las manos. ¿Te lavaste las manos sin poesía? Muestro las manos a mi conciencia. Muéstrame los trapos limpios de mi mente. ¡Dime ahora: esto es el cielo! El hombre que tiene muchas respuestas a menudo se encuentra en los teatros de la información, donde ofrece su memoria y nunca puede justificar sus ideas. Mientras que el hombre que solo tiene preguntas, para consolarse, hace música, poesía y ciencia.


156. Porque se hizo pequeño, pero valiente, el corazón


Cuando vivía debajo de los fresnos, sentí que estaba hecho de hojas. Cuando viví junto a libros de poesía, soñé que era pluma de un ave herida en su libertad. Yo era el lirio del estanque, sin raíces ancladas a la tierra. Conocía las mareas de la luna, conocía los ingredientes de la prosa más desafiante. Sentí que yo era la punta de los pinos, flotaba esta solución de gravedad y forma. Ahora estoy aquí, más tarde en estas letras, tarde estaré allí. Seré esa pequeña nube, mirando hacia abajo al agua, la que se estanca, que levanta sus vapores y aromas de nuevos tiempos, que parece una página en blanco para escribir a la musa, que ya me lee en el más íntimo secreto...


La confianza es un privilegio y, caso contrario, es un infierno de vida. No es camino fácil. Y antes de preocuparnos, debemos regalarnos a nosotros mismos la virtud de ser personas de confianza. Llegarán a nuestras vidas —en esos grises días, en bancarrota y con el corazón roto destilando lágrimas— esas falsas compañías. Hay que estar conscientes de que nuestro corazón hambriento no busque refugio en un mundo hipócrita y canalla. Pero escuche: no quiero ser sombra que le convenza en bajar sus barreras. Respiro humildemente; confío en cada nueva persona que llega, pero si me falla, jamás suele volver a pasar. Lleva tiempo invertir en confianza, y un funesto acto basta para perderla en un instante. La razón que me queda es la de mis letras: ellas siempre confían para llegar con la vida al anochecer. Yacen como refugio para los que son auténticos en nuestras vidas.


Decía el poeta: cuidado con los fornicadores viciosos de lo ajeno y de lo hipócrita. Si te han roto la confianza, refúgiate en un amor eterno: música, ciencia, matemáticas, literatura, poesía… Coloca a un costado de la vida a los que te defrauden la confianza y construye confianza para que sea la luz de tu persona. Es jodida la traición, pero siempre hay un libro amigo para elevar nuestro carácter y aliviar nuestra tristeza.


Espero que puedas perdonar mi sinceridad cruda…


157. Es extraño, ¿no?


Así son las cosas. La vida sorprende. Un extraño que te mira. Considera su inalterada sencillez de espíritu cuando ese extraño… todo es diferente ahora. Una punzada de inquietud, mensaje de veloces alas. Oyes claramente el sonido de tu corazón provocado por el extraño. El silencio circundante es amplio, pero allí es donde, al escribir, se recibe una respuesta que nos instala en la realidad —esa que resulta incómoda de tratar.


Es absurdo que lo extraño del extraño también parezca ser consciente. El alma no lo encuentra extraño en absoluto. Ella espera que el extraño desaparezca de su vida. Pero dirigirse con él de la mano hacia un futuro… sería dejar salir un universo.


El escritor está convencido de que aquel secreto conocimiento es una revelación desde fuera de la ventana. Mientras el sol parte, el reloj del muro espera la respuesta de ese milagro… No es ningún misterio, sino una simple conspiración del universo para responder a la mirada. En la silueta de un extraño, la pregunta: ¿cómo sabe que hay poemas en las albas de cada resurrección del día?


En estos días, elevar la voz más allá de un murmullo requiere del carácter de la poesía para inventar el futuro más improbable. Aunque muchos insisten en que nada de nosotros está más allá del umbral de nuestra atadura al presente, las respuestas del futuro se reciben en silencio. Tenemos que ser insomnes en el arte para desabrirlo. Es un flujo denso, el futuro dominante, plagado de señales que invitan a lo imposible. Solo tenemos una vida. Ahora levanta la mano para que todo sea diferente. Quédate con los pequeños detalles, esos esenciales para el despertar de nuevos tiempos.


No se sabe lo que puede ser el futuro, pero como un gato cuántico, solo somos los observadores quienes lo crean.


No solo la primavera son amores pasados que pudieron ser y no fueron. Pero no pidieron ser. Se apostó al destino, donde el rechazo muchas veces nos emborracha con una culpabilidad injusta. Hay conversaciones pendientes que nunca fueron. Por algún motivo, callamos para siempre cuando otras personas llegan a nosotros. Siempre pensamos que la primavera es eterna, cuando solo es una estación de amor que regresa. Pero jamás nadie nos dijo que el resto de las estaciones también debíamos vivirlas. Deshojar margaritas… así, la nueva lluvia hizo florecer nuevas pasiones. Quien te deja, déjalo ir. Quien se queda, ámalo sin tregua.


Desde siempre recuerdo la poesía como un baile donde dos enamorados entrelazan sus sentimientos y acciones, hasta envolverse en una misma pasión por la literatura. Los poemas envuelven para olvidarse del resto del mundo. Gracias por esa mirada. Hoy disfruto de ese baile, comienzo a tener conversaciones pendientes que espero poder dejar volar entre miradas en cada poesía.


Oigo el ruido de las letras tropezar sobre mi página y salgo a corregir, bajo la lluvia, las ideas. Hoy no abriré más allá las piezas de texto que dan color a mi vida todos los días. Y bajo sus gotas, disfrutaré recordar las frases que se rompieron en el camino. Miraré una poesía embelesada en una ventana mientras llueve. Escribiendo palabras rotas al aire habré sido testigo de mis tardes de inspiración. Puede que recuerde todo aquello no logrado que he escrito, pero por primera vez en mi vida, mis palabras rotas reparadas serán algo nuevo nunca visto en este mundo.


Ella era, y sigue siendo, todo. Ella podía reemplazar al sol si quería, porque nada brilla más que cuando sonríe en medio de su poesía. Y yo, siempre atento a la luz que vivía dentro de ella. Una tarde de lluvia. Estaba pensando y gritando en las letras. Hoy se siente más en lo que nos hemos convertido. Porque el poema de su mirada se siente enigma en el alba que florece y se asoma en mi ventana.


158. Nos deja volar


Antes de que pudiera escribir y liberar el peso de la soledad que exige, primero tuve que honrar su existencia al ser lector habitual. Para tratar de pensar la vida, primero construí un hogar en la literatura con una meditación de amor, negándome a decrecer y a dejar ir todos nuestros ruidos. Viví tanto tiempo con la mente cerrada, no porque tuviera miedo de salir, sino porque tenía miedo de la luz de nuevas ideas escondidas debajo de las páginas. Antes de que podamos sanar la pérdida de confianza y soltar todo lo que no nos deja volar, lo que nos ata profundamente debe venir primero a la superficie de nuestra conciencia, justo al leer literatura.


Pasé tanto tiempo creando versiones de mí mismo que estaban lejos de la verdad. Pero en la poesía o en la ciencia, dependiendo del libro que tenga entre manos, puedo liberar capas que ocultaban la danza interior de la agitación provocada por el ruido exterior… Entre mi falta de confianza, el dolor que no entendía y la inquietud que conlleva tender la mano a los demás, por el amor crecí saliendo de la oscuridad. La literatura la entendí: en ella encontraría mi libertad para transformar mi ser en una mejor versión.


Un reloj. Voces resuenan. Tu existencia ilumina con gotas de luz. Titila ese enorme cariño en el instante mismo. Escribo a trompicones. El marco de la página engulle tu brillo, y las consonantes ensayan el ritmo de 23 latidos del corazón. Los poemas, mensajeros del alba, te aman cada estación; te reconfortan cuando te han fallado en la fe que depositaste en ellos. Las letras se adentran en páginas por las noches… flor abandonada en tierra estéril. Déjame abrir la puerta de tus ojos hasta tocar el cielo con poemas y ecuaciones.


Ante todo, como decía William Shakespeare: “Da palabras a la tristeza; el dolor que no habla susurra al corazón para que se rompa”. El alba es tan confusa como el lenguaje. Comprendí que la oscuridad cae sobre aquello que no ama la poesía, la ciencia o la matemática… es absorción de color, de lenguaje y renovación del alma. Es la forma en que la memoria se convierte en prosa después de noches de escritura. La forma en que nos atrapa después de un poema. Se levanta después de que alguien ha susurrado tu nombre y comienza a caminar para regalarte alegría.


Cambió de lugar con su escritura porque el sufrimiento cambia de forma y ocurre en secreto. Cuando alguien no olvida noches como estas, las cartas siempre están grabadas en poderosas páginas blancas. Hay una sensación de querer hablar con ella, pero todas las palabras disponibles están cruzando el cielo para alegrar sus ojos.


Leemos para heredar las palabras del mundo, pero algo siempre está entre nosotros y las palabras. Hasta la muerte, cuando la comprensión de vivir y nuestra desaparición ocurren simultáneamente. Nuestro lenguaje vivió una vida plena de cuestionamiento. Su favorito era torcer lo que otros decían que no se podía. Escribir el mundo en blanco y color, y luego verte tratar de leer las palabras que cobijan tu alma. Porque morir dura para siempre. Y escribir, si se logra en la forma en que se rompe el tiempo, puede hablar con sus ojos a los únicos que nos llamarán fantasmas del ayer.


Todos están unidos por el nacimiento, la vida, la muerte, el olvido y todas las emociones. Pero solo algunos logran unirse en poemas. El mayor cambio en tu vida ocurre cuando vas hacia dentro de ti, entras, observas todo lo que hay que encontrar, al iluminar la conciencia como proceso de curación. Con tiempo y buenos hábitos, el pasado pierde su poder sobre tu vida. Continúas tu camino: pensar, sentir, crear y soltar la existencia para siempre.


159. La poesía no niega la pérdida, la acompaña


Es extraño ayudar a alguien a crecer mientras nos ayudamos a morir con dignidad. Cada vez que escribo “esperanza”, las letras se deshilan y se dispersan. Los poetas que escucho dentro de tantos libros regalan esperanza, incluso en los momentos más trágicos de lo humano. Parecen decir que ser humano es amar el arte de pensar, sentir y explorar.


Escribo cada noche en un idioma que pueda entender su corazón vacío. Así como responden la ciencia y la poesía cuando se encuentran, de la misma manera responden a la lluvia sus lágrimas y sus risas.


Sin embargo, esa chica —su imaginación— vivió más allá de ese día. Encontró en la poesía un llamado a perder el miedo de ser mujer de ciencias. Como si visitara su pasado en prisión, liberando su futuro, leyendo noche tras noche, tocando el cristal transparente de su propia semejanza. Al otro lado del mundo vivían palabras nuevas, ideas de muertos más vivos que muchos que respiran sin letras ni números.


¿Qué sucede cuando nuestra confianza está unida a una idea equivocada? Parece que todo se nos niega, y que la noche gris se queda en nuestras vidas. Deja entrar la luz de los libros. Chica, tu belleza está por debajo de tu piel. El futuro quiere que seas valiente para leer muchos libros. No te intereses por pétalos caídos que son trampas. No te desvíes buscando privilegios; construye tus privilegios intelectuales. La forma en que el dolor de la vida realmente se acerca es cuando nos dejamos caer al suelo y abandonamos el hábito de invertir en virtudes para nuestra vida.


No subestimo tu gran preocupación. Aprendo a dejarte signos en el camino, a quedarme en silencio escribiendo a solas como la luz que reposa en tus ojos.


Algunos comenzaron a morir en algún momento del pasado. Poemas que hablaron alrededor de lápidas. El escritor de obituarios dijo que el momento universitario es cuando los jóvenes convierten su historia en independencia de lo que leen. Nadie se sienta en la lápida de los tiempos destilados… eso significa que la letra está destinada a ser leída desde arriba. Esta brecha de tiempo y amor puede superar el duelo gracias a una nueva poesía. Un extraño tan cerca de ella… la aparición de la nueva letra estaba enterrada bajo una vida de pasión por escribir. El día del entierro se fracturó el sentimiento. Los hombres que desenterraron la poesía tenían los ojos en busca de cualquier señal de resurrección. Y cuando la mujer las leyó, la hierba creció. De repente, reconoció esas letras como fuego de pasión, como la mirada que aún arde.


Solía pensar que las palabras mueren con el tiempo. Ahora sé que se dispersan. Buscan nuevos significados para adherirse, como un aroma nuevo. Siempre supe que su mirada era un postre sustantivo, un verbo de futuro que se mueve entre la poesía.


160. Habla de ti como quien se descubre


Realidad: esas citas de incertidumbre en las que insiste la vida. La realidad son esas citas de incertidumbre en las que insiste la vida, constituida en palabras con las que representamos, habitamos y construimos el mundo. No hay manera de vivir sin lenguaje: cada experiencia, cada afecto, cada decisión se inscribe en un conjunto de signos que le dan forma. Un pequeño alboroto me habita hoy y personifica su pregunta en mí: ¿Cree que la vida tendría otros planes para usted?


No creo que el conjunto de palabras aleatorias ocurra tan a menudo como uno imagina. Constantemente buscamos las palabras que nos permitan decir amor, color, aroma, cariño, tristeza, enojo… Es decir, buscamos darle rumbo a la vida. Todo tipo de cosas en el mundo exhiben un vocabulario propio que, a su modo, define la vida de cada persona.


Las primeras palabras que aprendí fueron las de mi madre al hablarme del mundo; luego, las de mi padre y mi abuelo en la carpintería, entre madera, aserrín y máquinas. Después fue la universidad, que aportó otro conjunto de palabras que también hice mías. Pero fue en un hospital —ese lugar de fragilidad y redención— donde llegó la literatura. Y fue ella quien definió mi rumbo, a pesar de que muchos creían que sería carpintero, ingeniero electrónico o profesor investigador. Todo conspiró para que fuera poeta, y me encontrara con usted.


Su curiosidad es un regalo. Su desafío al qué dirán, lo aplaudo con alegría. No es una respuesta automatizada la que doy, es sincera y reflexiva. Me gustaría, sin duda, que usted fuera la razón principal del entusiasmo que me mueve a escribir poemas cada día para sorprenderla. Pero eso no puedo elegirlo yo. La entropía —esa constante de lo inesperado—, la segunda ley de la termodinámica, me recuerda que quizás es un cisne negro quien determine nuestro destino. Y sin embargo…


Si pudiera elegirlo, haría que usted amara con locura la literatura, que fuera tenaz y valiente en la ciencia; cada noche le pediría a los dioses que no dejara de leer ni de escribir jamás. Imagino con ternura que tomamos café, de vez en cuando, para conversar sobre sus lecturas y sus notas, como dos locos desatados en este mundo cruel y aburrido que intenta controlarlo todo. Pero nosotros no. Nosotros no renunciaríamos a nuestra libertad.


Dejo una invitación eterna para usted: crear un techo de letras y números bajo el cual dar color a la vida. Que las palabras sean abrigo, las ideas ventanas, las ecuaciones vigas de pensamiento, y que la literatura sea el fuego que nos mantenga vivos.


Por eso, si puedo pedir algo más: trate de escribir con el alma desnuda. Escriba todo lo extenso que su corazón permita, revise su gramática si así lo desea, pero sobre todo deje que sus ideas respiren. Y cuando esa pieza de texto esté lista, cuando brote de su noche como un lucero nuevo, me dará una inmensa alegría saber de usted. Leerla con devoción, con curiosidad, con respeto. Cada día. Como quien abre una carta que espera cambiarle la vida.


161. El problema más perturbador: la pérdida del deseo


El problema más perturbador de nuestra existencia es la pérdida del deseo. Cuando el deseo se desvanece, nuestra relación con el mundo comienza a deteriorarse; se resquebraja el vínculo más íntimo que tenemos con la vida: ese que sostiene la curiosidad, la creatividad y el amor. Y si también cesa el afecto, el abismo se vuelve aún más insondable.


El deseo no es un lujo; es la dimensión central de la vida humana. Es una función primordial que evoluciona, se transforma, a veces decae, pero que también puede reconstruirse. El deseo energiza nuestros vínculos, alimenta la imaginación, da forma a nichos de placer, incluso —y especialmente— en aquellos territorios donde somos extranjeros.


Pero si no nos atrevemos a confrontar nuestros miedos, si no los transformamos en rupturas de renovación —quizá sostenidos por la ciencia, la literatura, la música, las matemáticas, la poesía o cualquier otro amor eterno—, el vacío del deseo se llena de sus sombras: el aburrimiento, la ansiedad, el enojo. Y así, la distancia con el mundo se vuelve más pronunciada, más dolorosa, más definitiva.


Los conceptos simplistas, las rutinas que no exigen saltar los límites de nuestra propia mediocridad, los discursos de bienestar que no despiertan ni una chispa interior, son los principales obstáculos para cultivar un deseo saludable. La disfunción del deseo es el síntoma más silencioso de una creatividad en decadencia. Es el signo de que hemos dejado de confiar en la conciencia virtuosa que habita en todos los amigos verdaderos: los libros, la música, la imaginación, y la alegría de hacer felices a otros.


El deseo y la satisfacción conforman el núcleo de una existencia saludable. Todos, en algún momento, experimentamos la decadencia del deseo poético. Pero es precisamente la falta de cultivo del deseo, más que cualquier otra cosa, lo que hace disfuncional la experiencia humana.


162. Sin confianza no hay nada


Un día, un anciano dijo: la única confianza que tendrás será en tus derrotas, como espinas cosidas a tu herida. Un deseo es algo que se quiere; una necesidad es aquello sin lo cual no se puede sobrevivir. Solía pensar que las palabras morían con los momentos. Pero hoy sé que algunas palabras se quedan, regresan, susurran en otros tiempos. Tú, que pintas con colores intensos, tengo la certeza de que cumplirás un camino verdaderamente único. Miro hacia todos lados, abro los ojos… y ahí estás tú. Soy refugiado de la poesía, soy esto que ves aquí. No puedo darte mucho más de lo que soy, pero si sirve de algo… cada tarde puedo escribirte poemas que nadie más conoce.


Regálame tú la voz de tu alma. Aquí dentro, hace tiempo que lo improbable ocurrió con tu existencia. Cuando el mundo se cae a pedazos por la pérdida de confianza, hay que saber ofrecer lo que uno tiene: los postres que haces, que guardo como bandera de lo posible en un libro de poesía. Muchos de nosotros caminamos como extraños de nosotros mismos. Es una paradoja de la mente humana: huimos de lo que no queremos enfrentar, de lo que no tiene respuestas. Pero en nuestras huidas también encontramos a otros —personas reales— que se convierten en parte de nuestra vida, héroes secretos de nuestra libertad.


Solo a través de la reflexión profunda, de aceptar lo que somos con honestidad y sin juicio cruel, podemos liberar la tensión que nos dejaron los falsos amores, las ansiedades, las heridas que no sabíamos nombrar.


Sí, la mente está llena de sombras. Pero las sombras no pueden soportar la luz de la poesía, la pintura, la música, la ciencia… y la mirada de esa chica. Porque hay miradas que encienden cometas en la oscuridad, y nos recuerdan que también somos luz cuando soltamos el dolor y dejamos de construir muros contra la belleza.


Toma esto como advertencia: no es amor si solo quieren de ti lo superficial. El amor verdadero quiere lo más profundo de tu persona. Uno de mis errores más grandes fue creer que podía sostener todas las piezas de mí mismo sin arte.


Asegúrate de que los muros de desconfianza que construyes para protegerte no se conviertan en la prisión de tus propios sueños.


Tu corazón es un jardín: lleno de rosas, de semillas que plantaron aquellos que ya no están. Ella —tú— intenta alejarse, pero su mente en guerra con el corazón construye caminos de poesía. Cuando el silencio de la madrugada escribe sus letras como única respuesta, aún creo que hay esperanza… Porque mañana, tal vez, encuentre tiempo ella para un café y mil libros.


163. Cicatrices con café


Es un tiempo asesino, que rompe el corazón y sigue rompiéndose en cada latido. Sorprendido de leer nuestras letras inexpertas con alegría, vuelve —impaciente como el viento— para compartir contigo cicatrices con café. El amor fiel me recuerda tu mensaje puntual de cada madrugada. He sido tan seducido por el aroma de tus letras, que quedé abandonado de todo, menos de ti. La mariposa en tu rostro es un tesoro de poesía que nos aleja de la tumba silenciosa del no fue.


Lo que nació como sentimiento se convirtió también en fuerza mental dentro de las letras. La poesía es desbordamiento espontáneo de estética y emoción; nace en la tranquilidad de escapar de todo, solo para habitar en la musa.


Hoy comprendo que observar tu filosofía en el movimiento de tu rostro lleva a otro nivel tu cariño. A ti hay que leerte entre líneas, respetando cada coma y cada punto. El tiempo no cura nada si no hay primeros auxilios cuando consigo respirarte… Así, mis letras y el silencio se hicieron respuesta a toda tu mirada. Te envío este mensaje por Facebook y paloma mensajera. ¿Qué hora marca tu reloj? Bajo tu piel, habla nuestro hermoso secreto.


No soy. Soy un carpintero de hojas de papel. De ella nada sé. La escritura es apenas un pedacito de mi realidad, hermosa ladrona de suspiros. Frases y párrafos: piezas de texto, pedacitos de alma. Enterré la ambición material en el bosque, junto a la angustia. Solía dar paseos por los libros más radicales; ellos me empujaron al acantilado. Tú, ¿hueles mis gritos? Vienen de otro lugar, más allá del margen de la página.


Ahora todo viene de las voces profundas de la poesía. En este camino hacia el cementerio del olvido, el poema toma muchas formas: lágrimas, molinos de viento. La palabra evoca imágenes que hacen plural la tristeza, pero el dolor, siempre, es singular. Me pregunto si, cuando la gente muere, escucha al anochecer su memoria arrastrándose por la carne que fue; si presencia la muerte y renuncia a los amores no correspondidos; si toma su último aliento veinticuatro segundos después.


La forma en que el viento sopla, cada vez, deja mi existencia un poco distinta. El desamor del poema es también respuesta a su pregunta final, su última punzada. Ese tiempo —ese tiempo asesino— tiene el poder de hacer olvidar las penas a los vivos, y regalar memoria a los muertos. A los vivos nos arrastra, sorprendidos de alegría, a mirar por las puertas de muchas realidades.


Esta mano viva está para ti, ahora cálida, capaz de sostenerse con seriedad de tu vida. Si hace frío, y el silencio helado me hace extrañarte, aún así en mis venas la vida roja podría fluir contigo de nuevo. Y tú eres conciencia. Aquí está el poema: lo sostengo hacia ti con todo mi ser.



164. La palabra no es medio, sino mundo


Hola. Cuando digo hola, me refiero a gratitud… cuando digo gracias, quiero decir que te adoro. Cuando digo que te adoro, quiero decir que voy a comprobar la poesía en tu rostro. Quiere decir, cuando dejas miel que llevas en tus letras bajo la piel. Bueno, me gustan más que las flores el jardín de todas tus alegrías. Gracias por cada alba en tus letras, poemas más grandes que tengo dentro de mí. Soy un café entre letras en esta ventana fría, como para hacer malvaviscos. Mi pequeña dama de postres de luz. Quiero decir que no soy el camino de menor resistencia. Pero lo juro, fui alcanzado por un rayo de literatura. Mi pasión por las constelaciones de todos tus ojos.


Quiero decir que, cuando la oscuridad entró en mi vida, te presentaste como fuegos artificiales, se apagaron las lágrimas y enseñaste a las nubes a llorar. La lluvia es un ritual… a veces, simplemente, no hay suficientes poemas para soñarte…


Dime, ¿qué hay en tu nombre? ¿Qué tan sólido es tu nombre si se responde con poesía? ¿Qué batallas ha librado tu nombre para ser sostén de un mito?


Te pregunto, ¿qué hay en un nombre? ¿Qué tan espeso se hace si ha servido a nuestra vida?, ¿qué guerras le arremeten?, ¿qué otros significados tiene? Linajes, razas domesticadas por algunas sílabas, fundamentos de la historia en las leyes que fueron forjadas por el fuego.


Incluso el aire escucha nuestra breve historia, que algunos leerán como materia inerte. Quedará para siempre del ser humano, y otros siempre lo recogerán cuando su siglo de él esté en necesidad. Y tu nombre, la mayor fuerza de mí. Seremos para ellos una estrella más; seremos una rosa, no como su perfume, sino como un aroma de cómo decidimos vivir esta vida de incertidumbre.


Venimos de cada temporada que se inclinó con la lluvia. Pero aquí está la tierra, con ganas de arder, el aire como la letra, sediento incluso del agua que llevamos en nuestra piel. Los nuevos vagabundos en esta tierra no sabemos esperar el agua, nunca hemos esperado tanto tiempo a la lluvia que todos los árboles hablen de poesía. Por ahora, veo el libro arder, conducir a través del humo que mancha las montañas y sostiene la vieja mancha frente al sol. No sé nada del fuego de los libros, su propagación; solo sé que cada cuerpo hace su propia ceniza, maneja su propia memoria de amor.


165. Aquí, el poema no es adorno ni juego: es resistencia y ofrenda


No sé por dónde comenzar, debatiendo su fin con el tiempo. Nombrar estas existencias que son solo cosas porque la pupila así las reconoce y las transmite a las neuronas, repetidamente, que las aprenden de memoria. Siempre es, y sin embargo, un oficio reducido. Lo mismo con un rostro: su tesitura en un tono conmovedor o suave, el temblor y la red de neuronas, y tanto el corazón... Lo que queda después, resuelto, son las dimensiones encontradas. Es esto sin saber nada: sentir que poco valen estas sílabas en la profunda poesía. El color de esos ojos no se conjuga con nada más. Lo mismo una cara, su textura conmovedora y suave, el color a través de la red de neuronas. Y el corazón también. Lo que queda, una vez que se han dibujado las dimensiones, es esto: sin saber nada en absoluto, esta sensación de lo inútil que son las sílabas, que no son la realidad, que inevitablemente buscan refugio en las cálidas pendientes de las montañas de libros y surcos vivos, con células y venas diminutas del cerebro, donde los adverbios se pierden y dudan.


El aroma de tu existencia, poco a poco, lo reconozco como mío, pero no sé conjugar toda su ciencia, solo declinar, a medida que —a pesar de todo— hablamos de nombres de cosas y seres, porque una red de realidad se crea en el lenguaje con que nombramos, pensamos e inferimos.


Estaba en tono invisible la lectura. Sin consistencia de visión se hizo. Muestra en la sábana la memoria: un libro en casi todo. Más era un rostro de magia el tuyo, pretexto de poema. Quemado la linfa por un tiempo más corto que mi tiempo de vida, todavía era un tiempo vivo… Aún espero tus letras con sustancia inmortal: alimenta tu tibia poesía en el punto menos imperturbable de la cola del cometa.


Tus heridas, quiero curar con mis letras… Tu entusiasmo lo he soñado en un poema, sentado junto al fuego de tu sonrisa.


Esa escritura guardaba en el alma tantas sonrisas que nunca nacieron, tantos recuerdos que nunca fueron… y en los días grises de lluvia, su recuerdo es perfecto.


Un cielo lleno de estrellas, y él la miraba fijamente. Fue su caos lo que la hizo hermosa. Dijo: persigue tus estrellas juguetonas, la vida es corta. Prefiere tener un cuerpo lleno de cicatrices y una cabeza llena de recuerdos de tardes de lluvia, que una vida de piel perfecta. Nuestros poemas eran notas dejadas atrás a un yo más joven, confundido.

Ella: dame solo la luna, un poco de vino y viejos libros riendo en el desierto, y te mostraré lo que los paganos de la literatura llamaban Dios.


166. Calma, tranquila


Como caducidad dolorosa de todo lo vivido, la poesía que nos une puede leerse enteramente, limítrofe con el más radical desamparo. Estoy contigo, y en cada alba perdura nuestra raíz a la vida misma. Entre letras somos peregrinos que se presentan. Nuestra letra es una aventura de renovación, un acto creativo, un comienzo de la mano perpetuo. Escribirnos cada día no es solo un estado de acción, es una actitud de conciencia, de estar presente para el otro que nos piensa y nos siente.


Apenas te he leído y deseo ir más lejos… no parar, y todo el tiempo escribirlo en poemas; permanecer en una frase durante el primer instante en que la poesía está por debajo de la piel. Despertar que nos lleva a través de los sonidos de las palabras. Somos instruidos por Whitman en la alegría de un espíritu profundo de la poesía, una forma de escribir ternura que abre dentro de nosotros.


Leer poesía es un acto de reciprocidad, y una de las grandes tareas de la letra es ponernos en una relación correcta entre nosotros… más profundamente con uno mismo y con la otredad. El poema entrega nuestras vidas en el don de la intimidad, la privacidad y la apertura al mundo.


Soy un firme creyente en que hay belleza en el contraste: en los días claros y grises, en la esperanza y el dolor, en el fuego y en la ceniza. Soy un firme creyente en la caída y en el ascenso de la literatura; en el pecado y en la salvación. En los quebrantos de la vida, las personas que mantienen sus pedazos intactos… solo el carácter, firme o blando, los une de nuevo. Soy un creyente en que hay belleza en el contraste: no has vivido hasta que has muerto.


El mundo te va a dar belleza, pero también te va a dar dolor. La mayor lección que jamás aprenderás es que esto también es un regalo. La ciencia es para los más valientes; la poesía, para estos mismos; y las matemáticas, también.


Es difícil seguir adelante. Te descompones de maneras que nunca esperabas que se rompieran antes. Pero cuando esto suceda, no temas la reconstrucción. No te lamentes de los pedazos de ti mismo que quedaron en el suelo. En su lugar, únelos con poesía, ciencia y matemáticas… mira todo en ellas: es el mejor lugar de sanación.


167. Café, poesía, esperanza y confianza… escribir para tus ojos


Su cuerpo es un cementerio para aquellos que no podían amarlo. Su corazón es más que un cementerio para los cobardes. Bienvenida la ciencia, la poesía y las matemáticas. Adiós a decir que no a un café. Es difícil a veces, porque la acción de irse es tan permanente. Esa persona ocupa gran parte de su cuerpo, delineando la existencia con magia de sorpresa…


No puedes mostrar quién eres si todos no aprenden a reconocer la belleza de las obras de los héroes del pensamiento… El adiós es tan simple como abandonar un libro en la primera línea de una página… No para la persona que se fue después de un huracán creativo que una vez amó.


La vida nos expresa que el amor es frágil, y nos asombra en la lucha genuina de sus viajes. En el proceso de traer a él sus propias experiencias, nos sentimos encontrando y cambiando sus vibraciones sísmicas, el sonido de sus profundidades. No hay lugar en que no te vea. Hay hermosas palabras en ese café que sostienes en tu mano; usa la magia que se arremolina en tu mente para pintar las imágenes que ves en la poesía… Salir y conquistar, porque el mundo es pequeño y tú eres una gigante, y cada paso que das hará templar el suelo a medida que se eleva tu virtud.


Para nosotros, el horizonte era solo una ligera curva de esperanza que se desvanecía detrás de la última línea de árboles. Café y poesía… Nunca estamos solos, como dos leyendo bajo la misma luna.


Los árboles parecen respirar más por la noche, una frescura en el aire como si el mundo estuviera naciendo de nuevo. En lo profundo del alba, escribir para tus ojos, curar tus heridas con poesía… Espero cada anoche tus letras. El silencio en el filo de un suspiro, al mundo que espera todo el brillo de tu ser.


El paso más difícil que todos debemos dar es confiar en lo que somos cuando creamos el mundo con el arte de pensar y sentir, de versos y pinceles…


De vez en cuando, rastrea las cicatrices que la vida te ha dejado. Te recordará que, en un momento dado, luchaste por algo. En el momento en que realmente comienzas a creer que mereces felicidad —algo más grande que lo que has estado conformando—, tu corazón llora un poco, como si fuera la primera vez en años que ha sido capaz de abrazar esperanza; como si fuera la primera vez en años que ha podido descansar, sonriendo, en la mirada de un compañero de vida.


Cuatro estaciones llenan la medida del año. Hay en la mente la primavera de fuego. Toma en toda la belleza de esa chica el verano de lluvia, el pensamiento en el portal de los sueños. Está más cerca del cielo con su alma de otoño, cuando sus alas de tentación se cierran. Tiene un invierno también, que en letras de amor renunciará a su naturaleza mortal. Esta pieza de texto, nacida para el consuelo de tus heridas… un espacio en tu propia habitación. En tu intimidad me refugio. Mil pulsos de latidos de corazón…


Mis ojos están concentrados en pintar en estas letras. ¿Puedo estampar en letras para encontrar tus hermosos ojos? Puedo pensar, crear para ti con tinta invisible entre sombras. Tú y yo estamos aquí, esperando el alba.


168. Adoptivo del silencio y el tiempo lento en la poesía


El poema no pide respuesta: la construye, paso a paso, como quien se queda en un lugar solo para demostrar que el alma también necesita habitación propia.


¿Dónde está el Poeta? Muéstrale literaturas para que lo conozca. El hombre que, con un nombre, es igual ya sea rey o el más pobre de los carpinteros. Un hombre puede ser cuando encuentra su camino a todos sus instintos creativos; ha oído al león rugir dentro, y puede decir con elegancia lo que hace el dolor de sus heridas.


¿Qué misterio se escribe en su página que persiste sobre su forma de ver a esa mujer?

Lee a los muertos de las grandes letras.

¿Qué humanos o dioses son estos?

¿Su locura qué buscaba en el arte?

¿Qué éxtasis salvaje surgió de todas las cicatrices de esos días?


Las melodías que escuchas todas te recuerdan a la tentación,

porque los poemas las vuelven más dulces.

Valor inquebrantable debajo de los árboles pueden estar desnudos.

Ella no puede desvanecerse, aunque ya no me lea,

y además me deje en el alba solo...

Tus letras para siempre respirando pasión humana,

muy por encima de toda poesía,

una mirada ardiente y una escritura que vienen del sacrificio de hacer nacer verso libre...

Seguirás siendo, en medio de otros males,

la melancolía del abandono.

Todo lo que necesitas saber es: escribir hasta morir...


La vida me ha enseñado, al mirar las cicatrices,

que, a menudo, son las personas que más aman las que las transforman en arte;

están destinadas a hacer una vida hermosa.

No todas las personas que conocemos y sentimos profundamente

están destinadas a hacer un hogar dentro de nosotros.

Hay personas con lágrimas y tristezas que nos encuentran,

vienen a nuestras vidas a describir el arte

y, con él, enseñarnos a amar.


Sí, a veces esas personas se van porque temen algo:

nuestra edad,

nuestra precaria economía,

nuestra rebeldía permanente por la justicia...

Y eso es lo que importa: que decidan quedarse a formar un hogar,

o que desmantelen el puerto obligándonos a navegar por lo que importa.

Eso es lo que queda de una vida de crear pensamiento,

sentimiento,

luz

y esperanza,

desde la más profunda derrota de este mundo.


Hagas lo que hagas, simplemente siente lo que estás sintiendo en este momento.

Dale un hogar dentro de ti.

Quedémonos abrazados todo el tiempo que necesites.



169. Tú, aún sin saberlo, ya me he quedado contigo…


¿Cómo te hace sentir cada pieza de texto? Confía en mí cuando te digo que, si te hacen cuestionar si soy digno de ser amado por ti… En un mundo que busca la conexión, extrañamente el contacto visual es ciego. Nuestras respuestas vienen de la poesía; no silenciamos nuestros instintos cada alba… Las heridas sanan: eso es lo que crea profundidad dentro de nuestras almas, eso es lo que, en última instancia, unifica. Usemos el destino como una excusa, la tentación como una disculpa para todas las personas que no comprenden: el destino no existe, la poesía sí. Ahí es donde nos fallamos unos a otros. Pero tú, tú te quedaste luchando a mi lado. Si alguna vez aceptas ese café, saldremos del caos, recogeremos nuestras cicatrices, que nos han inspirado profundamente cada noche, para custodia del sol mientras termina la noche.


Puedes decir que has sanado no cuando has olvidado, sino cuando, de mi mano, juntos escribimos los libros de poesía que transforman lágrimas en pasión… Todavía hay tiempo para nosotros. No me importa lo que haya pasado, ni las cicatrices, ni las heridas. Nada de eso define lo que eres al final. Mantente abierta: es como entra en tu ventana nuestra luz.


Me gusta cuando haces que nuestros encuentros entre letras sean ojos tocándose. Si no me lees, parte de mí se expira, se muere y no vuelve… Demasiadas caricias entre ojos, repartidas entre letras en el alba… Yo amo las matemáticas, espero ser tu mejor ecuación; amo la ciencia, espero ser tu mejor predicción; amo la poesía, espero ser tu mejor pasión…


La verdadera es una vitalidad poética que implica una mente tan milagrosamente sintonizada e iluminada que puede formar palabras para una cadena, en una entidad viviente: un poema que revive por sí solo sin el autor en presencia física. Afecta al lector con su magia almacenada en sus versos. La profunda intimidad de la poesía la hace deliciosamente peligrosa, porque llega tan lejos de la piel, a la mirada vital interior del lector. Porque los poemas no son, como la gente piensa de manera ligera, simples emociones: son la experiencia profunda de lo humano… Estamos convencidos de que la experiencia de despertar por la mañana, uno la obtiene con la fresca intensidad de existir de la poesía.


Morelia es la ciudad con más color que conozco. Solo entre un millón de corazones palpitantes todavía se puede escuchar el aroma del café en las conversaciones de los amantes de las letras, las quemaduras de las lágrimas de tantos héroes traicionados por cobardes en un balcón de gobiernos miserables.


Refugiado sobre lo alto del cerro del sur, un escritorio y mi ventana al sur… el paraíso de un carpintero en el bosque. La lluvia dejaba caer su cadencia en mis pensamientos, bombeando aliento caliente, obligando a que la ventana se agriete de tiempo y pasión. Allí, cada noche me quedaba dormido en una melodía de frío y literatura, envuelto en el amor de la musa y a salvo, en la tentación de su mirada, de todos mis fantasmas.


170. Belleza inefable


Pienso que a veces las grandes historias, perdidas por viejos sótanos, inundaciones e incendios, me entristecen hasta pensar también en todas las historias aún no hechas: en mentes jóvenes, en bolígrafos completos y en papel aún no impreso. La poesía es una guerra de toda la vida contra la belleza inefable.


Todos nacemos libres y pasamos toda una vida convirtiéndonos en esclavos de nuestras propias verdades falsas, del dolor causado por nuestros amores, y por las cicatrices que no sanan por falta de crear algún arte. Me preocupa que haya algo roto en nuestro tiempo: hay demasiados ojos tristes por infidelidad y traición, en caras que se venden felices en Facebook. Siempre hay un destello en aquellos que han pasado por la oscuridad de días de traición: el nacimiento de un arte de cicatrización…


La mera curiosidad de sus espíritus une sueños en lugares de alta poética. La alegría más pura es cuando rondamos a la multitud, saliendo de su mano: la poesía. Donde el amor y la amistad todavía se forman divinamente, con lazos que bendicen la vida. Cada expresión es lo más real desde las profundidades del sentimiento y del pensamiento. Escribir cada alba para sus ojos, el momento salvaje en su estatura perfecta se encuentra por fin confesado, tartamudo, en su sello de orden. Lo que deslumbra en su tentación, hereda la posteridad.


Te conocí cuando me mostraste tus cicatrices.

¿Dónde está el corazón libre?

Los elementos de la vida, ¿cómo los conquistas?

No, no es el acuerdo de su corazón instado hacia afuera, lejos y tenue.

Para escribir ese mundo girando, a una distancia de tonos discordantes de toda existencia.

Cada noche, en las letras, se lanzan juntos, donde pueden palpitar en la más grande consonancia que hace tormenta en estas almas que crían la puesta de sol arder en sus senderos, en el borde revelado de sus existencias.


El misterio de cada alba.

Dejar que una imagen de oro, detrás del sol, sea su cabello.

Cuando escuches estas líneas, nos levantamos por un momento más allá del carácter…

Palabras que vienen y, en este momento, obedecen las leyes de la música, la poesía y la geometría de todas nuestras heridas…


¿Qué ser eres tú que usurpas a esta hora de la noche? Antonio y Cleopatra no se mezclan, sus diferencias los hacen perfectos… Obstinadamente resistiendo y repeliendo, crean una historia de amor. Harold Bloom la consideró el extraño efecto de la epifanía. Al escribir, se crean figuras de pensamiento impregnadas de tu metáfora, escrita en tus ojos de miel… Qué gran honor, asistir a devociones nocturnas acompañado de tus ojos en mis letras. En las bendiciones de la noche: bosque de lluvia, ventana de sol, puerta del cielo y estrellas que anuncian nuestra mañana.


Le pregunto:

¿Sintió inclinación por los sonidos de las letras lo suficiente como para que mi voz se mezclara con la poesía, que fue manos sobre sus ojos?


La pequeña vida del sobreviviente de poemas…

Como decía Borges: toda forma de amor duele,

solo sabemos que es mejor que duela; de lo contrario, estamos muertos.

Cada noche te escribo como un viaje hacia ti.


Hay un consejo posible que da la vida de todo esto: es el secreto del mundo, es mito y símbolo…

Si no escribimos para ella, siempre son los otros los que deciden sobre nuestra vida.


Porque la poesía es un pacto con la realidad,

cuando nuestra ficción y las emisiones más bellas inundan todo.

Estoy a punto de llegar al poema definitivo,

y poco importa la intuitiva herida que no quiere dejarnos ser otras personas…

Ser todos los sitios diminutos de orgullosa virtud.


171. Leer el poema


La mujer que regresa a su cuerpo después de leer el poema. Un cuerpo metáforas que regresa al cuerpo.


Ya nunca deja de ser por ti. La alegría, la voluntad, los nervios, el deseo, la esperanza. Y todo es por ti. Nadie nos dice cómo sobrevivir… nunca escribo solo para mí. Escribo por el placer del momento que existe en el movimiento de tus alas. Sé que la escritura me hace ver, atraída por tu mundo a mi paso. Borges dice: “entra la luz y ascenso torpemente de los sueños al sueño compartido y las cosas recobran su debido converger abrumador y vasto el vago ayer…” Escribir es un despertar de todo mi ser por ti.


Con la mirada más profunda hacia adentro podemos ganar el coraje de evolucionar. La fricción dentro de la mente seguirá desbordándose hasta que procesemos las emociones y entendamos cómo dan forma al ego, a la percepción y a las reacciones. Hacerlo no es fácil. Inclínate hacia la luz de los libros, sigue adelante incluso cuando es difícil. Especialmente cuando es difícil. No dejemos que la duda nos detenga: confiemos en el proceso de hacer arte en cualquiera de sus modos. Cuando el estado de ánimo es bajo, deja que el crecimiento sea tu misión, deja que la curación sea tu recompensa, deja que la libertad de crear sea tu objetivo. Todo el mundo puede beneficiarse de la curación que nos da crear música, matemáticas, literatura, poesía, filosofía… Incluso aquellos cuyas heridas son graves han sentido el aguijón del arte. Aún espero que me escribas.

Estoy contigo.

El viento de nuevos tiempos me sacudió toda la noche.

Mientras dormía, un susurro decía: este es el momento, aquí, ahora.

Una pesadilla, una catástrofe, un apocalipsis…

Desperté mirando mi cadáver, y el silencio era el silencio que envuelve a los muertos.

Toda vida existe a la espera de otras vidas.


Entonces me dije a mí misma: la historia es la naturaleza humana.

Es decir, que soy culpable es aceptar la implicación en la raza humana.

Ahora, durante meses de leer y escribir, he encontrado a otro hombre en mí.

Él no soy yo.

Solo soy yo cuando mis letras están en sus ojos…


El vacío da a luz la primera pregunta: ¿por qué?

Y mata todas las respuestas…

¿Por qué nacemos y morimos?

¿Cuál es el sentido de la vida?

¿Por qué estamos aquí?

Todas las personas mueren. Todos están vivos.

Y eso también significa que todos mueren.

Pero pocos viven realmente dentro de la pregunta.

Y muchos menos viven dentro de las respuestas.


Hay prácticas a las que recurro al escribir.

La mente matutina es el regalo que viene después de soñar.

Si le he hecho una pregunta a mi psique la noche anterior, al amanecer la respuesta me está esperando.

Rara vez esta información me engaña, y por lo general va acompañada de un momento de despertar en el mundo vivo.

El sonido de las letras moldea nuestras percepciones de manera inexplicable.


Otro día, noté una libélula cuyo nombre aprendí.

Nuestra ventana está siempre abierta.

Entra en nuestro hogar cuando leas estas piezas de texto.

Las palabras vuelan en nuestras mentes cuando el inconsciente está tratando de hablarnos de ese ser que tenemos presente y hacemos nuestro, con sus heridas.


Imagínese un lugar donde el viento talla la roca en cañones de luz.

Imagínese un lugar donde el tiempo se cuenta en la estratigrafía de la piedra.

Imagine un lugar donde los arcos de arenisca se atreven a revelar secretos a través de ellos.

Y si su imaginación fuera un ejercicio de veracidad del terreno, estaría de pie en el paisaje erosionado de la ciudad marginal del áspero corazón de México.

Profundamente fue manantial de maravillas, especialmente en el erotismo de su ser. Hasta nuestras propias plazas de la ciudad, en nombre de la resistencia, pensé en lo que significa ocupar un lugar: echar raíces y permanecer. La forma en que uno camina por el mundo se ve afectada por los pesos cambiantes de las cosas hermosas que matizan la ciudad.


“Ese humor filoso, mezclado con erudición y un ligero desdén hacia las modas intelectuales, sería, entre otras cosas, la marca de la relación…” Conversar con filósofos sobre tus postres, atravesando la existencia: estas letras te abrazan con honestidad y la alegría de acompañarte por estos años. Borges y Bioy, Isaac Volpe


172. En ella nos liberamos


Podíamos escuchar las aguas agitadas por delante, ver la niebla deslizándose en el rápido movimiento de las manecillas del reloj. Desaparecemos momentáneamente en letras profundas. Enfrentamos las heridas del ayer en nuestros gritos transformados en poesía. Mientras otros se aferraron a sus lágrimas y se tiraron al vacío… me regalas el honor de escribir para ti cada alba.

Todos seremos olvidados. Eso no me asusta. Lo que sí temo día a día es que no busques nuestro hogar en las letras. Sin eso, perdemos de vista este precioso regalo llamado vida.


Ni siquiera los pájaros carpinteros entienden el color de mis letras. ¿Qué más podría significar el silencio que no sea pensar en ti? Podríamos ser los primeros despiertos, la respiración de los poemas en nuestra mente. Me levanté hechizado por tu existencia en el borroso atardecer. El sol está ahora rebosante por un orificio entre las nubes con borde dorado, y el rocío comienza a chisporrotear aquí. En la oscuridad de la noche, las hojas se oxidan y crujen en los árboles. Camino por la noche con usted en mi pecho, estrellas humean hasta bien entrada la luz del día.

La primera vez que veas en ella una herida, algo morir, sabrás que curarse en este hogar de letras es posible. En este día que tenemos, confesarnos deseos sin miedo… escribe, porque tengo la certeza: haciendo tuya la poesía, podemos iniciar un viaje juntos. Anímate a subir a este hogar de letras hecho para nosotros, trayendo todos tus sueños. Por todo lo que has sufrido, necesitas intentar de nuevo enseñar con tu sonrisa el valor más heroico. Vamos a pescar caricias en la poesía y hacer de nuestras ganas de un mundo mejor el hogar transformador del llanto en poesía.


La textura de la luna se deslizó durante horas en nuestras letras. Estaba en el poema.

Escucha cómo tu corazón late dentro de mí. Una vez que descubrí el mundo con tu existencia, era tan pequeño que cabía en dos manos un universo, tan simple que una sonrisa lo describía, tan hermosas cicatrices resonando en oraciones.

Las historias no nos recibieron siempre amablemente; nos arrojaron arena a los ojos…

Nuestro encuentro, en tiempos inciertos, es crear letras de poesía como hogar.

Tan grande es este hogar que cabe en dos manos abrochadas, tan fuerte que tu sonrisa en estas letras lo describe, tan extraño como las verdades que resuenan en las meditaciones de tus albas.


Después del cuento de hadas, de heridas profundas.

El viento canta los lamentos del tiempo.

Vuelvo a ti, al mundo de poesía real, lleno de destino, de luz en la ventana. Tú, cada vez que los ojos se abren en nuestro hogar de letras, conoces una melodía del alba tan suave como tu mirada.


173. Viviré la eternidad contigo


Toda poesía marca el tiempo y lo mantiene abierto. Nos acercamos nerviosamente al borde del pensamiento. Con el susurro del viento, sentirás que vivo en ti. El cielo llora sus gotas… La sabiduría, el sentido de la vida, con verso el camino hacia el sol. La respuesta que busco entre las huellas de tu ser: viviré la eternidad contigo.

Una palabra, una que nadie en el mundo podrá comparar.

Hoy eres esta poesía, eres mi razón y mi locura.

Hoy tengo celos y alegría: alguien, este día, te dejó algo al oído. Nada que añadir.

Paciencia… Qué grato que hoy no despertases sola. La paciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son de lo más dulce.

Bendigo a ese ser que ahora está contigo, porque te devuelve la vida esta mañana y te recuerda que la muerte puede esperar.

Somos felices cuando el gato, sin que lo acaricies, nos mira y ronronea.


Pensé en ti cuando miré el cactus. Pensé en ti cuando el aroma de café llamó a mi ilusión. Tan eterno como mi ser, no te separes. Soñé contigo, donde unos ojos te llaman amor… El estar lejos de ti: ¿qué motivos tiene la esperanza? Quiero hacer tus heridas mías, sentir latir tu mirada en las letras que son hogar de poesía.


Reconstruyo cada noche la escritura, retoco cien veces los poemas. Romper el silencio con un manantial. Ella, la chica científica que espera en el alba el hogar de estas letras. El destino de la poesía: romper el silencio con agua en el desierto. Caminar con letras frescas. Salir a la calle, acabar entre sábanas, en largas despedidas, en conversaciones de almohadas en la distancia.


Sí, romper el silencio alejándonos de todos, en pasos que nos traen de vuelta a nuestro hogar. La ventana permanece con esa luz encendida, para que ni la profunda noche se apodere del silencio. La poesía, nuestra, nos enseñó que las sábanas en el alba no eran solo para dormir. Ella dijo que sus cicatrices recordaban su vida. Yo escribo para ella: regalar un paseo acompañado de letras, hacer sentir que llegamos al mismo sueño, juntos. Sé pasión de vida. Siempre hay una alba diferente. Escribo esos susurros indelebles que dejaste con tus letras en mi oído.


174. Inviernos grises


En la literatura, me llamó la atención la idea de que la muerte nos da el terrible privilegio de ver una vida entera. Es un hogar para ese privilegio incómodo, y la poesía es ese género literario que más poderosamente ofrece una versión secular del narrador. La narración es, por así decirlo, el fuego en el que los lectores se calientan en los inviernos grises. La muerte proporciona la autoridad del narrador. Es la muerte, dice Benjamin, la que hace que una poesía sea transmisible.

Existe esta extrañeza de una poesía de vida que no tiene forma, o más exactamente, nada más que su presente, hasta que tiene su final; y de repente toda la trayectoria es visible. La literatura a menudo nos da esa visión formal de la vida de alguien: podemos ver el principio y el final de muchas maneras, sus desarrollos y errores, éxtasis y deriva. La literatura hace, por su alcance y tamaño, muchos comienzos y finales. Y en parte avanzamos a través de una historia dadora de vida: era, decimos que es, y entonces, de repente, lo fue.


Describir el tiempo en que nos encontramos es una lucha que a menudo está sucediendo en una vida, entre el presente y el pasado, la instancia y la forma, el libre albedrío y el determinismo de nuestros genes. Las cosas que se hayan escrito alguna vez —sostengo que en ellas, y como resultado de ser literatura en sí misma— están más llenas de lo humano que cualquier otra forma de pensar sobre la existencia. Ver con las letras, o sentir con el corazón, o pensar con la mente son términos abreviados de lo que está en juego cuando, como dijo Tolstói, el arte no ofrece simplemente una sola idea o un sistema capaz de ser parafraseado, sino que transmite algo más que intelecto, sin ser nunca menos que una forma de pensar.


La literatura se transmite siendo su propia visión del mundo como un todo; se da en la vida con una sensación de la visión más profunda. Puede ser la historia de la búsqueda humana de significado, a través de recuerdos, ideas, transformaciones imaginativas, pero en particular, el acto de la escritura que, al mantener unidos arte y vida, hace de la creación viva de la escritura un logro —el más importante de la literatura.


El narrador o avatar se convierte en presencia emocional directa dentro de la obra, en la creación de un segundo yo. En ¿Por qué leer? y ¿Por qué educar?, la aplicación de lecturas —lectores como Borges— lee no con ojos de su autor, sino contra la obra como forma de subversión. La educación actual no enseña el escepticismo subversivo asociado a los sentimientos del pensamiento que rodean a los grandes pensadores de todos los tiempos. Es fácil ser brillante cuando no crees en nada, aseguró Goethe.


El primer deber natural del lector: arriesgarse a intentar recrear desde dentro de sí mismo una visión. ¿Cómo la vida de un escritor trata sobre el lenguaje en ese sentido más profundo, construido a partir de sus elementos: su alfabeto, sus sentencias, metáforas, frases? Para aprender palabras con significado, hay que pegarles nuestra sangre vital e imprimirlas en las fibras sutiles de nuestros nervios.


La naturaleza tiene su lenguaje matemático, pero aún no conocemos todas sus complejidades. Escribir se trata de aprender el significado del mundo a través de los esfuerzos de razonar, preguntar y justificar una visión encarnada, transmisible y habitable de las cosas humanas más profundas.


La literatura es el producto humano de intentar comprender la vida que se tiene en y a través de la obra. Para reconocer el hecho mismo de que tal vida, incluso en sus fracasos ordinarios, heridas y decepciones, puede ser utilizada, transferida y transmutada. Cuando intento escribir, medio inspirado, medio sonriendo, medio muerto… Lo único en lo que debería preocuparme mucho sería la desesperación absoluta que sufrí de poder lograr algo con las letras. Nadie podría haber sentido una mayor desesperación, y un conocimiento de esto podría ser una ayuda para algunos. Pero por otro lado, podría conducir a un aumento de la mala escritura si esa conexión entre palabra y sangre vital no se hace presente.


George Eliot escribe a los 37 años, Dickens a los 24, Jane Eyre a los 31. Lo que llamamos nuestra desesperación es, a menudo, solo el doloroso afán de la esperanza de escribir todos los días como una forma de respirar el mundo. Como dentro de diferentes hebras de amor o partes de una vida, el tiempo se mueve, rastreando orígenes percibidos repentinamente. Es una vida sentida entre los fragmentos, debajo o entre ellos, agradecido por esa mujer que finalmente encontró una vocación que lo unió todo con poesía.


Pero el sentimiento estaba ahí como parte de un propósito de vida también; no era del todo claro a seres equivalentes en dificultades análogas. Escribir para nosotros, una existencia aparentemente ordinaria, puede hacer la poesía de uno mismo en cualquier forma de vida virtuosa. Apenas recuerdo la vez que nos tocamos con las letras caídas de la noche, la luz tenue; la vida divagando por delante de nosotros mientras corremos hacia los poemas enredados y húmedos. Lo que permanece en mi alma, lo que suena tan claro, es la mirada dentro de nuestras letras. Nunca olvidé que hay un lugar donde nos reunimos y nos respiramos. En ese hogar de letras, estamos de pie en el borde infinito de nosotros mismos, acantilados hacia el horizonte.


175. Hogar de letras


Mis letras junto a ti.

Poemas abrazan tu aliento.

Segura estarás en el hogar de letras de nuestras albas.

Una mirada en palabras.

Como viento, de tu mano recorre toda la tierra nuestra poesía de seda.

En cada frontera de la realidad escribo mirando tus ojos de frente.

Camina a mi lado, no busques un motivo…

Para cicatrices no hay necesidad de lágrimas,

pues camina despacio, ahora no importa nada más…

Esta noche soñé que pintabas un día para vivir libre de sequía y sereno.

Llévame en tu mundo, que arrancaré toda tu tristeza de raíz

y la poesía no dejará de pensarte.

Entiendo ahora más quién eres…

Pensaré en las acuarelas, y no sé por qué razón

las imaginé con el valor y tu dulce sencillez de mujer,

mirando en lo profundo del horizonte,

en la curiosidad de esas palabras donde termina el arcoíris.


El poema es también la respuesta a su pregunta.

El tiempo tiene el poder de hacer que los vivos cicatricen su dolor,

el tiempo regala el pasado y nos arrastra a la vida de nuevo.

Escribir: un privilegio que se juzga entre tazas de café. Y tú lo sabes.

Hay que leer entre líneas la tinta invisible.

Regalarse el tiempo necesario para alguien a quien se está dispuesto

a dar la vida entera.

Consumirse en la hoguera: tejen nuestra existencia en la red de sentimientos más íntimos.

Ser poeta es no contar para nadie que mide el mundo con dinero…

Aceptar la música que hemos de darle vida en el poema.

La prosa es más: recorrer el mapa de cicatrices de nuestro cuerpo.

La poesía habla de la herida en la hiperconsciencia.

Tiene la curiosidad vital de estar por dentro del mundo.

Aunque ya no me leas donde es posible la vida más allá de ser mercancía,

la poesía no es verdad con pedigrí.

Es un terreno de la respiración del tiempo, de los amores…

“El ser humano no puede soportar demasiada realidad.” (T. S. Eliot)


El camino del mundo nos está diciendo que nuestro deseo de proteger

los lugares salvajes se ha opuesto en el camino al de los que hacen dinero.

Si todos seremos olvidados, esto no me asusta.

Lo que sí temo día a día es a quién me estoy olvidando

cuando dejo de hacer literatura,

cuando la voluntad flaquea por la distancia.

En tus acuarelas, el color que intenta desaparecer cada sombra,

dejaremos que tus cicatrices sean guardianes de tu felicidad.


En 1839, Thomas Cole pintó The Voyage of Life.

Creó un mundo inmersivo.

El aire en la pintura vibra con esperanza y aspiración.

Muestra la enseñanza de la experiencia de la realidad en el mundo.

La corriente de la vida llega al océano al que toda vida tiende.

Son la poesía, a través de los ojos de una persona con pinceles,

lo más cerca de su propio corazón.

Los pensamientos por tu existencia flotan por el río de este día trascendental.

Un alba tras otra, las letras de nuestro hogar en toda la existencia,

como se ve el océano desde la orilla.

Gracias por apreciar que muchas veces retroceda el tiempo

a escritores de otros tiempos…

Paro justo allí, debajo de las altas horas de la noche:

siempre mirar la poesía desde el punto de vista de la eternidad.


Cuando tu pincel seguro fluye deslizándose,

la intimidad se dirige a la intersección entre vida y tiempo,

el amor que mueve el sol y las flores…


176. No abandonemos la poesía


Mirar. Así fue. Así nos encontramos.

Mirar fue. En poesía hicimos nuestro hogar.

Sentir sigue. Desde las letras.

Miramos, así fue.

Escaparán versos, y eso así fue.

Las palabras arrancan la piel: eran sentimientos a contraluz.

Se realizan conexiones.

Escribir más allá de la frontera de la piel.

Al mirar deviene algo… algo, así fue.

Acaricia cicatrices, se absorbe por los ojos hasta el alma.

Así nos encontramos, siendo extraños para ser miradas

de reinvención de nuestras personas.

Así fue. Mirar.

Sigue los símbolos en el camino, gana y nutre tu existencia.

Escaparán versos, así fue.

Cicatrices crearon poesía de seda.

Sus acuarelas, esa chica del jazz de Billie Holiday.

Así fueron 24 latidos de corazón…

Entera tu vida en medio del arte.

Miradas que se convierten entre letras en otra cosa:

un hogar de lo más íntimo y honesto.

Hemos, bajo la orilla del Océano de versos,

construido un amor que cautiva por su sencillez y sin igual.

Mira de una forma.

Forma más allá del verso, una caricia

para que las albas acompañen a dos.

Se miran dos.

El mirar de dos es un sol en medio de la oscuridad.


Escribiría / debería ser / te besaría


Escribiría como ese sentimiento.

Escribiría como la primavera de tus ojos.

Escribiría como la pausa de tu mirada en medio de un verso.


Debería ser el flujo del viento en tu rostro.

Debería ser las alas de tu libertad.

Debería haber sido lo que fue en medio de tu sonrisa.


Te besaría en medio de versos de ese jazz.

Te besaría cuando el llanto de tus ojos inventó su arte.

Te besaría para celebrar que lograste ser la chica de la ciencia.


Escribir y leer: colorear libremente el lienzo de nuestra vida

La lectura sirve para hacer resurgir a los que fueron.

Sirve para que lo que es se aproxime.

Sirve para hacer hablar a aquellos que están sin voz.

Gracias a los escritores de otros tiempos, obras y silencios se encuentran.

Sirve para hacerlos partícipes de nuestra existencia viva.

Y sea con aquellos que viven cerca de nosotros,

con las personas a quienes hemos amado

o con aquellos cuyos nombres conservan los libros.

La lectura sirve para incluirnos en esta realidad.

Sirve para reapropiarnos de los sueños de nuestros abuelos

que han quedado fuera de sus tumbas.

Leer es llenar nuestro vacío con arte, pensamiento y pasión.

Leer es la comunión entre vivos y muertos.

La lectura sirve para transformar la soledad

en una comunidad desprovista de sí.

Una solidaridad de nuestra humanidad con los errantes que se fueron.

Leer poesía del ayer es sentir llamar en voz baja

a quienes, desde el ayer, el corazón aún hierve.

Una emisión de sentido entre el amor imposible

y los amores posibles:

una página antigua exhorta a poner nuestro corazón en los libros

y amarlos como nuestra vida,

porque no hay nada que sobrepase a los libros

en su virtud de ser portadores de imaginación.


177. Escribir la metamorfosis de nuestro encuentro


Escribir es regar una pequeña planta que brota, a veces, en los más remotos márgenes de una página en blanco.

Planta cuya verdez madura con la gramática, y florece con la ciencia, la poesía…

Escribir por ella, colorear libremente el lienzo de nuestra vida.

Piel de libros hechos versos, teorías y datos en medio de la nube de incertidumbre.

Estoy seguro de que la luz en tu acuarela tiene el color de los poemas de nuestro hogar.


Las palabras se dejan, se alejan de las letras, aunque no se pronuncien más en solitario…

Aquel que en este mundo no añade ciencia, poesía o acuarela,

cada día de su vida gotea su sangre que cae en las cavernas del olvido,

de la mediocridad de la existencia.


Este carpintero busca llevarte a la luz de este mundo hecha de libros.

He estado destrozado en medio de una frase, ahogado en el lenguaje…

Tú, chica de tintes con los que el sol juega,

aquellos poemas cuya lectura nos conmueve,

nos libra del tiempo que corrompe todas las cosas buenas.


Soy la palabra del rito de tus cicatrices,

soy el sacrificio en tu nombre,

soy la ofrenda y la plegaria de tu camino en la ciencia.

Soy yo el fuego del invierno,

soy quien libera tus alas de libertad.


Escribirte es traducir la literatura en forma de letra

unida a la sangre y a los huesos de nuestra existencia.

Detrás de cada pieza de texto hay amor:

ese momento en que tus ojos están en este hogar creado para ti.


Nuestro poema es un camino de versos libres

que retiene nuestro cariño por siempre.


Es allí donde lo invisible del color

se hace visible en tus ojos.

La letra dice del niño indiscreto que no calla.

Después de lo escrito,

cada alba quiere proponerte escribir hasta morir en tu nombre.

Espero que me escribas…

quizá aún hay tiempo en esta vida.


Entre las púas de nuestros límites,

somos azarosos, empujados a lo que nos sustrae.

Hasta el punto en que somos pobres indelebles

en lo alto de un hogar de letras.


La llave de ese hogar solo tú la tienes,

para irte o quedarte a construir ciencia, poesía, acuarela

y todo el arte que desees.


Nos deslizamos en albas sin retorno.

Gracias por ser este motivo perfecto.


178. La mujer que empuja el rojo atardecer


¿Acaso no existe un intersticio que no sea esta distancia? Una zona. Un juego de líneas, sombras fuera de ellos. Allí donde el lenguaje no calle el sentimiento que crece entre nosotros. Escribir. Nutrir nuestro interior. Entre márgenes de páginas, eso es. Se llena de versos. Más allá, en el arte, deviene más. Así, cada alba absorbe la seguridad de dos existencias de la mano. La poesía sigue una curva del tiempo. Deviene pensarnos. Una zona, un hogar de letras. Algo nuevo: un hogar. Atravesar albas como pensamientos. Este presente constituye toda nuestra vida. Ni nada, ni el sol; solo que tú me leas me da cobijo e ilumina. Los poemas que te escribo trepan por el muro desnudo del tiempo. Los colores de tu acuarela de hilos disjuntos, yo los veo tratados con esa alegría que sustrae la magia de tu persona.


Ahora, no hay más camino que la pasión de nosotros entre letras y música. Cada instante tengo la invención de escribir para el brillo de tus ojos. Por paloma mensajera y por Facebook, soy mi propio signo en el camino.


Escribir con el fuego. Arderá el tarde en nuestro corazón. El poema es la leña para el frío, y tu música, el color del apetito que desea ser originalidad. Despojarse de todo contacto con la nada. Que el verso libre presente tu mirada. Es el medio para acompañarnos. Escribir para vos constituye un arte de voluntad en el continuo del mundo. El hogar donde solo nuestras voces pueden encontrarse.


El peso de este cariño causa palabras fantasma de la noche. La expresión de la poesía es el fin de cada enunciado. El escritor alimenta, desde el principio, el valor de la esperanza. Hace dos mil años, el valor de la escritura fue persuadir por deducción… La lengua moderna se esfuerza por imaginar escribir para un lector que emerge, que aún no existe. Inventa los ojos del futuro. Un hogar como el nuestro se dirige a transformarse con él, para leer nuestro porvenir. Un poema es la creación que inventa a su lector.


Emocionarnos a través del color de tu verso, retener sus colores como ídolos de aire, placer del imaginario fiel. Detrás de cada color hay una cicatriz que sana y habla de recobrar la fidelidad. Ver el vasto mundo de la poesía que nace en nuestro hogar: somos el rito de la libertad, el sacrificio de cada día para acompañarnos con un poco de arte.


Soy tu ofrenda y la hierba salvaje purificada por tu fuego. Soy la escritura de liberación para viajar de tu mano con la dignidad que mereces. Te propongo un poema… de piel, de letras, tempestad. Como dice John Donne: “Nadie es una isla, completo en sí mismo… nunca hagas preguntas por quién doblan las campanas; doblan por ti”.


Por no entender el sentido que los demás le dan a nuestra vida, John Donne nos advierte que en la poesía solo encontraremos el acento que merece ser colgado por hacer justo el placer del arte humano de la poesía.


Donde el escritor piensa, espera que el lector también lo haga. Necesitamos valor para escribir poesía en nuestros días. T. S. Eliot considera que el tema central de la poesía es personalmente intenso, profundamente humano, analista de sus propias experiencias mundanas.


La voz del poeta que habla en sus letras consigue, consigo mismo o con nadie, dirigir la palabra a una epifanía, a un amor, a un dios, a una abstracción personificada o a un objeto natural. El poeta solo finge estar hablando consigo mismo u otra persona que él imagina. Eliot vio la poesía como un asunto para las personas que están hartas de tanta realidad, una especie de cifrado que dará pistas a una personalidad peculiar detrás de lo acartonado de una vida.


Las flores, la música, los atardeceres, los árboles… proporcionan un telón de fondo imaginario para el conflicto de actitud dentro de la mente de un individuo: un lienzo para crear arte, dar sentido último a la maravilla de estar vivos, de amar y padecer la contingencia de ser humanos.


La presa del poema —sea hombre o mujer quien la habite— es un reflejo de quien ha madurado para reconocer que lo mejor de este mundo no lo puede pagar el dinero. Los poetas saben perfectamente que esta es una profesión sin remuneración económica.


En la poesía no hay espacio para el patriarcado ni para formas de sumisión por el color de la piel, la nacionalidad o el género. La letra profundiza en el arte, y para que este sea, debe ser ético. Para compartir poesía, es necesario quitarse las máscaras, ser leal a la vida y tener el valor más elevado: reconstruirse a uno mismo desde su propia relectura.


La poesía se escribe en géneros bien establecidos, como nosotros, en el verso libre, la prosa y la elegía. Muchos se burlan de la inutilidad que, según ellos, tiene el conocimiento poético. ¿Acaso ellos han resuelto el sentido del bien vivir, del bien morir, del olvido, del amor eterno…? ¿O solo suspiran ahogados, aburridos en sus vidas, que no alcanzan más allá de preocuparse por comer, beber y reproducirse, siguiendo el canon de hacer dinero como forma última de felicidad?


Te propongo escribir para invitarle a vivir una aventura, un viaje para alegrarnos de haber vivido creando el propio camino…


179. El hogar soñado al que vuelves escribiendo


El crecimiento desconfiando del lenguaje 

la raíz despierta suaves flores de acuarelas

los encuentros sombras de páginas

un verso recorre los carretes de mi mente.

Y ahora en esta ventana oscura en medio 

de la noche te pienso bailando en tus colores 

música cuyas luces puedo ver a través de las nubes 

de verano, casi otoño, vapor que se eleva 

como el humo de una batalla por el arte. 


El significado de los colores de esa persona aún no agota su influencia, ni la vida futura más grande que debería haber tenido, y todavía puede tener en el mundo. Solo aquí, sus propias palabras resuenan en mí. La verdad es que se me ocurre que es agradable estar vivo escribiendo para ella, y el mundo bien merece su mirada. Así es la vida... Quiero redactar esta pieza de texto y decirle la alegría de su existencia. Es una conspiración de letras unidas a la sangre. ¿Qué otra cosa cabía esperar, si ella es el hogar de mis letras? El flujo de las emociones y cadenas de ideas son letras nacidas para ser nuestra inspiración en cada alba. No sé si ella lo sabe, pero cada mañana escribo para recordarme que venimos sin nada y nos iremos solo con nuestros amores.

Escribo para gente que no tiene otro sitio como hogar. Desde la superficie de los poemas, le respeto y le invito a ser rebelde en poesía y ciencia.


Cuando experimentas unidad de intención, fascinación y propósito, vives como un pensador de un aroma, haciendo con alegría lo que se siente más verdadero en cada momento. Su trabajo diario —ya sea escribir código de computadora, poesía, diseño experimental biológico, cálculo matemático, música...— es tan absorbente que, a fin de cuentas, realmente no quieres detenerte. Pero cuando lo haces, disfrutas tanto con tus seres queridos, y el sueño es tan delicioso que no puedes imaginar nada más dulce. Y cuando te despiertas a la mañana siguiente, el día por delante parece tan tentador que prácticamente te quedas fuera de todo extravío.


Es posible que nunca hayas sentido el tipo de alegría de vivir sostenidamente que estoy describiendo. Es posible que creas que no es posible una vida tan plena. Trágicamente, muchas personas pasan toda su vida sin aprender esto. Nunca experimentan la felicidad alegre que viene con la integridad total que ofrecen estas formas de arte. Algunas de estas personas están masivamente desafinadas; sus vidas son una cadena de excusas, interminables fracasos del primer paso, y sueños aplastados bajo la falta de humildad. Son como aviones cuyos componentes principales —las alas, los motores— están fuera de control y apuntan a estrellarse violentamente contra el suelo.


Su propia vida probablemente está en algún lugar entre lo totalmente dichoso y lo completamente destrozado. Tiene un vago propósito que espera seguir algún día. Aunque su trabajo es distraído, es suficientemente bueno. Y sus relaciones humanas están estancadas. Te hace querer fingir tu propia muerte y mudarte al desierto de todo lo familiar. Pero, honestamente, está bien. No se siente mal, solo vagamente ansioso, incómodo y decepcionado con su vida. Y es perfectamente normal que su mente tienda a persistir en el arrepentimiento por todas sus cobardías, por los planes que nunca funcionaron, y diga que sus sueños algún día se harán realidad.


La vida es un infierno y luego morimos. El fracaso es mucho más común que el éxito. No podemos simplemente agitar los brazos y volar. Piensa que simplemente está aceptando la amarga verdad. Pero lo que yo escucho es el crujir de tornillos extraviados y partes sueltas: el sonido de un humano que nunca ha experimentado una pasión completa de todo su ser, la mente, el corazón y el alma dentro del arte de crear el mundo.


Esto no es un juicio moral. Es una invitación. No significa que estés defectuoso o mal. De hecho, apostaría a que has pasado toda tu vida intentando ser una buena persona. Y no hay nada defectuoso en ti. Eres una criatura altamente funcional y sofisticada. En el nivel más profundo, sabes lo que te hace feliz y cómo crear tu mejor vida posible. Ese conocimiento está codificado en tu propia naturaleza. Solo espera que el arte lo haga emerger, le dé luz y vitalidad. Pero esa naturaleza siempre choca con una fuerza que puede desgarrarla: la cultura.


Por “cultura” no me refiero a la música o la literatura, sino a cualquier conjunto de normas sociales que da forma a lo que la gente piensa y actúa. Reglas y expectativas que ayudan a crear una prisión. Algunas de estas son explícitas, otras implícitas, directamente aburridas, injustas, empobrecedoras.


Dependemos de la buena voluntad de los demás desde el momento en que nacemos. También tenemos una enorme capacidad para absorber y replicar el comportamiento de las personas que nos rodean. Desde la infancia, sin siquiera saberlo, aprendemos exactamente cómo ganar la aprobación y la pertenencia en nuestro contexto cultural particular. Actuamos para complacer a los demás. Hacemos nuestro lugar en el mundo sin identidad creativa, solo como uno más. En ese momento, estamos divididos contra nosotros mismos. No estamos en integridad, sino en duplicidad. Abandonamos nuestra naturaleza y nos convertimos en peones de nuestra cultura: sonriendo con educación de obedientes, sentados atentamente, esperando las ideas de otros, vistiendo la ropa incómoda perfecta de la mediocridad.


Esa es la razón por la que un soldado marcha en obediencia hacia los disparos sin reflexión ni queja. Es por eso que comunidades enteras alguna vez pensaron que tenía sentido quemar a unas cuantas "brujas" que hacían ciencia aquí y allá. En la medida en que las personas desafían la normalidad que impone la cultura, verdaderamente todo funciona mejor desde la perspectiva creativa y del sostenimiento de las comunidades de conocimiento. Matemáticos, científicos, poetas, ingenieros... reconocen que la sociedad del control no se da por vencida sin luchar a muerte.


Si estás tratando de considerar a los libros como tus verdaderos amigos, estás intentando actuar con carácter intelectual en el nivel más profundo. Cada vez que haces esto, la literatura enriquece la vida y comienzas a sentir que vives en verdad.


Sin literatura, sin arte, sin ciencia[5], emocionalmente nos sentimos malhumorados, tristes o entumecidos. Físicamente, nuestro sistema inmunológico y nuestros músculos se debilitan; podríamos enfermarnos, caer en vicios como el alcoholismo, nuestra energía se aplana. Mentalmente, perdemos el enfoque y la claridad. Así es como se siente estar fuera de la integridad que ofrece el arte, la ciencia, la poesía.


Un impulso de valentía en todos los tonos de color de tu acuarela… Nuestra luz es suficiente en la más oscura alba. Te escribiré. Perdón por ser quien se muestra desnudo en sus sueños… Se callaron los relojes para expresarte que estoy contigo… Qué honor escribir poesía para ti con esta tímida lucidez que me acompaña. Por favor, perdona: al caer la noche, tengo necesidad de viajar a escribirte poesía...


180. Aroma de hierbas frescas


¿Cómo puedo encontrar una expresión de tu corazón? ¿Cómo conocer tu mente? ¿Cómo sentir tu discernimiento cuando la vida te acelera? Un pensamiento pronunciado gira en su propio peso bajo la lluvia y el aroma de hierbas frescas. Leer de ellos la margarita de la vida. Me atrevo a esperar que estos poemas, con todos sus defectos, puedan ser compensados en parte por la naturaleza experimental del enfoque en tu ser. La poesía que ahora es nuestro hogar, de una forma u otra, es el pilar central de nuestra nutritiva mirada. Ya eres parte de mi lucha por las condiciones en que la escritura y la lectura de poesía no solo sean posibles, sino también apreciadas como forma de vida. Atenuado es el manantial cuando se agita con tu voz… el poema vive en tu ser interior: solo dentro de tu alma ha crecido un mundo, la magia de pensamientos para beber café y ahogar el ruido del día, tomar en su canción y hablar del color de tus acuarelas. Dentro de tu alma ha crecido un mundo. Por favor, existir es el mayor orgullo de tu arte. Escribe… cuéntame sobre tus heridas que ya sanan en su propio camino.

No deseo otro paraíso que la existencia… Amo la existencia del todo más que la idea misma, y tu propia existencia más que a mí mismo; ese es el mandamiento más alto de toda mi escritura. Un amor que trasciende incluso el apego a sí mismo. Cuando me deseo, digo, no es hablar de mí mismo, sino rastrear la edad de los amores y hacer germinar el tiempo. Mi memoria es contraria a todo lo que es personal; está a favor de todo lo que es íntima conexión con el todo. Para liberar nuestras vidas de su confinamiento, para instigar un mundo completamente nuevo, todos los días discordantes y enredados debemos escribirnos, estar vinculados, como la música para todos los tiempos.


Capta el sonido de la música del bosque y la lluvia; imagina leer poesía y tomar café; imagina que podemos escuchar esa música todavía tejiendo los días enredados juntos, transformando el ruido del tiempo en una especie de música nacida del encuentro de nuestras almas.


181. Ese viento puede morir


Y miramos con nostalgia el alba. Creo que el amor es como los vientos de la flora del bosque, tus manos en las letras. Nuestras vidas, la palabra de gala. Viento como realidad o aspiración suprema del ser humano, no puede ni debe olvidar que soy escritor. El amor por la literatura es una nube de exploración, como toda experiencia contra el mal que la acecha. El trabajo de escritor es un oficio próximo a la miseria que arrastra la economía, al punto, casi a la deriva. No tiene cuerpo a mano sobre el que hacer que pase la intensidad vacía que crece en ella: la más viva pasión que puede madurar en respiración a lo largo del tiempo. Una pareja empieza a conocerse por las letras que, ante todo, la desnudan. Todo es sorpresa. Cuando ya no hay sorpresas, el amor que brota de ese viento puede morir. La nostalgia por el futuro puede ser vista cuando piezas de textos son creadas para ir más allá de todo hombre en esta vida. Solo un pequeño pedazo de un lápiz que sujeta las palabras a la página sabe el bautizo de amor de todas las poesías.


Las operaciones de pensamiento, cadenas de conexiones que no poseen término exacto. Las palabras preservan, a fin de cuentas, las ausencias, cuando mediante ellas intentaba proteger contra el vacío y las llamas del olvido. O cuando pensamos en todo desde esta ventana que mira la lluvia: su más larga brevedad al placer de la musa.


La alegría fatigada del sentimiento de sentir al escribir es un acto nuevo de amor. Este placer del amor nos deja asombros: la mirada a estas letras es entrar solo, sin pudor, en el hogar donde todo el mundo envidia nuestra mirada dirigida a un sitio auténtico. Es, en la luz, una forma de poesía que salta por los lunares de tu piel, a media luz, crepúsculo interior.


“No falta quien diga que, a pesar de todo, el mejor momento del amor es la separación, la soledad, la melancolía del recuerdo, el momento solitario… Situación preferible a la melancolía del amor que nunca tuvo lugar por premura, por indiferencia, por falta de tiempo. No hubo tiempo. No hubo tiempo para la última palabra. No hubo tiempo para decirse tantas cosas del amor”.

—Carlos Fuentes, A viva voz


Si del amor hacemos la meta más cierta de nuestras poesías, cada alba debe soñarse; se concibe a sí misma sin límite. Si fuésemos infinitos, seguro que ya no me escribirás… pero queremos amar infinitamente. Es nuestro acercamiento al arte de tus acuarelas, es nuestra mirada a Dios, prestar atención al dolor del otro. O hay en nuestras vidas un mantenedor de la flama de nuestra pasión: somos nosotros los que necesitamos sembrar todas las esperanzas en nuestro hogar.



182. El escorpión del habla vacía y la ternura de la poesía que toca cuerpos heridos


Me han enseñado que la poesía puede curar la mordedura de la serpiente, pero la mayoría olvidó esto cuando pensó que hay bienes materiales para todo. El poema puede detener el sangrado de la traición. Lo que perdí, estas heridas que siempre florecen al escribir —y, lo que es peor, siempre nos acompañan—, marchan con nosotros a través de una noche desértica hacia el destello de la piel que se asienta en una laguna plateada de páginas. Ella sacude su cabello, diciendo que aprendió a beber en un país de sequía. A los poderosos les complace lastimar al que no se puede defender, dejar marcas del tamaño de piedras, cada una diciendo que su egotismo es su bandera.


Las semillas de nuestro amor, como geodas bajo la arena, hacen que las inundaciones repentinas de los ojos las levanten en su corriente de color de mil acuarelas. Al abrirlas con la memoria de las letras, recuerda lo que su dios susurró en sus costillas: despierta la ciencia y ese preciso sacrificio para que tu vida logre felicidad. Donde han estado tus manos en libros, serán tus hombros de alegría en el éxito. Estoy en esta tierra por ti.


El verso libre regresó repentinamente a su antiguo mar de música. El ruido de este mundo surge salvaje, distrae nuestra vida y clava la maldad del escorpión del habla vacía. Las grandes emociones son las que llama la lluvia en tu ventana. Tocamos nuestros cuerpos heridos con delicada poesía en cada alba. Admitamos que somos seres humanos y que nos derretimos por amor en este verde bosque.


Una forma de abrir un cuerpo a la vida: con un poema. Una forma de escribir: ayudar a sangrar la luz que hay en toda ella para su tranquilidad.


La música de lo que pasa en medio de esta vida. Otra forma de expresar esta idea podría ser la noción de que la margarita de la vida es una fuente profunda de agua cálida y vivificante, que no necesariamente podemos convocar a voluntad, sino recibir por gracia cuando camina en este mundo que gira por su propio peso. Esta margarita pintada de acuarela de la vida viene bajo una variedad de luz distinta a través de diferentes poetas, pero hay una constante en su énfasis: se extiende a través de todas las heridas que sanan en nuestro ser a manos de todo el arte.


183. Lo que perdí


Me han enseñado que la poesía puede curar la mordedura de la serpiente, pero la mayoría olvidó esto cuando pensó que hay bienes materiales para todo. El poema puede detener el sangrado de la traición. Lo que perdí, estas heridas que siempre florecen al escribir, lo que es peor, siempre nos acompañan para marchar a través de una noche desértica para el destello de la piel que se asienta en una laguna plateada de páginas. Ella sacude su cabello, diciendo que aprendió a beber en un país de sequía. A los poderosos les complace lastimar al que no se puede defender, dejar marcas del tamaño de piedras, cada una diciendo que su egotismo es su bandera.  


Las semillas de nuestro amor como geodas bajo la arena, has que las inundaciones repentinas de los ojos, levantándolas en su corriente de color de mil acuarelas. Abriéndolas con la memoria de las letras, recuerda lo que su dios susurró en sus costillas: despierta la ciencia y ese preciso sacrificar para que tu vida logre felicidad. Donde han estado tus manos en libros, serán tus hombros de alegría el éxito. Estoy en esta tierra por ti. El verso libre regresó repentinamente a su antiguo mar de música. El ruido de este mundo, surge salvaje, distrae nuestra vida y clava la maldad del escorpión del habla vacía. Las grandes emociones son las que llamó la lluvia en tu ventana. Tocamos nuestros cuerpos con heridas con delicada poesía en cada alba. Admitamos que somos seres humanos y nos derretimos por amor en este verde bosque.  


Una forma de abrir un cuerpo a la vida, con un poema. Una forma de escribir, ayudar a sangrar la luz que hay en toda ella para su tranquilidad. 


La música de lo que pasa en medio de esta vida. Otra forma de expresar esta idea podría ser la noción: la margarita de la vida es una fuente profunda de agua cálida y vivificante que no necesariamente podemos convocar a voluntad, sino recibir por gracia cuando camina en este mundo que gira por su propio peso. Esta margarita pintada de acuarela de la vida, viene bajo una variedad de luz diferente a través de diferentes poetas, pero hay una alternativa en su énfasis, se extiende a través de todas las heridas que sanan en nuestro ser a manos del todo el arte. 


184. Resistencia frente a la banalidad


Cuando comencé a trabajar en el proyecto de escribir en medio de la sociedad del ruido, quería algo así como una defensa de la poesía, en espíritu, justamente reconocida por el poder que tiene para purgar nuestra vida interior de todo aquello que oscurece en nosotros la maravilla de nuestro ser. La poesía como antídoto a la vulgar política y la violencia de nuestro tiempo; lograr, en cualquier grado, que se cultive la poesía.


La poesía está fuera de la vida universitaria; debe ser un descuido útil, si es que sirve para contrarrestar el espectáculo lamentable de los triunfadores de la simulación científica, académica y burocrática, capaces de hacer ver cosas mejores de lo que son, mientras siembran engañosamente vacíos y mediocridad.


Los matemáticos, poetas, científicos, ingenieros, filósofos y escritores han construido, en el aire superior de la inteligencia humana, toda una literatura. Sonríen a la juventud que no tiene miedo de leer lento y tomar notas… percepciones circunscritas con las que impulsores, campesinos, carpinteros y trabajadores compiten por la palma poética de la dignidad y la crítica, a la mejor luz de la ciencia.


Es imposible leer las composiciones de los escritores más célebres de la actualidad sin sobresaltarse con la vida ruidosa que arde en sus palabras. Miden la circunferencia y sondean las profundidades de la naturaleza humana con un espíritu comprensivo, compasivo y penetrante, en el más riguroso pensamiento de disertación. Ellos son, quizás, las vidas más sinceras por sus manifestaciones; porque es más su espíritu que el espíritu de la época.


Los poetas y científicos son los héroes de una inspiración no aprehendida; los espejos de las gigantescas sombras del futuro proyectado sobre el presente; las palabras que expresan lo que no entienden los políticos; las trompetas que hablan de batallas contra la corrupción y contra ser atrapados; esos burócratas que no sienten lo que dicen; la influencia que no se mueve, sino que muere. Los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo. Los científicos son los exploradores olvidados de reconocimiento. Los profesores universitarios son degradados por exigir libertad académica para el arte de pensar…


A los artesanos del argumento o del verso, les dicen los políticos que están perdiendo el tiempo que podrían emplear al servicio de la tecnología y los bienes materiales. ¿Puede la ciencia y la poesía salvar al mundo del ruido? Esto sonará quijotesco, pero debemos decir no solo que puede, sino que lo hace. La poesía y la ciencia salvan al mundo todos los días. Es la forma en que declaramos nuestro amor a la vida silvestre, a la juventud universitaria, a la mujer que nos recuerda su enorme virtud ética… Informan lo visible de maneras más allá de nuestra narración directa; es la forma en que alimentamos la esperanza, acunándola en palabras, ecuaciones y música, como la mano de un amigo.


Es así como nos definimos más que un ser mecánico para quien el principal bien y mercado de su tiempo es el placer por el placer y ganar dinero como aliento del ego. Por toda la historia de dolor: una puerta vacía y una hoja de arce. Por amor: las hierbas inclinadas y los poemas de luz sobre el muro de la ciencia.


Al escribir en la universidad, hacemos cultura. No importa si es poesía, ingeniería, literatura o pensamiento científico…, pero algún tipo de magia de virtud es lo que estamos aquí para el progreso ético. Es, en su mayor parte, lo que hacemos frente a las otras cosas: oponernos a la rutina diaria de obligaciones por hacer dinero en nombre de la universidad, a la rendición al César de la burocracia.


Para que tengamos algún tipo de literatura, poesía, matemática o ciencia en nuestras vidas, hay que dar sacrificio, sin importar cuán poderosos sean los retractores de la auténtica academia. El heroísmo de los pensadores de las más altas letras y números es una insignia de autoridad y máximo respeto, lejos de un adorno o de un mero entretenimiento en discursos públicos.


La ciencia y la poesía son la forma en que damos forma a nuestro sufrimiento, para verlo, medirlo y, con el tiempo, curarlo, enrollándolo en literatura y en nuestra tradición intelectual como lugar común de razones para la alegría. Colaborar multiplica cada experiencia individual y crea una música compartida de lo que sucede en estas universidades, en los márgenes de la burocracia.


185. La obstinación de vivir y pensar fuera del molde


David Hume murió en 1776. Sus escritos habían desafiado puntos de vista tradicionales en la sociedad, y experimentó una vida de atropellos y abusos por los textos que escribió. Falleció en un estado de angustia, renunciando a lo que ofrece la creencia en una vida después de la muerte. Hume murió como había vivido: pensador incansable y sin religión. Cambió el mundo, trajo la razón como luz para iluminar el futuro, pero también fue escéptico, incrédulo de que llegara pronto el tiempo de la idea de un hombre perfectamente sabio y virtuoso, hasta donde la naturaleza humana lo permita. Justificó este pronóstico sobre la base de que los seres humanos hacemos de la pereza intelectual una forma de agruparnos para destruir todo lo grande de un hombre de letras, de ciencias y de arte. Para muchos, fue un loco por buscar más allá de la superficie inmediata de lo real[6].


Jack Kerouac dijo una vez[7]: “Porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente loca que está por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas locas de todo al mismo tiempo; la gente que nunca bosteza ni habla de cosas comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos que explotan como arañas entre las estrellas, y se ve estallar una luz azul en el centro, y todo el mundo suelta un ¡Ahhh!”.


Una depredación de la ciencia y la poesía como forma de arte… donde el hallazgo de las ideas no quiere ser leído en voz alta en las universidades de hoy.


186. Proteger la belleza de un instante


Frente a mí, todo: letras y números desde niño. A través del aire que reemplaza el veneno de la parálisis. Todo fue en los libros, se había ido. Escuché rodar en las entrañas del bosque una luz que brotó y podía dar color a las gotas de lluvia, hasta que, en lo alto de las copas, goteando azul, convergió en mis ojos su nombre. A lo largo de sus colores acuarela, siempre, en las albas, siento que muerde mi vida.


Hay un largo momento antes de que estalle una tormenta sobre la negación de la formación de jóvenes científicos. Todo está quieto. Una oscuridad espeluznante se cierne sobre las universidades e institutos de investigación, no muy diferente de la oscuridad en un teatro cuando se apagan las luces de la libertad y la sociedad se queda en la incertidumbre. No hay dónde refugiarse de los negacionistas, un silencio de la voz de los científicos que se extiende en las universidades. Un silencio que lo incluye todo, hasta que, finalmente, un primer rayo ilumina a la comunidad científica dentro de este aire gris y una lluvia ácida azota el financiamiento de la investigación.


Entonces, el cielo de la libertad académica se ilumina de nuevo, y sabemos que la tormenta está justo en México, lo que significa que estaremos parados aquí por algún tiempo, el suficiente, como sucede hasta que la comunidad universitaria se organice y se plante frente a los negacionistas para decirles: “Soy ciudadano de la ciencia y del humanismo que crece en la libertad académica”. Por desgracia, son tiempos en que invertir en la soberanía científica de nuestra sociedad es considerado un gasto. Desconocen los hechos de la comunidad científica quienes solo son científicos turistas y no residentes. Hoy, el alarde más orgulloso, en esta tormenta gris, pisotea a los científicos desde el poder burocrático.


La luz al final del túnel para la libertad académica en México —ahora pisoteada y humillada en su comunidad científica y universitaria— la veremos cuando sea solidaria y se organice para defenderse, o su único destino será la extirpación de sí misma de su sociedad.


Robert Frost combinó la poesía y el poder; veía la poesía como el medio de salvar al poder de sí mismo. Cuando el poder burocrático lleva al hombre que lo porta hacia la arrogancia, la poesía le recuerda sus limitaciones. Cuando el poder reduce las áreas de preocupación humana, la poesía le recuerda la riqueza en la diversidad de las ideas y de la existencia humana. Cuando el poder corrompe, la poesía limpia su basura. Porque el arte establece el progreso ético de la verdad humana básica, de la ciencia que debe servir como piedra angular de nuestros juicios. Hagamos poesía, que para la burocracia no hay nada que más odie ante el vacío de su existencia.

Escribir para recompensar mi ausencia. El eco de tu existencia en cada segundo invoca mi alegría de estar en un universo perfecto: la evidencia eres tú. Me veo sin color, simple estructura de átomos, sin meta, sin noche, sin luz, tan solo y simplemente nada sin tu existencia. No conozco de versos eternos, ni de ciencia de la última verdad, ni teoría y práctica que estén fuera de la pasión. Qué sé yo de musas, de mujer valiente y de húmedos colores ya distantes en la lenta agonía de tu distancia. Esta noche, ahora mismo, la luna, la mariposa dormida en tu corazón, vuela en tus suspiros: viento que fue vencido por una puesta de sol. Si está dentro de mí, el poema existe; ya creamos anónimas pisadas y tu silueta saluda a la luna.


Un anhelo de luz e incomprensible paso condujo mis pies a través del bosque. Mientras mil letras ardían, sentí que un mundo se levantaba para mí. La memoria me sostiene ahora. Los colores de la esperanza se aferran al viejo y débil árbol. El mundo, con sus tintes de acuarela, honra el día: la resurrección de la poesía.


La silueta de la noche

tu sencillo viento

Sol que coronó

tu existencia,

cotidiano verso

tu recuerdo

contigo escribo

ardiendo

nuestra acuarela

sueños alba.


187. Cuerpo orgánico


La poesía, como forma de arte, ha llegado a ser considerada marginal e ineficaz, al menos por quienes toman el poder en las universidades. Aquellos que son más felices con esta visión de la poesía son propensos a citar el supuesto adagio de Auden: “la poesía no hace que nada suceda” o, peor aún, a citar erróneamente a Adorno, cuyos notorios comentarios sobre la supuesta “barbarie” de escribir poesía después de Auschwitz han sido tan alegremente malinterpretados. La idea es que el Holocausto representa una marca global de horror, en comparación con lo que fue el comercio de esclavos.


Por el contrario, el supuesto rechazo de Auden a la poesía como fuerza política merece más detenimiento. “La poesía no hace que nada suceda”, como afirmación calva de que los poetas no tienen ningún papel en el cambio social, parecería que Auden rechazó —suavemente, pero con aguda ironía— no solo la afirmación de Shelley de que los poetas son “los legisladores no reconocidos del mundo”, sino también el propio papel de Yeats como poeta-senador del nuevo Estado irlandés independiente. Dejarlo así, sin embargo, sería sucumbir a un malentendido fundamental de cómo funciona realmente la poesía, tanto en la imaginación individual como en la esfera social. No hace falta decir que, si queremos obtener una comprensión más clara y matizada de la posición de Auden, debemos estudiar el poema como un todo, y no citar frases individuales fuera de contexto: un poema es un cuerpo orgánico que exige respetar su integridad.

“La poesía no hace que nada suceda” puede, de hecho, darse por hecho. Incluso toda una carrera de poesía podría no cambiar el mundo. Si la poesía tuviera este tipo de función pública simple, la guerra habría terminado hace mucho tiempo, el racismo sería un mero rumor y todos viviríamos en jardines llenos de narcisos y margaritas. Lo que Auden realmente está diciendo es que así no es como funciona. Porque lo que la poesía hace, en primer lugar, es sobrevivir: no de una manera obstinada pero debilitada, aguantando apenas en un mundo indiferente, sino activamente, en sus propios términos, es decir, “en el valle de su creación”. El lugar del poema está en algo que se asemeja a la naturaleza salvaje, lejos de las preocupaciones de moda y de los asuntos de actualidad, donde los políticos no tienen interés —son, al parecer, demasiado poco imaginativos para saber lo que está sucediendo fuera de sus límites autoimpuestos. La poesía, refiere Auden, fluye sobre, a través y lejos de las aflicciones ocupadas y de los pueblos crudos de partidos políticos en los que creemos y morimos. Su empresa es más fundamental, su verdadera naturaleza más elemental de lo que cualquier político puede imaginar. Es, en el fondo, una forma de suceder, una voz de transformación.


La poesía, para Auden, es una forma de suceder. Esto sugiere que la poesía es un modus vivendi: no es solo palabras en una página, ni algún tipo de actuación, sino una forma de ser, un proveedor de contexto, un estado independiente, no opositor, totalmente autónomo. Como forma de suceder, la poesía no se involucra con los políticos en sus términos, sino que toma su propio curso, reformulando las viejas preguntas de nuevas maneras, redibujando los mapas del hombre, calificando lo racional y lo público con intuiciones y atenciones vividas a los misterios. Un poema no es una obra de arte para entretener a un público o para complacer a un mecenas; se hace a sí mismo, utilizando la voz del poeta como medio para pronunciarse. Es, en definitiva, la música de lo que sucede: se da voz a sí misma dentro de lo humano. Ofrece consuelo a nuestra mortalidad, imperfección, sesgo racional, dolor, amor… El poeta enseña las virtudes esenciales de lo humano que acontecen en la poesía que invoca.


Auden está abriendo un espacio para que el lector vea que la poesía es capaz de mucho más que lo que aparenta. Lo que nos dice es que el poeta no es un soldado de infantería en una batalla social predecible, sino un agente independiente que, con oficio paciente y sensible humildad, puede resonar con la música de lo que sucede en su tiempo. Con su vida paga el valor de enfrentar, con su individualidad, al mundo entero.


188. Un lugar donde el tiempo se dilata y se transforma en compañía


Comprende, no puedo descubrir todo lo que mi alma necesita para renovarse, sanar la memoria y la razón, extrañar cada vez al dejarme ir dentro de cada libro; aprender a vivir con la idea de que te quedes para siempre. Por favor, comprende… podría escribir el color de tus existencias en tonos de rosas. Quisiera que fuera verdad que hacer poesía es morir para resucitar… que hacer ciencia es partir hacia nuevos tiempos, los más largos de mi vida. Neruda y sus letras, las tristes de esta noche; Paz y su dolor frente a la humillación humana; Bloom, en el camino de libertad para aprender desde la literatura toda. Que seas libre en verso y en prosa, y que los días de lluvia te digan que no es posible imaginar que eres un sueño de tu propia alegría.


Pasan las letras, todas iguales; sigo viendo en la ventana la realidad, la existencia y la conciencia que me sorprenden… solo cuando tu mirada está en estas letras, y dejas nostalgias y soledades, te acompaño en lo cotidiano y espanto un poco de esos fantasmas del alba… Está todo en tus latidos presentes en el arte.


“Y hoy, hice uso de ese alivio”. Habrán flaqueado mis letras, pero habrán sacado la mejor versión de sí mismas, porque nos transforman. Así como la demanda de rapidez en la poesía o en la ciencia no funciona, la literatura requiere un ritmo lento, un placer para alcanzar la paz. Vivimos una época donde se fomenta todo rápido, como saltar entre conversaciones simultáneas; eso es perjudicial para el alma, porque es como deslizarse en los días y considerar la velocidad como nuestra seguridad.


Es hora de parar y pensar, de sentir el calor de tus miradas, de estar aquí y en el ahora como notas de música. El día en que dejes entrar el arte en tu vida, verás en tus lágrimas evaporarse toda tristeza, y la paz de mi cariño estará contigo para siempre.


189. La palabra no solo explica, sino que acompaña, consuela y abre la eternidad en lo cotidiano


Todo escritor vive entre dos mundos. Uno de ellos es el mundo real, donde el dolor, la verdad científica y la alegría son tangibles en la historia; privado para algunos y público para otros. El otro mundo está hecho de densas capas de sueños, imaginación y fantasmas de gigantes de las letras y de los números. A veces sucede, como por ejemplo en el caso de W. B. Yeats, que este segundo mundo adquiere proporciones gigantes: se habita en numerosos espíritus, y está iluminado por científicos, matemáticos, músicos, poetas, novelistas y otros magos del pensamiento.


Estos dos mundos llevan a cabo complejas negociaciones, cuyo resultado son poemas y disertaciones. Los poetas y científicos luchan por alcanzar el primer mundo, el verdadero, tratando de llegar al lugar donde se encuentran las mentes de muchas personas; pero sus esfuerzos se ven obstaculizados por el segundo mundo, pues experimentan llamados a grandes desafíos en sus horas de vigilia. Los escritores, en estos obstáculos, son más bien un síntoma de su tiempo, que los llama a traer color en la pintura de sus obras. Así rinden homenaje a la nueva frontera del arte: la verdadera estructura de la realidad, que se compone de día y noche, de inteligencia e imaginación fugaz, de deseo, pasión y gratificación ética.


No hay escritura sin esta dualidad: nos ayuda a entender la necesidad del honor y el coraje de ir a donde nadie con el pensamiento fue jamás. Como piezas de texto sin vejez, con un amanecer que trae la voz de los ecos que se pierden en la primera poesía de la vida.


Los días de tus colores de acuarela, su luz guarda el secreto de tus albas. Voy a caminar, voy a imaginar que me escribes, que no hubo inicio ni final.


190. Las raíces


Con luz, la poesía revive las flores gastadas desde su esquina designada, aquella que ha sido olvidada en la universidad moderna…


Un hecho claro es que la poesía no busca “cambiar al mundo” en el sentido habitual, material. Por el contrario, pretende de todas las maneras posibles reafirmar el mundo que realmente habitamos, en toda su realidad vital, desordenada, hermosa y trágica. No es tanto que la poesía no haga que nada suceda, como que intente revelar lo que ya está sucediendo, ofrecer un contexto a los acontecimientos y así proponer un medio por el cual el ruido del tiempo pueda ser experimentado como la música de lo que acontece. Si bien la vocación de la poesía es ser contrapeso a la arrogancia del poder, la poesía es social porque insiste en la centralidad de la imaginación en la vida cotidiana y en la necesidad de rechazar el mal uso del lenguaje practicado por políticos, anunciantes y aquellos que creen que llamar a una masacre civil “daño colateral” basta para disfrazar su naturaleza criminal. En este sentido, toda poesía posee un activo de conciencia social.


Lo que eso significa variará de un lugar a otro y de una edad a otra, pero desde el comienzo de la Revolución Industrial, el ruido social de fondo —gran parte del “ruido del tiempo”— es siempre el mismo: el escándalo de la muerte, de la política del capital y de la burocracia. Robert Lowell lo expresa: “el hombre adelgazando su especie… ciego, golpe de revólver y su cuchillo, ocupado sobre el árbol de la vida”.


Una de las tareas de la poesía, o al menos uno de sus poderes potenciales, es transformar el ruido de su propio tiempo en una música que, aunque sea una frase sobreutilizada, aún resuena: “decir la verdad al poder más perverso”. Al mismo tiempo, trabaja para restaurar un orden natural en nuestro edificio de pensamientos y un ritmo natural en nuestro discurso. El diccionario llama a este enfoque “disidente”: discrepar en opinión, carácter, en desacuerdo. El que no está de acuerdo con la verdad oficial es un disidente. Las raíces del significado moderno se encuentran en el debate científico, y esta, sugiero, es la forma más útil de ver la disidencia en la cultura poética: una sospecha hacia la jerga y los eufemismos prescritos, un desdén hacia los intentos de reemplazar la celebridad de una flor de la vida, un respeto por otras vidas y una maravilla no sentimental. El papel de disidente siempre ha sido privilegio del poeta en la búsqueda de un progreso ético.


Es, quizás, una de las ironías más desafortunadas que justo cuando la poesía comenzó a responder a las demandas de la modernidad, las universidades y la educación en general empezaran a descartarla en algunos sectores, llamándola elitista, introspección sentimental y marginal. Se afirma que la poesía se ha vuelto demasiado difícil o demasiado autorreferencial para el lector común no especializado. Desde el otro lado de la división, para alguien de un entorno social burgués, cuya vida entera se ha enriquecido con la lectura de poesía, parece extraño adoptar una posición de compasión por el sufrimiento del otro y, al mismo tiempo, rechazar la dificultad de la poesía. ¿De qué sirve una poesía que es instantánea, como una cena de microondas o un paquete de puré de papas? Una poesía tan “accesible” que no exige al intelecto carece de propósito. Esperamos que la poesía produzca fruto; que sea aliento para el intelecto y las emociones, y que, en ocasiones, tome su propio tiempo para hacerse música más allá de la disciplina racional del pensamiento.


La verdad es que la poesía contemporánea a menudo parecerá difícil en su propia era, solo para convertirse en moneda común en la siguiente. Lo que los poetas hacen ahora con el lenguaje tendrá un impacto real y enriquecedor en la forma en que nuestros hijos y nietos piensen, hablen e imaginen, del mismo modo que creará nuevos valores en los modos de conocer, sentir y hacer justicia. Así como la poesía más exigente de nuestros padres y abuelos pudo no ser comprendida en su día, y sin embargo, con el tiempo, nos legó una música divina. Incluso cuando no “entendemos” un poema en su totalidad, vale la pena comprometerse con él por la música que conserva como testimonio del tiempo que lo vio nacer.


Lo más importante de todo es que, en una era de amenazas ambientales, de violencia salvaje en las ciudades, cuando no solo la tierra y su diversidad, sino incluso nuestra comprensión de la realidad no virtual y de las profundas satisfacciones de la vida cotidiana se han puesto en peligro, la poesía tiene el poder de hacernos pensar de nuevo sobre el orden natural y nuestro lugar dentro de él. Reconoce y aprecia las complejidades del mundo vivo: desde la poesía filosófica y de amor, hasta los placeres y dolores ordinarios de la vida diaria, demuestra que, lejos de complicar nuestras vidas, la poesía las enriquece, haciéndolas más vivas, más múltiples y más nuestras.


191. Miedos en la Tierra baldía


A lo largo de los pasos de la lucha por aferrarse a las cosas materiales, para mantenerse en el mundo cambiante, su verdadero tema es el paso del tiempo en la injusticia, que se mira con radical inocencia y horror, como si fuera la primera vez que se sintiera la enorme desigualdad. Suéltalo ir… No rendirse a la existencia. Todos dicen: enfrenta la muerte de frente y sumerge el mundo moribundo en el arte de la poesía y la ciencia.


¿Tienen recompensas las pérdidas?


Soy un explorador. Evidentemente sí, pero a mi alrededor todo el mundo lo niega. A veces soy yo mismo el que lo niega. Cuando paseo por el bosque, la imagen que tengo de mí es la de un rebelde de las ideas. Me estimula sentir resolver la ignorancia en el rostro, tenso con la ilusión de que, al final de la caminata, logre un poco de conocimiento. Apretar el paso cada día hasta el alba. En ocasiones, a esas horas, comienzo a imaginar algo especial, por ideas alternativas. En la madurez de la escritura hay misterio y confusión. La experiencia y la vejez trabajan con idéntico sigilo y a un ritmo parecido. Vamos perdiendo capacidades, pero a tal compás que no nos enteramos. Y nos acostumbramos a esas pérdidas, claro.


¿Cuánto me queda de la lealtad a la literatura, de la vergüenza humana, de la aversión a nuestras propias vidas? Todo. La poesía es el ajuste de cuentas con lo profundo de la conciencia. Desearía haber escrito como los espíritus libres que admiro de la era del verso libre de T. S. Eliot. El poema deja testimonio de los restos de la vida en la búsqueda del arte, su búsqueda de Eros. Es una lectura desgarradora en lo estético y en lo humano más profundo. El deseo radiante de arte no excusa las fallas personales del escritor; tiene consecuencias para todos. Está estableciendo una ética de la relación del arte con la vida.


Algo inesperado siempre entra en la poesía: alegría renovada, felicidad sostenible, momentos de satisfacción, amor estético logrado. Escribir poemas es una apuesta por una afirmación de un Yo, que tantas veces deseaba flotar libre en la tierra baldía; ahora, con todo mi ser, quiero quedarme. Supera los placeres del brillante concierto despertar en la noche y encontrarnos a nosotros mismos en el hogar de la letra y de los números.


El presente hace retroceder la sensación de profundo asombro. Dibuja hacia adelante la vida del deseo. El poeta, en el caos, sigue aferrado a las cosas, respetando la tierra bajo sus pies, a pesar de que en todas partes escucha el llamado del adiós. Su propia vida está terminando; los días están contados en el universo. Continúa escribiendo, coloreando el mundo en la creación. El escritor no puede escapar del campo de fuerza de la gravedad, que nos ata a la tierra para bien o para mal. Se siente el poder de un gran silencio esperando al verso libre: mirar hacia atrás a un mundo que se vuelve difuso.



192. La brevedad que nos lleva a todos, la luz salvaje 


Se fue para siempre, la certeza de dos palabras. Suelo escribir: tal vez todos somos humanos… poemas, ecuaciones estructurando alegría, abismos de desorden. Mi padre habitante de idas y retornos. Mi madre, llamo a alzarnos por encima, donde todos los que dentro de sus ruinas se embriagan en sus mediocridades… Llamé a la poesía radical de T. S. Eliot, bajo la puesta de sol hacer de la tierra baldía, grande y luminosa. El indescifrable de cada alba, sois estética de virutas de madera y alegría de osadas físicas del quantum y las cuerdas. Elijo desaparecer en medio de manuscritos, dejar en pedazos mi sistema nervioso. Le confieso mi pobreza y corriendo por el arte quiero decirle: construyamos alegría de esta tierra baldía en la que ya nadie nos espera. Ella desea que certero del tiempo sea, Mozart mi melodía y vuelco la poesía para desaparecer con el rojo atardecer. Poesía de fragmentos.


Cuando conocí su color, pensé que ser así era algo así como subir al cielo, eligiendo estrellas, y añadiendo poemas cuando crecí. Me doy cuenta de que su ser. Esas albas, un día te tomaré de la mano, escribir ello realmente será hermoso… Vivo por el día cuando toda la lluvia es experiencia recién nacida de sueños dichosos. Cuando su existencia, cuando su paleta de color, un vestido de noche con rosas en la tela. Escribir a través de las albas para llegar a tus ojos. Momentos cuando nos descubrimos llegando a una tierra firme. Llevaré tu magia a la poesía como un universo entero. ¿De qué otra manera podría explicarlo? 


Los libros recorren la vida a medida que crecemos, un día somos ambiciosos estudiantes, otros profesionales empapados de cultura. Los libros son piedras de toque, constantemente nos ayudan a centrar nuestra propia vida, a volverla a la alegría y la creatividad cuando estamos desanimados. Leer la gran literatura, su delito en el mundo natural y la comodidad artesanal del hogar nos recuerdan la posibilidad diaria de arte en nuestra propia esfera. Y su honor de amor leal y amista de corazón enciende para cultivar relaciones con las personas que se acercan a nuestro mundo. Los libros son divertidos porque son realistas sorpresas y caminos no imaginados. Son los libros radiantes, porque se arraigan en la posibilidad de la alegría. Las noches, son iluminadas con el fuego de un libro, en el afecto mudo pero profundo a los grandes pensadores de nuestro gran mundo. Como lector observas cómo del amor y la luz forman una tierra en el centro del alma, creando refugio seguro para los que están heridos justo en su corazón. 


Cuando la vida se hace añicos y es exiliada nuestra pasión, no solo de su hogar, sino de ese lugar de alegría en su corazón más profundo, el viaje comienza en los libros. Te advierto que leer en lugares públicos, provoca que te señalen como rebelde  desacatado. Si te hace llorar la poesía, las lágrimas no son del tipo superficial, cualquier herida o culpa que soportes, sus versos la tocarán. Pero también ofrece encontrar el arte infinito de los colores, ofrece afirmación de que el dolor y la desesperación, todos estamos caminando verdaderamente hacia un mundo más allá de este, uno que crece y está presente incluso ahora en las regiones más internas de la conciencia.  


193. Salvavidas


Le puse un beso en las letras. Por la mañana se convertirá en mariposa. Cuando llegues a la orilla del día, escucharemos el sonido del viento con nuestro nombre y al leer versos escucharemos la música de nuestros corazones.


Tal vez los seres humanos estamos determinados por fuerzas fuera de nuestro control; tal vez la vida está destinada, desde los genes, a terminar sin sentido. Tal vez los seres humanos, a pesar de sus mejores esfuerzos, no pueden actuar en su propio nombre como seres libres de sus genes y de las vibrantes leyes físicas; tal vez no sean más que engranajes en una máquina desafortunadamente construida. La falta de sentido de este problema —el del control humano frente a las leyes de la naturaleza— preocupaba a William James. en The varieties of religious experience (1902[8]):


“Tomemos al hombre más feliz, el más envidiado por el mundo, y en nueve de cada diez casos su conciencia más insípida es de fracaso”. 


Hay personas cuya existencia es poco más que una serie de zigzags, pues ahora una tendencia y luego otra obtiene la ventaja. Sus espíritus, en guerra con su carne, se ven desgarrados por deseos incompatibles; los impulsos descarriados interrumpen sus planes más deliberados, y sus vidas se convierten en un largo drama de arrepentimiento y de esfuerzo por reparar delitos menores y errores. Esta es la idea de James: enfermos de alma, aquellos que tenían la misma probabilidad de caer en crisis ante el ruido extremo de la sociedad[9]. Toda la ciencia está orientada a salvar la vida. Es un ejercicio intelectual que, aunque separado, no se aparta de lo social; no es un mero juego de palabras o números, sino la tarea más seria del mundo. Se trata de ser reflexivo y de vivir con vibración interior. El arte de pensar es un salvavidas existencial, pues, para James, al final, la vida es una condición terminal. Sin aprender el modo del arte nadie sale con vida.


En particular, James aseguró que la filosofía puede ayudarnos a sobrevivir, por así decirlo, preservando y transmitiendo lo que es más importante acerca de ser humano antes de que la vida termine. Elaboró lo que llamó una filosofía de la mentalidad saludable. Puede que el arte de pensar no sea un antídoto formal contra la mente enferma, pero bien puede verse como un remedio casero eficaz.


Tal filosofía de William James sería totalmente innecesaria si no fuera porque la vida moderna parece tambalearnos al borde del abismo.


194. Fuego


Las letras siguen su rumbo, vagando por la marea interminable de la indiferencia. Hoy casi nadie hace un lugar en sus vidas para la literatura. Aun así, me gusta pensar que persiste, aunque llegara el fin del mundo. Que esas letras encuentren tus ojos, que dialoguen con tu voz. Deambulan las letras, abrazan las estaciones, me persiguen, me abrazan. Permiten que vuelva a verte y te recuerde, aunque sea en silencio. Ahí está el fuego, ese secreto que no digo, esa voz que no expreso, ese ardor que se queda en mí.


Lo íntimo, lo profundo, lo entrañable, lo erótico; aquello que una vez ardió en nosotros no debe ser silenciado, ni mucho menos olvidado. Que otros se engañen a sí mismos, pero que los nuestros —nuestros días, nuestras voces, nuestros recuerdos— jamás sean consignados al olvido.


195. Tu alma de azúcar


Al igual que otras palabras que apuntan a realidades intangibles, la palabra alma se usa con frecuencia para defender algún territorio asumido, a menudo sin delinear exactamente qué territorio es. La Enciclopedia Británica define alma como “el aspecto inmaterial o esencial de un ser humano, aquello que confiere individualidad y humanidad”. Presencia inmutable, indestructible, invisible, totalidad dentro de cada ser.


En el Antiguo Testamento, el alma a veces se conoce como respiración y, por lo tanto, es necesaria para la vida del cuerpo. Pero los escritos cristianos han separado alma y cuerpo. Platón, citando a su maestro Sócrates, definió el alma como la esencia inmortal de un ser. James Hillman se refiere al alma como la base poética de la mente y continúa definiéndola como lo imaginativo de nuestras posibilidades, la experiencia a través de la especulación reflexiva, el sueño, la imagen, la fantasía.


La definición es una empresa intelectual; el alma es algo que se prefiere imaginar. Tiene que ver con la autenticidad y la profundidad, como cuando decimos que ciertas letras, pinturas y músicas tienen alma. De hecho, la misma indefinibilidad de la palabra necesita de la poesía. Los poemas pueden hablar con una especie de misterio. La poesía es un compromiso con el alma. Las fuerzas del alma se manifiestan en poemas que atraviesan los circuitos del conocimiento.


Escribir para ti…


El movimiento de los pensamientos se desarrolla a medida que una línea o estrofa se convierte en la siguiente imagen en la mente. Y ahora, buena noche a nuestra persona despierta. Escribir con el deseo de traer un poco de tranquilidad a la mujer a la que se dirige el poema, cuya mirada exalta y consume su despertar. Revitalizar el lenguaje poético con la frescura de lo recién escrito. Nada está fuera de los límites, nada es demasiado mundano.


Desde la ventana, testigo de la lluvia de esta tarde, se invoca al cuerpo a tomar café y deleitarse entre libros en el fantástico juego de la imaginación. Te invito a atrapar una estrella que cae, a descubrir, en la raíz del tiempo, dónde se encuentran los años de nuestro futuro juntos.


196. Mentes más jóvenes


Sea el escritor lenguaje que produce abismo, donde la superficie verbal plana se duplica y se separa, dejándonos al borde de una división interpretativa. Los textos sorprenden como la ciencia, probando y reexaminando constantemente sus propios supuestos iniciales. Impacientes sentimientos de la poesía experimental. Ningún hombre es una nada: entero de sí mismo, parte del universo; como un grano de azúcar arrastrado por la fuerza de los soles.


Disculpa por escribir en la frontera de la página del tiempo. Cada pieza de texto es la vida forjada íntimamente; provoca, interpela rebeldía, responde a los desafíos de nuestro tempo.

La conciencia involucrada en el atardecer… Nos decimos a nosotros mismos que las hojas que caen gotean nubes de su primavera… Mirando juntos los días en las letras, necesito encontrarnos, porque las palabras unidas al alma están contigo.


Escucha… no olvides los libros que te esperan, ni el sol ni la noche que llega. Puedes imaginar. Mira: aunque hayas sufrido, deberíamos alegrarnos de vivir. La sociedad actual está equivocada, dicen las mentes más jóvenes. Debería corregirse, dicen los más sabios. Tan solo exhalé un suspiro en medio de los libros y regresé a sonreír. Ahora ahorra en nuevos conocimientos; es mejor que una herencia material o una pensión vitalicia. Es más importante, de veras, tener el valor de mejorar nuestra persona a la luz de los libros. Después de todo nuestro sufrimiento, en ellos hay voces de todos los tiempos, que son un poco del mapa de los caminos de la vida. También tú necesitas alzar la mirada al cielo desde lo más alto de la lectura de los libros.


El primer obstáculo para crear ideas es dominar las capas del lenguaje: alfabeto, morfología de palabras, palabras gramaticales, arquitectura de frases y sentencias, diseño del discurso entre la lógica doxástica y epistemológica. Escribir requiere el uso de palabras, y las palabras siempre llevan una carga de experiencia humana y de imaginación. Las palabras elegidas se utilizan para nombrar lo que, en última instancia, es innombrable, para salir de nuestra propia experiencia humana individual. Poetas y científicos han escrito sobre la dificultad de disertar, de crear estética filosófica… pero hacerlo con una voz alta requiere del arte de pensar unido a reunir palabras, frases, sentencias, cláusulas, párrafos. Esta cosa innombrable de belleza es la que da forma a una bandada de pájaros que sabe exactamente cuándo entregarse al vuelo en los vientos, utilizando palabras para ese flujo de imaginación. Todos se unen, aunque tal vez no nos veamos, apilados en las dimensiones invisibles de la razón y la emoción.


Que yo habría escrito en la página de tus manos. Que me habría mecido eterno en tu gracia. Habría bajado a los infiernos de Dante… la poesía siempre me lleva hacia ti. Hay poemas más allá de todo olvido… escribe para tatuarnos el alma.


197. Afinar el ritmo y las pausas


Escritor como quien contempla, a través de la ventana, una escena del mundo para desatar la escritura. Comenzar afirmando que me mueven menos las pasiones es, sin duda, una mentira. Del estar sin estar, del vivir sin vivir en mí, a la deriva… solo con la escritura me llegan ecos que resonaron tangencialmente en mi vida. Hay muchas razones por las que decido asumir el llamado de la escritura: todos esos momentos de la vida literaria. Me vence un cariño extraño por escribirte.


Vamos allá, en la poesía; adentrémonos en esas sombras que solo pueden proyectarnos sobre pinceles de la luz del arte. Se comparte lo inacabado y se muestra la página de la escritura cada alba. La letra se levantó y se marchó en tus ojos. Si hemos de creer en la poesía en estos momentos, se escribe mientras se vive; luego, nos quedamos vacíos, coincide con el temblor de empezar a escribir. Quizá el catalizador de la escritura es justamente acompañar nuestra existencia. Pero hay un motivo palpitante: vivir bajo el influjo de una estrella en el alba, quizá sin poder poner las letras bajo el fuego… te extraño; perdona, estas letras necesitan de tus ojos.


Toda poesía lleva tiempo. Desplegar su poder es un camino, ya sea que seas un humano o una flor. Encontrar sus raíces, tocar el color de sus pétalos que crecen; no olvidar que sus versos requieren ser constantes y lentos entre letras para crecer. Su ritmo es un espejo; su propio amor termina entre nosotros, comienza dentro de nosotros; no hay conexión más real. En tus puntas azules de los dedos, la creencia y la esperanza podemos convertirlas en algo más: un llamado en una vida para la que alguien más creó un universo.


198. Petición de justicia


Cuando estás solo y demasiado cansado incluso para encender cualquier dispositivo, te dejas quedar en un pasado apilado entre tus viejos libros y tus almohadas que cuentan tus sueños. Por lo general, estás bajo mantas, con la casa vacía de conversación. A veces falta la luna y, más allá de las ventanas que miran al bosque, el gris cielo parece una melancolía accesible. Con la luz de nubes densas, vuelvo a caer en lo que se reconstruye como escritura, poesía fracturada y sociedad arrinconada por el egoísmo de los poderosos.


Con la lectura de la ciencia, la ruta es menos asociativa; quien está detrás de las letras nos pide calificar la injusticia donde fallan las puertas que conducen a los sueños de dignidad. Ellos nunca hablan, excepto por el tiempo que hacen para su petición de justicia. Más tarde te dicen que hueles a literata rebelde. Escribo porque rara vez nos damos la vuelta para revisar las respuestas desde las caras de la ciencia y la poesía. Lo real y lo humano. Debemos pensar que esta preocupación es la trampa o la humillación de nunca vernos sentados allí donde se hace un mundo nuevo.


Ciertos momentos envían adrenalina al corazón, secan el agua de los ojos y obstruyen los pulmones al mejor oxígeno. Ella escribe en mi piel, se afirma con la lógica de la poesía y se reafirma con la de la ciencia. Como un trueno, te ahoga en sonido; como un rayo, te golpea los ojos de luz.


Después de todo, sucedió en la escritura una pérdida de palabras. ¿No como las que has dicho tú misma? ¿No se lo has dicho a una amiga cercana cuando todo mi mundo te distrae? Asumiste que dos eran únicos en tu vida; con el tiempo dejaste de hacer aquel ritual, sin embargo, no lo olvidas. Si sientes que escribo y que todo se ve igual, no todos los mesoamericanos estamos confundidos con el proyecto literario anglosajón o europeo; algunos preferimos la guía de Rulfo o Paz.


Una sensación inquietante de llama doble y muerte mantiene el cuerpo al frente y al centro de mi propia vida. Las palabras equivocadas, las erratas que entran cada día en mi cerebro, corren por las páginas; la humedad de tus ojos atrae todo, y cuando miras a tu alrededor, solo te quedas con el amor de la poesía. La ciencia te pone de pie, no de inmediato; exige perseverancia, reunir energía para tu propia tarea de ser mejor. Necesitas nuevos argumentos y poemas desnudos de tu tiempo. Tú y tu piel literaria atestiguaron una vida llena de rutas alternas, de tiras de lágrimas y prosas; las letras están debajo de tu blusa, contra tu piel, y hueles muy bien.


Te amaré por siempre, y en mi humilde vida toda la poesía encontró inspiración en tu persona. Recorreré las curvas para escribir miles de páginas en tu honor… gracias por tanto. La lluvia de esta tarde en Morelia se derrama de las canaletas de mi biblioteca y, en todas partes, se pierde en los árboles. Necesito tus ojos para señalar lo que sabes que hay allí, porque la duda es inexorable en esta belleza. Te pones esos ojos de mujer caminando por poemas… Los árboles, su corteza, sus hojas, incluso los muertos, son más vibrantes cuando los respiras como solo tú sabes. Son más vibrantes en tu voz. Sí, y está lloviendo. Cada momento es así; antes de que consideres la edad distante, puedes conceder un instante, tiene que ser visto: el momento único donde somos algo especial. Quieres salir y pararte entre lluvia y árboles; todavía llueve sobre mí, y espero por ti entre noches de escritura, aunque ya no me leas.


Al escribir, la propia conciencia ignora toda devastación y nos hace sombras obstinadas, resurgiendo a través de las piezas de texto. El mundo deja de ser redondo, obligándonos dentro de la conversión real en el texto a permanecer con uno mismo. La angustia abandona nuestra concentración. ¿Cómo responder a esto? La sangre misma de nuestra vida se consume en la impostura de las metáforas. O la sabiduría del pasado reclama lo desafortunado de nuestro tiempo.


En años de escritura se crean escalones empinados que solo reconocen desafíos de lo imposible; nos empujan. Escribir de nuevo es liberar el cuerpo y hacer de la epifanía y el canon occidental de Bloom, el misterio de William Shakespeare, la llama doble y el laberinto de Paz… reinvento el Yo, pensando en nuestras vidas umbilicales, atados a lo lejos antes de entrar a los infiernos de Dante y sentarnos a platicar con tu almohada sobre todo el erotismo del estilo literario.


Hubo un tiempo en que yo era conocido por mi fuerza. Durante tanto tiempo sabía exactamente dónde quería estar y cómo llegar allí, pero en algún lugar del camino mi corazón cambió y vi un camino que nunca podría haber imaginado. Ahora estoy perdido entre dos mundos desesperadamente; necesito la fe en la literatura porque tengo todas las respuestas en algún lugar entre mis manos y mi cabeza. Todo lo que quiero es descubrirlas al escribirlas; es cómo volver a cambiar en mí mismo y regresar al hogar de la musa.


Que me leas no hace más; hace que el misterio de bajar por el acantilado y tener el honor de esa inteligencia valga todo el esfuerzo por crear literatura. Mi gratitud por este secreto de dos. Mi respeto por ello.


Algunos días habían quedado paralizados por la convicción de que escribir era un acto irrelevante, de que el mundo como yo lo había entendido ya no existía. Si tuviera que volver a escribir, sería necesario aceptar el desorden. Estás en la oscuridad de la noche, viviendo la calle de alquitrán negro, siendo tragado por la velocidad de los tiempos que corren. Nadie nos leerá, cuando hay tantos escritores por ahí que reciben publicidad. Tal vez esto es un experimento, algo que comunica que esta es una conversación expuesta al viento.


Como de costumbre, se escribe directamente a través del momento, con el retroceso esperado de lo que se dijo anteriormente. No es solo que la confrontación de ideas produce dolor de cabeza; también tiene un destino en el papel que no incluye actuar como si este momento no fuera habitable. No ha sucedido antes cada minuto que llega, y el antes no es parte del ahora, como la noche se oscurece y el tiempo se acorta entre donde estamos y hacia dónde vamos con cada pieza de texto.


Cuando llegas a tu casa y respiras el hogar, temes que la noche esté encerrada y codificada a nivel celular, y quieres que el tiempo funcione como un lavado de energía. Sentado allí, mirando la ventana cerrada, se nos recuerda que escribir expone nuestra persona a tensiones derivadas del ruido. Se logra esquivar la acumulación de ruido sentado en silencio, pensando en la tendencia de dónde nos conducen los pensamientos, en conexiones inesperadas dentro de la literatura.

A veces parece como si esta vida fuera un movimiento equivocado y todo se derrumbara, enterrándolo en la oscuridad.


Ella, brillante de alas verdes. Los muchos caminos hacen que los sauces tiemblen al sol. Espera: la danza sensual de las letras nace cada noche. Es hermoso pensar en lo que somos y todo lo que, a tu lado, en nuestras madrugadas, podemos ser. Entre poemas puedo contar lo que, entre lágrimas de un instante, somos. Sí, para encontrarte, tuvimos antes que perdernos; hasta encontrarnos, solo aprendí a caminar por tus estaciones para que el mundo comenzara de nuevo para nosotros.


199. Los universitarios en la Tierra baldía humanista de T.S. Eliot


Un despertar a la conciencia de lo humano y su relación con el lenguaje y la existencia. La poesía es un sentido del hombre, equiparable a la ciencia. Ocurre, sin embargo, que en una época tecnificada y desacralizada, la poesía no puede ser letra inocente; debe mostrar todo su carácter en la agonía del propio tiempo. La imaginación se encuentra, en estos tiempos, al final de una era que prefiere consumir que crear conocimiento.


Stevens lo dice: “¿Y por qué, salvo por ti, siento? ¿Oprimo el libro más radical del hombre más sabio contra mí, día y noche, oculto en mí mismo? En la incierta luz, segura verdad, en el vivo tránsito hacia la luz donde te hallo, donde sentados descansamos durante un instante en el centro de nuestro ser, la vívida transparencia que ofrendas es paz”.


La poesía debe ser abstracta, debe cambiar, debe dar placer estético, aludiendo y apropiándose del pensamiento. Stevens y Octavio Paz consideraron que la poesía es ensayar el pensar lo humano y definirlo. Su lenguaje de alegría espiritual quiere evocar, incluso reinventar, recordar, una vez más, conversar sin dar vueltas a los problemas de su tiempo: un solo poema en el centro de la imaginación. La grandeza se mide por la amplitud con que se afianza en esta poesía. En el instante del habla, el aliento de un acelerando se mueve, cautivando al ser, expandiéndose… y ahí está.


El ayer no tiene nada para nosotros… Esta vida es una lección de liberación con cada momento que pasa; debemos dejar ir lo que era. Aferrarse al pasado es perder tiempo. Es aterrador mirar atrás y recordarlo todo: risas, buenos recuerdos… pero carecen de nuevas oportunidades para el futuro. El pasado puede estar lleno de preocupación o ansiedad, pero también alberga la esperanza de probabilidad, la posibilidad de todo lo que la vida necesita. Solo el futuro requiere nuestra energía consciente y el arte de pensar original. Borges asegura: “ser feliz como propósito solo puede lograrse haciendo felices a otros”; el ayer no tiene nada para nosotros. El presente es todo, cuando el futuro se piensa como el ayer que deseamos vivir en nuestra existencia.

Aquellos que no podían volver lo necesitaban más… futuro.


La lluvia exprimida de las nubes robó luz de las estrellas, cortó nuestras manos en sus bordes mientras leíamos poesía, y dejó que la inundación de ciencia coloreara los pétalos que cubrían el suelo congelado de ideas. Con mis manos, letras y números, hice volver el suelo húmedo y verde, dejando que el bosque prosperara.


Este mundo, que parece un lugar estéril, nunca lo es para quienes dejan entrar el futuro por la literatura en su corazón. Soy una escala con un alma que anhela equilibrio y quietud en el desgarro de los límites de las ideas. Ser humano liberado en lo más alto, en el fuego cruzado de los libros y los sueños, corriendo en la lógica de reinventarnos. Ahora todo lo que deseo es irme contigo a una vida llena de libros, y descubrir cómo traer al mundo el aprendizaje y la paz, cimentados en la poesía y la ciencia.


200. Un libro se lee


Mirando desde la ventana a la ciudad que se rompe en sirenas de policía, ¿quién podría decir, sin levantar la vista, que se alza entera por encima de su ser destrozado por la violencia? ¿Soy real? ¿Existo para algún lector? ¿Moriré realmente en el más eterno olvido? Todo el día, camino como una persona común que podría haber estado en una caja. Pienso mientras cavaba en la tierra de los libros de mi padre, quien, cuando murió, encontró consuelo en llamarnos a vivir de manera original. Cada vez que un libro se lee, él se queda con un poco más de nosotros. Si alguna vez dudo del poder de los muertos hablando desde los libros, sus letras traslúcidas de luz en la orilla de la ciudad me lo recuerdan… es lo ordinario para los exploradores de letras.


Estar tan acompañado de poesía, fundido en el silencio de todo eso, como si me escapara al leer, me absorbe como la corteza vieja de un fresno. Seguramente lleva a la abundancia prestada que ella me dio cada mañana en que nací en su mirada. Regresamos de manera incidental, afirmando que fue el momento más hermoso de nuestra vida. En silencio, mirar hacia afuera del poema y estar tranquilo por el siguiente poema. Notoriamente desconfiado, no sé esconderme de los cazadores. En efecto, se sale de la escalera de la evolución, donde la capacidad de mantener el territorio supera la de adaptarse a los cambios musicales. La escritura escapa por un hueco de la libreta; solo la salva el pañuelo de una mujer. La libertad había tomado la palabra de nuestra espera diaria por cada pieza de texto. La sorpresa de cada día, cuando haces clic en el texto, fue que la cabeza rodó por metáforas hacia la biblioteca, donde sin piedad brillaron todo lo que somos, arrojados a la paja o, peor aún, al reloj, como si un error en el tiempo fuera a derogar lo que era escribirte hasta otro continente, unos días antes de que la mente se encendiera, descendiendo sobre la silueta de tu rostro.


Ponernos a escribir es existir y desterrar mundos, viajando por conjeturas y corrigiendo letras equivocadas. Tropezamos a veces dolorosamente con lo evidente, como troncos de árbol que no tuvimos el valor de reconocer. No puedo llegar al mejor poema más que por corrección, existiendo como testimonio de mi humilde fragilidad frente a las escaleras de Darwin, como si fueran estrellas, para acariciar con estas letras cada brillo en tus ojos. El poema no se atrevía, se equivocaba y finalmente acertaba; se quedaría paralizado en la página con la maleta hecha para viajar hacia ti, abandonando así esta casa en busca de tu hogar.


201. Página tras página


A medida que avanzas en tu camino, página tras página, verás todo tipo de cosas. Tal vez algunos atardeceres te acompañarán, un puñado de estrellas fugaces o lluvia melancólica. Tendrás momentos en los que podrías sentir soledad en los caminos intermedios; recuerda seguir tus letras cada día, semana y mes. Cuando estés triste y tus problemas sean demasiados, una cueva en tu corazón se abrirá y te pedirá que entres en la poesía. Con los sueños queriendo encontrar sin romperse la costura de tus postres. Y las palabras hechas de algodón y uno que otro mezcal, te dirán que te quedes en esa cueva de poemas, por si acaso. Pero estaría mintiendo, porque pasear en el cochecito azul es una solución temporal también. Así que cuando estés justo aquí, debes volver a la luz y amar el día tanto como amas la noche.


Incluso si no puedes ver el dolor, todavía existe. Un árbol puede ser alto y tener hojas bonitas, pero debajo del suelo, las raíces están muriendo. Otra cosa que me entristece es que no todo el mundo tiene una familia, y casi siempre se vive con la esperanza de que las cosas mejoren.


202. Mediana edad


¿Cómo debemos abordar las oportunidades perdidas, los arrepentimientos y los fracasos, así como la finitud de la vida y la avalancha de actividades que nos impulsan a través de ella? Aunque la crisis de la mediana edad no sea universal, gira en torno a aspectos temporales de la vida humana que son omnipresentes: la reducción progresiva de las posibilidades, el fracaso o la finalización de proyectos, y la acumulación de biografías. Al reflexionar sobre estas dificultades, mitigamos el dolor de la autoindulgencia al dedicar tanto pensamiento a la difícil situación de la incertidumbre. No debemos olvidar el pasado ni ignorar la tradición; las instituciones de la sociedad deben responder a los intereses de todos los afectados. Aquello que no nos hace más felices debe cambiar. Debemos contrastar la crisis más radical de la mediana edad con el nihilismo: estar en un estado de nervios sordos, como aquellos que todos pueden experimentar de vez en cuando; no susceptibles al disfrute ni a la excitación placentera de vivir; uno de esos estados de ánimo en los que lo que es palpitante en otras ocasiones se vuelve insípido e indiferente... En este estado de ánimo, nos surge la pregunta: ¿Supongamos que todos los cambios en la vida y en nuestras creencias que esperamos puedan efectuarse por completo en este mismo instante: ¿sería esto una gran alegría y felicidad para ti? Y una incontenible conciencia de sí mismo responde claramente: ¡No!


El misterio radica en por qué el logro de nuestros deseos y nuestras ambiciones más profundas, debería ser una cuestión de atención. ¿En qué hemos fallado? ¿Cómo podemos sentirnos dueños de nuestras vidas? ¿Hemos alcanzado un sentido de autonomía y autenticidad? ¿Poseemos autogobierno y libertad de pensamiento para reflexionar? ¿Hemos construido amistades sólidas y valiosas? La búsqueda de respuestas a estas preguntas constituye uno de los grandes romances tanto del intelecto como de la vida interior.


203. Cafés de hojalata en el rincón del tiempo


Como de costumbre, los trozos de tiempo colgaban, martillados en el escape del flujo de la vida. Los ancianos llegaban a nuestra memoria a través de sus letras, corazones llenos de efectos literarios para nuestra esperanza. Desde que la cafetería abría sus puertas para discutir ideas, nunca antes había sentido tantos sueños; las tardes eran vívidas. Este silencioso placer de leer. No me quejo. ¿Cómo podría? Cuando el café se servía con tanta floritura, cuando perdimos el camino de las manecillas, abrazamos deliciosamente el placer de lo profundo, lo estético, y demostramos que los dogmas son un mal trago para esta vida. Pinceladas de lo incierto en todo lugar en estos días. Bloques de mantequilla se derriten en las pasiones de la poesía, la ciencia o las matemáticas. Somos unos con sombreros de exploradores, gritando el nombre de tantos poetas mientras brotaba el café a través de las cafeteras automáticas. Golpes en las puertas de las fronteras de la literatura marginal. Ese café, todo el tiempo, derrama el placer de conversar sobre tantos asuntos con efectos literarios, cocinando ideas, metamorfosis en nuevas voces para viejos lectores.


Siéntate frente a la ventana de tu habitación, piensa en todas las veces que me han pillado leyendo absorto. Hago todo lo posible por mantener la noche despierta con poemas en tu nombre. Sé que esperas estas piezas de texto para tu corazón. Piensa en toda la tinta escrita en nombre del azúcar de tus postres. ¿Cuando lees, estás en otra habitación diferente? Todavía estamos vivos ante la podredumbre en el alféizar de la ventana que mira la ciudad. Tu ropa en colores primarios, las ruedas de los coches vueltas y vueltas, se comen el verso libre que sonríe mientras lees el atardecer rojo. ¿Conoces alguna canción que sea especial para dormir esta noche? 


A veces las palabras tienen su propio ritmo, su propia resistencia. No siempre quieren ajustarse a la forma que imaginamos, pero quizá ahí está su verdad: en su rebeldía, en su negativa a encajar. No te preocupes demasiado por hacerlas sonreír; deja que sean como son, y quizá, en su autenticidad, encuentres algo valioso, una sonrisa.


204. Confesión con las letras extendidas


Si bien el espectro de la vida es inmenso, escribirte siempre tiene su lugar. Un poema, ligado a las emociones como conexión, posee el poder de agitar la mente, el alma y alterar el orden. Esta lucha —entre Eros y el conocimiento, entre emoción y razón— en cada pieza que escribo, tú estás allí. Ese es el corazón de tu poder, reforzando la inspiración cuando el arte es el motor. En la batalla entre cuerpo y mente, también habla el deseo, la pasión por la vida.


Lo que te escribo está dentro de muchas piezas de texto, en la mención explícita del alma de azúcar, en el postre de una mirada como la tuya, en la flor de un cactus que nos une. Escribirte sobre tantos temas es una forma de acompañar tus días, no solo con poesía romántica y reflexiva, sino también con mi lucha en la literatura, en esta vida profunda que se regala en palabras. Mentiría si dijera que en cada pieza poética no hay espacio para la ficción necesaria del arte, aunque tu existencia siempre se filtra en él.


Lo sabes, pero quieres preguntarlo: he vivido aquí demasiado tiempo,

en la ciudad y su lluvia,

con los árboles oliendo a cuero mojado.


Podría decir que la luna es cómplice de escribirte,

que en las hojas escritas me quedo contigo.


Incluso si haces una foto tuya,

me convenceré de que entras en mi existencia.


Sabes que deambularé escribiendo,

de ciencia, de matemáticas, de poesía,

pero mirando tu foto,

a veces presionando la metáfora contra el vidrio de la ventana,

suplicando saber de ti.


Así es, así fue.


Arrastro tu luz a mi rostro en viejas noches,

galerías de tus fotos,

horas de asombro,

silencios que agrietan el papel donde existes.


Tu mirada de misterio femenino,

la súbita conversión de prosa y verso,

de ritmos muertos y vivos incendiarios.


Todo este esfuerzo es tuyo si lo quieres.


La literatura es tu hogar,

te he dejado una cita en el café,

poemas envueltos en un árbol,

el del sueño interminable,

en una oscuridad de alas de cuervo,

en las más viejas historias de este cariño.


Las estrellas afiladas frotaron suavemente sus versos,

el río de letras que te escribo desde hace tiempo,

la luz de un vino.


Dime que no es demasiado tarde.


Ven, pon tus ojos en estas letras.


Aquí estoy,

un dibujante de poemas en nubes,

de arias de guitarra,

un viejo lápiz de carpintero.


Y en estos textos viajé como un pájaro cada alba,

para dejar en tu ventana

una ola de sonidos luminiscentes como el mar.


Y si pudiera ver a dónde van tus alas,

en mi orgullo la certeza de escribirles,

de emocionarlas hasta lo imposible.

 

205. Estrellas azules


Te amo, así que atraje a estas mareas de vientos a mis manos, y escribí mi voluntad a través del cielo en estrellas azules… El viento susurro nunca dejes de ser por mí, estás demasiado bien enredada en mi alma. No sé la verdad de ti, susurró, pero tengo esa sensación en el estómago que tienes antes de que toda la vida cambie. Nuestro sentimiento nos sucedió a la vez, no tuvimos tiempo para pensar que estábamos en la aventura de vivir, no tuvimos un momento que perder. Nadie puede anticipar lo que vendrá, solo somos ríos de posibilidad.







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